La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los peronistas sin peronismo

Treinta años de retroceso

Algo característico de la cultura política argentina del siglo XXI ha sido la desaparición de la UCR, dejando que a su lugar lo ocupe el PJ. Así, el PJ se ha constituido como oficialismo y, simultáneamente, oposición. Hubo una “pejotización” de la política nacional, lo cual, obviamente, terminó vaciando de contenido ideológico al escenario electoral argentino: al ser todo abarcado por el PJ, no sólo el conservadurismo y el progresismo conviven como pilares del mismo proyecto, sino que además los conservadores y los progresistas que se encuentran por fuera del PJ no se han atrevido a proponer nada que se aleje políticamente de lo que hace el propio PJ.

Como la partidocracia ya ha agotado todas sus posibilidades de izquierda, centro y derecha, lo que el ciudadano argentino con conciencia patriótica percibe es que se vive en el interior de una jaula de la que no se puede salir, puesto que la opción en cada elección parece ser la de escoger entre el ladrón conocido o el ladrón por conocer. Esta situación de descrédito de la política que empezó con el “que se vayan todos” y terminó en la guerra entre los kirchneristas (el “todos” que no se quiere ir) y los antikirchneristas es, en el fondo, considerada como anómala. La “rebelión” contra 1983 debió haber concluido con un cambio de sistema, pero como se ha demonizado a las dictaduras dicha sustitución no ha sido posible. Por ello, en diciembre de 2013, la Presidente bailó sonriente golpeando una cacerola al mismo tiempo que Tucumán estaba hundida en la psicosis colectiva y las cacerolas que se oían eran golpeadas por gente enfurecida: no sólo el PJ no tiene límites en la Argentina, tampoco los tiene la democracia.  

El malestar contemporáneo en contra de la democracia –como no puede canalizarse hoy en día a través de la exhortación de una salida o suspensión del sistema democrático– está generando un clima positivo que actualmente crece en la Argentina, el cual revive la esperanza de poder elegir al justo por sobre el injusto y al honesto por sobre el corrupto, pues se busca la restitución de la política no a través de un cambio de régimen sino a través de una mayor exigencia moral (por ello hay tanto entusiasmo entre los partidócratas nacionales por recibir la bendición del Papa Francisco).

En 2015 el asunto central será, una vez más, la lucha contra la corrupción. Quienes ahora ejercen el gobierno, evidentemente, son el blanco central de los cruzados de la transparencia que quieren acabar con los desquicios del sistema. A raíz de ello crece el temor entre los que gobiernan de su futura permanencia en el poder, y por ese motivo ya ha comenzado las guerras de sucesión.

Renovadores y renovantes

El kirchnerismo intuye que perderá las próximas elecciones de 2015, pero calcula que ello no significará su disolución definitiva (como pasó con el menemismo después de 2003). Agustín Rossi, Florencio Randazzo, Sergio Urribarri, Jorge Taiana, Julián Domínguez, Axel Kicillof y Aníbal Fernández buscan ser ungidos como candidatos presidenciales por Cristina Kirchner. Todos estiman que si hacen una elección mediocre, aún así tendrán a un importante número de hombres del Frente para la Victoria en el Congreso de la Nación y en los parlamentos provinciales, los cuales operarán como una fuerza de resistencia.

A pesar de que el FA-UNEN propone crear una “Conadep de la Corrupción” para ajusticiar a los funcionarios de la última década, a quienes éstos más le temen es a los peronistas. Ciertamente subestiman las posibilidades reales de la UCR aliada al progresismo, pero están tan seguros de su fracaso que prefieren concentrar todo su esfuerzo en evitar que sean los peronistas los que arrasen en las urnas. Quien más les preocupa es Daniel Scioli, pues saben que él, por más que provenga del kirchnerismo, no es un kirchnerista, lo que podría provocar que, si el Gobernador de Buenos Aires se convierte en presidente, todo ese ejército K atrincherado en parlamentos, gobernaciones e intendencias termine cambiando su camiseta para pasar de ser cristinistas fanáticos a fervientes sciolistas. Producido eso, no habría “operativo retorno” en 2019.

