La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 4 de agosto de 2013

Cristina Kirchner se ríe de los coyas

Traigan indios para la foto

Desde que empezaron a organizarse cacerolazos en la Argentina, la imagen pública de Cristina Fernández de Kirchner ha ido tornándose cada vez más negativa. Ello significa que la gente ha dejado de confiar en ella. Para revertir esta situación, los asesores de la Presidente le aconsejaron que se muestre más cercana a los débiles, indefensos y/o inocentes, puesto que el relato kirchnerista sostiene que, mientras desde el gobierno se trabaja solidariamente para lograr la igualdad entre el carenciado y el opulento, la gente que participa de los cacerolazos no son más que una banda de egoístas que se niegan a que se reduzcan las brechas entre ricos y pobres.

De allí que este año se la vio a la Presidente mostrando fotos de sus perros, hablando con chicos que padecen el síndrome de Down o reuniéndose con niños. Todas estrategias para humanizarse: el mensaje que manda es que a ella no le importan quienes se quejan de que sus salarios se han pauperizado, sino que su tiempo es para todas esas maravillosas criaturas que para sobrevivir necesitan del amor incondicional de una madre sacrificada.

Para hacer funcionar esa idea, los asesores de Kirchner no tuvieron mejor idea que la de armar un montaje en el que un niño de blondos cabellos y rosadas mejillas –que, según se supo después, es hijo de un camporista– rezongaba en YouTube porque no podía ver en vivo al hada madrina que aparece siempre en la televisión, sólo para recibir una invitación de Casa Rosada unos días después y poder así cumplir con su sueño infantil. Toda esa farsa fue fustigada duramente. En las redes sociales lo que más se señaló fue que el encantador niñito (al igual que los otros niños a los que también usaron para armar el encuentro) era un fiel exponente de la pulcra raza aria, al que se le satisfizo su deseo gracias a que sus padres se valieron de la tecnología a la que tienen acceso por los ingresos que poseen. O sea para sacarse de encima la acusación de que sólo le importa beneficiar a los suyos, la Presidente terminó besando a un niño que por su color de piel, su nivel socioeconómico y su educación es difícil percibirlo como parte de la otredad que reclama atención tras centurias de ninguneo.  

Para corregir ese traspié, los asesores de Kirchner juzgaron positivo apelar a los clichés demagógicos más evidentes. Así fue como al producirse la inauguración de la tercera muestra de Tecnópolis, se pudo ver a la Presidente junto a un nutrido grupo de niños jujeños, muchos de los cuales se vistieron según la usanza del campesinado puneño. Chiquillos con ponchos y sombreritos junto a máquinas de alta complejidad: esa es, para el kirchnerismo, la síntesis de lo que ellos llaman “inclusión”. Curioso: en Río Negro, hace unos meses atrás, un grupo de gente con la piel igual de bronceada que la de los coyitas –vestidos con camisetas de equipos de fútbol y con gorras del Frente para la Victoriase hicieron su propio Tecnópolis saqueando electrodomésticos a diestra y siniestra, sin embargo el gobierno se negó a juzgar a ese evento como un mágico momento de inclusión, allende el hecho de que los componentes de los episodios formalmente eran, en esencia, los mismos.

El Buen Salvaje

Lo más destacado de la última inauguración de Tecnópolis fue el poema que recitó Eyen Quispe, uno de los niños empleados para levantarle la imagen a Cristina Kirchner. Por un lapso cercano a los dos minutos y medio, el pequeño Eyen pronunció muy correctamente los versos de “No te rías de un coya” de Fortunato Ramos. La reacción ante ello, al menos para mi, resultó un tanto desconcertante.

Mucha gente aseguró haberse conmovido con el poema, cosa que no es extraña puesto que la obra de Ramos busca ese efecto. Empero muchos también vieron en el recitado y en el poema un acto de vindicación al gobierno kirchnerista. No sé exactamente en que año fue escrito “No te rías de un coya”, pero doy fe de que tiene, al menos, dos décadas de existencia. Su valor literario es –como afirma Reynaldo Castro– dudoso, pues, con el abuso de regionalismo, resulta deliberadamente pintorequista. Lo peor del poema es la posición del enunciador: no se trata de un coya contándonos su vida, se trata de alguien diciéndole a quienes no son coyas que respeten al inadaptado (las cuatro primeras estrofas describen a un coya que no sabe cruzar las calles, que viste abrigo aunque haga calor, que hiede, etc) pues se trata de un ser incapaz de hacer daño (las últimas cuatro estrofas presentan a los coyas como solidarios, honestos y patriotas). El coya construido por Ramos parece plagiado de la ficción del Buen Salvaje con la que Jean-Jacques Rousseau intentaba destruir a la Iglesia Católica.  

