La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 27 de febrero de 2015

Esperar o desesperarse

La sangre derramada

Una mujer de 26 años espera el colectivo temprano a la mañana en una parada de la avenida Alem. Un malviviente de 23 años la divisa, se le acerca y trata de quitarle la cartera. Sin embargo la mujer se resiste al atraco y golpea al ladrón. Alertada por los ruidos, la madre de la joven sale a la calle y ve la trifulca. Acto seguido le arroja al delincuente algunos objetos contundentes para asistir a su hija en la lucha por su vida. Finalmente el hombre de 23 años desiste y se aleja, dejando caer un cuchillo mientras lo hace. Unas horas después, este energúmeno regresa al vecindario y le profiere amenazas tanto a la mujer que intentó asaltar, como a su familia que buscó defenderla. Las víctimas hacen la denuncia en la comisaría, pero los policías no hacen más que dejar constancia en un papel de que el episodio ha ocurrido.

Cuatro días después, la mujer regresa a su casa en compañía de una prima. Es domingo y no hay casi nadie en la calle, salvo los que retornan de las fiestas y los que salen temprano a trabajar. El malviviente, ahora con un cómplice, reaparece. Apartan violentamente a una de las mujeres –a la prima de la víctima del intento de robo–, y le propinan cinco puñaladas a la otra mujer –a la que había recibido las amenazas.

La mujer es hospitalizada y los familiares retornan a la comisaría. Ellos saben perfectamente quien fue el que intentó asaltar y asesinar a la mujer. Entonces la familia de la víctima, junto a muchos vecinos preocupados, queman gomas y exigen enardecidos la captura del criminal.

La policía sale a buscarlo, pero se demora. Los días corren y no hay noticias del malviviente. Mientras tanto, la mujer internada empeora su situación, y día a día se enfrenta a una lucha encarnizada contra su cuerpo herido por no morir. La familia de la víctima, obviamente, vive sumergida en la inquietud.

El padre de la mujer apuñalada va hasta la Terminal de Colectivos. Mientras espera su transporte, cree divisar al cretino que atacó a su hija. Sin meditar demasiado, extrae un cuchillo de entre sus ropas, se abalanza contra el hombre y le asesta una puñalada en el abdomen. La gente entra en pánico y un grupo de guardias de seguridad del lugar logran controlar y calmar al hombre mientras los policías llegan para detenerlo.

La historia que relaté sería algo así como una historia de venganza (o de justicia por mano propia) si no fuese por el hecho de que el apuñalado no era el mismo que había atacado a la mujer. Ese sujeto, por el contrario, se encontraba refugiado en la vivienda de un familiar, en una zona rural de Tucumán. La policía lo capturará recién unos días después de que el padre de la víctima, convertido ahora en criminal, ingresase a una celda para enfrentarse contra el sistema judicial argentino.

El padre de Jésica, el padre de Paulina

¿Qué debemos pensar sobre estos sucesos? Cualquier padre está dispuesto a sacrificarse por sus hijos, incluso al punto de ejecutar la venganza. Lo del hombre, el padre de Jésica Alderete, no es reprochable. Su historia es la historia de una persona que, desoyendo a su razón, actuó cegada por sus sentimientos. ¿Pero acaso el señor Alderete es un ser poco racional que ha olvidado los principios elementales de la civilización occidental o, por el contrario, es alguien que gracias a que entiende cómo funcionan las cosas en este país hizo lo más lógico que se podía hacer para que se produzca aquello que llamamos “justicia”?

Yo lo entiendo al señor Alderete. Su desesperación es producto de la desesperanza en la que vivimos los argentinos. En un país donde reina la impunidad, ¿acaso es insólito que un hombre quiera tomar él mismo las represalias contra aquellos que le quitaron lo que más quería? Me asombra, de hecho, que en la actualidad haya tan poca gente que obra como el señor Alderete, prueba de que los argentinos aún tenemos más tolerancia de la que deberíamos tener.

El penoso Caso Alderete ocurrió justo cuando la Justicia de Tucumán aseguró que ni el Clan Alperovich, ni nadie cercano a ellos, está involucrado en el Caso Lebbos. Hace nueve años murió Paulina Lebbos, una mujer de una edad parecida a la de Jésica Alderete y que, como ella, también era madre de una nena. Al día de hoy no se sabe cómo murió exactamente ni por qué su cadáver apareció mutilado dos semanas después de que desapareció. Lo que se sabe es que hubo encubrimiento por parte de la Justicia, de la policía y del gobierno de Tucumán. ¿Todos los involucrados entorpecieron el esclarecimiento del crimen para que no reciba un castigo alguien que no está vinculado al Clan Alperovich? Suena absurdo. Y es indignante que siquiera lo planteen. Pero es lo que se sostiene oficialmente.

