La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 18 de julio de 2014

Las mataniños

En busca de la verdad

Recientemente circuló en la prensa tucumana una historia real muy peculiar que tuvo por escenario a ciudad Alberdi. En esa localidad del sur tucumano, una adolescente de 17 años dio a luz a su hija en un tacho de pintura de 20 litros, y dejó a la criatura recién nacida abandonada por algo más de una hora.

La historia, según como fue relatada por la prensa, es confusa, y la sospecha de que todo se trató de un intentó de homicidio es bastante fuerte. En primer lugar, se informó que el novio de la joven y supuesto padre de la niña (o algún familiar directo de él) les avisó a trabajadores sociales de un hospital local sobre el embarazo. Los agentes del Estado visitaron a la joven, pero ella negó sistemáticamente que estuviese preñada. Al mismo tiempo, la prensa señala que los padres de la joven ignoraban que estuviese embarazada. ¿Acaso no le creció el vientre en nueve meses? ¿En una localidad tan pequeña como Alberdi a los padres nunca les llegó el rumor del embarazo de su hija?

Asimismo la narración de la noche del alumbramiento es casi absurda. Veamos por qué. La joven vive en una casa precaria, en las cercanías de una acequia. La vivienda es pequeña, pues cuenta sólo con dos dormitorios, en donde duermen la joven, su padre septuagenario (la madre de la menor reside en otra casa cercana con su nueva pareja) y posiblemente varios de sus siete hermanos. El baño es una letrina que se encuentra ubicada en el exterior de la vivienda. Pues bien, según el testimonio recogido, la joven se despertó una fría noche invernal con el deseo de ir al baño, ya que sufría un fuerte dolor abdominal; el padre, para evitarle el sufrimiento de tener que enfrentar las bajas temperaturas, le acercó el mentado tacho de veinte litros de pintura para que allí hiciese sus necesidades, y luego salió de la vivienda para fumar un cigarrillo; cuando el hombre reingresó a la vivienda, encontró a su hija quebrada en llanto, con una tijera en la mano que habría usado para cortar el cordón umbilical de su hija; consiguientemente el hombre subió a su hija a su bicicleta, y pedaleó unas cuantas cuadras hasta alcanzar el hospital; allí, mientras la joven era atendida, el septuagenario les avisó a los médicos y enfermeros que había un bebé en un tacho de pintura en su casa, por lo que rápidamente los trabajadores de la salud rescataron a la criatura.

¿Por qué este relato resulta absurdo? Por dos motivos: (1) Si en la vivienda había más de dos personas, ¿no pudo una de esas hacerse cargo de una beba que, como buena neonata, lloraba? ¿No pudo ninguno buscar a una vecina para que los ayudase a salvarle la vida a la niña? (2) ¿Por qué se demoró tanto el hombre y su hija en comentarles a los médicos que la niña se encontraba en un tacho de pintura? ¿Por qué el hombre no se las arregló para llevar a la beba al hospital junto con su madre?

Si se modifica ligeramente la historia, todos los cabos sueltos terminan atados: un padre separado embaraza a su hija adolescente, la cual se niega a admitir que ello ha sucedido; llega el momento del parto, y él o ella decide matar a la criatura; al final las cosas fallan por algún motivo, y solicitan asistencia médica; los profesionales, al revisar a la joven y notar que acaba de parir, preguntan naturalmente por el bebé, pero reciben evasivas hasta que –por obra y gracia del Espíritu Santo (o tal vez por las amenazas de judicializar el asunto)– descubren la verdad y llegan a tiempo para salvarle la vida a una inocente. 

La versión que recogió la prensa tucumana fue la que reconstruyó la policía. A los médicos y enfermeros de Alberdi no les preguntaron nada. Dadas las características y circunstancias de la madre y del abuelo de la beba, es muy probable que las autoridades de la salud y/o de la seguridad hayan conspirado, por compasión, para ocultar la verdad.

Romina Tejerina siempre está

Una reacción muy generalizada ante la noticia fue el sentimiento de pena. Más de uno señaló que lo penoso, puntualmente, era que a esa gente “le faltase educación”. Sin embargo no hace falta educación de ningún tipo para hacerse cargo de la propia descendencia. Los animales salvajes lo hacen todo el tiempo, y son el epítome de la falta de educación. Es tan instintivo proteger a los hijos que introducir la cuestión de la educación parece un agravio a la inteligencia. Se puede ser pobre y se puede ser analfabeto, pero ello no justifica ni explica que una mujer abandone a su hija recién nacida.

