La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 25 de junio de 2015

Sobre la conveniencia de una Liga del Norte

Juego de tronos

Julio Burdman, un politólogo kirchnerista, llamó recientemente la atención sobre algo importante de lo que, lamentablemente, se habla poco en la Argentina: la falta de federalismo político. De cualquier modo el autor lo planteó de un modo curioso: en un artículo que circula por la web, recordó que el Norte Grande, vale decir las diez provincias que forman el NOA y el NEA, concentran al 20% del electorado nacional, cifra nada despreciable si se intenta ser presidente; de allí que este pensador del oficialismo juzgue a la región como fundamental para retener el poder, ya que, aún perdiendo en el centro del país (o sea aún perdiendo en los distritos argentinos más poblados como Capital Federal, Córdoba o Santa Fe, en donde el kirchnerismo es poco tolerado), el caudal electoral del Norte Grande puede compensar esos votos mezquinados por los habitantes de las prósperas pampas del país.

Burdman recuerda que los votos que recibió el kirchnerismo en 2011 en provincias como Formosa o Santiago del Estero fueron ridículamente abundantes. El problema es que este “intelectual” atribuye esa ciega adhesión norteña al kirchnerismo al hecho de que la presidencia realizó una importante “inversión pública” en la región. Lo que no aclara el hebreo, claro, es que ese dinero no se destinó al crecimiento ordenado de las provincias, sino que fue a parar a las arcas de los gobernadores, para que ellos lo distribuyan discrecionalmente y hagan politiquería con los billetes en la mano. A raíz de ello es que el Norte Grande –superpoblado de empleados públicos y de beneficiarios de planes sociales– produce escasas riquezas y falla a la hora de redistribuir lo conseguido.

El NOA y el NEA son, sin dudas, las regiones más postergadas del país. Nadie puede negar que esas porciones del país son las que le cuelgan a la Argentina el cartel de “nación tercermundista”. Ni siquiera la pujante Salta se salva de tener a decenas (o tal vez centenas) de niños muertos por desnutrición. En un escenario así, ha sucedido lo obvio: la política se ha feudalizado, por ello el oficialismo cosecha en la región unos resultados que avergüenzan a la democracia, por ello la política local se ha tiranizado.  

Ninguneados

Burdman, pensando en el norte del país, sugirió que el vicepresidente propuesto por el kirchnerismo debía ser, precisamente, un norteño. Sin embargo hoy por hoy la política argentina no toma en cuenta el aspecto geográfico para operar: nueve candidatos presidenciales provienen del área metropolitana (Capital Federal o su cinturón suburbano), dos de Mendoza, uno de Córdoba y otro de San Luís. Los últimos cuatro tienen chances minúsculas de ganar la elección, en tanto que de los otros nueve hay por lo menos tres (Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa) que pueden llegar a sentarse en el Sillón de Rivadavia.

Los vicepresidentes, cuya figura se supone que debería compensar el déficit federalista de las fórmulas presidenciales, son hombres y mujeres provenientes de los mismos distritos ya citados; la única excepción es, ciertamente, Gustavo Sáenz, actual intendente electo de la ciudad de Salta y candidato a vicepresidente de Sergio Massa.

Dicen que Massa buscó a Laura Montero de Mendoza, luego a Sonia Escudero (la ex–Senadora por Salta), y terminó eligiendo a Sáenz. Al parecer Massa estaría siguiendo la estrategia propuesta por Burdman con el fin de empujar hacia arriba a su alicaída candidatura. Sin embargo el Norte Grande tiene un problema cultural muy profundo que le juega en contra al bonaerense: los “norgrandeños” no se reconocen como tales, ya que la región es una mera invención académica sin un mínimo de arraigo en la cultura viva de las provincias; es decir un jujeño, por ejemplo, se autopercibe como jujeño y no como “noroesteño”, y mucho menos como “norgrandeño” (de hecho, hasta al día de hoy, existe un ridículo sentimiento de enemistad entre la mayoría de los habitantes de las provincias vecinas). Por tanto, fuera de Salta, a nadie en la región administrativa del Norte Grande le importa realmente que Massa haya escogido a Sáenz como compañero de fórmula. Aunque la realidad no debería ser así.

La reacción

José “Gallito” Gutiérrez es el perfecto exponente de la política oficialista del Norte Grande. Este infeliz declaró en una entrevista radial que aquel que no lo acompañara en su campaña, no recibiría uno de los módulos habitacionales que, supuestamente, él se había encargado de “gestionar” para el beneficio de los vecinos del departamento Burruyacu, en la provincia de Tucumán. Sin ningún prurito, el legislador lanzó una amenaza a la población que deja en evidencia el modo en que estos sujetos confunden lo público con lo privado, el servicio a la comunidad con los favores personales, y el partido con el Estado. Gutiérrez merecía uno de esos famosos linchamientos mediáticos que lo obligasen a renunciar a la política (al menos por un tiempo), pero la indignación que el episodio levantó fue sólo pasajera, ya que a nadie asombra lo que es cotidiano.