Imagino que el señor Lebbos debe haber sentido la misma desesperación que el señor Alderete. Pero al hombre lo mueve la esperanza. Esa que los tiranos intentaron quebrarle cientos de veces. Lo admirable en ese hombre es eso: que no sucumbió a la desesperanza, pese a que bien podría haberlo hecho.


Pablo Ulises Soria

jueves, 12 de febrero de 2015

Misterios terroristas sin resolver

El Caso Nisman evidenció dos cosas: que el gobierno argentino está desesperado para garantizar su impunidad y que el terrorismo islámico ya ha penetrado lo suficiente en nuestro país como para convertirse en una amenaza.

Un poco de memoria

Para entender lo de Nisman hay que partir desde el principio: fueron los israelitas los que hicieron el atentado en contra de la AMIA. Adrián Salbuchi, entre muchos otros, lo ha probado. No hubo coche bomba (los explosivos se detonaron en el interior del edificio). Lo que si hubo fue una voluntad enorme de encubrir a los verdaderos culpables, y por ello se multiplicaron las pistas falsas que, como era de esperarse, no llevaron a ningún lugar.

En el año 2004 los sionistas negociaron con el Presidente Néstor Kirchner: le darían su apoyo si, a cambio, permitía que un fiscal propuesto por ellos se hiciera cargo de la Causa AMIA (en esa época había un clima de venganza en contra del menemismo, y los sionistas temían que la ola revisionista se los llevase consigo). Así apareció Alberto Nisman, quien, a partir de 2006, decidió procesar a un grupo de iraníes tras acusarlos de haber realizado el atentado. Algunos de esos hombres eran integrantes del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad, un líder iraní hostil a Israel y sus aliados. Evidentemente lo que el Fiscal quería hacer era elaborar otra pista falsa que, de paso, sirviera para beneficiar a Israel en sus luchas internacionales de poder.

En 2013, cuando se firmó el Memorándum de Entendimiento Argentino-Iraní, los sionistas reaccionaron con preocupación por ello. Desesperados por paliar la crisis energética, los kirchneristas optaron por negociar su antisionismo a cambio de petróleo. Hasta Beatriz Rojkés de Alperovich tuvo que salpicar de sucio oro al Tanaj y votar a favor de los iraníes, pese a que los sionistas le exigían que no lo hiciese. Al final toda la operación quedó truncada porque se procedió por otros medios para bloquear a Irán, pero ello no evitó que el sionismo identificase a Cristina Kirchner como una enemiga y comenzase una campaña para presionarla y castigarla.

Así Nisman, alentado por fondos buitres y otros enemigos del gobierno, comenzó a preparar la venganza sionista en contra de Kirchner, y aquel que alguna vez fuese un aliado de ellos devino un enemigo letal. La muerte del Fiscal, entonces, resultó ser una maniobra torpe para evitar el escándalo o una jugada perversa para generar presión.

La interna K

El discurso del oficialismo acerca de la muerte de Nisman es patético y poco serio. Falta que digan que al Fiscal lo mató Héctor Magnetto –quien para la ocasión se habría puesto un bigote falso, se habría hecho pasar por un asistente del funcionario judicial, y le habría acercado una pistola en lugar de un secador de pelo–, o falta que digan que Nisman se disparó a sí mismo mientras imitaba frente al espejo al personaje que interpreta Robert De Niro en la película Taxi Driver –ese que dice “¿me hablás a mi?” mientras manipula una pistola. Para mí, en cambio, es obvio que los kirchneristas mataron a Nisman, lo que hay que averiguar es cual facción de la interna K es la responsable.

Elisa Carrió sugiere que fue César Milani el que montó la operación para asesinar a Nisman. Eso convertiría, a primera vista, a la Presidente y su entorno más cercano en los autores intelectuales del crimen.

