La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

miércoles, 27 de agosto de 2014

El nieto más esperado

Lo real y lo hipotético

La noticia buscaba causar impacto: el nieto de Estela Barnes de Carlotto, es decir el nieto del rostro más visible de Abuelas de Plaza de Mayo, finalmente apareció. Rápidamente la algarabía debía estallar, como si se tratase de un triunfo del pueblo argentino y no de una mera cuestión familiar. Fue una de esas situaciones en las que se buscó imponer el luto obligatorio, sólo que al revés. Como si la alegría tolerase el imperativo: “alégrese, es una orden”.

Yo fui uno de los millones de ciudadanos argentinos a los que la noticia del nieto de Carlotto les importó muy poco. Y no es porque sea insensible a los melodramas. Al contrario: me encantan las telenovelas con sus tragedias y sus finales felices. Pero la ficción de Carlotto es difícil de digerir. A la evidencia me remito:

(1) Estela Barnes de Carlotto, una maestra de escuela primaria, tuvo varios hijos e hijas, dos de las cuales (Laura Carlotto y Susana Carlotto) formaron parte de la organización terrorista Montoneros. Laura Carlotto estaba casada con Oscar Montoya (otro terrorista), en tanto que Susana Carlotto, a su vez, estaba casada con Jorge Falcone, terrorista muy cercano a Mario Firmenich y hermano de la también terrorista María Claudia Falcone. Por tanto se trataba aquí de una familia, yo diría, “de terror”.

(2) A fines de 1977, sin hacerse mención alguna a su estado de embarazada, se denunció la desaparición de Laura Carlotto, ciudadana argentina que vivía en la clandestinidad (esto está registrado en el legajo que la Conadep inició sobre su caso; en otros casos en los que la desaparecida estaba efectivamente embarazada, los legajos dejan constancia de ese hecho).

(3) En agosto de 1978, a Estela B. de Carlotto le entregan el cadáver de su hija Laura, ejecutada por haberse levantado en armas en contra del Estado argentino bajo una bandera extranjera. Según lo ha señalado la propia madre, el cuerpo sin vida de su hija le fue devuelto el mismo día de su fallecimiento (esto se debió a que Estela B. de Carlotto era íntima amiga de Marta Bignone, hermana del General Reynaldo Bignone, que luego sería Presidente de la República entre 1982 y 1983). A Laura la enterraron en el cementerio de La Plata.   

(4) Estela B. de Carlotto asegura que en abril de 1978 se enteró gracias a una carta anónima de que Laura, quien aún estaba en cautiverio, estaría embarazada. De todos modos, fue recién en 1984 cuando Alcira Ríos –una subversiva que estuviese detenida durante los años del Proceso de Reorganización Nacional– le comentó a la señora de Carlotto que ella también había oído que Laura Carlotto pasó los últimos meses de su vida con un niño en el vientre. Clyde Snow, un renombrado antropólogo forense nacido en EEUU, realizó la autopsia sobre la terrorista muerta para evacuar las dudas que habían surgido. Fue en el año 1985. En esa ocasión Snow no se atrevió a rifar el prestigio que había obtenido tras haber estudiado a los cadáveres de John F. Kennedy, Joseph Mengele y el faraón Tutankamón, así que tuvo que concluir que la maternidad de Laura Carlotto no era algo que se pudiese demostrar (la excusa que se usó fue que los restos mortales de la terrorista estaban estropeados, debido a que las raíces de un árbol cercano a la tumba donde la mujer estaba enterrada los habrían afectado). A pesar de ello, la señora Barnes de Carlotto, sacando a relucir su formación de antropóloga forense (?), dijo que tras haber visto los huesos de la pelvis del cadáver de su hija ella estaba segura de que Laura habría sido madre.

Desde 1985, entonces, sobran razones para pensar que Estela Barnes de Carlotto no tiene ningún nieto parido por su hija terrorista Laura Carlotto. Sin embargo esto no ha detenido a esta señora en la búsqueda de ese nieto más hipotético que real. En su cruzada imaginaria, la señora de Carlotto hizo crecer a la ONG Abuelas de Madres de Plaza de Mayo hasta convertirla en lo que se podría denominar una “marca registrada” (no debe perderse de vista que esta señora se sumó a la ONG en 1977, incluso antes de que su hija Laura fuese detenida, tal vez como un gesto de solidaridad con otras madres de terroristas como ella). Nadie ignora que, en casi 40 años de existencia, la cifra que las “Abuelas” han recibido en subsidios supera el millón de dólares, pues el dinero no sólo ha salido de las arcas del tesoro público argentino, sino que también los gobiernos de Italia, Francia y Alemania le giraron fondos en alguna oportunidad.

Los Guidos de Estela: la tercera es la vencida

“Guido Carlotto”, la figurita difícil de los bebés secuestrados, al parecer es un tal Ignacio Hurban, músico y docente que reside en Olavarría. A Hurban lo crió un matrimonio que vive en una zona rural del partido del centro de la provincia de Buenos Aires. En el ADN que le hicieron a este sujeto, se cotejaron muestras de su material genético con las de Oscar Montoya, siendo el índice de coincidencia elevadísimo. Ello, en principio, probaría que Hurban es hijo del terrorista Montoya, lo que no implica que haya sido necesariamente hijo de la terrorista Carlotto. 

Sea como sea, lo destacable es que Hurban es ya el tercer hombre al que le atribuyen ser el famoso y legendario “Guido Carlotto”. Antes que él gozaron de ese dudoso honor otros dos ciudadanos argentinos: Roberto Julián Gutiérrez y Carlos Ignacio Mancuso.

A Roberto Julián Gutiérrez lo fueron a buscar por orden de la Juez María Romilda Servini de Cubría. Alguien les habría avisado a las Abuelas de Plaza de Mayo sobre la existencia de este hombre, y éstas habrían hecho la denuncia para investigar el caso. Gutiérrez, en efecto, había sido adoptado por sus padres en la década de 1970. El problema fue que, hasta el momento en que se lo notificó la Justicia, Gutiérrez lo ignoraba. El muchacho se sometió a las pruebas de ADN y al final se determinó que no era nieto de Carlotto, ni estaba vinculado a ninguno de los que figuran en el catálogo de datos del banco genético de la Argentina.

A Gutiérrez lo afectó psicológicamente todo el proceso, puesto que lo interpretó como una violación de su privacidad. Durante el tiempo en que vivió sometido a la incertidumbre por culpa de Abuelas de Plaza de Mayo, se interiorizó sobre el funcionamiento de la ONG y sobre la relación de ésta y el Poder Judicial. Posteriormente Gutiérrez ha declarado que dicha relación es irregular y sospechosa.

El caso de Carlos Ignacio Mancuso no es muy distinto al de Gutiérrez: nuevamente una denuncia anónima ante Abuelas de Plaza de Mayo que la ONG convirtió en denuncia formal, sólo para que un Juez (en este caso el polémico Norberto Oyarbide) hiciera avanzar la causa. El resultado del ADN, en esta oportunidad, fue más que contundente: Mancuso no era hijo de ningún desaparecido, pues era hijo de los mismos padres que lo criaron tras haberlo engendrado.