Si la criatura aparecía muerta, entonces es más que seguro que a este caso lo hubiesen tomado las abogadas hembristas carroñeras. Sin tardar demasiado, hubiesen montado la típica escena: una joven, pobre, bruta, vulnerable, víctima de una violación, asesina a su hija en el habitual estado de demencia postparto; por ello no sólo debe eludir la cárcel, también merece que le den premios y le compongan canciones, justo igual que Romina Tejerina.

El Caso Romina Tejerina sigue siendo una cuestión polémica en Argentina. Tejerina fue presa por el crimen aberrante que cometió, pero cumplió apenas 9 de los escasos 14 años que le habían dado de condena. En la cárcel, rodeada de delincuentes como ella, Tejerina se sintió a gusto, por lo que, poco después de haber sido liberada, pidió volver a ingresar, ya que se sentía agredida por gente que la trataba con el desprecio moral que se trata a una filicida. Hoy en día no se sabe bien qué es de la vida de esta mujer, pero es probable que –al haber sido acogida por la lacra hembrista– su actitud ante el día a día sea la de aquellas mujeres que consideran el homicidio de un infante como una broma sin consecuencias que pueden realizar todas las veces que lo crean conveniente.

De lo que si nos enteramos esporádicamente es de las imitadoras de Romina Tejerina que pululan a lo largo y ancho del país. En Jujuy, en la localidad de Libertador General San Martín –no muy lejos del San Pedro en donde Romina Tejerina asesinó a su hija Socorro–, tuvo lugar otra “tejerineada”. Esta vez una mujer de 37 años oriunda de Calilegua, una tal Susana D. (el apellido de la homicida se ha ocultado vaya a uno a saber bien por qué), asesinó a su hijo con la ayuda de dos cómplices en un hotel de la ciudad azucarera. El episodio no quedó impune gracias a que la homicida visitó el Hospital Oscar Orías y la ginecóloga que la atendió le avisó a la policía sobre el crimen. Susana D., tras recuperarse, fue llevada a declarar a un juzgado y confesó su crimen, indicando incluso el lugar de un cementerio en donde había enterrado a la criatura (dejando en evidencia que estaba todo fríamente planeado y que entendía plenamente qué era lo que hacía y cual era su relación con el occiso).

Aquí si aparecieron las abogadas hembristas carroñeras a defender a la mujer, quien además es madre de un hijo de 10 años que tuvo la suerte de no morir víctima de su progenitora. En un primer lugar corrió la versión que Susana D. habría decidido cometer el crimen para evitar el reproche de sus padres con quienes convive, pero luego –como no podía ser de otro modo– apareció la figura de la violación. Lo más probable es que el niño haya nacido y su madre junto a sus cómplices lo hayan asesinado de inmediato, pero al encontrar el cuerpo mutilado la versión de las hembristas es que en realidad decidieron abortar a la criatura en el octavo mes de gestación. La diferencia entre una situación y la otra no es menor: en el caso de aborto le caben hasta un máximo de 4 años de prisión, en cambio en el caso de homicidio agravado por el vínculo la condena puede llegar a ser perpetua.  

Sobre la depravación del infanticidio

Al caso de Libertador General San Martín la prensa lo calificó de “infanticidio”, lo cual, por cierto, es totalmente errado. Vale decir, es cierto que el asesinato de un infante es un infanticidio, pero el término tiene un significado muy preciso en la tradición legal argentina. En efecto, desde 1917 hasta 1995, el Código Penal Argentino incluyó a la ominosa figura del infanticidio, la cual representaba un atenuante en la pena de todo aquel que matase a su hijo tras su nacimiento. La excusa era que, al encontrar una mujer dañado su honor, de alguna manera se justificaba que mate a su hijo y oculte el cadáver.

