La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

miércoles, 27 de agosto de 2014

El nieto más esperado

Lo real y lo hipotético

La noticia buscaba causar impacto: el nieto de Estela Barnes de Carlotto, es decir el nieto del rostro más visible de Abuelas de Plaza de Mayo, finalmente apareció. Rápidamente la algarabía debía estallar, como si se tratase de un triunfo del pueblo argentino y no de una mera cuestión familiar. Fue una de esas situaciones en las que se buscó imponer el luto obligatorio, sólo que al revés. Como si la alegría tolerase el imperativo: “alégrese, es una orden”.

Yo fui uno de los millones de ciudadanos argentinos a los que la noticia del nieto de Carlotto les importó muy poco. Y no es porque sea insensible a los melodramas. Al contrario: me encantan las telenovelas con sus tragedias y sus finales felices. Pero la ficción de Carlotto es difícil de digerir. A la evidencia me remito:

(1) Estela Barnes de Carlotto, una maestra de escuela primaria, tuvo varios hijos e hijas, dos de las cuales (Laura Carlotto y Susana Carlotto) formaron parte de la organización terrorista Montoneros. Laura Carlotto estaba casada con Oscar Montoya (otro terrorista), en tanto que Susana Carlotto, a su vez, estaba casada con Jorge Falcone, terrorista muy cercano a Mario Firmenich y hermano de la también terrorista María Claudia Falcone. Por tanto se trataba aquí de una familia, yo diría, “de terror”.

(2) A fines de 1977, sin hacerse mención alguna a su estado de embarazada, se denunció la desaparición de Laura Carlotto, ciudadana argentina que vivía en la clandestinidad (esto está registrado en el legajo que la Conadep inició sobre su caso; en otros casos en los que la desaparecida estaba efectivamente embarazada, los legajos dejan constancia de ese hecho).

(3) En agosto de 1978, a Estela B. de Carlotto le entregan el cadáver de su hija Laura, ejecutada por haberse levantado en armas en contra del Estado argentino bajo una bandera extranjera. Según lo ha señalado la propia madre, el cuerpo sin vida de su hija le fue devuelto el mismo día de su fallecimiento (esto se debió a que Estela B. de Carlotto era íntima amiga de Marta Bignone, hermana del General Reynaldo Bignone, que luego sería Presidente de la República entre 1982 y 1983). A Laura la enterraron en el cementerio de La Plata.   

(4) Estela B. de Carlotto asegura que en abril de 1978 se enteró gracias a una carta anónima de que Laura, quien aún estaba en cautiverio, estaría embarazada. De todos modos, fue recién en 1984 cuando Alcira Ríos –una subversiva que estuviese detenida durante los años del Proceso de Reorganización Nacional– le comentó a la señora de Carlotto que ella también había oído que Laura Carlotto pasó los últimos meses de su vida con un niño en el vientre. Clyde Snow, un renombrado antropólogo forense nacido en EEUU, realizó la autopsia sobre la terrorista muerta para evacuar las dudas que habían surgido. Fue en el año 1985. En esa ocasión Snow no se atrevió a rifar el prestigio que había obtenido tras haber estudiado a los cadáveres de John F. Kennedy, Joseph Mengele y el faraón Tutankamón, así que tuvo que concluir que la maternidad de Laura Carlotto no era algo que se pudiese demostrar (la excusa que se usó fue que los restos mortales de la terrorista estaban estropeados, debido a que las raíces de un árbol cercano a la tumba donde la mujer estaba enterrada los habrían afectado). A pesar de ello, la señora Barnes de Carlotto, sacando a relucir su formación de antropóloga forense (?), dijo que tras haber visto los huesos de la pelvis del cadáver de su hija ella estaba segura de que Laura habría sido madre.

Desde 1985, entonces, sobran razones para pensar que Estela Barnes de Carlotto no tiene ningún nieto parido por su hija terrorista Laura Carlotto. Sin embargo esto no ha detenido a esta señora en la búsqueda de ese nieto más hipotético que real. En su cruzada imaginaria, la señora de Carlotto hizo crecer a la ONG Abuelas de Madres de Plaza de Mayo hasta convertirla en lo que se podría denominar una “marca registrada” (no debe perderse de vista que esta señora se sumó a la ONG en 1977, incluso antes de que su hija Laura fuese detenida, tal vez como un gesto de solidaridad con otras madres de terroristas como ella). Nadie ignora que, en casi 40 años de existencia, la cifra que las “Abuelas” han recibido en subsidios supera el millón de dólares, pues el dinero no sólo ha salido de las arcas del tesoro público argentino, sino que también los gobiernos de Italia, Francia y Alemania le giraron fondos en alguna oportunidad.

