La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

martes, 15 de julio de 2014

Rodolfo Tecchi, un perfecto pelele

Agustín Rossi, actual Ministro de Defensa de la Nación, se encuentra en una gira nacional propagandística. El santafesino viaja por las provincias promocionando unos documentos supuestamente desclasificados, pues ante unas FFAA desguazadas lo único que queda es humillar su cadáver. Los documentos se tratan, en realidad, de un libro que reúne las casi trescientas Actas de Reuniones de la Junta Militar, un proyecto de la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino en el que se proponen lineamientos básicos para ordenar y pacificar al país, y unas temidas “listas negras”, que no pasan de ser más que un inventario de personajes famosos por sus ansias cheguevareadoras.

Pues bien, recientemente Rossi visitó Jujuy y decidió desembarcar en la Universidad Nacional de Jujuy (UNJU) para hacer allí la entrega del material editado con fondos públicos –hay que recordar que, salvo por las Actas, los demás documentos revisten un interés escasísimo para historiadores profesionales y público en general, por lo que es fácilmente criticable que se haya invertido tanto en algo de tan poco valor.

En el acto de presentación del libro, una extremista, la infame Eva Arroyo de la agrupación HIJOS, hija de Juan Carlos Arroyo (un muchachote que estaba vinculado a la guerrilla trotskista entrista Ejército de Liberación Nacional y que se lo viese por última vez en la provincia de Buenos Aires en 1976), sugirió que se agravie la memoria de Salvador Cosentini y de Monseñor Germán Mallagray, dos antiguos rectores de la casa de altos estudios. Concretamente Arroyo sostuvo que le parecía ofensivo que los cuadros de estos dos recordados jujeños estuviesen colgados en la pared de la universidad, debido a que, en su mente, todo aquel que trabajó para el Estado en el periodo 1976-1983 es un criminal.

Es lógico que Arroyo, siendo quien es, derrape, diga imbecilidades, manifieste un odio brutal y un resentimiento tóxico. Creció en un hogar que su propio padre se encargó de destruir, y le conviene culpabilizar a otro por sus sufrimientos. Sin embargo que Rodolfo Tecchi, vale decir el actual Rector de la UNJU, acepte sin cuestionamientos semejante barrabasada habla de qué clase de pelele es. Tranquilamente podría haberle dicho a Arroyo que eso era una “buena idea” y que él mismo la plantearía en una reunión futura con otras autoridades universitarias, para acordar una fecha propicia y preparar una plaqueta en honor a los desaparecidos y toda esa historieta. Dicho de otro modo a Tecchi no le costaba nada gambetear la violencia simbólica de la hija del subversivo y después cajonear el asunto. Pero, sin un mínimo de cintura o con un grado máximo de canallismo, Tecchi le hizo caso a Arroyo y, lo que era la aburrida presentación de un libro que probablemente nadie leerá, terminó convirtiéndose en una función nueva del "Cirque des DDHH".

Eva Arroyo, junto a Inés Peña (esposa de Julio Álvarez García, un agente jujeño de Montoneros visto por última vez en Tucumán), procedieron a descolgar a los cuadros de Cosentini y el Monseñor Mallagray, bajo la mirada supervisora de Tecchi. Rossi percibió que había cierta incomodidad en el ambiente, pero a un personaje de esa calaña poco le importan esas cosas. Poco después de aquel sainete muchos jujeños estallaron en indignación.

A una gran cantidad de ciudadanos de Jujuy les parece grotesco que se haya permitido ese agravio a la memoria de dos hombres que tanto hicieron por la educación en su provincia. ¿Es que acaso Cosentini o el Monseñor Mallagray están imputados por crímenes de lesa humanidad? Pues no. No fueron entregadores, ni torturadores, ni nada de lo que se les acusa a otros de haber sido.

En la memoria de los jujeños está muy arraigada sobre todo la imagen de Monseñor Mallagray, un sacerdote católico que trabajó infatigablemente por el desarrollo cultural, la educación de calidad y la evangelización del pueblo. Fue amigo de mucha gente: generoso, simpático y carismático, dotado de un espíritu sumamente humanista, ayudó a todo aquel que pudo. A raíz de ello, en Jujuy, hay calles, plazas, instituciones educativas, salas y salones con el nombre “Monseñor Germán Mallagray”. ¿Acaso ahora hay que seguir con el agravio y rebautizar todos esos sitios con los nombres de los terroristas caídos en Jujuy? Este pelele de Rodolfo Tecchi, debido a su inmunda demagogia, sentó jurisprudencia, sin consultar a nadie decidió sobre el patrimonio y la historia de la UNJU, por lo que Cosentini y el Monseñor Mallagray deben ser, a partir de ahora, repudiados, vilipendiados y olvidados, pese a que, en realidad, merezcan exactamente lo contrario.

FUENTE:

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-AVISO-
En este blog creemos en la libertad de expresión y por tanto no ejercemos la censura. Sin embargo no nos hacemos responsables por los comentarios vertidos por nuestros visitantes. Por ello, antes de comentar, por favor piense en lo que va a decir.