Ya en la década del 1910 se hablaba también del rapto de locura que una mujer podía sufrir al dar a luz a un hijo indeseado, pero se mantuvo siempre como criterio que dicho desquicio era producto de la deshonra que la madre temería sufrir. En la década de 1990, con un siglo de cambios sociales y culturales en el medio, la idea del honor quedó obsoleta y por ello se eliminó al infanticidio del Código Penal Argentino.

Ahora los promotores del genocidio abortista quieren recuperar la nefasta figura del infanticidio. La excusa del honor sigue estando presente en sus argumentaciones, pero ha quedado minimizada frente a una nueva excusa que juzgan infinitamente superior: la pena de muerte a inocentes para salvar de la muerte accidental a los ejecutores. A eso se reduce su prédica por la muerte. Quieren abortos legales “para no morir”, anticonceptivos gratuitos “para no abortar” y educación sexual “para decidir”, o sea que le hacen el juego a los sicarios, a las farmacéuticas y a los adoctrinadores. Las hembristas quieren vivir empastilladas en un mundo donde los maestros mienten y los verdugos amputan cruelmente el fruto de esa mentira.  

Sea como sea, en la Argentina ya está instalada una cultura abortista que se desarrolla casi sin sobresaltos gracias a la escandalosa etiqueta de lo “no punible”. Pero aun esa invitación a la matanza no puede tapar el hecho de que un bebé recién nacido lejos está de ser abortable. ¿O no lo está?

En realidad el aborto y el infanticidio son una y la misma cosa: homicidios agravados por el vínculo. Darle una pena menor a uno es menospreciar la vida humana jerarquizándola. La vida es igual de sagrada desde el momento de la concepción hasta el momento de la muerte. Una mujer que mata a su hijo dentro o fuera de su vientre es una filicida que merece ir a prisión (y quizás merece también la pena de muerte). El emperador romano Valentiniano indicó en el año 374 que darle muerte a un hijo era un crimen aberrante. Ello marcó un hito, pues el mundo antiguo manifestaba un repugnante desprecio hacia la vida de los infantes. Hoy por hoy, con la excusa de erradicar el crecimiento de la pobreza, quieren reflotar a la Antigüedad. A raíz de ello me extraña que todavía no haya aparecido el cerebro progresista que pida legalizar el canibalismo, ya que de ese modo si una mujer pobre mata a su hijo puede además comerlo y ahorrarse el viaje hasta la carnicería.

El crimen químico

El hembrismo que clama por el genocidio abortista y la depravación infanticida está distribuido a lo largo y ancho del espectro político. En la izquierda, el centro y la derecha emergen las que declaran que mandar a asesinar es un derecho y que el Estado debe ocuparse de hacerlo (o debe abstenerse de intervenir si una mujer ha decidido delinquir). Y junto con ellas, muchos hombres de nula caballerosidad levantan la misma bandera. Esta gente aprueba la idea del sicariato, y, como señalé más arriba, buscan también empoderar a las farmacéuticas.

Por estos días se está anunciando con bombos y platillos la pronta distribución masiva de unos novedosos anticonceptivos subcutáneos. En rigor esos anticonceptivos no son nuevos pues existen desde hace varias décadas, pero si es novedosa su presencia en el sistema de salud argentino. Se trata del Nexplanon, un medicamento fabricado por el gigante multinacional Merck. El Nexplanon es la versión mejorada del Implanon, y consiste en una pequeña varilla que se inserta en el brazo de la mujer y libera la hormona etonogestrel que, alterando el funcionamiento de los ovarios, evita el embarazo.

La droga es de uso extendido en países africanos y asiáticos. En Europa y Norteamérica el Nexplanon también se encuentra disponible, pero ha sido altamente cuestionado por sus usuarias. Si bien a algunas les ha funcionado a la perfección, a otras, en cambio, les ha producido toda clase de efectos colaterales, siendo los más graves los asociados a los cambios de humor y la creación de cuadros graves de depresión. También sobran los casos de mujeres a los que el anticonceptivo, pese a tenerlo en el cuerpo, no les ha servido en eso de bloquear los embarazos.

En Argentina el Nexplanon ingresará primero a unas cuantas provincias (Formosa, Misiones, algunas localidades del conurbano bonaerense, y, claro, Santiago del Estero, Jujuy y Tucumán) donde funcionará como campo de pruebas, convirtiendo a las mujeres pobres en conejillos de indias. Es difícil anticipar cuantas argentinas padecerán de la alteración psicológica que sufren sus pares de otras partes del mundo por usar el Nexplanon, pero supongo que recabando la información adecuada se puede calcular, aunque a nadie le interese hacerlo. 