Epidemia de nietos

Ignacio “Guido Carlotto” Hurban fue presentado al público como el “nieto 114”. Abuelas de Plaza de Mayo sostiene temerariamente que entre 1976 y 1983 hubo un “plan sistemático” para apropiarse de los hijos de los terroristas desaparecidos, negándoles de ese modo su identidad, lo que sería algo así como un crimen de lesa humanidad.

El número de esos niños supuestamente sustraídos de sus legítimos progenitores ascendería a 500, una cifra tan ficticia como la de 30.000 desaparecidos: a lo largo de la historia sólo se han registrado 230 denuncias de robo de niños por causas políticas en los años en los que duró el Proceso de Reorganización Nacional. De esas 230 denuncias, sólo 194 fueron procesadas y, debido a anulaciones y situaciones similares, al final sólo unas 34 quedaron en pie. ¿Entonces cómo es que las Abuelas de Plaza de Mayo contabilizan 114 nietos?

Pues con “matemáticas creativas”. En diciembre de 1999 Abuelas de Plaza de Mayo editó el libro Niños desaparecidos y jóvenes localizados en la Argentina desde 1976 a 1999. El contador de nietos iba, en ese entonces, recién por el número 66. Sin embargo si se analiza esa información salta a la vista que el modo de contar nietos de la ONG anula por completo la idea del plan sistemático de apropiación de niños.

Nicolás Márquez hizo el trabajo crítico en torno al texto: “En efecto, de esos 66 casos contabilizados por las ‘Abuelas’ (y según consta en el libro de su propia autoría), 29 son niños devueltos a sus familiares o entregados a la Justicia de Menores (no hay ‘robo’ alguno ni ‘recuperación’); 6 son casos de niños apropiados ilegalmente por otros integrantes de las bandas terroristas o vecinos (en este caso hay ‘robo’ pero cometido por los terroristas o terceros); 11 son niños desamparados que estuvieron incomunicados como producto de situaciones anormales por causas totalmente ajenas a la guerra civil (tampoco existe ‘robo’); 6 corresponden a cuerpos N.N. identificados de mujeres embarazadas al morir en tiroteos en donde obviamente tampoco hay ‘robo’ ni ‘recuperación’ (y parece ser que afortunadamente y contrariando su ideología, en este ítems las ‘Abuelas’ se muestran ad hoc a favor de considerar a la persona desde el momento de su concepción-); 2 corresponden al caso de niños accidentalmente muertos en un mismo tiroteo o enfrentamiento de sus padres y otros guerrilleros con las fuerzas legales (tampoco hay ‘robo’ ni ‘recuperación’ y los lamentables accidentes son producto de la irresponsabilidad delictual de sus padres al exponer a los niños en medio de los enfrentamientos) y ofrecen 12 casos más, que son los únicos episodios puntuales de niños comprobadamente apropiados de modo ilegal (de los cuales en solo dos de ellos hubo participación de algún miembro de las FFAA).”

Márquez sólo señala los casos de seis niños que murieron en sus vientres maternos. La página web de Abuelas de Plaza de Mayo indica que, según lo que sabe al día de hoy, en realidad fueron once. Se entiende, entonces, que el número de “restituidos” haya crecido más allá de que a las contadoras de la ONG no les haga falta mostrar un cuerpo para comprobar que esa persona existió o no.

La heredera

Estela Barnes de Carlotto es una anciana. Recientemente declaró que ella no quería morir sin abrazar a su nieto Guido. La frase suena conmovedora, pero no impacta. La madre de las terroristas (una de ellas reconvertida hoy en funcionaria del Estado argentino) está llegando al final de su travesía, y la muerte puede presentársele en cualquier momento –de hecho creo que si la idea es levantar cortinas de humo para tapar alguna crisis nacional provocada por el incompetente gobierno kirchnerista, lo mejor sería “pasar a retiro permanente” a doña Estela, a doña Hebe o a alguna de esas señoras tan distinguidas, ya que eso si generaría un profundo impacto en la opinión pública de nuestro país y se hablaría del tema por semanas.

Es cuestión de tiempo para que las madres de los terroristas abatidos en las guerras contra la subversión vayan a arreglar cuentas con el Creador. Seguramente habrá una cruenta y obscena disputa por los cadáveres y los testamentos de estas mujeres, pues a nadie le gusta perder a la gallina de los huevos de oro.

De cualquier manera hay que considerar que por más que las perras mueran, la rabia seguirá existiendo. Tanto Abuelas de Plaza de Mayo como Madres de Plaza de Mayo hicieron escuela: demostraron que, en la Argentina, jugar el rol de víctima eterna es un asunto tremendamente lucrativo para alguien dispuesto a encarnar ese papel. Y aquí entra Susana Trimarco.

En efecto, la madre de María de los Ángeles Verón es no sólo la continuadora de Hebe P. de Bonafini y de Estela B. de Carlotto, sino también su versión optimizada. Al reclamar por la aparición de “Marita” puede bonafinear sin encontrar obstáculos. Y si a eso se le agrega el milagro del nieto restituido (pues ya circula la idea de que María de los Ángeles Verón habría tenido un hijo que vive en Córdoba), doña Trimarco puede absorber el puesto que en algún momento dejará vacante la señora de Carlotto. El negocio no puede ser más redondo. Hijas secuestradas por las sombras y nietos ignorados sorpresivos, ¿acaso puede haber alguien a quien no le guste ese tipo de melodrama?  


FUENTE:

lunes, 25 de agosto de 2014

Acerca del clima de violencia en Tucumán

La vocación de paz y la legítima defensa

Agosto fue particularmente violento en Tucumán. Dos casos policiales resonaron bastante: en uno, un hombre baleó a un asaltante que pretendía despojar de su cartera a su esposa; en el otro, un comerciante le disparó a un ladrón que ingresó en su propiedad a robar en medio de la noche. Rápidamente se impuso la figura de la legítima defensa para ambos casos, aunque fue más fácil probarla en el primero que en el segundo de ellos.

Junto con estos episodios, la Justicia tucumana informó que durante el mes se registró más de una decena de denuncias de delincuentes que acusaban a sus captores de haberlos maltratado. Lo destacable aquí es que esos supuestos maltratadores no eran policías, sino ciudadanos comunes. Así el fantasma de los linchamientos (algo que hace unos pocos meses atrás fue tema de discusión nacional) revivió en Tucumán.

Todo esto generó inquietud en las autoridades provinciales. Paul Hofer, el Secretario de Seguridad de la provincia, pidió que ante un delito flagrante la gente “por favor no intervenga, sino que acuda a la Policía y que llame al 911 para denunciar cualquier tipo de amenaza o sospecha que tengan”.

