La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 6 de abril de 2015

El simulacro malvinero

El pasado 2 de Abril la Municipalidad de San Miguel de Tucumán empapeló las carteleras de la ciudad con un afiche que pretendía homenajear a los participantes argentinos de la guerra de 1982. El detalle que indignó a muchos es que se veía una imagen de unos soldados con uniformes de tropa estadounidense de la Segunda Guerra Mundial, la cual había sido extraída de una serie de televisión norteamericana.

Hubo mucha gente que no comprendió la ofensa que algún genio del diseño gráfico elaboró con el aval de la Municipalidad de la capital tucuman. Eran mayormente peronistas que, por razones políticas, defendieron a Domingo Amaya y compañía. Para esa gente lo que importa es la intención, por lo que usar una imagen “genérica” de unos soldados de ficción sirve para homenajear a soldados reales. Yo me pregunto: ¿qué pensaría esa gente si para un homenaje a Eva Perón en lugar de usar una foto de la esposa de Juan Perón usaran una de Nacha Guevara o una de Esther Goris caracterizada como ella? ¿O si para homenajear a Cristina Fernández de Kirchner emplearan la imagen de Fátima Florez disfrazada como la presidente?

No existe el homenaje “genérico”. Cada guerra es un acontecimiento, es decir es un evento que ocurre una sola vez y de una forma determinada, y en el que mucha gente entrega su vida. Lo que hicieron en Tucumán, por tanto, es sumamente vergonzoso.

El Intendente de la ciudad debería pedir disculpas públicamente, y realizar un segundo homenaje a los caídos y los veteranos de Malvinas, el cual bien puede ocurrir en cualquier época del año. Malvinas aparece para los políticos de este país el 2 de Abril –y a veces también el 10 de Junio–, y el resto del año es una sombra que constituye un buen material escolar abordado pésimamente o una excusa para el chauvinismo y nada más. Eso es la “desmalvinización”.

La desmalvinización es el desagradable fruto de la desmilitarización de la política argentina. En efecto, el Ejército Argentino fue un factor de poder autónomo a partir de 1930, gracias a José Félix Uriburu. En su seno se desarrolló el nacionalismo católico, aunque también hubo una corriente liberal-conservadora muy poderosa. Con Menem, el Ejército Argentino fue desarticulado hasta convertirse en la entidad mutilada e inutilizada que es hoy (la cual sólo existe para dedicarse a la guerra sucia del espionaje intrafronterizo).

Lo irónico con Malvinas es que, al ser recordada la gesta heroica el día 2 de Abril, viene a cerrar el “Novenario de la Vergüenza Nacional”, el cual es abierto el 24 de Marzo con el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia (fecha que, con tantos recitales marihuaneros organizados por el gobierno, debería llamarse más bien “Fiesta de la Subversión”). Y como la Guerra de Malvinas fue una derrota contra una de las potencias internacionales más grandes del mundo, ello sólo contribuye a que los argentinos inculpemos a los miembros de la Fuerzas Armadas de nuestras desgracias, dándole más legitimidad a una casta política infestada de corruptos.

Las Malvinas son argentinas, lo que significa que no son peronistas, ni radicales, ni macristas, ni kirchneristas. Tampoco son una derrota antigua de los militares y un triunfo futuro de la política: son una cuestión de identidad nacional, en la que cada argentino debe contribuir a su modo para acabar con su simulación y convertirlas en un hecho real. Ciertamente se puede estar en contra de Malvinas, pero eso lo vuelve a uno automáticamente en algo diferente a un argentino –algo que puede ser bueno o malo para una persona.

La sangre derramada en Malvinas no fue un simulacro, una actuación para la televisión, un eslogan, un afiche en una pared o una proclama en un acto. La sangre derramada es la argentinidad misma, un hecho heroico que –a diferencia del pañuelo blanco– si merece ser un símbolo patrio.


Zaín el-Din Caballero