La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 1 de marzo de 2014

La cruzada por los niños

Lo obvio que no se muestra

En noviembre de 2012, en El Defensor del Norte Argentino se publicó un artículo titulado “La pedocriminalidad en Salta”, el cual abordaba la problemática del abuso sexual que han padecido los niños salteños en los últimos tiempos. Recientemente el portal Iruya.com ha subido un texto que versa sobre lo mismo. La diferencia es que en este texto se parte desde el final del asunto. Es decir, mientras que en nuestro blog nosotros mencionamos casos policíacos para señalar que algo siniestro amenaza a Salta, en el otro portal llaman la atención sobre la enorme cantidad de sentencias judiciales que, mensualmente, emiten los juzgados salteños con el propósito de condenar a hombres adultos que han abusado de menores de las edades más diversas. La diferencia de enfoques, quizás, es significativa: en tanto que nosotros tratamos de retratar al delito desde su concepción y en ambientes extrafamiliares, ellos se limitan a horrorizarse cuando la justicia ya ha sido servida para castigar los crímenes cometidos en espacios intrafamiliares.

De todos modos no deja de ser bienintencionado el mentado artículo de Iruya.com. El mismo señala que los jueces obran casi con indiferencia ante esta realidad aberrante, ya que se limitan a dictar sentencia y, sólo en ocasiones especiales, agregan algún tipo de recomendación como que el condenado, además de ir a prisión, sea sometido a un tratamiento para acabar con su adicción al alcohol o a las drogas. Según el autor del texto, mientras que desde su puesto muchos jueces han exhortado al gobierno provincial a que actúe con mayor ahínco y profundidad frente a otras cuestiones (como en el caso de la violencia en contra de la mujer o de la eliminación de lo religioso en las escuelas públicas), prácticamente no hay juez alguno que haya hecho lo mismo con respecto al asunto del abuso a menores de edad.

Décadas de decadencia

Optar por los niños equivale a enfrentarse a los cabildeos de feministas, abortistas, drogones o causas de esa índole. ¿Cómo se le puede exigir al gobierno que proteja a una niña de su padre, padrastro, tío, abuelo o vecino adicto, si al mismo tiempo el gobierno le está facilitando el cultivo de sus adicciones al depravado? ¿Cómo trabajar para evitar que un niño sea violado por un adulto, si a esos enfermos que los violan hasta les permiten casarse y adoptarlos como hijos?

El gobierno ha trazado una línea en relación a la niñez y ha escogido de qué lugar quiere estar. En este caso ni siquiera tratan de ser ambiguos, ya que entienden a la familia como una enemiga de los proyectos del espíritu del presente.

Desde 1987 la Argentina viene padeciendo de la sistemática destrucción de la institución familiar. Todo comenzó cuando se aprobó la nefasta ley que le permite divorciarse a dos personas casadas. Antes de la sanción y promulgación de esa catastrófica norma legal, los matrimonios argentinos también se rompían, pero, al no ser dicha ruptura homologada por el Estado, no existía la promoción de la desarticulación familiar: antaño uno se casaba para formar una familia y podía ocurrir que ello fallase, ahora, en cambio, uno se casa para ver si es factible superar el fracaso e intentar a partir de ello formar una familia. Es decir, el divorcio invirtió la planificación familiar: ese acto de ruptura legal del contrato matrimonial trivializa al matrimonio mismo, poniendo al individuo por sobre la pareja, como si casarse fuese un acto que sólo involucra a una persona.

Muchos de los abusos a menores que acontecen hoy en día son producidos por familiares indirectos de las víctimas, o dicho de otro modo muchas veces cuando una mujer se amanceba con su nueva pareja, se lleva consigo a la prole gestada con su anterior hombre, lo que hace que chiquillas y chiquillos queden a la merced de tipejos y tipejas que no sienten la suficiente repugnancia que los salve de someter sexualmente al inocente, ya que, claro, no se trata en realidad de su misma sangre. El polémico caso de una nena violada que abortó a su hijo hace apenas unos pocos meses en Salta nació de ese tipo de unión: un hombre que –invitado a un nuevo hogar por su nueva mujer– se tentó ante la carne más joven.

Otra situación penosa que hoy en día nos parece no sólo de lo más normal sino también de lo más adecuada son las madres solteras. Nadie puede negar que en este país hay una manifiesta intención de proteger y promover la maternidad, lo cual, a primera vista, parece loable; sin embargo esos beneficios recaen indistintamente en mujeres que tienen o que carecen de parejas estables, vale decir en mujeres cuyos hijos e hijas son debidamente protegidos o en mujeres cuyos hijos e hijas son expuestos por ellas mismas a situaciones de riesgo moderado o alto. Ciertamente no estoy sugiriendo que una madre soltera deba ser apartada de la sociedad, pero no sería malo que deje de promocionarse la idea de que la mujer que se encuentra en ese escenario es una suerte de guerrera que se abre camino en el mundo contemporáneo, cuando la realidad nos muestra normalmente a una mujer de la que hay que compadecerse por su fragilidad e infortunio, una mujer que no sólo necesita de ayuda material para sobrellevar un embarazo y la crianza de su descendencia, sino que, principalmente, requiere de sustento espiritual para formar personas que el día de mañana no devengan en escoria social por no haber contado a lo largo de su vida con los modelos y actores familiares adecuados. 