En un segundo plano en la lista de preocupaciones kirchneristas aparecen Sergio Massa y Mauricio Macri, dos dirigentes cuyas estrategias para buscar el triunfo en 2015 consiste en remarcar sus diferencias con el kirchnerismo (contrariamente a lo que hace Scioli, quien prefiere no tocar ese tópico y dejar que sea el elector el que se de cuenta de ello). El detalle es que, para ello, Massa apunta a reclutar viejos dirigentes, en tanto que Macri intenta introducir a nuevos personajes al escenario político. Son la “renovación”. Pero no hace falta indagar demasiado para darse cuenta de que lo que ambos intentan es armar al peronismo por fuera del Partido Justicialista. Macri es más discreto que Massa en este aspecto, puesto que el Intendente de Buenos Aires les pide a sus aliados peronistas que se coloquen justo detrás de los empresarios o de los profesionales liberales que emergen para “renovar” la política actual como si fuesen ciudadanos modelos que, súbitamente, quieren transferir su éxito personal a la vida pública. Massa, en cambio, no tiene problemas en reciclar a los peronistas excluidos del PJ por el kirchnerismo para que éstos, al renovar una vez más sus cargos, sean los que le aporten mayor estabilidad institucional al país (que es la versión peronista de la lucha contra la corrupción que predica el Papa Francisco).

El Fronterizo

En Jujuy el Gobernador Eduardo Fellner buscará su reelección. El problema que tiene es que está rodeado por dos caciques (Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola) que le disputan el poder. Esa división interna en el PJ permite el fortalecimiento de la UCR, que, pese a todas las intentonas renovadoras de sus afiliados, sigue encolumnada detrás del Senador Nacional Gerardo Morales.

La UCR en Jujuy es una fuerza poderosa, pero sigue siendo la UCR, con todo lo que ello significa para la Argentina de hoy. De esto han tomado nota los peronistas disidentes, quienes han comenzado a ampliar lo que era el núcleo originario del Frente Renovador en la provincia. Así se explica que Marcelo Nasif haya renunciado a su puesto de funcionario estatal menor aduciendo que su conciencia no le permite pertenecer a un gobierno que poco tiene que ver con el peronismo; ahora Nasif se unió a las filas del Frente Renovador, que espera también incorporar a Isolda Calsina, una Diputada Provincial que denunció penalmente a Fellner por malversación de fondos públicos. De cualquier manera Massa mismo no descarta una alianza con Morales para potenciarse el uno al otro, pero el éxito de ello dependerá de quien sea el candidato del FA-UNEN a la presidencia.  

En Jujuy la gente del Frente Renovador optó por desacreditar a Fellner dudando de la autenticidad de su sentimiento peronista justo después de que el Gobernador fuese elegido Presidente Nacional de Partido Justicialista. Así un memorioso recordó que, en 1982, se publicó un aviso en el diario Clarín en donde se informaba que un grupo de dirigentes jujeños adherían a un acto que el PJ iba a realizar en conmemoración a Juan Perón y Simón Bolívar en la Capital Federal. A dicho aviso lo firmaba, entre otros, Eduardo Fellner. Sin embargo el en aquel entonces joven abogado publicó unos días después otro aviso aclarando que él no era, nunca había sido, y, para peor, nunca sería peronista.

Quizás hace 20 años atrás (cuando Fellner, de hecho, era parte de esa famosa Wild Bunch menemista que gobernaba a Santiago del Estero en nombre de una intervención federal) la exhumación de este episodio hubiese significado algo grave, pero en los tiempos que corren este tipo de cosas no generan absolutamente nada en los votantes. A los jujeños les preocupa más, por ejemplo, el afianzamiento de pelmazos como Germán Fellner, el hijo del Gobernador, que en lugar de declararse antiperonistas se declaran “soldados de Cristina Kirchner”. Estos jóvenes que sobreactúan su compromiso político son no sólo chocantes sino también peligrosos, puesto que se convierten en seres fronterizos que en lugar de pasar de la oposición al oficialismo o viceversa, se mueven desde la política hacia la militancia y viceversa. Claro que la “militancia” de hoy en día no incluye armas de fuego como antaño, pero si gravita sobre la idea de manipular los medios masivos de comunicación. Si el fellnerismo pierde en Jujuy, a nadie deberá de extrañar que Germán Fellner y los de su equipo se vuelquen hacia el campo de las comunicaciones para prolongar a la política a través de esa vía.

El Opaco

El escenario salteño tiene a un PJ liderado por Juan Manuel Urtubey. El Gobernador fue uno de los tantos kirchneristas que quiso sumarse a la carrera presidencial, pero los sondeos de opinión le demostraron que no tenía chances reales, por lo que decidió retener su puesto en Salta, pese a que ello lo obligue a hacer lo que le había criticado a su predecesor Juan Carlos Romero.