Ante esas muestras de prepotencia e impunidad naturalizadas, la oposición sólo tiene un camino: unificarse. Es un todo o nada. En Jujuy, Tucumán y La Rioja, se han formado frentes amplios –similar al que venció al PJ en Mendoza– para competir en las próximas elecciones. En Catamarca y Santiago del Estero, en cambio, la oposición va dividida y tiene más posibilidades de perder que de ganar, mientras que en Salta fracasó insólitamente la unión entre Juan Carlos Romero y Alfredo Olmedo. (En el NEA el escenario no es muy diferente: la oposición formoseña va casi toda unificada y la misionera va dispersa, mientras que en Chaco el frente de unidad opositor perdió -como en Salta- contra el oficialismo, y en Corrientes, único bastión no-kirchnerista del Norte Grande, las opciones electorales se multiplican ante los ojos del votante indeciso).

De todos modos es difícil predecir qué sucederá si la oposición unida gana en una provincia. Ni Jujuy, ni Tucumán, ni La Rioja son Mendoza, el equilibrio socioeconómico en el NOA no es el mismo de Cuyo, por lo que es probable que los gobiernos de unidad sufran de una gran presión que les será difícil pilotear (el ejemplo de un proyecto opositor unificado en el gobierno es Catamarca, provincia que estuvo por mucho tiempo administrada por la coalición Frente Cívico y Social, la cual se flexibilizó ante el kirchnerismo y terminó siendo abatida por Lucía Corpacci, una referente de ese espacio que un día terminó por cambiar de lealtades y convertirse en embajadora provincial del gobierno nacional).

¿Es posible el norteñismo?

La esperanza blanca del Norte Grande es, hoy por hoy, Juan Manuel Urtubey. El problema es que el gobernador salteño no podrá hacer el asalto al poder nacional hasta dentro de cuatro años. Mientras tanto –y suponiendo que Scioli gane la elección– deberá obrar como lo hace ahora: como un soldado de una causa que no es la suya.

El Norte Grande parece condenado a otro periodo de postergación, con guerra intrafeudal en el medio.

En lo personal creo que la unificación de fuerzas disímiles es un camino interesante, siempre y cuando ese proceso se lleve a cabo por interés y no por obligación. Es decir, que hoy en día la Unión Cívica Radical se alíe a fuerzas conservadoras y progresistas para derrocar al PJ que se ha enquistado en el poder, es el producto de una necesidad política, pero no de un verdadero sentimiento de unificación. Los uceristas del Norte Grande piensan a nivel nacional, por ello comparten la mentalidad unitaria de los pejotistas (la cual los lleva a aceptar que su región es una colonia de Buenos Aires que la Metrópolis retiene porque gracias a ella ganan las elecciones).

Yo creo que el norteñismo sería una bofetada a esa mentalidad. Políticos jujeños, salteños, tucumanos o de donde sea, leales no al candidato Fulano de la UCR o al candidato Mengano del PJ (ni siquiera a un Fulano o un Mengano nacido en el NOA), sino leales a los pueblos provinciales de los cuales son representantes: ello revolucionaría el escenario político, por lo que cuesta entender por qué semejante jugada política no sólo no ha ocurrido aún, sino que ni siquiera esté en los planes de nadie.  

Si el regionalismo se introdujese en la política argentina, es muy probable que la fisonomía del Norte Grande se vea transformada de un modo positivo.


Hernán Solifrano (h)

lunes, 22 de junio de 2015

El malvinismo prostituido

En 2008 estalló un pequeño escándalo en Salta cuando se denunció que una enciclopedia escolar auspiciada por el gobierno provincial incluía un mapa en el que las Islas Malvinas eran llamadas “Falkland Islands” y se señalaba que las mismas pertenecían a Gran Bretaña. El suceso –en el cual intervino hasta el Ministerio de Defensa de la Nación– le costó el puesto a Marta Torino, la Ministra de Educación del gabinete de Juan Manuel Urtubey. Pero muy pronto todos se olvidaron de ello.

Siete años después de aquel episodio, el gobierno salteño vuelve sobre la causa malvinera pero desde otro ángulo. Me refiero, claro, a la iniciativa del parlamento local para vivificar la afirmación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.