Los Guidos de Estela: la tercera es la vencida

“Guido Carlotto”, la figurita difícil de los bebés secuestrados, al parecer es un tal Ignacio Hurban, músico y docente que reside en Olavarría. A Hurban lo crió un matrimonio que vive en una zona rural del partido del centro de la provincia de Buenos Aires. En el ADN que le hicieron a este sujeto, se cotejaron muestras de su material genético con las de Oscar Montoya, siendo el índice de coincidencia elevadísimo. Ello, en principio, probaría que Hurban es hijo del terrorista Montoya, lo que no implica que haya sido necesariamente hijo de la terrorista Carlotto. 

Sea como sea, lo destacable es que Hurban es ya el tercer hombre al que le atribuyen ser el famoso y legendario “Guido Carlotto”. Antes que él gozaron de ese dudoso honor otros dos ciudadanos argentinos: Roberto Julián Gutiérrez y Carlos Ignacio Mancuso.

A Roberto Julián Gutiérrez lo fueron a buscar por orden de la Juez María Romilda Servini de Cubría. Alguien les habría avisado a las Abuelas de Plaza de Mayo sobre la existencia de este hombre, y éstas habrían hecho la denuncia para investigar el caso. Gutiérrez, en efecto, había sido adoptado por sus padres en la década de 1970. El problema fue que, hasta el momento en que se lo notificó la Justicia, Gutiérrez lo ignoraba. El muchacho se sometió a las pruebas de ADN y al final se determinó que no era nieto de Carlotto, ni estaba vinculado a ninguno de los que figuran en el catálogo de datos del banco genético de la Argentina.

A Gutiérrez lo afectó psicológicamente todo el proceso, puesto que lo interpretó como una violación de su privacidad. Durante el tiempo en que vivió sometido a la incertidumbre por culpa de Abuelas de Plaza de Mayo, se interiorizó sobre el funcionamiento de la ONG y sobre la relación de ésta y el Poder Judicial. Posteriormente Gutiérrez ha declarado que dicha relación es irregular y sospechosa.

El caso de Carlos Ignacio Mancuso no es muy distinto al de Gutiérrez: nuevamente una denuncia anónima ante Abuelas de Plaza de Mayo que la ONG convirtió en denuncia formal, sólo para que un Juez (en este caso el polémico Norberto Oyarbide) hiciera avanzar la causa. El resultado del ADN, en esta oportunidad, fue más que contundente: Mancuso no era hijo de ningún desaparecido, pues era hijo de los mismos padres que lo criaron tras haberlo engendrado.

Epidemia de nietos

Ignacio “Guido Carlotto” Hurban fue presentado al público como el “nieto 114”. Abuelas de Plaza de Mayo sostiene temerariamente que entre 1976 y 1983 hubo un “plan sistemático” para apropiarse de los hijos de los terroristas desaparecidos, negándoles de ese modo su identidad, lo que sería algo así como un crimen de lesa humanidad.

El número de esos niños supuestamente sustraídos de sus legítimos progenitores ascendería a 500, una cifra tan ficticia como la de 30.000 desaparecidos: a lo largo de la historia sólo se han registrado 230 denuncias de robo de niños por causas políticas en los años en los que duró el Proceso de Reorganización Nacional. De esas 230 denuncias, sólo 194 fueron procesadas y, debido a anulaciones y situaciones similares, al final sólo unas 34 quedaron en pie. ¿Entonces cómo es que las Abuelas de Plaza de Mayo contabilizan 114 nietos?

Pues con “matemáticas creativas”. En diciembre de 1999 Abuelas de Plaza de Mayo editó el libro Niños desaparecidos y jóvenes localizados en la Argentina desde 1976 a 1999. El contador de nietos iba, en ese entonces, recién por el número 66. Sin embargo si se analiza esa información salta a la vista que el modo de contar nietos de la ONG anula por completo la idea del plan sistemático de apropiación de niños.