De todos modos quien se ha percatado de la peligrosidad para la vida y la dignidad humana de este anticonceptivo y ha alertado a la sociedad sobre la situación es el Obispo Auxiliar de Santiago del Estero, Monseñor Ariel Torrado Mosconi. El sacerdote explicó que antes que el medicamento está la castidad como método anticonceptivo, y que el Estado argentino, en lugar de estar introduciéndole agentes químicos en el cuerpo a las adolescentes, debería ocuparse de transmitirles el valor del amor a la familia y del respeto a uno mismo. Monseñor Torrado Mosconi bien sabe que la industria farmacéutica asesina en masa.  


Antonella Díaz 

martes, 15 de julio de 2014

Rodolfo Tecchi, un perfecto pelele

Agustín Rossi, actual Ministro de Defensa de la Nación, se encuentra en una gira nacional propagandística. El santafesino viaja por las provincias promocionando unos documentos supuestamente desclasificados, pues ante unas FFAA desguazadas lo único que queda es humillar su cadáver. Los documentos se tratan, en realidad, de un libro que reúne las casi trescientas Actas de Reuniones de la Junta Militar, un proyecto de la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino en el que se proponen lineamientos básicos para ordenar y pacificar al país, y unas temidas “listas negras”, que no pasan de ser más que un inventario de personajes famosos por sus ansias cheguevareadoras.

Pues bien, recientemente Rossi visitó Jujuy y decidió desembarcar en la Universidad Nacional de Jujuy (UNJU) para hacer allí la entrega del material editado con fondos públicos –hay que recordar que, salvo por las Actas, los demás documentos revisten un interés escasísimo para historiadores profesionales y público en general, por lo que es fácilmente criticable que se haya invertido tanto en algo de tan poco valor.

En el acto de presentación del libro, una extremista, la infame Eva Arroyo de la agrupación HIJOS, hija de Juan Carlos Arroyo (un muchachote que estaba vinculado a la guerrilla trotskista entrista Ejército de Liberación Nacional y que se lo viese por última vez en la provincia de Buenos Aires en 1976), sugirió que se agravie la memoria de Salvador Cosentini y de Monseñor Germán Mallagray, dos antiguos rectores de la casa de altos estudios. Concretamente Arroyo sostuvo que le parecía ofensivo que los cuadros de estos dos recordados jujeños estuviesen colgados en la pared de la universidad, debido a que, en su mente, todo aquel que trabajó para el Estado en el periodo 1976-1983 es un criminal.

Es lógico que Arroyo, siendo quien es, derrape, diga imbecilidades, manifieste un odio brutal y un resentimiento tóxico. Creció en un hogar que su propio padre se encargó de destruir, y le conviene culpabilizar a otro por sus sufrimientos. Sin embargo que Rodolfo Tecchi, vale decir el actual Rector de la UNJU, acepte sin cuestionamientos semejante barrabasada habla de qué clase de pelele es. Tranquilamente podría haberle dicho a Arroyo que eso era una “buena idea” y que él mismo la plantearía en una reunión futura con otras autoridades universitarias, para acordar una fecha propicia y preparar una plaqueta en honor a los desaparecidos y toda esa historieta. Dicho de otro modo a Tecchi no le costaba nada gambetear la violencia simbólica de la hija del subversivo y después cajonear el asunto. Pero, sin un mínimo de cintura o con un grado máximo de canallismo, Tecchi le hizo caso a Arroyo y, lo que era la aburrida presentación de un libro que probablemente nadie leerá, terminó convirtiéndose en una función nueva del "Cirque des DDHH".

Eva Arroyo, junto a Inés Peña (esposa de Julio Álvarez García, un agente jujeño de Montoneros visto por última vez en Tucumán), procedieron a descolgar a los cuadros de Cosentini y el Monseñor Mallagray, bajo la mirada supervisora de Tecchi. Rossi percibió que había cierta incomodidad en el ambiente, pero a un personaje de esa calaña poco le importan esas cosas. Poco después de aquel sainete muchos jujeños estallaron en indignación.