Las dos medidas fueron objetadas por Luís Caro Figueroa, un masón, quien desde un sitio web de su propiedad señaló que el Poder Legislativo de Salta estaba promoviendo el liberticidio al hacer obligatorio el canto del himno malvinero. Ciertamente todo el argumento de Caro Figueroa se desmorona desde el momento en que se recuerda que la propuesta parlamentaria obliga a las instituciones del Estado a interpretar a la marcha, pero no obliga a ninguno de sus ciudadanos a cantarla (ya que en un país en donde son rarísimas las ocasiones en que se castiga a alguien por mancillar los símbolos patrios, es bastante improbable que a alguien lo cuestionen por no cantar una canción patriótica cuando la están tocando). De todos modos la periodista hebrea Natasha Niebieskikwiat del diario Clarín escribió un extraño artículo en el que sugiere que la endeble y caprichosa opinión de Caro Figueroa bastó para desatar una discusión sobre el asunto. Ello, por supuesto, no fue así.

De todos modos creo que si es posible iniciar una polémica en torno a este asunto. Recordemos, en primer lugar, que hasta 2012 el malvinismo no era parte de la agenda del gobierno kirchnerista. Pero a partir de esa fecha, después de que el pueblo riojano frenase el rifamiento del oro que subyace debajo del Famatina, el kirchnerismo pretendió convertirse en el campeón de la Causa Malvinera. Así anunciaron la difusión pública del Informe Rattenbach y toda la imberbada se sacó la remera que lleva estampada la cara del Che Guevara para ponerse una con el contorno de la Perla Austral.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, uno de los gobiernos argentinos más vendepatria de la historia, pretende enarbolar la bandera nacionalista a través de su reivindicación soberanista sobre las Islas Malvinas. ¿Y cual ha sido el resultado de esa maniobra? El chauvinismo.

En efecto, en estos últimos tres años los kirchneristas han empujado a la noble Causa Malvinera hacia el más berreta de los chauvinismos. Es que ellos se niegan sistemáticamente a reconocer algo fundamental: a la Guerra de Malvinas la pelearon los soldados, quienes no fueron un montón de niños que se hacían pis encima y que eran comandados por sujetos de bigote que llevaban la picana eléctrica para torturar a los suyos, sino que se trató de un valiente contingente militar que fue a entregar la vida por la patria. Mientras ello no sea debidamente reconocido, entonces todo intento por recuperar Malvinas es fútil.

En enero de este año el Diputado Provincial oficialista Emanuel Sierra viajó a las islas a realizar un reclamo pacífico. Para ello llevó su guitarra, y el muy hippie se puso a cantar canciones de León Gieco, Serú Girán, Los Enanitos Verdes, The Beatles, Coldplay y otros artistas para promover el “entendimiento” entre argentinos y kelpers. La mayoría de los habitantes locales lo ignoraron categóricamente, y los pocos que le prestaron atención se terminaron descostillando de la risa ante semejante muestra de tan bobo malvinismo.

La estrategia del gobierno nacional para recuperar Malvinas, aunque cueste creerlo, es muy similar a lo que hizo el metanense Sierra. Los kirchneristas, invocando el carácter “democrático” y “pacifista” de nuestro país, eligieron como vía de ataque a la diplomacia. Por ese motivo muchos países y foros regionales (como el Mercosur) emiten pronunciamientos apoyando a los argentinos y condenando a los británicos, los cuales son iguales que las canciones de Sierra: se los termina llevando el viento.

Sin una dotación defensiva relevante, es decir sin Fuerzas Armadas competentes, Malvinas es una causa perdida. Los británicos, de tanto en tanto, envían barcos y aviones a las islas, sugiriendo que Argentina estaría avanzando sobre la zona. Empero todos sabemos que eso es sólo un montaje que ellos hacen para los suyos, pues es más que claro que el gobierno argentino no tiene recursos ni vocación bélica (en realidad el gobierno si tiene recursos y vocación bélica, pero los mismos poseen como objetivo a la propia población argentina).

Que los legisladores oficialistas salteños tengan por propósito recuperar las Malvinas promoviendo medidas que no afectan en lo más mínimo a los kelpers, revela cuan ficticio es el nacionalismo de quienes gobiernan. Sin ir más lejos no debemos olvidar que el año pasado Bolivia comenzó una campaña para colonizar Salta, lo que incluyó hasta el maltrato a un grupo de compatriotas que habitaban sus tierras sin saber que no eran argentinas. ¿Y que hizo el gobierno de Urtubey contra esos atropellos bolivianos? Avalarlos: ¿o ya nos olvidamos que el Gobernador recibió al Presidente de Bolivia y hasta jugó muy alegre un partido de fútbol con él? ¿O ya nos olvidamos que el rumor de que Evo Morales visitaría Salta durante la campaña para gobernador de Urtubey en 2015 llegó a ser muy fuerte, y que, poco después de producida la reelección del mandatario provincial, el Vicepresidente de Bolivia, el nefasto Álvaro García Linera, fue recibido como un héroe en Salta y condecorado por la universidad pública local? ¿Ya nos olvidamos que Tarija es tan argentina como las Islas Malvinas?

Cada vez que los chupópteros del gobierno agitan la bandera malvinera para manifestar un patriotismo que no sienten, un nacionalismo que no profesan y un soberanismo que no practican, lo único que hacen es prostituir a la noble causa, y la prostituyen a la fuerza.


