La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre la conveniencia de una Liga del Norte

Juego de tronos

Julio Burdman, un politólogo kirchnerista, llamó recientemente la atención sobre algo importante de lo que, lamentablemente, se habla poco en la Argentina: la falta de federalismo político. De cualquier modo el autor lo planteó de un modo curioso: en un artículo que circula por la web, recordó que el Norte Grande, vale decir las diez provincias que forman el NOA y el NEA, concentran al 20% del electorado nacional, cifra nada despreciable si se intenta ser presidente; de allí que este pensador del oficialismo juzgue a la región como fundamental para retener el poder, ya que, aún perdiendo en el centro del país (o sea aún perdiendo en los distritos argentinos más poblados como Capital Federal, Córdoba o Santa Fe, en donde el kirchnerismo es poco tolerado), el caudal electoral del Norte Grande puede compensar esos votos mezquinados por los habitantes de las prósperas pampas del país.

Burdman recuerda que los votos que recibió el kirchnerismo en 2011 en provincias como Formosa o Santiago del Estero fueron ridículamente abundantes. El problema es que este “intelectual” atribuye esa ciega adhesión norteña al kirchnerismo al hecho de que la presidencia realizó una importante “inversión pública” en la región. Lo que no aclara el hebreo, claro, es que ese dinero no se destinó al crecimiento ordenado de las provincias, sino que fue a parar a las arcas de los gobernadores, para que ellos lo distribuyan discrecionalmente y hagan politiquería con los billetes en la mano. A raíz de ello es que el Norte Grande –superpoblado de empleados públicos y de beneficiarios de planes sociales– produce escasas riquezas y falla a la hora de redistribuir lo conseguido.

El NOA y el NEA son, sin dudas, las regiones más postergadas del país. Nadie puede negar que esas porciones del país son las que le cuelgan a la Argentina el cartel de “nación tercermundista”. Ni siquiera la pujante Salta se salva de tener a decenas (o tal vez centenas) de niños muertos por desnutrición. En un escenario así, ha sucedido lo obvio: la política se ha feudalizado, por ello el oficialismo cosecha en la región unos resultados que avergüenzan a la democracia, por ello la política local se ha tiranizado.  

Ninguneados

Burdman, pensando en el norte del país, sugirió que el vicepresidente propuesto por el kirchnerismo debía ser, precisamente, un norteño. Sin embargo hoy por hoy la política argentina no toma en cuenta el aspecto geográfico para operar: nueve candidatos presidenciales provienen del área metropolitana (Capital Federal o su cinturón suburbano), dos de Mendoza, uno de Córdoba y otro de San Luís. Los últimos cuatro tienen chances minúsculas de ganar la elección, en tanto que de los otros nueve hay por lo menos tres (Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa) que pueden llegar a sentarse en el Sillón de Rivadavia.

Los vicepresidentes, cuya figura se supone que debería compensar el déficit federalista de las fórmulas presidenciales, son hombres y mujeres provenientes de los mismos distritos ya citados; la única excepción es, ciertamente, Gustavo Sáenz, actual intendente electo de la ciudad de Salta y candidato a vicepresidente de Sergio Massa.

Dicen que Massa buscó a Laura Montero de Mendoza, luego a Sonia Escudero (la ex–Senadora por Salta), y terminó eligiendo a Sáenz. Al parecer Massa estaría siguiendo la estrategia propuesta por Burdman con el fin de empujar hacia arriba a su alicaída candidatura. Sin embargo el Norte Grande tiene un problema cultural muy profundo que le juega en contra al bonaerense: los “norgrandeños” no se reconocen como tales, ya que la región es una mera invención académica sin un mínimo de arraigo en la cultura viva de las provincias; es decir un jujeño, por ejemplo, se autopercibe como jujeño y no como “noroesteño”, y mucho menos como “norgrandeño” (de hecho, hasta al día de hoy, existe un ridículo sentimiento de enemistad entre la mayoría de los habitantes de las provincias vecinas). Por tanto, fuera de Salta, a nadie en la región administrativa del Norte Grande le importa realmente que Massa haya escogido a Sáenz como compañero de fórmula. Aunque la realidad no debería ser así.