“Ornapos” en tierras indias

A los turistas de la Quebrada les encanta oír el poema que recitó Eyen. En Tilcara, Humahuaca y ciudades similares la escena que quedó filmada en Tecnópolis se suele repetir varias veces por día, especialmente durante la temporada alta, pues sobran los niños que cambian monedas por versos. Diferente es la reacción de los mismos turistas ante los poemas de Domingo Zerpa. Un poema muy famoso de Zerpa es “Los arriendos”, cuyas últimas cuatro estrofas dicen:

Ayer, por la tarde,
llegaron al rancho,
con botas lustrosas
y espuelas de plata;
a mi caschicito,
que salió a torearlos,
de cuatro balazos
tiráronle antarca.

Apenas me pude
reponer del susto,
cuando me gritaron:
—¡Coya mala traza,
pagá los arriendos
si no quieres verte
más pobre que el diablo
que perdió las astas!

Y como temblando
yo les contestase:
—Perdón, por ahora,
me encuentro sin plata,
sin otros centavos
que estos brazos fuertes
que pueden servirles
para cualquier changa...

Los hombres de botas,
sin oír mis ruegos,
en cuatro minutos
quemaron mi casa...
Señor tata cura,
déme unos remedios
para estos guascazos
que tengo en la cara.

El coya de Zerpa no es el que bajó del cerro, sino el que vive allá pero sometido a la pobreza que le dispensa el que vive en la ciudad. Puede ser que el coya de Zerpa sea igual de honesto, solidario y patriota que el de Ramos, pero también es igual de explotado y marginado que el toba al que, en la Formosa de hoy, hambrean y apalean por negarse a entregar las tierras en las que habitan.

El problema del coya zerpiano es que, a diferencia del ramiano, no parece ser un “ornapo”. Tal vez si se olvidara de exigir ser respetado como sujeto de derecho y se regalara a la industria del turismo y del entretenimiento, si dejara de percibirse como un argentino indio y pasara a percibirse como un indio argentino, podría ser adoptado como mascota del kirchnerismo y recibir dinero en lugar de palazos.

Los Andes en la selva y la Biblia junto al calefón

Como el poema de Ramos en boca del niño Quispe disparó la condescendencia masiva en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, los directores de la campaña electoral del Frente para la Victoria le pidieron a Cristina Kirchner que visite Jujuy para seguir alimentando el fuego que, de casualidad, se inició. Tranquilamente un purrete del tercer cordón del Conurbano, dueño del mismo tono de piel y –probablemente– de las mismas carencias que Eyen Quispe, podría haber ido a Tecnópolis y recitar un poema, pero ello hubiese significado prescindir del elemento exotista que contribuye a generar la impresión de que más allá de los camporistas hay gente que goza de bienestar gracias a la acción de gobierno. Dicho de otro modo, un niñito conurbanense no transmite la misma inocencia e indefensión que un coyita, pues a él, gracias a su cercanía con la Metrópolis, se lo cree más capaz de gozar de sus derechos, aún cuando sólo le interese ir a la escuela porque le dan de comer y aún cuando sus hermanos más grandes se empadronaron para votar siendo menores de 18, ya que les prometieron un celular nuevo por poner en una urna una boleta celeste.  

La necesidad de que Martín Insaurralde derrote a Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires, llevó a Cristina Kirchner a visitar Jujuy el primero de agosto. Es cuestionable, pero es así. Quizás el PJ de Salta precisaba de la Presidente para hacer que crezca la intención de voto de Rodolfo Urtubey y Evita Isa, pero en Jujuy ya está todo cocinado. Salvo que suceda algo extraordinario, el PJ local se quedará con una de las tres bancas para Diputados Nacionales que se disputan en las próximas elecciones, y peleará con amplia ventaja por una segunda banca contra el ucerismo (que también tiene una banca asegurada) y tal vez contra el Frente Primero Jujuy (que promueve la candidatura de Isolda Calsina como Diputada Nacional en primer término, mujer que cuenta con el apoyo de José Manuel de la Sota y de Gerónimo Venegas).  