¿Pero que esperar de una población que perdió la confianza en el cuerpo de policía? El recuerdo de la huelga policial y de los saqueos de 2013 todavía está muy vivo entre los tucumanos: la gente se alteró tanto en aquella oportunidad, que entre diciembre y enero pasado la venta de armas legales a particulares se disparó hasta alcanzar cifras extraordinarias en la provincia. Y si a eso se le suma que hay un Legislador Provincial que recorre la capital entregando alarmas para que los vecinos de un barrio asistan a otros vecinos cuando estos se vean amenazados por algún peligro, entonces es sorprendente que la gente no haya liquidado a un número aún mayor de delincuentes. Si hoy escasean los cadáveres de maleantes abatidos es porque el pueblo tucumano manifiesta un gran deseo de vivir pacíficamente, pese a que los gobernantes provinciales y municipales poco hagan para satisfacer esta demanda.

La declaración de guerra

Pero no es sólo el ciudadano tucumano honesto quien se ha radicalizado en relación a la defensa de su vida y de sus bienes, también la policía local siguió ese camino. Lo ilustra el tiroteo en el paraje El Jardín: una banda de asaltantes que operaba en Tucumán y Santiago del Estero fue emboscada en su escondite, por lo que, al parecer, los maleantes habrían abierto fuego y la policía habría contestado las balas hasta conseguir ejecutar a los pistoleros.

Sebastián Herrera Prieto, un criminólogo y docente universitario, señaló que el operativo “fue una clara demostración de la incapacidad e inoperancia de nuestras llamadas ‘fuerzas de seguridad’ para conjurar hechos delictivos”. Según este teórico, la violenta manera de resolver el asunto y la homologación de dicho procedimiento hecha posteriormente por el Secretario Hofer es contraria a la doctrina de los Derechos Humanos.

Al difundirse la noticia, Hofer, temiendo que alguien pudiera criticar la acción policial, se congratuló por lo que hicieron los uniformados, pues, según él, éstos “desmembraron una banda muy peligrosa, integrada por gente absolutamente despiadada, sin ningún tipo de freno ante la vida”; y para rematar agregó que el hampa debe interpretar los hechos como “un mensaje: que la Policía va a hacer todo lo que sea necesario, dentro del marco del Estado de Derecho, para no permitir que los delincuentes ganen la calle”.

A Herrera Prieto las declaraciones de Hofer le sonaron como competencia: el funcionario, al tildar a los delincuentes muertos de ser gente “absolutamente despiadada”, es como que transformó al tiroteo en la condena de un juez que previamente había ponderado la evidencia y dictado sentencia en base a ella.

Hofer desestimó la acusación invocando la legítima defensa que le recomendó no ejercer a los ciudadanos de la provincia: “La Policía hizo el trabajo conforme lo establece la ley. Respondió a un nivel de agresión brutal donde estos delincuentes dispararon con armas de grueso calibre con punta de teflón, lo cual significa que pone en peligro la vida de los peatones y del personal policial”. Y fue más allá hasta declararle la guerra al crimen organizado, pues desde su perspectiva los derechos humanos de las víctimas deben ser protegidos a toda costa, incluso atropellando los derechos humanos de los victimarios. 

El verdadero enemigo

Hofer usa un lenguaje bélico. Se considera comandante en jefe de un ejército y su enemigo, al parecer, es el crimen organizado. Su plan es simple: quiere destruir a estos personajes. ¿Pero qué entiende Hofer por “crimen organizado”?

A primera vista, pareciera ser que la idea de “crimen organizado” de Hofer se circunscribe a esas bandas de asaltantes y secuestradores formadas por delincuentes de carrera y policías corruptos. Sin embargo el concepto de “crimen organizado” excede esa realidad: normalmente por “crimen organizado” se entiende a una asociación ilícita de delincuentes que tienen los elementos suficientes como para no ser perseguidos o castigados por su actividad criminal. A raíz de ello el combate contra el crimen organizado es altamente complejo, puesto que los maleantes cuentan con complicidades de las autoridades, pantallas legales y todo tipo de artilugios para delinquir sin encontrar demasiados obstáculos.

Por el contexto, creo que Hofer le declaró la guerra a las organizaciones criminales y no al crimen organizado, es decir el Secretario de Seguridad de Tucumán pretende ser impiadoso contra todos aquellos que operan desde las sombras sin procurar fabricarse estructuras que le den seguridad cotidiana. Esto parece una medida saludable, pero el crimen que más daño causa en Tucumán es el organizado, el cual, hoy en día, se nuclea en torno al narcotráfico y al comercio clandestino de armas. En efecto, los narcos alimentan por igual a ricos y pobres, generando desorden en todos los ámbitos y contribuyendo (junto al mercado negro de armas) al incremento de la violencia social. La acción gubernamental en contra de esta realidad no parece gozar del empuje que Hofer prometió aplicar en contra de las organizaciones criminales.

Al mal del narcotráfico y de la venta ilegal de armas hay que sumarle en Tucumán a la atroz impunidad. La Comisión de Familiares de Víctimas de la Inseguridad (CFVI) destacó que el mayor problema en la provincia no es la inseguridad, sino la falta de justicia que sufren las víctimas de la misma. El Poder Judicial es percibido por los ciudadanos tucumanos como una caja negra: de la enorme cantidad de denuncias que se reciben a diario, sólo una ínfima parte progresa, mientras que el resto va a parar a los archivos; las víctimas que cuentan con tiempo y demás recursos para presionar a los funcionarios judiciales son las que consiguen mejores resultados, transmitiéndole al resto de los ciudadanos la idea de que sin dinero no hay justicia. 

Entonces, con un gobierno pasivo ante el ascenso de la cultura del narcotráfico, y con una Justicia que no funciona, no es de extrañar que el pacto de protección entre ciudadanos y policías se haya roto, y que la gente no tema enfrentarse mano a mano ante los delincuentes, pues existe la sensación de que si ellos no aplican un castigo nadie más lo hará.

La pena de muerte para aquellos delincuentes peligrosos que propone Hofer parece ser una buena idea, pero hay que considerar dos cosas: (1) Este tipo de castigo debe ser aplicado por la Justicia, pues es fácil para un policía corrupto ejecutar a alguien, endilgarle crímenes que él cometió, y volver al ruedo en sus actividades delictivas. (2) Así como las bandas criminales o los narcotraficantes pueden llegar a merecer la muerte a manos del Estado, también los corruptos que arruinan el funcionamiento de las instituciones deben correr con igual suerte, pues así como las organizaciones criminales son nefastas para el ciudadano trabajador, también lo son aquellos que hacen funcionar al crimen organizado.


Pablo Ulises Soria

domingo, 24 de agosto de 2014

Las palabras y los cosos

La mordaza

Últimamente en Salta el lobby gay o cabildeo elegebetista ha estado operando violentamente y con la cooperación de la casta politiquera local para imponer su agenda. Primero fue ex-Rodrigo “Victoria” Liendro el que propuso conseguir la igualdad de los sexos a través de la intervención estatal en el ámbito económico, y después fue “Gabriela” Dagum quien adquirió un simbólico poder de policía al ser incorporado al cuerpo de inspectores de tránsito de la Municipalidad capitalina.