A una gran cantidad de ciudadanos de Jujuy les parece grotesco que se haya permitido ese agravio a la memoria de dos hombres que tanto hicieron por la educación en su provincia. ¿Es que acaso Cosentini o el Monseñor Mallagray están imputados por crímenes de lesa humanidad? Pues no. No fueron entregadores, ni torturadores, ni nada de lo que se les acusa a otros de haber sido.

En la memoria de los jujeños está muy arraigada sobre todo la imagen de Monseñor Mallagray, un sacerdote católico que trabajó infatigablemente por el desarrollo cultural, la educación de calidad y la evangelización del pueblo. Fue amigo de mucha gente: generoso, simpático y carismático, dotado de un espíritu sumamente humanista, ayudó a todo aquel que pudo. A raíz de ello, en Jujuy, hay calles, plazas, instituciones educativas, salas y salones con el nombre “Monseñor Germán Mallagray”. ¿Acaso ahora hay que seguir con el agravio y rebautizar todos esos sitios con los nombres de los terroristas caídos en Jujuy? Este pelele de Rodolfo Tecchi, debido a su inmunda demagogia, sentó jurisprudencia, sin consultar a nadie decidió sobre el patrimonio y la historia de la UNJU, por lo que Cosentini y el Monseñor Mallagray deben ser, a partir de ahora, repudiados, vilipendiados y olvidados, pese a que, en realidad, merezcan exactamente lo contrario.

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jueves, 10 de julio de 2014

El buitre vernáculo

Apreciado lector,

Quiso Dios que el 9 de Julio me encontrase en Tucumán. Tenía pensado viajar al extranjero por estas fechas para arreglar algunos asuntos financieros ante el default inminente, pero pospuse mi viaje unos días por motivos que no vienen al caso. Pude yo así ver como el Ejército de Ocupación Kirchnerista oprobiaba a la Patria enviando al truhán de Amado Boudou para que encabece el acto por la Declaración de Independencia de 1816.

Unos días antes de presenciar esta afrenta contra la argentinidad, hube yo concurrido a una reunión organizada por el gobierno tucumano en la restaurada Casa Bazán, lo que ahora se conoce como “Casa Histórica”, “Casa de la Independencia” o “Casita de Tucumán”, por ser sede de un museo que figura en el reverso de las monedas de 50 centavos. Yo fui invitado en calidad de empresario, aunque quise que se me anunciase como miembro del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas. Podría haber apelado a cualquier otra afiliación o sacado a relucir cualquier otro título, pero creo que mi pertenencia a la mentada institución dejaba en claro que yo no soy un buscavidas sino un guardián de la tradición argentina, y que mi presencia en ese tipo de actos tiene por fin enaltecer la conmemoración. En la kermés de la calle Congreso de Tucumán, me encontré con unos pocos amigos, algunos conocidos y un interminable y patético desfile de nouveaux riches, muchos de ellos gente de negocios, pero la gran mayoría meros politicastros. No resistí mucho y me fui del lugar antes de que los oradores terminaran con sus parloteos. ¡Hasta el Rabino Sergio Bergman, el mismo cobarde que votó por convertir al pañuelo de las madres de los subversivos en emblema nacional, estaba presente! “¿Qué tendrá que ver toda esa gente con aquellos grandes hombres que se atrevieron a firmar un acta para dar nacimiento a la República?” es algo que todavía me pregunto. La gran mayoría de esos convidados no sólo no tienen sangre de próceres, ni siquiera tienen el espíritu de gloria que guiaba a nuestros hombres.