Francisco Vergalito

sábado, 20 de junio de 2015

El grito de Adelaida

Adelaida Terán es la médica que interrumpió una conferencia del Chaqueño Palavecino organizada en la ciudad de Tartagal. Desde hace meses esta mujer protesta en contra de las autoridades del Hospital Juan Domingo Perón, denunciando todo tipo de irregularidades: desmanejos presupuestarios que desembocan en la escasez de insumos, negligencia médica deliberada que se traduce en una pésima atención a los pacientes y hasta la existencia de una industria clandestina del aborto.

Muchos salteños apoyan a la mujer –algunos hasta la acompañaron durante la huelga de hambre que realizó en el hospital. Sin embargo no faltaron los que, a través de las redes sociales, pusieron en duda la salud mental de la médica, recordando que hace unos años protagonizó un extraño episodio que la policía calificó de “intento de suicidio” (cuando en realidad había habido indicios de que la mujer fue presionada y amenazada por alguien que la quería silenciada).

El episodio contra el Chaqueño Palavecino fue sólo una batalla más de la cruzada de la doctora Terán, quien ahora fue reubicada en la localidad de Embarcación, para alejarla del ambiente hostil del Hospital Juan Domingo Perón. Por ello asombra un poco la reacción del cantor, quien, ante la aparición de la médica, se mostró indolente y hasta intentó discutir con ella.  

Los apologistas de Palavecino recordaron el hecho de que la conferencia de prensa interrumpida por la doctora Terán era para anunciar la realización del Festival Trichaco, el cual tiene fines solidarios, ya que parte de lo recaudado –según lo que afirman sus organizadores– es donado a diversas escuelas rurales del norte salteño.

Los “chaqueñistas” incluso fueron más lejos al destacar que Palavecino es un artista de vocación solidaria que emplea sus recursos y energías para favorecer a su comunidad. Sin embargo ese discursillo omite un hecho fundamental: durante la conferencia de prensa quien estuvo sentado al lado de Palavecino fue nada más y nada menos que Sergio Leavy, el actual Intendente de Tartagal.

En efecto, Leavy es uno de los personajes más nefastos de la política salteña. El prontuario de este sujeto es interminable, y, obviamente, lo más grave de su figura es su incapacidad para justificar el crecimiento meteórico de su patrimonio en los últimos ocho años. Que Leavy haya estado sentado al lado de Palavecino le da todo el derecho a la doctora Terán a hacer lo que hizo, ya que es el propio cantor el que está rompiendo el límite entre lo público y lo privado.

Espero que Adelaida Terán nunca se calle, espero que siga gritando. Pero espero también que Salta (y todo el país) la escuche.  

FUENTE:

sábado, 13 de junio de 2015

Lo que sé de las feminazis

La multitudinaria manifestación hembrista de principios de junio sirvió para que los tópicos de su agenda inunden a la prensa argentina. La inexistencia en la mediósfera nacional de, al menos, una sola voz objetora de tanta impostura, sumado al hecho de que la casta partidocrática adhiera de modo unánime a la avanzada hembrista, deja en evidencia que el hembrismo ya ganó, y ahora, queramos o no, vivimos en su mundo dictatorial.

La guerra de los sexos

La fatigante presencia mediática de la “violencia de género” en un año electoral es el modo que el gobierno nacional tiene de manipular a la opinión pública y evitar desplegar la discusión acerca de una serie de cuestiones vinculadas al desarrollo estratégico del país y a sus acuciantes problemas socioeconómicos.

La manera en la que el asunto del “femicidio” (efectivo o potencial) está presentado, pretende imponer la impresión de que la Argentina de hoy vive una epidemia de violencia doméstica. Esta cuestión, en realidad, es difícil de abordarla: el país, como bien lo señaló la Conferencia Episcopal Argentina el año pasado, está evidentemente enfermo de violencia. El aumento de las adicciones, la falta de diálogo social, y la pérdida de valores tradicionales, entre otras cosas, conducen naturalmente a que las personas se conviertan en lobos. Pero, ¿ello repercute en el interior de los hogares? Si se contesta afirmativamente, entonces la recomposición de la sociedad argentina después de ocho años devastadores de cristinismo debería controlar la epidemia. Si, en cambio, se contesta negativamente, entonces se podría afirmar que la violencia doméstica es independiente del contexto social, siendo ella responsabilidad única del individuo que la ejerce.

