La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 12 de febrero de 2015

Misterios terroristas sin resolver

El Caso Nisman evidenció dos cosas: que el gobierno argentino está desesperado para garantizar su impunidad y que el terrorismo islámico ya ha penetrado lo suficiente en nuestro país como para convertirse en una amenaza.

Un poco de memoria

Para entender lo de Nisman hay que partir desde el principio: fueron los israelitas los que hicieron el atentado en contra de la AMIA. Adrián Salbuchi, entre muchos otros, lo ha probado. No hubo coche bomba (los explosivos se detonaron en el interior del edificio). Lo que si hubo fue una voluntad enorme de encubrir a los verdaderos culpables, y por ello se multiplicaron las pistas falsas que, como era de esperarse, no llevaron a ningún lugar.

En el año 2004 los sionistas negociaron con el Presidente Néstor Kirchner: le darían su apoyo si, a cambio, permitía que un fiscal propuesto por ellos se hiciera cargo de la Causa AMIA (en esa época había un clima de venganza en contra del menemismo, y los sionistas temían que la ola revisionista se los llevase consigo). Así apareció Alberto Nisman, quien, a partir de 2006, decidió procesar a un grupo de iraníes tras acusarlos de haber realizado el atentado. Algunos de esos hombres eran integrantes del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad, un líder iraní hostil a Israel y sus aliados. Evidentemente lo que el Fiscal quería hacer era elaborar otra pista falsa que, de paso, sirviera para beneficiar a Israel en sus luchas internacionales de poder.

En 2013, cuando se firmó el Memorándum de Entendimiento Argentino-Iraní, los sionistas reaccionaron con preocupación por ello. Desesperados por paliar la crisis energética, los kirchneristas optaron por negociar su antisionismo a cambio de petróleo. Hasta Beatriz Rojkés de Alperovich tuvo que salpicar de sucio oro al Tanaj y votar a favor de los iraníes, pese a que los sionistas le exigían que no lo hiciese. Al final toda la operación quedó truncada porque se procedió por otros medios para bloquear a Irán, pero ello no evitó que el sionismo identificase a Cristina Kirchner como una enemiga y comenzase una campaña para presionarla y castigarla.

Así Nisman, alentado por fondos buitres y otros enemigos del gobierno, comenzó a preparar la venganza sionista en contra de Kirchner, y aquel que alguna vez fuese un aliado de ellos devino un enemigo letal. La muerte del Fiscal, entonces, resultó ser una maniobra torpe para evitar el escándalo o una jugada perversa para generar presión.

La interna K

El discurso del oficialismo acerca de la muerte de Nisman es patético y poco serio. Falta que digan que al Fiscal lo mató Héctor Magnetto –quien para la ocasión se habría puesto un bigote falso, se habría hecho pasar por un asistente del funcionario judicial, y le habría acercado una pistola en lugar de un secador de pelo–, o falta que digan que Nisman se disparó a sí mismo mientras imitaba frente al espejo al personaje que interpreta Robert De Niro en la película Taxi Driver –ese que dice “¿me hablás a mi?” mientras manipula una pistola. Para mí, en cambio, es obvio que los kirchneristas mataron a Nisman, lo que hay que averiguar es cual facción de la interna K es la responsable.

Elisa Carrió sugiere que fue César Milani el que montó la operación para asesinar a Nisman. Eso convertiría, a primera vista, a la Presidente y su entorno más cercano en los autores intelectuales del crimen.

Sin embargo también podría ser el caso que Milani esté trabajando para otro grupo, pues, al fin y al cabo, el General ascendió dentro de la estructura kirchnerista gracias a sus vínculos con Horacio Verbitsky y Nilda Garré, personajes hoy en día distanciados del núcleo cristinista. Es decir, Milani, en representación de los organismos de Derechos Humanos más radicalizados (el CELS, las Madres de Plaza de Mayo, los montoneros agazapados en la Secretaría de DDHH, etc.), bien pudo haber organizado el asesinato de Nisman para generar conmoción y presionar a la Presidente. ¿O acaso ellos no son de los que más van a perder una vez que el actual gobierno de paso al próximo? En diciembre pasado Sergio Massa y Mauricio Macri anunciaron que, con ellos en el poder, se les acababa el curro a los dedehachehachistas. Y, dado que los dedehachehachistas no pueden pasarse al sector privado porque lo que ellos venden sólo lo puede comprar el Estado, no es descabellado pensar que podrían estar detrás de la muerte de Nisman: le tiraron un cadáver a la Presidente para que los tome en serio. Sería algo así como terrorismo de Estado.    