Después de ese episodio tuve que tolerar la telenovela del acto del 9 de Julio. Desde 1991, San Miguel de Tucumán es declarada Capital del país por un día, en una suerte de gesto simbólico que pretende ser una celebración del federalismo. Por ello la presencia del Presidente de la Nación en la ciudad para esa fecha se ha vuelto algo común. Este año se esperaba contar con la repugnante visita de Cristina Fernández de Kirchner, pero en su lugar recibimos algo mucho peor: al procesado Amado Boudou. Antes de que el Vicepresidente llegase rodeado de ministros (y hasta de un Diputado Nacional bonaerense que se atrevió a empapelar la ciudad con carteles lanzando su candidatura presidencial para 2015), hubo todo un sainete kirchnerista mal guionado. Aparentemente Cristina Fernández de Kirchner iba a dar un encendido discurso sobre la independencia económica y la soberanía política, con los papanatas de José Mujica, Evo Morales, Rafael Correa y Nicolás Maduro como aplaudidores de lujo. Todo ello el 9 de Julio, para que los congresales de 1816 se revuelquen en sus tumbas. Pero al Ministro de Economía Axel Kicillof lo obligaron a viajar a Nueva York por la misma fecha para acordar un plan de pago con el cual regalarles el patrimonio económico nacional a los acreedores extranjeros, por lo que todo quedó cancelado. La Presidente estiró su licencia por cuestiones médicas, y el polémico Boudou apareció como su reemplazante natural.

Al principio se creyó que la presencia del dueño de la máquina de hacer billetes no resultaba del todo conveniente, así que se anunció que el que iba a ir a encabezar los agasajos hacia la Patria era el bandido Gerardo Zamora, actual Senador Nacional pero más conocido por haber sido el tiranuelo que gobernó por ocho años consecutivos a la vecina Santiago del Estero. Sin embargo los Alperovich están enemistados con Zamora desde que éste les robase a ellos el puesto que a fuerza de obsecuencia extrema habían conseguido en la pirámide de poder kirchnerista, por lo que se dice que fueron ellos mismos quienes demandaron la presencia de su amigo y aliado Amado Boudou. Prometieron recibirlo como a un príncipe.

De esa manera el delincuente se hizo presente. Pasó velozmente por la Casa de la Independencia (aprovechando para devaluar a las páginas del libro de visitas ilustres), y luego se dirigió a un teatro sobre calle San Martín para hacer su discurso. Allí habló de colonialismo, de Juan Perón y, claro, de Cristina y Néstor Kirchner. No fue un acto cívico, sino un acto político. Mejor así, ya que este infeliz no puede decir nada sobre los ínclitos de la Patria, pero si puede hablar con infatuación sobre todos esos populistas que tanto daño le han hecho a la Argentina.

Afuera del teatro el escenario fue la triste postal de siempre: gente arreada por dinero y alimentos, periodistas agredidos, manifestantes que no fueron escuchados, y miles y miles de ciudadanos listos para profesar algo así como un jacobinismo de masas motivado por once muchachos corriendo detrás de un pelota mientras al país los devoran los buitres foráneos y vernáculos.  

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miércoles, 9 de julio de 2014

La bandera imperdonable

Un video en el que se ve a un grupo de “actores” interpretando una ridícula coreografía denominada “Harlem Shake” justo en frente de la Casa de la Independencia causó malestar en mucha gente. El hecho de que se utilice un monumento histórico nacional como escenario de semejante sandez fue juzgado por más de uno como una profanación en contra de la Patria.

Sin embargo algo muchísimo más grave que el Harlem Shake tiene lugar a diario en el mismo lugar. Me refiero, claro, a la presencia de dos banderas indigenistas que cuelgan a la entrada de un paseo de artesanos que se ubica justo al lado de la Casa de la Independencia.

Wiphalas al lado de la Casa Histórica
Wiphalas al lado de la Casa Histórica
Wiphalas al lado de la Casa Histórica

Estos trapos pestilentes son llamados por algunos “wiphalas”. La wiphala es una bandera inspirada en el Imperio Inca (en realidad muchos intentaron identificarla como a la mismísima bandera de aquel imperio, empero la investigación histórica echó por tierra esa pretensión). Esa vocación imperial no es casual: el trapo con los colores del arcoiris flamea actualmente con total libertad en Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y hasta en nuestra Argentina. Una wiphala, por tanto, tiene casi el mismo estatuto que las banderas que representaban a otros imperios fenecidos, pero a los cuales aún se busca siniestramente hacerlos renacer.

¿Es posible imaginar qué diría la prensa si junto a nuestra querida Casa de la Independencia, cuna de la argentinidad más virtuosa, se viera flamear a una bandera roja con una hoz y un martillo amarillo en su extremo superior izquierdo, u a otra bandera igualmente roja pero con un círculo blanco en su centro que encierra una cruz gamada negra? Seguramente se produciría un poderoso cacareo. Pues bien una bandera así de inmunda y perversa todos los días decora las adyacencias de la Casa Independencia ante el silencio cómplice de quienes desprecian los eventos de 1816.  