Cristina Kirchner, mientras violaba la veda electoral impuesta al gobierno, dio una clase magistral de demagogia en Jujuy. En el departamento San Pedro, en la sede del Ingenio La Esperanza, se la vio participando de un ritual de homenaje a la Pachamama para dar paso a la “apertura simbólica de la zafra”, algo que viene con retraso (ya que la zafra en ese ingenio comenzó hace más de veinte días) y que resulta un tanto insólito (a las zafras normalmente se las bendice con una misa católica). A muchos se les habrá pasado, pero a los jujeños no: lo de hacerle ofrendas a la Pachamama es una costumbre andina, sin embargo San Pedro no se encuentra en los Andes. Esto, expresado por intermedio de una analogía, sería como realizar la Fiesta Nacional de la Olivicultura en Corrientes o la Fiesta Nacional de la Yerba Mate en San Juan: probablemente lo correntinos coman aceitunas y los sanjuaninos tomen mate, pero esos productos no son propios de donde viven.

El momento en que la Presidente Cristina Kirchner y el Gobernador Eduardo Fellner se arrodillaron para arrojar hojas de coca, bebidas espirituosas y legumbres en un pozo fue un poco embarazoso, porque ninguno de los dos sabía exactamente qué es lo que se tenía que hacer. Esto, recurriendo nuevamente a una analogía, sería como ir a una misa sin ser cristiano y que el cura lo invite a uno a consagrar hostias. Una actitud verdaderamente respetuosa hubiese sido la de simplemente presenciar la corpachada sin intervenir en ella, dado que se trata de un ritual propio de los indios y de su descendencia, y por tanto no pertenece más que a la etnia que lo inventó. Si la Pachamama pasase a nacionalizarse, se introduciría el paganismo como fiesta cívica, lo que a la larga resultaría tan vacuo como cualquier feriado nacional en el que en lugar de rendirle tributo a los héroes de la Patria, se aprovecha para hacer una escapada turística o dormir la resaca hasta el mediodía.

Las palabras de Ella

El discurso que dio la Presidente fue espeluznante, pues, hablando de la reactivación económica, terminó dejando en evidencia el mesianismo que profesa provocado por sus delirios de grandeza.

Cristina Kirchner dijo que lo admirable de los jujeños es su autoestima, la cual, según afirmó con total convicción, proviene de los incas, pues se encuentra en el ADN de los locales. De más está decir que en Jujuy hay jujeños muy jujeños que no tienen ni una gota de sangre inca en el cuerpo. Asombra un poco que esta señora, para hablar de la identidad, utilice expresiones biologicistas. Los supuestos progresistas de su calaña procuran siempre sostener que el hombre es un ser completamente libre, por lo que el ADN sólo transmite “limitaciones” como enfermedades o el sexo de una persona, todo corregible mediante el procedimiento médico adecuado y el proceso educativo correcto.

Pero más allá de eso, lo molesto del discurso de Kirchner fue ese contraste entre los indios y los demás argentinos que, como ella, descienden de gente que descendió desde los barcos hace un poco más de un siglo. En el imaginario cristinista, pareciera ser que los argentinos de hoy tienen sus antepasados o en los originarios sometidos por los invasores (pues fue la palabra “invasor” la que usó para referirse a los españoles) o en la masa de europeos marginados en sus países que llegaron a estas tierras huyendo del hambre producida por las inequidades del sistema industrial. Del criollo no se han producido avistajes entre las palabras de la Presidente, aún cuando el nombre y la obra del General Belgrano se repitió varias veces –supongo que como Belgrano combatió a los “invasores” de España, entonces él también debe ser un ornapo para su perspectiva.   