Sin embargo también podría ser el caso que Milani esté trabajando para otro grupo, pues, al fin y al cabo, el General ascendió dentro de la estructura kirchnerista gracias a sus vínculos con Horacio Verbitsky y Nilda Garré, personajes hoy en día distanciados del núcleo cristinista. Es decir, Milani, en representación de los organismos de Derechos Humanos más radicalizados (el CELS, las Madres de Plaza de Mayo, los montoneros agazapados en la Secretaría de DDHH, etc.), bien pudo haber organizado el asesinato de Nisman para generar conmoción y presionar a la Presidente. ¿O acaso ellos no son de los que más van a perder una vez que el actual gobierno de paso al próximo? En diciembre pasado Sergio Massa y Mauricio Macri anunciaron que, con ellos en el poder, se les acababa el curro a los dedehachehachistas. Y, dado que los dedehachehachistas no pueden pasarse al sector privado porque lo que ellos venden sólo lo puede comprar el Estado, no es descabellado pensar que podrían estar detrás de la muerte de Nisman: le tiraron un cadáver a la Presidente para que los tome en serio. Sería algo así como terrorismo de Estado.    

Ya están entre nosotros

El otro grupo kirchnerista capaz de asesinar a Nisman son los embajadores del fundamentalismo islámico en la Argentina, es decir Luís D’Elia y los otros chavistas. Las escuchas que se publicaron dejaron más que claro que el gordito bardero que cada tanto se propasa verbalmente en Twitter es, en realidad, un sujeto de lo más peligroso para la sociedad argentina.

Hay muchos que perciben con cierta simpatía a D’Elia, pues es uno de los pocos miembros de la fauna política nacional que se atreve a decir la verdad acerca de Israel. Sin embargo lo hace utilizando un discurso orientalista y no uno occidentalista. Traducido: es peor el remedio que la enfermedad.

Quisiera recordar tres episodios recientes que recibieron escasa difusión:

(1) En abril de 2011 la policía detuvo a un aparente argelino en Villa Jardín de Reyes, una ciudad jujeña cercana a la capital provincial. Al momento de la captura, el hombre estaba en posesión de un arsenal en su casa, que incluía explosivos plásticos y armas de guerra. Los uniformados llegaron hasta allí por una casualidad: los vecinos denunciaron que el hombre estaba maltratando a su esposa argentina, y por ello llamaron a la policía. Nunca quedó claro si el sujeto era un yihadista salafista vinculado a Al Qaeda o si era un yihadista chíita más próximo a los iraníes, lo cierto es que el tema –que debió haber sido un escándalo nacional y apenas fue recogido por la prensa de Buenos Aires– fue sepultado por la Justicia, y no se supo cual fue el destino de ese siniestro personaje.

(2) Unos meses después, en noviembre de 2011, un grupo de matacos hizo explotar en el noreste de Salta a una cisterna que contenía 6.000 litros de gasoil y que pertenecía al empresario Franco Brunetti. Para ejecutar el atentado habrían usado gelamón, un explosivo plástico usado con frecuencia en la demolición de edificios y la minería por su alta capacidad para destrozar rocas. En el arsenal confiscado en Jujuy habían varios cartuchos de gelamón.

(3) A fines de septiembre de 2012 explotaron ocho bancos de cemento en la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, a unos 50 metros de la Casa de Gobierno. Mucha de la gente que estuvo en el lugar percibió un olor a amoníaco, o sea gelamón. Los peritos tucumanos dijeron que se trataba de gas butano que se había calentado, generando por ello la explosión. Sin embargo otros expertos en explosivos cuestionaron esa hipótesis, ya que difícilmente habría el suficiente gas butano como para hacer volar por los aires a ocho bancos de cemento al mismo tiempo. Alperovich guardó un silencio absoluto sobre el tema.

Los tres episodios que referí nunca fueron debidamente aclarados. Se habló en su momento de la presencia de Quebracho, agrupación que tendría vínculos con el argelino detenido, con los indios salteños y con la persona que habría colocado el artefacto explosivo en la capital tucumana, empero ese dato no terminó de confirmarse. Quebracho no es liderado por D’Elia, pero si es parte del conglomerado de organizaciones influenciadas por los iraníes y otros extremistas islámicos.

Por un nuevo proceso de reorganización nacional

A estas alturas es evidente que nadie está seguro en la Argentina: el que está en la disputa por el poder está inmerso en una red de podredumbre donde no faltan las explosiones y los asesinatos, y el que vive su vida alejado de ello corre un enorme riesgo de ser víctima de los muchos delincuentes comunes que habitan en el país.