Muchos salteños reaccionaron ante estos episodios indicando que no es lo mismo pedir ser respetados como minoría a querer imponer sus puntos de vista como verdades dogmáticas al resto de la sociedad. Esa gente amante de la verdad fue acusada de fomentar la “transfobia”, por lo que se sugirió que sean amordazados para que no sigan “contaminando” a las mentes vírgenes.

Asco a lo aberrante

El término “transfobia” es confuso, pues antaño –hace apenas cinco años atrás– era clara la diferencia entre un transexual (alguien que se mutila o altera los órganos reproductivos para fingir ser miembro del sexo opuesto) y un travestido (un hombre o mujer homosexual que se viste con ropas propias del otro sexo e intenta efectuar gestos que no son los de su sexo). Hoy en día se pretende deliberadamente borrar la diferenciación entre un hombre mutilado y uno vestido de mujer, poniendo en igualdad de condiciones a travestidos y transexuales bajo la etiqueta genérica de “trans”, como si todo fuese lo mismo.

En muy poco tiempo los argentinos nos vimos bombardeados por un arsenal de conceptos tan novedosos como tramposos. Antes se hablaba de hombres y mujeres que buscaban a sus opuestos o que iban detrás de sus iguales, en la actualidad, en cambio, ese segundo grupo se ha diversificado hasta el infinito.

Lo que sucede, en realidad, es que se busca eliminar la idea de lo parafílico, esto es se quiere abolir la idea de que es una perversión sexual aquello que hace que el pene vaya hacia cualquier otro lugar en vez del lugar al que tiene por ir por naturaleza: la vagina. El plan es destruir la diferencia entre lo recto y lo desviado, entre lo ordenado y lo invertido, entre lo normal y lo aberrante, pues lo que se anhela es que el vicioso se equipare al virtuoso igualando hacia abajo (o sea prohibiendo la virtud para que el vicio reine).

Por este motivo en lugar de estar siguiéndoles el juego a quienes buscan ponerle un nombre nuevo al homosexual y a los demás pervertidos, lo mejor es comprender todas esas orientaciones como lo que son: una aberración. De esa manera la “fobia” recupera su significado: la “aberrofobia” es el rechazo a todo lo aberrante, lo cual es bastante natural y sano, ¿o hay alguien que quiera defender lo aberrante?

Y de hecho si: hoy en día hay muchos que quieren defender lo aberrante. Estos personajes son los “gays”, las “lesbianas”, los “bisexuales”, los “trans” y los “intersexuales”: el “Colectivo LGBTI” o el elegebetismo, una ideología política como lo es el marxismo, el liberalismo, el fascismo o el sionismo. Mientras que los marxistas hacen de los pobres el Sujeto de la Historia, los liberales le dan ese rol al rico y los fascistas a la clase media. El sionismo, por su parte, se nutre de ricos, pobres y clasemedieros, siempre y cuando estos satisfagan una condición: ser étnicamente judíos. Pues bien, los elegebetistas son como los sionistas en este sentido: no importa ser rico o pobre para jurarle lealtad a la bandera del arco iris, lo que importa es ser homosexual o, al menos, tener una sexualidad desviada. Y así como los sionistas descalifican a sus críticos con el mote de “antisemita”, los elegebetistas hacen lo mismo sólo que aplicando una mayor creatividad: “tránsfobo”, “homófobo”, “lesbófobo”, etc.   

Ahora bien “fobia” proviene del griego “phobos” que quiere decir miedo, por lo que las fobias son, por definición, miedos irracionales. Pero la “aberrofobia” no es ni un miedo ni una irracionalidad. Es una emoción, claro, pero que resulta ser completamente natural, normal y saludable. Los parafílicos o aberrados (entre los que se encuentran los homosexuales) son enfermos. Es difícil saber si la enfermedad que padecen es psicológica o biológica, ya que globalmente los más interesados en averiguarlo son esos países africanos o asiáticos que cuentan con escasos presupuestos para investigar científicamente el origen de este mal. En el resto del mundo el lobby gay ya triunfó, por lo que no sólo no se puede criticar a la aberrosexualidad sino que además se debe pagar algún tipo de precio por hacerlo.

Entonces el escenario parece sencillo de comprender: si queremos acabar con esta enfermedad se debe, por un lado, empezar a compadecerse de los aberrados (no basta con eso de no entrometerse mientras la privacidad se imponga, puesto que lo privado hoy casi no existe en un mundo de cámaras de vigilancia, Internet y chips inteligentes), y evitar que la ideología elegebetista triunfe y eleve sus tergiversaciones a la categoría de dogmas.

Anticipada la conclusión de este ensayo, en lo que queda del texto me dedicaré a clarificar los conceptos de “travesti” y de “transexual” para ayudar a los lectores a evitar caer en trampas lingüísticas en el futuro.

Travestis

El travestido no es más que un homosexual grotesco, que llega hasta esa situación a causa de su situación social. Es decir, en una familia pobre hay un joven que es homosexual; pues bien, este muchacho no puede manifestar su enfermedad con la misma libertad que lo hace alguien de clase media o alta, ya que la moral del espacio social en el que habita es más comunitarista (o menos individualista) que la de otros espacios en los que se concentran los más acaudalados de la sociedad, debido a que, hoy en día, la profundidad de la vida privada está determinada por la cantidad de dinero con la que se cuenta para distanciarse del resto de las personas. Entonces, para proseguir con su desviación, el homosexual pobre se ve obligado a vestirse de mujer y adquirir hábitos y gestos femeninos, ya que esa “metamorfosis” hace más tolerable su homosexualidad ante sus pares. Y como estos travestidos suelen ser económicamente exitosos en el ámbito de la prostitución o de la estética femenina, pronto se convierten en pilares familiares, contribuyendo a la manutención de sus padres, abuelos, hermanos o sobrinos.

De allí que –como bien lo ilustra el travestido Roberto Carlos Trinidad, alias “Florencia de la V”– estos hombres quieran ser reconocidos como plenas mujeres, ya que lo que les importa es ser aprobados en su rol de jefe de familia, siendo fieles al modelo tradicional de la institución familiar que interiorizaron en sus infancias. No es que estos hombres se sientan realmente mujeres, el tema es que estos hombres quieren ser considerados mujeres para convencerse de que han logrado realizarse en la vida, después de haberse impuesto ante un escenario hostil que en un principio los rechazó pero que a la larga terminó aceptándolos.