Yo no sé realmente si hay o no una epidemia de violencia doméstica, ya que el país no tiene estadísticas oficiales sobre el asunto y no se puede hacer una comparación con periodos anteriores. Empero si se puede, por ejemplo, comparar los números argentinos con los de otros países: el promedio anual de “femicidios” en la Argentina es de 303 según diversas organizaciones no gubernamentales, mientras que en Brasil la cifra alcanza el número de 4.717; a su vez Argentina es un país con más de veintiún millones de mujeres, en tanto que Brasil tiene, aproximadamente, unas ciento dos millones de mujeres. En términos relativos, esto significa que Brasil triplica el promedio de mujeres muertas en situaciones pasionales (es decir si Argentina y Brasil tuviesen la misma población y el mismo número de “femicidios”, entonces se comprobaría que allá el índice de mujeres muertas es tres veces superior comparado al de aquí). La epidemia ya no se oye tan grave, ¿verdad?

Si los crímenes pasionales en Argentina no alcanzaron niveles alarmantes como en nuestro vecino Brasil, ¿por qué se sancionó aquí mucho antes la ley que introduce la figura del “femicidio” al Código Penal? La respuesta es obvia: porque el gobierno anti-popular que tenemos también es anti-nacional, lo que equivale a que las sinarquías globalistas tengan luz verde para ingresar al país y hacer lo que ellas quieran con nosotros, los ciudadanos.

El concepto de “femicidio” no se introdujo para eliminar un problema que casi no existe, se introdujo para instalar la idea de que en nuestro país las mujeres mueren por no tener igualdad. Para la Justicia argentina cuando un hombre mata a su cónyuge femenino no lo hace por una determinada circunstancia, sino que lo hace para perpetuar la desigualdad entre los sexos (mal llamados ahora “géneros”, puesto que “género” es algo que tienen las palabras y no las personas). El “femicidio” no es la solución a un problema, es, por el contrario, una declaración de guerra.

Las que odian

Laura Casas es una “generóloga” que trabaja en la Universidad Nacional de Tucumán. En una entrevista con el diario La Gaceta, esta leguleya afirmó sin un mínimo de vergüenza que el “femicidio” es un “crimen de odio”. Para sostener semejante despropósito, aseguró que la precondición de un “femicidio” es la asimetría: hay asimetría pero no porque la mujer sea físicamente más débil que el hombre, sino porque, según Casas, el hombre ve a su mujer como una cosa y no como una persona, mientras que la mujer tendría la visión contraria. Esta académica supone que quien posee una cosa tiene una tendencia natural a destruirla, cuando, en realidad, es más común que las personas cuiden sus pertenencias. El que se compra un televisor para revolearlo por la ventana no es un cretino, es más bien un demente. Según la lógica de Casas, entonces, sería más correcto decir que el “femicidio” es un producto de la locura que un producto de la perversidad. 

Sin embargo Casas no aceptaría esa conclusión que necesariamente se deriva de su argumento. Para ella no es que el “femicida” esté loco, es que el “femicida” es víctima de una cultura “patriarcal” que lo alienta a que asesine. De nuevo, Casas confunde las cosas: desconozco como habrá sido su padre con ella, pero normalmente un padre no busca asesinar a su esposa, sino todo lo contrario (de hecho normalmente el hombre que maltrata a la mujer es aquel que huye de su condición de padre y/o evita responsabilizarse por sus hijos).

Para rematar a Casas, basta con recordar lo que el propio Eugenio Zaffaroni, gurú espiritual de la abogada tucumana, dijo sobre el “femicidio”: para el jurista, tildar al crimen pasional de crimen de odio es una imbecilidad supina, ya que el crimen de odio es un acto social en el que alguien de un grupo mata a alguien de otro grupo sin motivo más que el de darle el mensaje a ese otro grupo de que está en serio peligro. En la Argentina de hoy los hombres no matan a las mujeres para que las demás como ellas dejen lo que están haciendo y retornen a las cocinas, las matan casi siempre por la incapacidad que éstos sujetos demuestran para resolver sus conflictos de un modo diferente.

De la histeria a la castración

Recientemente en Salta comenzaron a multiplicarse las denuncias sobre los ataques con escopolamina, un alcaloide conocido popularmente como “burundanga”. Se supone que la burundanga causa adormecimiento y parálisis, por lo que el motivo para agredir a alguien empleando esta droga es obviamente sexual.

La policía salteña desmintió el fenómeno. Todo se trataría de una mera leyenda urbana. Las leyendas urbanas contemporáneas circulan velozmente gracias a las redes sociales, pero hoy en día es más sencillo que nunca hallar a quienes las inician y comprobar si es verdadero o falso lo que afirman. Así lo hicieron los uniformados salteños y sólo encontraron a mujeres con ganas de victimizarse, pero sin prueba alguna de que hayan sido víctimas reales de alguien más.

El mito de la burundanga está relacionado a la cuestión del espacio personal. En efecto, la magia negra que le atribuyen a la escopolamina es la capacidad de dejar inconsciente a alguien con un simple roce. Según la ficción popular, un hombre, con sólo tocarle la piel o pincharle levemente una parte del cuerpo a una mujer, ya la tendría a su disposición para ultrajarla. El acto tan inocente de entregarle una estampita a alguien, podría concluir con una horrenda violación. 

