La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 4 de agosto de 2014

Repercusiones del holocausto palestino en Tucumán

La opción por la sangre

Julio de 2014 fue un mes aciago para la humanidad. Varias tragedias ocurrieron en esos treinta días, siendo la del ataque israelí a la Franja de Gaza la más penosa de ellas. Con la excusa de combatir contra Hamas, el Estado de Israel se dedicó a destruir edificios, asesinando cruentamente a más de mil personas (la mayoría de las cuales eran meros niños).

Pues bien, ese acto de barbarie criminal no ocurrió sin generar respuestas alrededor del mundo. Muchísima gente se pronunció a favor de la justicia, es decir en contra del sionismo de Israel. Sin embargo los sionistas israelíes también tuvieron sus defensores: gente dispuesta a apoyar a la carnicería humana.

En Argentina la minoría pro-genocidio se hizo presente y, sin ningún pudor, hasta hizo pública su posición. No tenían ninguna necesidad de defender a Israel y menos a los violentos sionistas, no obstante lo hicieron con total convencimiento. Cansados de ver que los argentinos –al menos en este asunto– están mayormente del lado de la verdad, sintieron la necesidad de expresar su apoyo por la demolición, la mutilación y el homicidio, especialmente por el homicidio de niños.

Los amigos de lo horroroso

Tucumán, claro, no fue la excepción en eso de querer justificar los delitos de lesa humanidad. El viernes 25 de Julio, varios miembros de la comunidad judía local organizaron un acto pro-Israel en la Plaza Independencia de la capital provincial. El número de la convocatoria no resultó despreciable, lo que da a entender que en la ciudad es bastante grande la cantidad de apologistas del genocidio; incluso es probable que éstos sean más numerosos que los supuestos antisemitas que, según la DAIA, residen en la ciudad.

Durante ese acto, al que asistí como observador externo, los oradores pro-genocidio fustigaron al gobierno nacional por no darles apoyo en su tarea aniquiladora. También criticaron a la prensa por no emplear el mismo vocabulario lleno de eufemismos que ellos emplean para justificar las matanzas. Aparentemente les molestaba que el resto del mundo no piense con la claridad con la que ellos piensan, les fastidiaba que exista tanta gente profundamente equivocada. El DAIA-Standartenführer Fabián Neiman, el mismo papanatas que validó la mentira que pretendía hacer pasar a un tercio de la población tucumana por antisemita, terminó pidiendo la resolución pacífica del conflicto por intermedio de la creación del Estado de Palestina, es decir abogando por la nefasta solución biestatal.

En esa oportunidad también se oyeron algunas quejas en contra de La Gaceta, verdadero núcleo de comunicación hegemónica en la provincia. Muchos de los concurrentes se quejaban de que habían enviado cartas de lectores para propagandear al sionismo al diario, pero éstas jamás fueron publicadas. Alguno, exaltado de tanta rabia sionista, sugirió hasta realizarle un boicot a ese medio, exhortando a los que publicitan en sus páginas a que se abstengan de hacerlo. Empero, en la realidad, La Gaceta ha mostrado una posición casi neutra en el asunto: por ejemplo el diario nunca publicó la convocatoria a una marcha en contra del genocidio realizada ese mismo 26 de Julio en la misma Plaza Independencia (sólo que en horas de la noche), y tampoco ha dado cabida a las cartas de lectores –numerosísimas, según me comentó alguien que trabaja allí– que día a día llegan hasta la redacción, escogiendo para la impresión solamente algunas pocas misivas que llaman a que los victimarios hebreos confraternicen con las víctimas palestinas bajo la bendición del Papa Francisco y cosas por el estilo. La única excepción a ello fue una carta publicada recién el 1º de Agosto, en la cual un grupo de asistentes al acto anti-genocidio (entre los cuales me incluyo) le recriminaban a La Gaceta la falta de difusión de una marcha que contó con decenas de adhesiones, y que hasta terminó con la intervención arbitraria de la policía local que se llevó demorados a dos participantes por usar petardos estruendosos y violar el Código de Contravenciones vigente.

Una apología del genocidio con olor a poder

La nota del exceso sionista en Tucumán la dio, como no podía ser de otro modo, la Senadora Nacional Beatriz Rojkés de Alperovich, esposa del Gobernador de la provincia. Desde su página en Facebook esta mujer famosa por sus “deslices” verbales publicó una repugnante apología del genocidio.

Citó a Golda Meir: “Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. No podemos perdonarles por obligarnos a matar a sus hijos”. Además de ampararse en esa reflexión ominosa –que es filosóficamente igual a lo que dijo Ayelet Shaked sobre exterminar a las mujeres palestinas para que no engendren más terroristas–, habló de la historia de Israel con total inexactitud, y llegó a acusar a los palestinos de estar empleando imágenes de la más reciente guerra civil siria para hacerle creer al mundo que están viviendo un genocidio (¿acaso los sionistas saben algo sobre inventar genocidios?). Con esa epístola la Senadora pretende recobrar el apoyo de la comunidad judía, a la que había abandonado para adherir a la religión cristinista que, según temen los propios feligreses de esa secta, está llegando a su fin.

La palabra ausente en el discurso de Rojkés de Alperovich –y que fuese pronunciada hasta el cansancio por los sionistas que se juntaron en la Plaza Independencia– fue “terrorismo”. Un judío tucumano que ha hablado sabiamente del terrorismo es Simón Litvak, quien dijo: “Casi todas las religiones sostienen que uno puede tener ingreso al paraíso si siembra amor y hace buenas obras. Pero el terrorismo fundamentalista ha dado una vuelta de tuerca atroz a este concepto y cree que el ingreso al paraíso se gana con la matanza de inocentes”. Litvak, ciertamente, se refiere a los palestinos que no aceptan la esclavitud que les propone el sionismo, pero las palabras se ajustan perfectamente a quienes gobiernan Israel en la actualidad. El terrorismo fundamentalista y canalla de Israel ha asesinado en las últimas semanas a muchos hombres, mujeres, ancianos, ancianas, y, sobre todo, niños y niñas. Suponen que de ese modo allanan su camino al paraíso (terreno o celeste), creen que la sangre de los infantes y demás sacrificados para garantizar la seguridad de su nación complace a su dios, sea cual sea éste.



José Zaín el-Din Caballero 

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