Transexuales

Ante el travestido, entonces, no se puede manifestar “transfobia”, dado que, como mucho, alguien que los discrimine debería ser tratado de “homófobo”. Hoy por hoy en la Argentina el número de travestidos es más alto que el de transexuales, más que nada porque homosexuales pobres son muchos y gente con el deseo de mutilarse son más bien pocos, pero no sería de extrañar que los travestidos quieran transexualizarse, dado que, al fin y al cabo, el elegebetismo en la Argentina no para de avanzar con la complicidad de los medios masivos de comunicación y con la de los que controlan los poderes legítimos del Estado. En los próximos años podría darse una epidemia de penes cortados y allí si el término “transfobia” será más utilizado que ahora.   

La “transfobia” es, puntualmente, el sentimiento natural de repulsión ante los hombres que se han cercenado el pene o ante las mujeres que han hecho lo mismo pero con sus senos para –junto a otras cosas– “cambiar de sexo”. El sexo de cada uno está determinado por los propios cromosomas, así que el llamado “cambio de sexo” en realidad no produce ningún cambio real de sexo. Sólo sirve para transformar a un hombre mutilado en el simulacro de una mujer, y a una mujer mutilada en el simulacro de un hombre.

Los “cambios de sexo”, por ende, se revelan como fútiles, ya que no existen procedimientos quirúrgicos para alterar los cromosomas. Uno sólo puede masacrar el propio cuerpo y llenarlo de drogas para parecer alguien del sexo opuesto. Y cuando muchos transexuales finalmente comprenden el horror de haberse sometido a ello, terminan por matarse ellos mismos (sería bueno que se difunda la tasa anual de suicidios de aberrosexuales en nuestro país para empezar a discutir seriamente sobre el tema).

La repulsión hacia un transexual, normalmente, no está basada ni en la “ignorancia” ni en la “maldad” como sostienen los progresistas, sino en la mera y simple simpatía. Cuando una persona sana encuentra a otra adolorida, experimenta el horror pues llega a sentir el dolor de los otros (ello es literalmente la simpatía: sufrir con otros). Yo amo mi cuerpo, y la idea de ver mis órganos mutilados me llena de horror. Y cuando alguien ve a alguien que se causa a si mismo daño, es natural sentir enojo junto al horror, ya que se trata de una situación que no debería de ocurrir. El que se lastima a si mismo, también lastima a los demás. Por eso los tatuajes a muchos nos generan sentimientos de pena y repugnancia: son marcas absurdas e innecesarias, propias de alguien que se odia a si mismo.

La gente que no siente simpatía con aquellos que se han mutilado a si mismo están, muy probablemente, enfermos. Carecen de la elemental simpatía ante el dolor ajeno, incluso no sería raro enterarse de que sienten placer al ver a alguien sufrir.

Lo primero que una persona sana piensa ante alguien que se autolesiona es que ese alguien “está loco”. Eso quizás parezca que es un juicio apresurado y malicioso de esas personas, pero al preguntarle a un transexual la evaluación se confirma: ellos dicen ser hombres atrapados en el cuerpo de una mujer o viceversa. Así que el auténtico asunto aquí no es si los transexuales sufren o no de una enfermedad mental –la cual, por cierto, ellos admiten sufrir– sino cuál es el mejor tratamiento que se les puede dar para acabar con su sufrimiento. La mutilación, evidentemente, no es una cura para la enfermedad mental, sino otro síntoma de ésta.

Si un hombre piensa que es Jesús, no se lo crucifica. Si un hombre piensa que es Napoleón Bonaparte, no se lo corona emperador. Si un hombre piensa que es una mujer, ¿por qué hay que seguirle la corriente? ¿No debería dársela algún tipo de ayuda para que retorne al mundo real, como se ayuda normalmente a las anoréxicas a dejar de hambrearse voluntariamente y sin un justo motivo? ¿Y desde cuando es consistente con el Juramento Hipocrático para un doctor mutilar un cuerpo sano y convertirlo en una parodia del sexo opuesto?

Ante los transexuales siento repugnancia pero también compasión. Pero los que me causan indignación son aquellos que los fomentan y explotan. ¿Entonces que habría que hacer?

Primero y principal habría que decir “no”. Toda sociedad decente debe asistir a su población para ayudarla a preservar su salud física y mental. Cuando alguien es un caso psiquiátrico, esa persona no puede tomar decisiones responsables por si misa. Así que una sociedad decente ejercita la tutoría sobre el mentalmente enfermo. Y el interés principal del enfermo es el curarse del mal que lo afecta, no profundizar su estado. La compasión y la responsabilidad nos obliga, entonces, a decir “no”.

En segundo lugar la mutilación de cuerpos sanos es contraria a la profesión médica. Por tanto aquel galeno que genera operaciones de “cambio de sexo” debería ser sancionado primero, y expulsado del mundo de la medicina después. La mutilación genital debería estar prohibida en todas sus formas.

Y en tercer lugar debemos mantener un sentido de la perspectiva. Yo no odio a los transexuales. Los transexuales no son malignos ni amenazantes. Son gente enferma que debe ser curada, no odiada ni dañada. Los aberrosexuales, por su parte, son esa gente enferma engañada por otros para que se enorgullezcan de su condición sexual en lugar de sentir el natural dolor y la entendible vergüenza que provoca llevar una vida en la que se cultivan sus prácticas sexuales aberrantes 

Los agentes del mal son aquellos que explotan a estos desafortunados para obtener una ganancia: los cirujanos que alteran cuerpos por dinero y los progresistas que utilizan a los aberrosexuales como armas de la diversidad y la ilustración –demostrando así que sus enemigos no son la injusticia o la desigualdad, sino la naturaleza, la salud y la sanidad. Ninguna sociedad debería consentir ser gobernada por estos monstruos.  


Antonella Díaz

sábado, 23 de agosto de 2014

Tucumán: votos del siglo XXI, elecciones del siglo XIX

Deseos electrónicos

En el año 2006 Tucumán reformó su Constitución Provincial. La Convención Constituyente que llevó a cabo esa tarea estuvo constituida casi en su totalidad por políticos leales a José Alperovich. La orden que tenían esos personajes era manipular la letra del texto constitucional para permitirle al hebreo gobernador no una sino dos reelecciones; después el resto de la Constitución Provincial casi no importaba: había que rellenar los artículos con conceptos que parecieran novedosos y futuristas, para justificar de ese modo el exabrupto de una reforma innecesaria. Gracias a ese enanismo mental tan típico de los políticos argentinos, la provincia introdujo así el voto electrónico, pues los cerebros luminosos que rehicieron la Carta Magna tucumana supusieron que el concepto sonaba vanguardista.

Pues bien, pasaron ocho años desde que la Constitución Provincial entrara en vigencia y, sin embargo, el voto electrónico aún no se ha materializado en Tucumán. A raíz de ello este mes se insertó al tema en el debate público. Fue Domingo Amaya, el Intendente de San Miguel de Tucumán, el que sugirió que en el 2015 los tucumanos deberían emitir sus votos de manera electrónica, pues ello fortalecerá “la democracia y la transparencia”.