Urtubey gobierna a Salta desde 2007 con el apoyo de una alianza que une al Partido Justicialista con el Partido Renovador Salteño (un partido neoconservador que, en su momento, fue el eje local de la malograda Alianza de 1999). El Gobernador también cuenta con el apoyo de un archipiélago de partidos progresistas de escasa influencia que permite que antiguos miembros de Franja Morada, ex-comunistas, dedehachehachistas y toda clase de personajes circenses (incluyendo vistosos sodomitas) cobren sueldos del Estado.

Para hacerle lugar a esa gente, Urtubey se vio obligado a desplazar a viejos líderes del PJ local. Enojados éstos, terminaron desafiliándose del partido para recaer, mayormente, en las filas del Frente Salteño, el sello que utiliza Romero como plataforma electoral en la provincia -aunque muchos otros se han unido a partidos satélites para acompañar al gobernador pero sin su bendición directa. A Urtubey, por tanto, se lo acusa de estar ejerciendo una “cholocracia” (en Salta se les dice “cholos” a los patricios locales), algo más propio de la UCR o del PRS que del PJ.

Sergio Massa desembarcó en la provincia para apoyar a Juan Carlos Romero. Pero el Senador Nacional sabe que él solo no puede derrotar a Urtubey, por lo que decidió aliarse a la tercera fuerza de la provincia: el partido Salta Somos Todos que comanda Alfredo Olmedo.

Romero y Olmedo son muy diferentes entre sí. Mientras Romero encarna a un viejo orden que demostró su poder durante los años en los que fue gobernador, Olmedo, en cambio, se presenta como el distinto de la política local. El recurso olmedista del impacto populista permanente lo vuelve al empresario tan pintoresco como sospechoso para la partidocracia contemporánea. De allí que sea tan fácil criticarlo, cuando, de hecho, debería ser el personaje menos criticado de la política nacional.

El Digitador

José Alperovich tiene, en Tucumán, un problema sucesorio. La Constitución Provincial le impide intentar buscar una nueva reelección, por lo que necesariamente debe elegir a alguien lo suficientemente leal para que le permita mantener vigente a la impresionante estructura de poder etnonepótica que montó en el Jardín de la República. Candidatos hay muchos, pero sólo un puñado de ellos puede generar interés en el electorado local. Hoy por hoy las opciones de Alperovich se reducen a optar por transferir el poder a sus alfiles Juan Manzur y Osvaldo Jaldo, o a ungir a su esposa Beatriz Rojkés como sucesora.

El más interesado en desplazar a Alperovich dentro del PJ es el Intendente capitalino Domingo Amaya. Desde hace meses este sujeto se mueve buscando avales para ganar la candidatura para la gobernación por el PJ, recordándoles a todos que el gran Alperovich, mandamás provincial desde el año 2003, proviene de la UCR, a la que supo traicionar inescrupulosamente para acumular poder. La acción del Intendente es similar a la de Miguel Isa en Salta, con la diferencia de que Amaya ha coqueteado con Scioli y con Massa, a quienes está dispuesto a sumarles votos si lo avalan explícitamente.

Sin embargo, como se ve que Massa quiere asegurar el triunfo, el tigrense también ha tendido puentes para arreglar un eventual apoyo al ucerista José Cano. Es que el referente tucumano más fuerte del massismo es el impresentable Gerónimo Vargas Aignasse, un Legislador Provincial cuyo mérito político es ser “hijo de desaparecido”, y que, al día de la fecha, acumula numerosas controversias encima (incluyendo el episodio bochornoso de haber reconocido a la fuerza a su hija por negarse a desembolsar unos cuantos miles de pesos). Un hombre de esa calaña, hoy en día un renovante “renovador”, poco puede aportarle al ambicioso Massa.

Un cuartel hueco

Este panorama del peronismo en el NOA comprueba lo que había apuntado al comenzar: la política argentina ha renunciado a la ideología. El peronismo, fuerza política que parece ser la única con posibilidades reales de ejercer el poder, hoy en día está más vaciado de significado que nunca. Fellner, Urtubey y Alperovich son sólo tres adictos al poder que no tienen problemas con identificarse como peronistas, aunque muchos peronistas de vieja data los desconozcan como tales. Esos mismos hombres, a su vez, están dispuestos hoy en día a aliarse con cualquiera que los ayude a derrotar al kirchnerismo.

El PJ es un cuartel hueco, una fortaleza que cualquiera puede ocupar siempre y cuando plante la bandera del poder efectivo en su centro. La derrota del peronismo sería lo mejor que le pueda pasar al país, pero ello es también la certeza del desequilibrio y la ingobernabilidad. A Argentina la ha condenado su propia partidocracia.



Hernán Solifrano (h)