La reacción

José “Gallito” Gutiérrez es el perfecto exponente de la política oficialista del Norte Grande. Este infeliz declaró en una entrevista radial que aquel que no lo acompañara en su campaña, no recibiría uno de los módulos habitacionales que, supuestamente, él se había encargado de “gestionar” para el beneficio de los vecinos del departamento Burruyacu, en la provincia de Tucumán. Sin ningún prurito, el legislador lanzó una amenaza a la población que deja en evidencia el modo en que estos sujetos confunden lo público con lo privado, el servicio a la comunidad con los favores personales, y el partido con el Estado. Gutiérrez merecía uno de esos famosos linchamientos mediáticos que lo obligasen a renunciar a la política (al menos por un tiempo), pero la indignación que el episodio levantó fue sólo pasajera, ya que a nadie asombra lo que es cotidiano.

Ante esas muestras de prepotencia e impunidad naturalizadas, la oposición sólo tiene un camino: unificarse. Es un todo o nada. En Jujuy, Tucumán y La Rioja, se han formado frentes amplios –similar al que venció al PJ en Mendoza– para competir en las próximas elecciones. En Catamarca y Santiago del Estero, en cambio, la oposición va dividida y tiene más posibilidades de perder que de ganar, mientras que en Salta fracasó insólitamente la unión entre Juan Carlos Romero y Alfredo Olmedo. (En el NEA el escenario no es muy diferente: la oposición formoseña va casi toda unificada y la misionera va dispersa, mientras que en Chaco el frente de unidad opositor perdió -como en Salta- contra el oficialismo, y en Corrientes, único bastión no-kirchnerista del Norte Grande, las opciones electorales se multiplican ante los ojos del votante indeciso).

De todos modos es difícil predecir qué sucederá si la oposición unida gana en una provincia. Ni Jujuy, ni Tucumán, ni La Rioja son Mendoza, el equilibrio socioeconómico en el NOA no es el mismo de Cuyo, por lo que es probable que los gobiernos de unidad sufran de una gran presión que les será difícil pilotear (el ejemplo de un proyecto opositor unificado en el gobierno es Catamarca, provincia que estuvo por mucho tiempo administrada por la coalición Frente Cívico y Social, la cual se flexibilizó ante el kirchnerismo y terminó siendo abatida por Lucía Corpacci, una referente de ese espacio que un día terminó por cambiar de lealtades y convertirse en embajadora provincial del gobierno nacional).

¿Es posible el norteñismo?

La esperanza blanca del Norte Grande es, hoy por hoy, Juan Manuel Urtubey. El problema es que el gobernador salteño no podrá hacer el asalto al poder nacional hasta dentro de cuatro años. Mientras tanto –y suponiendo que Scioli gane la elección– deberá obrar como lo hace ahora: como un soldado de una causa que no es la suya.

El Norte Grande parece condenado a otro periodo de postergación, con guerra intrafeudal en el medio.

En lo personal creo que la unificación de fuerzas disímiles es un camino interesante, siempre y cuando ese proceso se lleve a cabo por interés y no por obligación. Es decir, que hoy en día la Unión Cívica Radical se alíe a fuerzas conservadoras y progresistas para derrocar al PJ que se ha enquistado en el poder, es el producto de una necesidad política, pero no de un verdadero sentimiento de unificación. Los uceristas del Norte Grande piensan a nivel nacional, por ello comparten la mentalidad unitaria de los pejotistas (la cual los lleva a aceptar que su región es una colonia de Buenos Aires que la Metrópolis retiene porque gracias a ella ganan las elecciones).

Yo creo que el norteñismo sería una bofetada a esa mentalidad. Políticos jujeños, salteños, tucumanos o de donde sea, leales no al candidato Fulano de la UCR o al candidato Mengano del PJ (ni siquiera a un Fulano o un Mengano nacido en el NOA), sino leales a los pueblos provinciales de los cuales son representantes: ello revolucionaría el escenario político, por lo que cuesta entender por qué semejante jugada política no sólo no ha ocurrido aún, sino que ni siquiera esté en los planes de nadie.  

Si el regionalismo se introdujese en la política argentina, es muy probable que la fisonomía del Norte Grande se vea transformada de un modo positivo.


Hernán Solifrano (h)

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