Lo cierto es que Amaya quiere ser candidato a gobernador el año próximo, por lo que entiende que el aparato pejotista fraguará sencillamente las elecciones si no cambian cuanto antes al sistema de votación. No nos olvidemos de que él es un miembro de la pandilla gobernante, y por tanto habla con conocimiento de causa. José Cano de la UCR, Ricardo Bussi de Fuerza Republicana y Roberto Ávila del PRO le reprocharon ello al Intendente: tras haberse beneficiado de los trucos electorales actuales, recién ahora pretende Amaya más transparencia.

La negativa

Para contestarle a Amaya, el Gobernador Alperovich señaló que él está de acuerdo en implementar el voto electrónico, pero agregó también que la Junta Electoral Provincial deberá analizar el tema, ya que entiende que el sistema no es barato. En 2010 Alperovich había dicho algo parecido al manifestar que, por el elevado costo, en 2011 no se aplicaría el voto electrónico. Ante esa excusa, los amayistas le respondieron al mandatario que “la transparencia no tiene valor”. De todos modos se entiende cuál es la lógica detrás de lo que dice el padre de Sara y Gabriel: montar las urnas electrónicas en toda la provincia equivaldría a invertir una suma similar a la que el PJ gasta en materia de dádivas clientelares en cada elección, por lo que o es lo uno o es lo otro.

Siguiendo ese razonamiento, algunos alfiles alperovichistas salieron a rechazar la idea del voto electrónico: Jorge Gassenbauer, Ministro de Gobierno, Justicia y Seguridad, dijo que desconfía del poder revolucionario del nuevo sistema, y hasta se mostró partidario de las papeletas por amor a lo folklórico; el Diputado Nacional Alfredo Dato, menos energúmeno para argumentar, indicó que el voto electrónico no es confiable por su facilidad para ser adulterado, y sugirió que en lugar de debatir sobre su implementación se debata sobre la utilización de boletas únicas.

José Páez, Legislador Provincial por la Democracia Cristiana, intentó polemizar contra Dato, pero perdió el hilo de la discusión: si bien acertó al recordar que Dato –cuando fue presidente de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán– validó el clientelismo que naturalizó la vigencia del penoso “voto cadena” en la provincia, terminó desbarrancando al asociar al reclamo popular de transparencia, eficiencia y precisión para contar los votos a la implementación del voto electrónico. 

Mentiras salteñas

En medio del debate, la gente de La Gaceta hizo algo que de tan insólito suena a malintencionado: buscó la opinión de un experto, pero en lugar de contactarse con, por ejemplo, Beatriz Busaniche, publicaron una apología del voto electrónico escrita por Samira Saba, una mujer que brinda servicios informáticos electorales en la “hipertransparente” República Bolivariana de Venezuela

Y, para agregar mayor leña al fuego, los del diario entrevistaron a Miguel Isa, el Intendente de Salta. Isa sostuvo con un total convencimiento que, junto a la celeridad para divulgar los resultados de las elecciones (celeridad que es más un reclamo de los políticos ansiosos por apropiarse del Estado que de la ciudadanía resignada que los elije), el voto electrónico anula toda posibilidad de fraude. Y esa afirmación temeraria fue acompañada de una prueba: la victoria electoral del Partido Obrero en la capital salteña en las últimas elecciones de 2013.

Empero esto es una clara afrenta a la inteligencia. Los resultados de las elecciones de 2013 no son testimonio de que el fraude (que es el mayor peligro del voto electrónico) no se haya impuesto. De hecho la evidencia hace pensar que es todo lo contrario.

Es sólo cuestión de analizar los datos. En 2013 en Salta hubo dos elecciones: una nacional y otra provincial. En las primeras, Evita Isa –la candidata oficialista e hija de Miguel Isa– terminó detrás de los candidatos del romerismo y del altamirismo, y apenas arriba de la candidata del olmedismo. Allí el sufragio fue con las papeletas tradicionales. Sin embargo en las elecciones provinciales desarrolladas al mes siguiente, el voto electrónico apareció en escena. ¿Resultado? Sorpresivo triunfo del PO, pero cómodo segundo lugar para la lista del PJ, que superó con un amplio margen al romerismo y al olmedismo. ¿En menos de 30 días el votante salteño pasó de desaprobar a Isa a validarlo? ¿El romerismo sumó lo suficiente en la ciudad como para hacer triunfar a sus candidatos a Diputado Nacional y a Senador Nacional pero ni los Diputados Provinciales, ni los Concejales, ni el Senador Provincial sedujeron lo suficiente como para retener esos votos? ¿El PO, una fuerza política violenta y contestataria pero en el fondo inofensiva a causa de su imposibilidad para conquistar el poder por falta de apoyo popular, creció en pocos días porque la gente se radicalizó con ellos o porque al oficialismo que se sabía derrotado antes de comenzar le convenía tener de opositor a unos cabezas huecas incendiarios que jaqueasen menos su hegemonía que el romerismo o el olmedismo? Las preguntas parecen contestarse solas.     

Los ilusos y las ilusiones

Osvaldo Jaldo, Regino Amado, Sergio Mansilla y muchos otros alperovichistas leales repitieron la misma cantinela: ninguno está en contra del voto electrónico (pues ello los haría ver como retrógrados) pero tampoco están a favor de apurar su implementación (ya que son expertos para manipular papeletas y todavía no recibieron la correspondiente capacitación para hacer lo mismo con las computadoras). Estos abridores de Sésamo no tienen la capacidad intelectual ni la preparación académica para dar razones que justifiquen su negativa a la adopción del voto electrónico, por lo que sólo se limitan a manejar excusas simplistas como la falta de presupuesto o el deseo de evitar el impacto tecnológico negativo en una población que no sabe ni usar un cajero automático y que ahora se la obligaría a elegir autoridades con una máquina. Es por eso que sus opositores le ganan tan sencillamente el debate: ellos hasta se dan el lujo de asegurar que el reclamo por el voto electrónico no es una treta política para cortarle las garras al clientelismo de Alperovich, sino que es la mera solicitación de que se cumpla con lo que está escrito.  

Al escepticismo de Dato, Julio Saguir –actual Secretario de Gestión Pública y Planeamiento– le agregó una observación más que pertinente: en la democracia lo que importa es el derecho a voto, no el modo en qué este se hace. El voto electrónico es sólo un instrumento que satisface un derecho, y no hay evidencia de que éste sea mejor que otros instrumentos similares.

Evidentemente desde unas pocas mentes oficialistas surgen las mejores argumentaciones en el debate sobre la adopción o el rechazo del voto electrónico. De todos modos la voz de esos sujetos es casi inaudible, pues los demagogos de todos los ámbitos de la partidocracia (especialmente los de la oposición) quieren que la magia “tecnológica” penetre en los cuartos obscuros. Su escaso conocimiento de la democracia o de la tecnología y su enorme ambición de poder los hace equivocarse con tanta certeza.