Ya están entre nosotros

El otro grupo kirchnerista capaz de asesinar a Nisman son los embajadores del fundamentalismo islámico en la Argentina, es decir Luís D’Elia y los otros chavistas. Las escuchas que se publicaron dejaron más que claro que el gordito bardero que cada tanto se propasa verbalmente en Twitter es, en realidad, un sujeto de lo más peligroso para la sociedad argentina.

Hay muchos que perciben con cierta simpatía a D’Elia, pues es uno de los pocos miembros de la fauna política nacional que se atreve a decir la verdad acerca de Israel. Sin embargo lo hace utilizando un discurso orientalista y no uno occidentalista. Traducido: es peor el remedio que la enfermedad.

Quisiera recordar tres episodios recientes que recibieron escasa difusión:

(1) En abril de 2011 la policía detuvo a un aparente argelino en Villa Jardín de Reyes, una ciudad jujeña cercana a la capital provincial. Al momento de la captura, el hombre estaba en posesión de un arsenal en su casa, que incluía explosivos plásticos y armas de guerra. Los uniformados llegaron hasta allí por una casualidad: los vecinos denunciaron que el hombre estaba maltratando a su esposa argentina, y por ello llamaron a la policía. Nunca quedó claro si el sujeto era un yihadista salafista vinculado a Al Qaeda o si era un yihadista chíita más próximo a los iraníes, lo cierto es que el tema –que debió haber sido un escándalo nacional y apenas fue recogido por la prensa de Buenos Aires– fue sepultado por la Justicia, y no se supo cual fue el destino de ese siniestro personaje.

(2) Unos meses después, en noviembre de 2011, un grupo de matacos hizo explotar en el noreste de Salta a una cisterna que contenía 6.000 litros de gasoil y que pertenecía al empresario Franco Brunetti. Para ejecutar el atentado habrían usado gelamón, un explosivo plástico usado con frecuencia en la demolición de edificios y la minería por su alta capacidad para destrozar rocas. En el arsenal confiscado en Jujuy habían varios cartuchos de gelamón.

(3) A fines de septiembre de 2012 explotaron ocho bancos de cemento en la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, a unos 50 metros de la Casa de Gobierno. Mucha de la gente que estuvo en el lugar percibió un olor a amoníaco, o sea gelamón. Los peritos tucumanos dijeron que se trataba de gas butano que se había calentado, generando por ello la explosión. Sin embargo otros expertos en explosivos cuestionaron esa hipótesis, ya que difícilmente habría el suficiente gas butano como para hacer volar por los aires a ocho bancos de cemento al mismo tiempo. Alperovich guardó un silencio absoluto sobre el tema.

Los tres episodios que referí nunca fueron debidamente aclarados. Se habló en su momento de la presencia de Quebracho, agrupación que tendría vínculos con el argelino detenido, con los indios salteños y con la persona que habría colocado el artefacto explosivo en la capital tucumana, empero ese dato no terminó de confirmarse. Quebracho no es liderado por D’Elia, pero si es parte del conglomerado de organizaciones influenciadas por los iraníes y otros extremistas islámicos.

Por un nuevo proceso de reorganización nacional

A estas alturas es evidente que nadie está seguro en la Argentina: el que está en la disputa por el poder está inmerso en una red de podredumbre donde no faltan las explosiones y los asesinatos, y el que vive su vida alejado de ello corre un enorme riesgo de ser víctima de los muchos delincuentes comunes que habitan en el país.

Lo que la Argentina necesita, por tanto, es establecer una Doctrina de Seguridad Nacional que detenga la penetración terrorista a nuestro país y controle la violencia que la delincuencia genera día a día en las calles. Y junto con ello quizás sería bueno también que se creen comisiones especiales para investigar el pasado reciente y poner al descubierto el costado sucio de la Democracia 83. Vale decir lo que nos merecemos los argentinos es un proceso de reorganización nacional que saque de circulación para siempre a cada corrupto que se enriqueció de modo ilícito, a cada tirano que permitió que frente a sus ojos se delinquiese impunemente, a cada miserable que prostituyó sus ideales, y le permita a cada familia del país recuperar la tranquilidad en su cotidianeidad, o sea los argentinos nos merecemos de una vez por todas ver que se vayan todos.  


Francisco Vergalito 

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