Nicolás Márquez hizo el trabajo crítico en torno al texto: “En efecto, de esos 66 casos contabilizados por las ‘Abuelas’ (y según consta en el libro de su propia autoría), 29 son niños devueltos a sus familiares o entregados a la Justicia de Menores (no hay ‘robo’ alguno ni ‘recuperación’); 6 son casos de niños apropiados ilegalmente por otros integrantes de las bandas terroristas o vecinos (en este caso hay ‘robo’ pero cometido por los terroristas o terceros); 11 son niños desamparados que estuvieron incomunicados como producto de situaciones anormales por causas totalmente ajenas a la guerra civil (tampoco existe ‘robo’); 6 corresponden a cuerpos N.N. identificados de mujeres embarazadas al morir en tiroteos en donde obviamente tampoco hay ‘robo’ ni ‘recuperación’ (y parece ser que afortunadamente y contrariando su ideología, en este ítems las ‘Abuelas’ se muestran ad hoc a favor de considerar a la persona desde el momento de su concepción-); 2 corresponden al caso de niños accidentalmente muertos en un mismo tiroteo o enfrentamiento de sus padres y otros guerrilleros con las fuerzas legales (tampoco hay ‘robo’ ni ‘recuperación’ y los lamentables accidentes son producto de la irresponsabilidad delictual de sus padres al exponer a los niños en medio de los enfrentamientos) y ofrecen 12 casos más, que son los únicos episodios puntuales de niños comprobadamente apropiados de modo ilegal (de los cuales en solo dos de ellos hubo participación de algún miembro de las FFAA).”

Márquez sólo señala los casos de seis niños que murieron en sus vientres maternos. La página web de Abuelas de Plaza de Mayo indica que, según lo que sabe al día de hoy, en realidad fueron once. Se entiende, entonces, que el número de “restituidos” haya crecido más allá de que a las contadoras de la ONG no les haga falta mostrar un cuerpo para comprobar que esa persona existió o no.

La heredera

Estela Barnes de Carlotto es una anciana. Recientemente declaró que ella no quería morir sin abrazar a su nieto Guido. La frase suena conmovedora, pero no impacta. La madre de las terroristas (una de ellas reconvertida hoy en funcionaria del Estado argentino) está llegando al final de su travesía, y la muerte puede presentársele en cualquier momento –de hecho creo que si la idea es levantar cortinas de humo para tapar alguna crisis nacional provocada por el incompetente gobierno kirchnerista, lo mejor sería “pasar a retiro permanente” a doña Estela, a doña Hebe o a alguna de esas señoras tan distinguidas, ya que eso si generaría un profundo impacto en la opinión pública de nuestro país y se hablaría del tema por semanas.

Es cuestión de tiempo para que las madres de los terroristas abatidos en las guerras contra la subversión vayan a arreglar cuentas con el Creador. Seguramente habrá una cruenta y obscena disputa por los cadáveres y los testamentos de estas mujeres, pues a nadie le gusta perder a la gallina de los huevos de oro.

De cualquier manera hay que considerar que por más que las perras mueran, la rabia seguirá existiendo. Tanto Abuelas de Plaza de Mayo como Madres de Plaza de Mayo hicieron escuela: demostraron que, en la Argentina, jugar el rol de víctima eterna es un asunto tremendamente lucrativo para alguien dispuesto a encarnar ese papel. Y aquí entra Susana Trimarco.

En efecto, la madre de María de los Ángeles Verón es no sólo la continuadora de Hebe P. de Bonafini y de Estela B. de Carlotto, sino también su versión optimizada. Al reclamar por la aparición de “Marita” puede bonafinear sin encontrar obstáculos. Y si a eso se le agrega el milagro del nieto restituido (pues ya circula la idea de que María de los Ángeles Verón habría tenido un hijo que vive en Córdoba), doña Trimarco puede absorber el puesto que en algún momento dejará vacante la señora de Carlotto. El negocio no puede ser más redondo. Hijas secuestradas por las sombras y nietos ignorados sorpresivos, ¿acaso puede haber alguien a quien no le guste ese tipo de melodrama?  


FUENTE:

1 comentario:

  1. Doña Trimarco pasará de ser sólo una Madre de Plaza Independencia a ser también una Abuela de Plaza Independencia.

    ResponderEliminar

-AVISO-
En este blog creemos en la libertad de expresión y por tanto no ejercemos la censura. Sin embargo no nos hacemos responsables por los comentarios vertidos por nuestros visitantes. Por ello, antes de comentar, por favor piense en lo que va a decir.