La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Quién canonizó a Mariano Ferreyra?

Víctima de la circunstancia

Mariano Ferreyra fue un muchacho que murió asesinado cuando tenía apenas 23 años. Ocurrió en el marco de una disputa de trabajadores ferroviarios, aunque él no era un trabajador ferroviario. Al momento de su muerte, Ferreyra estaba anotado en una universidad como estudiante de la carrera de Historia, pero aún no había superado el CBC (lo que no le impedía figurar como un dirigente de la FUBA). Tras concluir la escuela media, y mientras se acomodaba lentamente a la vida de estudiante universitario, aprendió el oficio de tornero, pero por su desinterés en progresar no duró en los trabajos que pudo conseguir. Poco antes de morir había comentado que quería estudiar Cine en una universidad bonaerense, porque creía tener inclinaciones artísticas. 

El Partido Obrero (PO) captó a Ferreyra para sus filas durante su adolescencia. Ferreyra jamás se caracterizó por ser un estudiante sobresaliente. Pero si era voluntarioso: creía que la voluntad transforma al mundo, por lo que, para él, todo era cuestión de tratar siempre hasta conseguir los resultados. Murió antes de madurar y comprender lo falaz de esa idea.

El PO es una fuerza marxista, lo que los hace rechazar doctrinariamente al voluntarismo. Sin embargo ello es lo que precisamente los nutre. Es decir, el PO no es más que una pyme comandada por una “vanguardia iluminada” que consigue hacer ruido gracias a que funciona como un espacio receptor de aquellos jóvenes que son demasiado mediocres y asociales como para poder ser miembros productivos de la sociedad, pero que no son tan desastrosos como para andar por las calles consumiendo paco. Sus puertas están abiertas para las víctimas del fracaso personal, pues les ofrecen la contención que no encuentran en otros lugares. Ferreyra satisfacía el perfil a la perfección.

El 20 de octubre de 2010, trabajadores del Ferrocarril General Roca -fogoneados por células sindicales del PO- se propusieron cortar las vías para interrumpir el servicio de trenes. Reclamaban el fin de la precarización laboral que padecían. Por aquella época el kirchnerismo no consentía en enviar a Gendarmería Nacional o a alguna otra fuerza de seguridad para garantizar el derecho a la libre circulación por temor a que se los acusase de “criminalizar a la protesta social” (justo al revés de lo que sucede ahora). Así que fueron hombres de la Unión Ferroviaria, el sindicato de los trabajadores de ferrocarriles, quienes asumieron la tarea de despejar los obstáculos.

Un grupo de choque de la Unión Ferroviaria atacó a los manifestantes, que no eran sólo trabajadores del Roca, sino también militantes del PO los cuales, según se ve, no tenían nada mejor que hacer que acompañar a otros en su reclamo. El grupo de choque triunfó en su tarea, pero se excedió: a un monigote se le ocurrió efectuar disparos amedrentadores con un arma de fuego, que terminaron con tres heridos y un muerto, Mariano Ferreyra.

Así terminó la breve vida de Ferreyra: convertido en víctima casual por estar en el lugar equivocado a la hora equivocada. No lo mataron porque fuese un peligro para la seguridad nacional o para la paz social, lo mataron porque eligió mal la dirección hacia la cual correr.

Mariano Ferreyra, Inc.   

Cuando Ferreyra murió el PO movió todos sus recursos disponibles para comenzar una campaña propagandística pidiendo por justicia para el asesinado. El asunto prosperó gracias a que la CTA y otros actores políticos se sumaron al reclamo: era la oportunidad para tirar el cadáver de un inocente contra la puerta de Casa Rosada, y gozar de la indignación que eso provoca.

Lo que siguió fue un bochornoso y repugnante sainete criollo montado por el gobierno para no hacerse cargo de la tragedia que habían ocasionado. Obviamente la Unión Ferroviaria fue la primera acusada por el crimen, pero como su líder, José Pedraza, era uno de los sindicalistas más lealmente kirchneristas, hubo toda clase de intentos para despegarlo del asunto. Sin embargo pronto sacaron a la luz su currículum y la “Causa Pedraza” se volvió políticamente indefendible.

Acto seguido se montó una operación de prensa muy burda para vincular a Pedraza con Eduardo Duhalde, quien por esa época todavía era visto como un titiritero en las sombras. Pero la truchada no consiguió imponerse, así que Néstor Kirchner, Aníbal Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y toda la oligarquía K tuvo que admitir –aunque, claro, off the record– “que se habían mandado una cagada”. De esta manera el gobierno buscó negociar con las víctimas que generaron para minimizar el daño a su imagen: así los Ferreyra se acomodaron en cargos estatales (Pablo Ferreyra, el hermano de Mariano, hasta terminó convertido en Legislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y al PO le inyectaron los fondos suficientes como para hacer una exitosa campaña electoral en 2011 (lograron tres diputados nacionales y varias bancas en los parlamentos provinciales y municipales de diversas provincias).  

Instrucciones para bautizar a una plaza

Ferreyra fue una víctima. No merecía morir así. Pero después de él, el kirchnerismo siguió hiriendo y matando gente al reprimir protestas sociales. Estos nuevos muertos se salvaron de ser utilizados políticamente. A la mayoría de ellos no pudieron prostituirlos para alimentar la necrofilia partidista.

Ahora concejales salteños decidieron bautizar con el nombre de “Mariano Ferreyra” a una plaza en el oeste de la capital provincial. Fue una iniciativa de los hombres del PO (la mayoría en el recinto) pero que contó con la adhesión expresa de gente del kirchnerismo, pese a que en la ciudad esté vigente la ordenanza que prohíbe bautizar a un espacio público con el nombre de una persona que lleve menos de cinco años de fallecida.

Quizás no esté mal que algún lugar de la República tenga el nombre del joven asesinado. Un callejón en la Sarandí donde nació, una estación de trenes del Ferrocarril General Roca, pero ciertamente no una plaza en Salta. Se me ocurren mil personas con méritos reales que podrían prestarle su nombre a un espacio público de la ciudad de Salta. Y no es una hipérbole: realmente puedo confeccionar una lista con mil nombres de gente que merece más que Ferreyra el honor que el Concejo Deliberante le hace al chico víctima.

Permítaseme incluir sólo un ejemplo. Los Bravos de Manchalá eran soldados salteños que, en 1975, resultaban ser un tanto más jóvenes que Mariano Ferreyra. Mientras estos muchachos trabajaban en una escuela rural para cambiar sus puertas y ventanas vetustas y para pintar sus paredes derruidas, una centena de terroristas los atacó con armas de fuego. Esos hombres que disparaban defendían las mismas ideas que defendía Ferreyra. Finalmente el triunfo fue para los jóvenes salteños, quienes durante varias horas estuvieron muy cerca de caer abatidos por las balas de los criminales. Hoy en día Salta no tiene ningún espacio para honrar oficialmente a esos jóvenes, a los que la suerte quiso mantener vivos (contrariamente a los muchos que murieron en los montes tucumanos por defender a la Patria). Curioso presente: escarnio para nuestros héroes salteños, una plaza para un invento propagandístico del Partido Obrero.



Zain el-Din Caballero