La acción

Tal vez no sea un despropósito pedir que se declare la “Emergencia de Edad”. Con dicho concepto no se esta agregando un nuevo y perverso cabildeo a los muchos existentes, se está proponiendo, de hecho, el fin de los otros cabildeos. Una cruzada por los niños es el arma más poderosa para combatir a toda la piara de perversos, degenerados y cínicos que, de modo egoísta, promueven consignas que significan enormes beneficios para ellos, y gigantescas desgracias para el resto de la sociedad.

Por estos días al Juez Víctor Soria quieren destituirlo porque, simplemente, se negó a autorizar que un niño salteño sea torturado y masacrado impunemente en el vientre de su madre. Si cada vez hay menos voluntad para ayudar a sobrevivir a un indefenso niño al que le faltan unos meses para nacer, ¿qué esperar entonces ante el que ya ha nacido? Creo que sería interesante ver a Soria, que es un Juez de Familia, levantar la bandera para promover la Emergencia de Edad: ello demostraría que su acción no ha sido machista o misógina, sino que lo están persiguiendo por el pecado de proteger a la niñez.  

De todos modos la iniciativa de un solo individuo está condenada al fracaso si no logra contagiar a los demás. Recuerdo al Diputado Nacional (MC) Alfredo Olmedo proponiendo a la castración quirúrgica, a la prisión perpetua y al trabajo obligatorio y a la remuneración a la víctima como instrumentos para combatir las violaciones de adultos y niños en el ámbito intrafamiliar, pero recuerdo también la falta de apoyo y el debate mal conducido que esas batería de ideas tan positivas sufrió en Salta y en el resto del país. Es que el argentino promedio no está acostumbrado a pensar, porque tampoco está acostumbrado a actuar: es cierto que mucha gente sale a las calles cuando la marea ha crecido, pero también es cierto que los niveles de tolerancia al padecimiento en la Argentina son demasiado altos. Aquí se depende demasiado de la voluntad de las autoridades, por lo que muchas cosas se demoran años en producirse debido a que la gente no tiene la costumbre de comprometerse con las causas más nobles y de organizarse para hacerlas avanzar.

Recientemente en España un grupo de jóvenes ideó el “Proyecto Pilla Pilla” que no es más que una iniciativa ciudadana destinada a combatir a la pederastia: lo que estos muchachos hacían era crear perfiles falsos en las redes sociales fingiendo ser menores, y luego los usaban como anzuelos para contactar a adultos que acordaban citas creyendo que iban a poder mantener relaciones sexuales con niños y adolescentes; al llegar al punto de encuentro, los degenerados eran interpelados por los jóvenes, que registraban todo con cámaras de video y usaban ese material para alertar a la población sobre qué clase de vecinos tienen. La idea de ellos era la de ofrecerles a los menores de su patria la posibilidad de gozar de una vida sana y segura, una necesidad básica que al gobierno español (al igual que el gobierno argentino) parece no interesarle satisfacer. 

Probablemente los granos de arena construyan barreras para frenar la inundación que ocasiona el diluvio contemporáneo, pero la solución definitiva es un proceso de largo plazo: hace falta educar, pero no para construir una nueva y miserable civilización como quieren las sinarquías decadentistas que promueven el hembrismo, el abortismo, el aberrosexualismo y demás perversidades, sino educar para que la pureza del corazón vuelva a ser nuestra guía.



Antonella Díaz

4 comentarios:

  1. Investiguen a la juez Zunino de Tartagal, que es la jueza del caso Ashanti en donde una chica de 14 años fue filmada haciendo el baile del caño mientras muchos la manoseaban. La Zunino es jueza de familia y si hay alguien a quien le importa un bledo el bienestar de los niños es esa mujer.

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  2. Como para que se hagan una idea de lo que es la Zunino: dio en adopción a una chica de 12 años, que fue devuelta por la familia que la adoptó. Entonces trató de reubicarla con la madre de la chica, pero la mujer se negó debido a que tenía problemas económicos. Así fue que la Zunino buscó al padre, un tipo que nunca había tenido contacto con la chica. Lo obligó a que se la lleve a vivir con él. Al poco tiempo la chica denunció que el padre abusó de ella estando borracho. Y si, todos lo veían venir, menos la jueza Zunino.

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  3. Que bronca me da que haya tantos degenerados sueltos y haciedno de las suyas

    Pamela

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  4. Bien por el pilla pilla, para mi los peores seres son esos tipejos que abusan de niños varones, los contagian de homosexualidad y despues lanzan el virus al mundo. Si no se acaba con los abusadores de niños, nunca se va a curar la homosexualidad.

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