El espacio personal es un elemento clave para la convivencia cotidiana. La forma más sencilla de violarlo es a través de la mirada, luego siguen las palabras y, finalmente, está el contacto físico. Como exigirle a los hombres que utilicen anteojos negros a diario suena exagerado, las hembristas iniciaron hace ya un tiempo una campaña en contra del arte milenario de los piropos. Y han llevado las cosas tan lejos que hasta exigen que se apruebe una ley para imponer sanciones a todo aquel hombre que piropea a una mujer. Ahora, con la historieta de la burundanga, las mujeres de esta sinarquía encontraron la oportunidad para arremeter en contra del contacto casual e inintencionado.

En Tucumán las historias de burundanga (todavía) no han tenido impacto, por lo que las hembristas decidieron ser menos subliminales: con asistencia de diversas oficinas públicas se lanzó una campaña gráfica para instruir a los hombres sobre cómo comportarse adecuadamente en un colectivo. La iniciativa consiste en colocar cartelitos dentro de los vehículos en los que se indican que es aceptable y que es inaceptable para una mujer que usa el transporte público. Así, por ejemplo, que un hombre que viaje parado le acerque la ingle al hombro de una mujer que está sentada sería algo inaceptable, sin importar la circunstancia. La campaña parece bienintencionada, no obstante omite un hecho evidente: en los colectivos viajan niños, por lo que los gráficos tan explícitos sexualizan innecesariamente a los pequeños. Imaginen que un niño sale de la sala de jardín de infantes, decorada con cachorros y payasos, y luego suma a su mundo visual un cartel en donde se ilustra una parafilia… nada bueno puede resultar de eso.

Los jóvenes son la presa ideal de las hembristas, porque suponen que castrándolos de niños pueden programarlos según su gusto. De allí también que, por ejemplo, tengamos que tolerar a estas mujeres haciendo berrinche en contra del idioma, acusando a las palabras y a las frases de ser “sexistas”.

En este sentido el diario La Gaceta de Tucumán se ocupó de vender la basura hembrista con un artículo casi ridículo, en el que una fanática, Verónica Figueroa, indica que la frase “a las mujeres no se les pega porque es de puto” es nefasta, pero no por el contenido del mensaje que transmite, sino porque valora a la homosexualidad negativamente. Figueroa, una psicóloga, cree así poder intervenir en el universo masculino y transformar sus códigos (siendo ella, por cierto, una mujer). Sin embargo si un hombre intentara hacer lo contrario, es decir si un hombre estipulara como las mujeres deben hablar, o vestir, o caminar o cualquier otra cosa, no caben dudas de que Figueroa y las hembristas como ella se escandalizarían desproporcionadamente. 

La batalla final

La dictadura hembrista tiene una vocación claramente genocida. No sólo porque busquen controlar las mentes y dominar los cuerpos masculinos, sino porque además buscan destruir la vida de personas inocentes.

Cuando se efectuó la marcha de junio, entre los participantes en la ciudad de Salta estuvo el Diputado Nacional (MC) Alfredo Olmedo. Olmedo se sumó a la iniciativa porque considera que es intolerable que un hombre agreda a una mujer. Empero este hombre también considera intolerable que se pida por la legalización del aborto, algo que se pidió extensivamente durante el #NiUnaMenos. Y Olmedo tiene razón: pedir protección para una víctima de un crimen no equivale a autorizar la realización de nuevos crímenes.

Ciertamente no todos lo entienden así. Gabriela Cerrano, una Senadora Provincial salteña perteneciente al parasitario Partido Obrero, presentó un proyecto de ley para modificar el protocolo de embarazo no punible que el Gobernador Juan Manuel Urtubey estableció por decreto hace unos años. Gracias a la iniciativa del Porder Ejecutivo de Salta, toda mujer que quiera abortar un feto en la provincia con la excusa de que ha sido violada debe hacer algo que los genios de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no contemplaron: dar pruebas de que fue víctima de una violación. Se busca con ello evitar que las mujeres puedan asesinar con asistencia del Estado a una pobre criatura cuyo único crimen es existir.

Cerrano esperaba que la agitación provocada por la marcha sensibilice en su ideología a sus colegas parlamentarios, pero el rechazo a la propuesta de la troska fue absoluto. Quien justificó la decisión mayoritaria fue la pejotista Silvina Abilés, que dijo que, si el protocolo no existiese, la provincia estaría en riesgo de convertirse en “una fábrica de abortos”.

La ofensiva hembrista es tan sólida que, como dije al principio, el feminazismo ya es una realidad operativa en nuestro país. ¿Cómo se combate a este monstruo contemporáneo? Creo que de un modo: con el Evangelio. Como dijo Monseñor Cargnello, allí donde hay violencia, allí donde un hombre le pega a una mujer, donde una mujer le pega a un hombre, o donde alguien asesina a un niño inocente que aún no ha nacido, allí no está el Evangelio.