El tema de fondo es aquí la tecnología. La palabra “tecnología” está vinculada en el habla cotidiana a los procesos de investigación y desarrollo, vale decir a la cultura científica. Una cuchara o una escalera son objetos tecnológicos, pero en nuestros días esa palabra se aplica fundamentalmente para referirse a todo aquello que emana desde algún laboratorio –público o privado– y llega a la vida cotidiana para modificarla –ya sea de modo profundo o superficial.

Esa unión entre la ciencia y la técnica que trastoca los modos en los que habitualmente se desenvuelve la vida es percibida, desde la perspectiva cotidiana, como un signo de modernización. Y lo “moderno” se interpreta aquí como un sinónimo de lo “novedoso”, lo que muchas veces es juzgado como lo mejor, alentándose con ello la idea (a nivel del discurso popular) que lo que el presente oferta como lo nuevo es el fruto de un progreso triunfante que nace de la optimización de la vida social.

La crítica a la idea de Progreso no es algo que el imaginario popular tenga demasiado interiorizado; por el contrario, la relación entre tecnología moderna y progreso social parece ser inquebrantable en la mirada popular, y más en un país como el nuestro que vive de crisis en crisis, o sea entre el más brutal de los estancamientos (que da la impresión de ser un “atraso”) y el más tenue de los desarrollos (que es percibido como un “salto adelante”). Las innovaciones tecnológicas tienden a introducir mayor orden, mayor regularidad, mayor sistematización y mayor control sobre algo (por ejemplo un walkman daba un acceso mucho menos controlable y ordenado a la música del que puede dar un reproductor de MP3), por ende, desde la perspectiva que vengo señalando, quien posee la novedad ha hecho más confortable su discurrir cotidiano, lo que implica una mejora sustancial en su calidad de vida. De allí que todo lo que incluya electricidad, automatización y materiales sintéticos (desde juguetes para niños hasta edificios o urnas) sea comprendido como un agente del cambio social.

Ese optimismo ante la novedad tecnológica –sumado al hecho ya apuntado de que lo tecnológico es percibido como algo que proviene del trabajo de unos expertos desde laboratorios o espacios similares– termina por dibujarnos a las tecnologías como cajas negras (o sea objetos cuyo origen se conoce vagamente y cuyo funcionamiento se ignora casi completamente) que tienen el poder irresistible de transformar a la sociedad. 

La verdadera caja negra

Lo que en la actualidad es una caja negra es el Estado argentino. El voto electrónico vendría a representar simbólicamente la introducción de la tecnología optimizadora en el mundo corrupto de la política: si la voluntad popular se cumple desde el momento mismo de la elección, ¿cómo podría el gobierno de los electos defraudar a quienes lo votaron? El voto electrónico parece ser la llave de un futuro promisorio, pero lejos está de serlo.

Más allá del fraude electrónico, el problema aquí es que se sigue viendo a la democracia como la capacidad de elegir cada cierta cantidad de años a aquellos que van a esclavizar a la ciudadanía. En la población de Argentina no existe la idea de que el Estado (y por tanto todo aquel que trabaja allí) está al servicio del ciudadano. Aquí se piensa lo contrario, por ello los drones, el DNI con chip inteligente o el escáner de huellas digitales para hacer las compras en el supermercado encuentran tan poca resistencia, pese a ser terribles atropellos en contra de los derechos individuales.  

El voto electrónico no es más que un paso hacia el “gobierno electrónico”, lo que no equivale a aproximarse al “gobierno abierto” en el que el ciudadano utiliza las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información para cogobernar, sino que más bien significa que el Estado penetra con mayor fuerza en la vida privada y nos manipula a su gusto, mientras nosotros observamos todo desde afuera sin comprender demasiado qué es lo que realmente sucede.



Francisco Vergalito 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Marcelo contra Marcelo

Circo clausurado

Un megaoperativo encabezado por la AFIP en Orán dejó al descubierto el lamentable estado en el que la corrupta dirigencia política ha sumergido al norte salteño. Acompañada por la Policía Federal y por la Policía de Seguridad Aeroportuaria, la Administración Federal de Ingresos Públicos allanó una veintena de edificios, entre los que se incluían discotecas, radios FM, domicilios particulares y prostíbulos disfrazados de karaokes. Las irregularidades fueron incontables: la mayoría de los locales investigados no tenían comprobantes de facturación, ni el CUIT activo, ni registro alguno de haber presentado las correspondientes declaraciones juradas. Estaban fuera del sistema fiscal, evadiendo impuestos en cifras millonarias, y sin interés alguno de garantizar las condiciones mínimas de seguridad ciudadana ni de higiene pública –puesto que eran ajenos a las inspecciones municipales.

Junto a la emboscada a los empresarios que, a través de discotecas y radios, explotan la diversión nocturna sin retribuirle casi nada al Estado, se visibilizó –al menos tenuemente– al gigantesco negocio de venta de drogas ilegales y prostitución que funciona en Orán.  

El día después o el preocupante ahora

Roberto Meri, suegro del Senador Provincial Pablo González, fue el principal perjudicado por la acción estatal. Este sujeto manifestó que le desagradó “el circo” montado para realizar los operativos: es que durante la noche de la razzia, la ciudad de Orán se encontró militarizada por la enorme cantidad de vehículos policiales y efectivos de las Fuerzas de Seguridad que cortaron calles y ocuparon edificios en horas de la madrugada. Dado que la zona se encuentra clasificada como “peligrosa”, los policías optaron por ir lo suficientemente equipados para entrar en acción si encontraban algún tipo de resistencia armada.    

Pero Meri no fue el único afectado. Entre los otros que tuvieron que tolerar el control sorpresivo de la AFIP se encontraba Marcelo Astún, actual Diputado Provincial por Orán y socio de su hermano Gustavo, empresario del rubro de la diversión nocturna en el norte salteño.

Transcurrido el vendaval, el Partido Obrero elevó un pedido de informes en el Concejo Deliberante oranense para que se explique cómo es que las discotecas cuentan con habilitación para funcionar pese a ser incapaces de aprobar los controles de Defensa Civil, y para que se indique cuánto dinero municipal va a parar como pauta oficial a las arcas de las radios investigadas por la AFIP. Lo que se sospecha es, incluso, que gracias a la diversión nocturna oranense habría un mecanismo de lavado de activos, a través del cual el dinero del tráfico de drogas, del tráfico de armas, del tráfico de animales y del contrabando comercial se legalizaría para circular sin problemas dentro del país.  

Astún y/o Lara Gros

Marcelo Astún declaró que la AFIP llegó hasta él como parte de una venganza por haber denunciado que el Mercado de Abasto de Orán evade millones de pesos diariamente, gracias a que estaría articulado con el negocio de los bagayeros (trabajadores que pasan mercadería a pie a través del límite argentino-boliviano).