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miércoles, 2 de julio de 2014

La corrupción se construye

El sector más corrompido de la economía es, sin dudas, el de la construcción. Todas las fases de los procesos constructivos suelen estar flageladas por prácticas corruptas. En Argentina esto resulta más que evidente. Lo penoso del escenario nacional es que mientras millones de pesos se fugan por un agujero negro, el trabajador local se ve privado de algo tan básico como una vivienda digna.

En Salta y Tucumán, en estos últimos tiempos, se destapó la cloaca sobre la que se desarrolla el negocio de la construcción. En La Linda el epicentro del escándalo fue el Instituto Provincial de la Vivienda: Fernando Alesanco, el presidente de la institución, fue acusado de contratar de modo directo a empresas encabezadas por sus propios familiares y por familiares de otros funcionarios del IPV. A ese delito se le sumó la queja por la demora excesiva (y el consiguiente reajuste presupuestario) en torno a la construcción de viviendas sociales.

En el Jardín de la República, la corrupción es aún más grave. El Tribunal de Cuentas de la Provincia realizó una auditoría sobre la Dirección de Arquitectura y Urbanismo que supervisaba Miguel Brito y el resultado fue perturbador: durante años esa repartición había estado realizando obras fantasmas y cobrando por ellas (como las numerosísimas rampas para discapacitados que hoy son inexistentes), o atribuyéndose obras de otros sólo para presupuestarlas y facturarlas después (como sucedió en una escuela de Amaicha del Valle en la que un grupo de estudiantes franceses de intercambio hicieron remodelaciones de manera gratuita pero figuran como abonadas por la DAU), o cumpliendo su función correctamente pero inflando el costo de cada obra de maneras grotescas. Al igual que en Salta, en Tucumán también fue tremendamente irregular el proceso de contrataciones de los constructores. Lo peor de todo es que quedó asentado que muchos de los constructores de obras fantasmas eran empresas igualmente fantasmas, con sedes en templos evangélicos, hogares humildes, galpones abandonados o en direcciones que ni si quiera se molestan por existirEn esta provincia es tan voraz el negocio de las construcciones (y tan jugosa la tajada coimera) que es común ver como el patrimonio arquitectónico histórico resulta violentamente menospreciado

Y, claro, mientras el dinero público iba a parar en cantidades excesivas a las billeteras de los funcionarios y la ciudadanía se veía afectada por la ausencia de obras, los corruptos a cargo del IPV y de la DAU no vacilaron en facilitarle las cosas a los de su casta. Es por ello que en Salta se produjo el escándalo de Lomas de Medeiros, Mirasoles, Posta de Yatasto y otras urbanizaciones en las que gente del gobierno y sus familiares recibieron cómodas viviendas de factura estatal de modos que resultaron enteramente sospechosos. Así, mientras muchas familias luchan por el acceso a un Plan Procrear sólo para comenzar después una angustiante peregrinación para encontrar un terreno a un precio accesible sobre el cual ejercer el derecho a poseer la casa propia, otras pocas familias privilegiadas consiguen disponer sin mucho esfuerzo de viviendas nuevas y bien ubicadas. 

En Tucumán, como no podía ser de otro modo, también sucedió lo que sucedió en Salta, pero no sólo ello: recientemente aparecieron testimonios de gente que, contratada por la DAU, es decir pagada con dinero del erario público, oficiaron de restauradores de las propiedades de José Alperovich y de sus familiares.     

A principios de junio de este año el alcalde de Venecia fue arrestado por haber hecho negocios turbios con constructoras. Hoy, aquí en la Argentina, Miguel Brito, Fernando Alesanco y otros involucrados en estos episodios de sistemática corrupción caminan libres por las calles, y esperan que los gobernadores los reasignen a un puesto público para seguir cobrando sus generosas becas estatales, si no es que de hecho ya lo hicieron.

¿Es tan difícil declarar imprescriptible a los delitos de corrupción? ¿Es tan difícil inhabilitar de por vida en el ejercicio de cargos públicos a quienes son culpables de este crimen?



Francisco Vergalito