Antonella Díaz

jueves, 4 de junio de 2015

La devastación de lo femenino

La marcha y el viento  

El 3 de junio pasado miles de personas en todo el país se pusieron de acuerdo para cortar calles y obstaculizar el tránsito de muchos vehículos. La mayoría de esas personas eran mujeres. La iniciativa de la convocatoria nació a partir de un caso policial: en Rufino, provincia de Santa Fe, una adolescente de 14 años apareció muerta y enterrada en la vivienda de su noviecito; la prensa, horrorizada por el macabro suceso, no tardó en cacarear “femicidio”, y, “desde las redes sociales”, emergió la idea de hacer una gran marcha nacional “en contra de la violencia de género”. Así mucha gente a lo largo y ancho del país (y ni Jujuy, ni Salta, ni Tucumán fueron las excepciones) se concentró en diversas plazas, mientras que la prensa se dedicó a fogonear el asunto -más que simplemente a limitarse a reportarlo.

Lo inquietante de esta iniciativa es su origen obscuro, similar al de los cacerolazos de 2012. Quiero decir, más allá de lo legítimas que fueron esas manifestaciones de descontento popular, las mismas no nacieron por generación espontánea, sino que fueron diseñadas y promovidas por individuos concretos, que tenían intereses específicos. Con la marcha de las violentadas de género sucedió igual.

Lo que caracterizó al #NiUnaMenos fue la corrección política. Oficialismo y oposición, moderados y extremistas, derechas e izquierdas: todos enfilaron hacia donde sopla el viento y se sacaron la foto con el cartelito, sólo faltaba el odontólogo Barreda para completar el panorama. De ese modo la movida fue presentada como el pedido de un sector de la sociedad para que aquellos que maltratan a las mujeres cesen de hacerlo –como si un golpeador, al ver a miles de personas en la calle pidiéndole que renuncie a la violencia, se tuviese que conmover con ese evento y decidiese a partir de allí no levantarle nunca más la mano a una mujer.  

Empero la sensación que dejó la marcha multitudinaria contra la violencia doméstica y los crímenes pasionales es la misma sensación que deja cualquier marcha multitudinaria en la Argentina de hoy: sólo sirve para concederle un momento de catarsis a la gente que se siente impotente ante una realidad que se hunde en la decadencia. No nos olvidemos del Caso Nisman: miles de personas salieron a protestar contra el gobierno kirchnerista, pero al día de hoy no se sabe si al Fiscal lo mataron o lo suicidaron. Y lo mismo pasó con el maricanomio en el año 2010: miles de personas le exigieron a los legisladores que detengan esa abominación, pero al día de hoy los aberrosexuales se casan y se divorcian con la misma facilidad con la que lo hace una pareja normal. La gente en las calles pone nervioso al gobierno por un tiempo, pero no generan absolutamente nada a nivel institucional después. Y ello sucede porque el gobierno se ha enquistado en el poder. En la actualidad el gobierno es más poderoso que el pueblo que lo puso allí, y, lamentablemente, ya no existe un mecanismo cívico-político-militar para que nos libre de sus atropellos y violaciones como ocurría antaño.

Nos penetró el hembrismo

Para la fauna hembrista, la marcha de las violentadas de género sirvió para “visibilizar” la subordinación de la mujer al hombre y denunciar la cultura “macho-patriarcalista” que impera en la Argentina. Para el resto de la gente, en cambio, el #NiUnaMenos fue más inútil que un chupetín con gusto a pene. Claro que el último grupo, a diferencia del primero, se maneja con el sentido común: miles de mujeres pidiendo que los novios, amantes o maridos no les peguen más es infinitamente menos efectivo que una buena denuncia penal contra el golpeador.

Sin embargo el hembrismo interpreta que la movida le sirvió para demostrar su fuerza. Y de dicha demostración de fuerza depende el poder que esa sinarquía tiene para impulsar su agenda. Para explicarlo brevemente: la agenda hembrista consiste en darle el poder absoluto a las mujeres, ubicándolas en la cima de la sociedad y haciéndolas inmunes a todo tipo de crítica o cuestionamiento. En la metafísica del hembrismo, la mujer es el único ser sobre la faz de la tierra que jamás se equivoca, ni jamás se excede, ni jamás se desborda, por tanto no existe criatura mejor para ejercer el poder en una sociedad. La mujer –según esta lógica– es garantía de justicia, mientras que el hombre es sinónimo de injusticia.