Cristina Kirchner no se privó de incurrir en algunas inexactitudes históricas (como al proclamar la superioridad de la astronomía inca frente a la europea, o al sostener, como popularmente se sostiene, que los jujeños quemaron sus casas al emprender la marcha hacia el sur en 1812), ni se abstuvo de utilizar estadísticas engañosas (como al asegurar que el promedio de desempleo en las regiones NOA y NEA es el más bajo del país). De cualquier modo eso son meros detalles insignificantes comparados con lo que dijo hacia el final: sin ninguna vergüenza, confesó que ella se sentía madre de todos los presentes y, para peor, también abuela de sus hijos. Eso se llama desbarrancarse: que se sienta madre de un joven de La Cámpora o de uno de GESTAR es comprensible, tiene edad para ello, ¿pero que hay de las mujeres de su misma edad o aún más viejas que ella? ¿Se siente madre de esas señoras también? ¿No hay nadie más amorosa y sabia que ella? ¿No son declaraciones como esa la prueba de que esta mujer sufre de un completo delirio de grandeza? En el cierre de su discurso, Kirchner invocó a la Virgen María y a la Pachamama. ¿Creerá ser ella un avatar de ambas figuras?

En casa de la Ñusta Ilegítima

Finalizado el acto en San Pedro, la comitiva presidencial tenía planeado trasladarse a Coronel Moldes para inaugurar un gasoducto. Sin embargo hicieron una escala en San Salvador de Jujuy para reunirse con gente de la Organización Barrial Tupac Amaru. El desvío sugiere la debilidad del kirchnerismo y la fortaleza de Milagro Sala. Y a ello lo comprueba el discurso que Cristina Kirchner pronunció frente a los tupaqueros: empezó hablándoles sobre “parir” el futuro (quizás para prolongar su autodesignación no sólo como Madre de la Patria, sino como Señora de la Tierra), pero terminó repitiendo lo que había dicho ese mismo día con respecto a la desindustrialización neoliberal de la década de 1990 y con respecto a la importancia de salvar de la quiebra al Ingenio La Esperanza. No hubo ninguna referencia a la obra reciente de la Tupac, ningún elogio al trabajo socialmente transformador del milagrismo, probablemente porque la Presidente no está enterada de lo que Sala y su pandilla andan haciendo últimamente.

Ante la Ñusta Ilegítima, Cristina Kirchner saludó, recicló el discurso que ya había dado, y partió hacia Salta. Lo que se dice una visita de compromiso.

Lo que la Pacha nos da, la Mama nos los quita

Al ver a Cristina Kirchner “alimentando” a la tierra, a más de uno se le ocurrió empujarla en el pozo, pero la custodia lamentablemente no lo permitió. Alguien, antes de ser apartado del acto y molido a golpes, le gritó a la Presidente que si tanto quiere a la Madre Tierra entonces que le ofrende el Rolex de oro y la cartera Louis Vuitton que ostenta. Y, al verla haciendo circo de rodillas, más de uno deseó que la tierra se lo tragase a él para dejar de sufrir con esos espectáculos chabacanos. Por suerte, Jujuy todavía no sufrió ningún sismo poderoso: se temió que la tierra, al comer de una mano tan ponzoñosa como la de Kirchner, sufriese una indigestión.

La pregunta es: “¿qué más hará la Presidente ahora que se encuentra de campaña?” Lo de ir a rendirle culto a la tierra es hipócrita, pues no puede uno exhibir un auténtico respeto por la naturaleza y, al mismo tiempo, avalar y facilitar la presencia de las multinacionales Monsanto, Xstrata, Barrick Gold y Chevron, empresas gigantescas acusadas en diversas partes del mundo de ocasionar tremendos daños ambientales.  

La actitud pachamamista de Kirchner es tan falsa como su amistad con el Papa Francisco, a quien despreció reiteradamente cuando era Arzobispo de Buenos Aires y ahora resulta admirar como a un sabio. El hambre de votos y su necesidad de protección espiritual tal vez la lleve próximamente a matar gallinas con los umbandas, a reunirse con espiritistas para invocar a su marido muerto, y a acampar en el Uritorco para ganar el apoyo de los extraterrestres. Y lo peor es que ello sucederá a la vista de todos, para que sea juzgado por la mayoría como una celebración de la diversidad cultural cuando no es más que una vil patraña para lograr no perder las tierras, las miles y miles de hectáreas, que compró junto a su familia a precio vil. Porque más que nadie en este país merece la cárcel como esta señora que, de tan “alegre”, se ríe a carcajadas de nosotros.



Francisco Vergalito