Lo que la Argentina necesita, por tanto, es establecer una Doctrina de Seguridad Nacional que detenga la penetración terrorista a nuestro país y controle la violencia que la delincuencia genera día a día en las calles. Y junto con ello quizás sería bueno también que se creen comisiones especiales para investigar el pasado reciente y poner al descubierto el costado sucio de la Democracia 83. Vale decir lo que nos merecemos los argentinos es un proceso de reorganización nacional que saque de circulación para siempre a cada corrupto que se enriqueció de modo ilícito, a cada tirano que permitió que frente a sus ojos se delinquiese impunemente, a cada miserable que prostituyó sus ideales, y le permita a cada familia del país recuperar la tranquilidad en su cotidianeidad, o sea los argentinos nos merecemos de una vez por todas ver que se vayan todos.  


Francisco Vergalito 

lunes, 9 de febrero de 2015

La República Evomoralista de Argenchina

Durante el siglo XIX y una parte del XX, Argentina estuvo bajo la nefasta influencia del Reino Unido. Luego fue EEUU quien nos convirtió en una suerte de colonia suya, y ahora, al parecer, es China quien adquirió el permiso para esclavizarnos.

Después del viaje de la Presidente a Asia, por fin la prensa masiva se hace eco de esta nefasta situación. La venta del país a los chinos va con una porción de la Patagonia de regalo, la cual, según han afirmado los orientales, se usará con fines científicos. Como compensación por tan generosa oferta, los chinos pusieron una estatua de San Martín en una ciudad de ellos. Seguramente en unos años serán tan amables de devolvernos las Malvinas, sólo que incluirán un contrato de explotación petrolera que las hará virtualmente suyas hasta que ya no quede nada que extraer del suelo.

En lo personal no me asombra que los kirchneristas hagan esto. Después del episodio en el que dejaron que Bolivia hostigue y desplace a varias familias argentinas en el área fronteriza, y después de dejar que empresas multinacionales destruyan nuestro territorio y saqueen nuestros recursos naturales, los creo capaces de cualquier cosa.

Lo que más me preocupa es lo obvio: los chinos no llegaron a donde llegaron siendo unos imbéciles; si ellos están dispuestos a entregarle dinero al kirchnerismo y a planificar sus inversiones para ser desarrolladas en los próximos años, es porque saben que tienen las condiciones garantizadas para ello, lo que significa o bien que los kirchneristas harán alguna maniobra extraña para conservar el poder o bien que el próximo gobierno, tenga el color político que tenga, aceptará el sometimiento. Cualquiera sea la verdad, parece ser un futuro obscuro el nuestro.


Hernán Solifrano (h)   

domingo, 8 de febrero de 2015

El reino del revés

Que una mujer conciba un hijo junto con un hombre es algo muy usual. Lo que no es usual es que esa mujer se avergüence de su condición y aún así quiera continuar con la experiencia de la maternidad (o, al menos, con la del parto). Es decir las feministas aborteras odian haber nacido mujeres, por lo que, llegado el momento de ejercer la maternidad, gozan asesinando a sus hijos, pues creen que de ese modo asesinan su feminidad. Sin embargo hay mujeres mucho más mentalmente alteradas que las aborteras: son las que dan a luz asegurando ser “varones”.

En Salta uno de esos casos cobró notoriedad recientemente. Una mujer que luce y pretende comportarse como hombre engendró una hija junto a un hombre que luce y pretende comportarse como mujer, o sea dos travestidos (una mujer que juega a ser hombre y un hombre que juega a ser mujer) fueron padres. Este evento fue noticia porque esta pareja de gente con un aparente desequilibrio mental consiguió que la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSES) les otorgase el subsidio conocido como “Asignación Universal por Hijo” (AUH), después de habérselos negado en una primera instancia.

Personalmente no estoy en contra de que la gente perciba la AUH, pero si considero que traer un hijo al mundo sólo para tener una fuente de ingresos es un hecho espeluznante, que ninguna persona en este país debería considerar como una posibilidad siquiera. De todos modos pienso que el Estado argentino no debe retirarle apoyo a esta pareja de salteños, sino todo lo contrario: en lugar de otorgarles una AUH, lo que debería recibir esa gente (y de manera urgente) es un buen tratamiento psicoterapéutico para que comprendan la dimensión de lo que están haciendo, ya que un hijo no es una mascota o un juguete, sino un ser humano.

Lo más lamentable del caso fue ver a los directivos de la ANSES vanagloriarse de que, gracias a los travestidos salteños, ahora en este país pueden recibir dinero hasta las mujeres que consiguieron que se les altere la partida de nacimiento y el DNI en una sede del registro civil. La ANSES celebra su demagogia regalando dinero a diestra y siniestra, mientras procura abandonar y humillar a quienes más debería apoyar: los jubilados argentinos.


Antonella Díaz