La agenda hembrista, hoy por hoy, tiene nueve objetivos claros, porque son los más superficiales, ya que han sido los más promocionados (no hay que olvidar que, como toda buena sinarquía, el hembrismo trabaja sin poner en evidencia los motivos profundos de sus acciones, los cuales, pese a todo, no dejan de ser evidentes para cualquiera cuyo cerebro no sea una masa babeante): (1) instrumentar la nefasta Ley 26.485 y poner en marcha el irracional Plan Nacional que allí se establece, (2) recopilar estadísticas oficiales sobre violencia hacia las mujeres para convertir a ese asunto en una cuestión de Estado, (3) crear juzgados especiales en todas las provincias para tratar exclusivamente casos de violencia doméstica, (4) hostigar a través del monitoreo permanente a todos los hombres acusados de haber ofendido o atacado a una mujer, (5) ampliar la asesoría gratuita para las mujeres que denuncian la violencia en sus hogares, (6) eliminar a todos los funcionarios judiciales que osen no beneficiar automáticamente a toda mujer que llega a un juzgado denunciando haber sido víctima de algún tipo de violencia, (7) crear hogares para acoger a las víctimas de la violencia doméstica que estén controlados y superpoblados por un equipo “interdisciplinario de especialistas”, (8) adoctrinar de modo forzoso en la anti-masculinidad a todo empleado estatal (policías, jueces, maestros, etc.), y, por supuesto, (9) facilitar la colonización hembrista de todo el sistema educativo.

La Ley 26.485 no es más que un delirio sólo practicable si se quiere vivir en el más perverso de los mundos posibles (un artículo, por ejemplo, estipula que la mujer no necesita probar que ha sido víctima de la violencia doméstica para que un juez falle a su favor, lo que significa que con sólo hacer una denuncia, sea real o ficticia, el hombre acusado ya es culpable de lo que se le imputa y debe pagar por ello). Pedir estadísticas en un país en donde no hay un solo papel propiedad del gobierno en el que se reflejen correctamente los datos objetivos de la realidad es también un delirio. Lo de modificar al poder judicial para acelerar los castigos no deja de ser, en realidad, un pedido de ampliación del aparato burocrático argentino, que sólo sirve para alimentar generosamente a quienes allí trabajan y para casi nada más. Los refugios llenos de psicólogas, médicas, abogadas, trabajadoras sociales y demás empleadillas públicas son ridículamente inútiles desde el momento en que un solo cura puede hacer el mismo trabajo y de un modo más humano y efectivo.

Educación para no morir

Todo lo hasta aquí señalado está directamente vinculado a una cuestión monetaria. En efecto, todo eso que las hembristas señalan como urgente en su agenda requiere de dinero para funcionar. Y el dinero requerido tiene el detalle de no ser poco. ¿Cómo una mujer refugiada podrá dormir en una cama prestada si no tiene una almohada que valga mil pesos? El Estado, o, mejor dicho, nosotros tenemos que donar nuestro dinero que tanto nos cuesta conseguir para que las víctimas de sus parejas (y toda la galaxia parasitaria que lucra a partir de ellas) se de la buena vida para compensar el mal sufrido.   

Que no se entienda mal: yo no estoy culpando a la víctima por haber hecho una mala elección, estoy tratando de señalar que hay muchos –demasiados– que quieren hacerse ricos con esa situación. El hembrismo no es más que un movimiento internacionalizado que se basa en la idea de que mientras existan las víctimas, existirá una fuente de ingresos que les permita sobrevivir orondamente sin tener que aportarle nada útil a la sociedad. Es por ello que crearon un discurso en donde la mujer SIEMPRE es víctima. Y es por ello también que apuestan tanto por desplegar un sistema punitivo que refleje sus posiciones y rechazan de plano todo intento por perfeccionar la prevención de la violencia doméstica.

Un pilar del hembrismo es la necesidad de adoctrinar en sus puntos de vista a todos los hombres, ya sean niños, jóvenes, adultos o ancianos. De allí que donde haya una hembrista hay una mujer ansiosa por realizar un taller de “pensamiento anti-patriarcal” o de “prevención del bullying” o de alguna fruslería por el estilo. Su razonamiento es perversamente adecuado a sus fines: si se educa a una persona de modo completamente equivocado, esa persona seguirá cometiendo errores, por lo que la presencia del hembrismo será siempre necesario.

Para reducir la violencia en un hombre lo único que debe hacerse es enseñarle a ser hombre. Es decir, en lugar de un “taller de antipatriarcalidad”, el niño debe participar de un taller de patriarcalidad. El verdadero hombre, el verdadero macho, el verdadero patriarca, tiene incorporado como un código inviolable la idea de que no puede golpear a una mujer. Sólo los falsos hombres, los falsos machos y los falsos patriarcas agreden físicamente a su contraparte femenina. Si se restituye la virilidad en los hombres argentinos (en lugar de buscar castrársela como sucede ahora), las mujeres estarán a salvo, lo femenino, ya devastado por tanto hembrismo, renacerá como la flor que es.  


Antonella Díaz