Esta denuncia de Astún no es más que un tiro por elevación al Intendente de Orán, Marcelo Lara Gros –personaje al que se alió circunstancialmente en 2013 por ser ambos oficialistas, pero contra quien mantiene una vieja lucha por el poder. En efecto, después de mucho batallar, Lara Gros consiguió tejer una alianza con los bagayeros, que resulta muy beneficiosa para ambos.

El escenario en Orán, entonces, se vislumbra como patético: de un lado Astún y su vínculo con el sospechoso mundo de la diversión nocturna, y del otro lado Lara Gros y su pacto con los que se aprovechan de los agujeros fronterizos. En el medio, el ciudadano oranense que carece de trabajo legítimo y se ve acosado por la droga, la prostitución y la delincuencia (marginal y de cuello blanco).

FUENTE:

lunes, 4 de agosto de 2014

Repercusiones del holocausto palestino en Tucumán

La opción por la sangre

Julio de 2014 fue un mes aciago para la humanidad. Varias tragedias ocurrieron en esos treinta días, siendo la del ataque israelí a la Franja de Gaza la más penosa de ellas. Con la excusa de combatir contra Hamas, el Estado de Israel se dedicó a destruir edificios, asesinando cruentamente a más de mil personas (la mayoría de las cuales eran meros niños).

Pues bien, ese acto de barbarie criminal no ocurrió sin generar respuestas alrededor del mundo. Muchísima gente se pronunció a favor de la justicia, es decir en contra del sionismo de Israel. Sin embargo los sionistas israelíes también tuvieron sus defensores: gente dispuesta a apoyar a la carnicería humana.

En Argentina la minoría pro-genocidio se hizo presente y, sin ningún pudor, hasta hizo pública su posición. No tenían ninguna necesidad de defender a Israel y menos a los violentos sionistas, no obstante lo hicieron con total convencimiento. Cansados de ver que los argentinos –al menos en este asunto– están mayormente del lado de la verdad, sintieron la necesidad de expresar su apoyo por la demolición, la mutilación y el homicidio, especialmente por el homicidio de niños.

Los amigos de lo horroroso

Tucumán, claro, no fue la excepción en eso de querer justificar los delitos de lesa humanidad. El viernes 25 de Julio, varios miembros de la comunidad judía local organizaron un acto pro-Israel en la Plaza Independencia de la capital provincial. El número de la convocatoria no resultó despreciable, lo que da a entender que en la ciudad es bastante grande la cantidad de apologistas del genocidio; incluso es probable que éstos sean más numerosos que los supuestos antisemitas que, según la DAIA, residen en la ciudad.

Durante ese acto, al que asistí como observador externo, los oradores pro-genocidio fustigaron al gobierno nacional por no darles apoyo en su tarea aniquiladora. También criticaron a la prensa por no emplear el mismo vocabulario lleno de eufemismos que ellos emplean para justificar las matanzas. Aparentemente les molestaba que el resto del mundo no piense con la claridad con la que ellos piensan, les fastidiaba que exista tanta gente profundamente equivocada. El DAIA-Standartenführer Fabián Neiman, el mismo papanatas que validó la mentira que pretendía hacer pasar a un tercio de la población tucumana por antisemita, terminó pidiendo la resolución pacífica del conflicto por intermedio de la creación del Estado de Palestina, es decir abogando por la nefasta solución biestatal.

En esa oportunidad también se oyeron algunas quejas en contra de La Gaceta, verdadero núcleo de comunicación hegemónica en la provincia. Muchos de los concurrentes se quejaban de que habían enviado cartas de lectores para propagandear al sionismo al diario, pero éstas jamás fueron publicadas. Alguno, exaltado de tanta rabia sionista, sugirió hasta realizarle un boicot a ese medio, exhortando a los que publicitan en sus páginas a que se abstengan de hacerlo. Empero, en la realidad, La Gaceta ha mostrado una posición casi neutra en el asunto: por ejemplo el diario nunca publicó la convocatoria a una marcha en contra del genocidio realizada ese mismo 26 de Julio en la misma Plaza Independencia (sólo que en horas de la noche), y tampoco ha dado cabida a las cartas de lectores –numerosísimas, según me comentó alguien que trabaja allí– que día a día llegan hasta la redacción, escogiendo para la impresión solamente algunas pocas misivas que llaman a que los victimarios hebreos confraternicen con las víctimas palestinas bajo la bendición del Papa Francisco y cosas por el estilo. La única excepción a ello fue una carta publicada recién el 1º de Agosto, en la cual un grupo de asistentes al acto anti-genocidio (entre los cuales me incluyo) le recriminaban a La Gaceta la falta de difusión de una marcha que contó con decenas de adhesiones, y que hasta terminó con la intervención arbitraria de la policía local que se llevó demorados a dos participantes por usar petardos estruendosos y violar el Código de Contravenciones vigente.

Una apología del genocidio con olor a poder

La nota del exceso sionista en Tucumán la dio, como no podía ser de otro modo, la Senadora Nacional Beatriz Rojkés de Alperovich, esposa del Gobernador de la provincia. Desde su página en Facebook esta mujer famosa por sus “deslices” verbales publicó una repugnante apología del genocidio.

Citó a Golda Meir: “Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. No podemos perdonarles por obligarnos a matar a sus hijos”. Además de ampararse en esa reflexión ominosa –que es filosóficamente igual a lo que dijo Ayelet Shaked sobre exterminar a las mujeres palestinas para que no engendren más terroristas–, habló de la historia de Israel con total inexactitud, y llegó a acusar a los palestinos de estar empleando imágenes de la más reciente guerra civil siria para hacerle creer al mundo que están viviendo un genocidio (¿acaso los sionistas saben algo sobre inventar genocidios?). Con esa epístola la Senadora pretende recobrar el apoyo de la comunidad judía, a la que había abandonado para adherir a la religión cristinista que, según temen los propios feligreses de esa secta, está llegando a su fin.

La palabra ausente en el discurso de Rojkés de Alperovich –y que fuese pronunciada hasta el cansancio por los sionistas que se juntaron en la Plaza Independencia– fue “terrorismo”. Un judío tucumano que ha hablado sabiamente del terrorismo es Simón Litvak, quien dijo: “Casi todas las religiones sostienen que uno puede tener ingreso al paraíso si siembra amor y hace buenas obras. Pero el terrorismo fundamentalista ha dado una vuelta de tuerca atroz a este concepto y cree que el ingreso al paraíso se gana con la matanza de inocentes”. Litvak, ciertamente, se refiere a los palestinos que no aceptan la esclavitud que les propone el sionismo, pero las palabras se ajustan perfectamente a quienes gobiernan Israel en la actualidad. El terrorismo fundamentalista y canalla de Israel ha asesinado en las últimas semanas a muchos hombres, mujeres, ancianos, ancianas, y, sobre todo, niños y niñas. Suponen que de ese modo allanan su camino al paraíso (terreno o celeste), creen que la sangre de los infantes y demás sacrificados para garantizar la seguridad de su nación complace a su dios, sea cual sea éste.



José Zaín el-Din Caballero