La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 16 de junio de 2013

La salteñidad asaltada

Saltando al vacío

La Plaza 9 de Julio es uno de los mayores orgullos que tiene la ciudad de Salta. El 16 de Abril de 1582 el colonizador Hernando de Lerma fundó en ese sitio la urbe que, con el tiempo, sería conocida como “La Linda” –por tanto se puede afirmar que la salteñidad emana concéntricamente desde ese punto neurálgico desde hace por lo menos unos 431 años. La plaza adquirió su actual nombre en 1884, el cual se impuso para de alguna manera coronar todo el trabajo de hermoseamiento que en las décadas anteriores se había llevado a cabo, cambiándole su fisonomía de manera radical para pasar de ser una suerte de amplio estacionamiento a devenir un razonado jardín.

Lo que más fascina de ese espacio público no es la prodigiosa flora, las pintorescas fuentes o las estupendas estatuas, sino sus alrededores. En efecto, lo que el observador puede ver en los edificios que rodean a la Plaza 9 de Julio es la poderosa huella de la época colonial, algo que lo hace sentir a uno que está en lugar diferente de la Argentina. La Catedral Basílica de Salta y Santuario del Señor y la Virgen del Milagro y el Cabildo son lo más significativo del paisaje arquitectónico de la zona, junto a la Plazoleta IV Siglos (en donde se encuentra la estatua del Virrey Francisco Álvarez de Toledo).

Llaman la atención los nombres de las calles que rodean a la plaza: Bartolomé Mitre, Batalla de Caseros de 1852, Facundo de Zuviría y Reino de España. Salvo por la última, las otras tres tienen por particularidad remitir a personajes o eventos que poco aprecio demostraron ante la hispanidad que Salta encarna con tanta vivacidad, contrastando así con la identidad salteña más profunda pero conciliándola al mismo tiempo con los claroscuros de la historia nacional.

Lo insólito es que a ese viejo gesto conciliador el propio Gobernador Juan Manuel Urtubey haya solicitado demolerlo, proponiendo el cambio de denominación de al menos tres de esas calles (Mitre, Caseros y España) por no estar vinculadas a la idea que él tiene de lo salteño. ¡España nada tiene que ver con Salta! ¡Eso fue lo que Urtubey dijo!

Por supuesto que este salteño de doble piel que gobierna a la provincia no pronunció ni una palabra ante el inminente rebautizamiento de la Avenida Fortín Tuscal de Velarde, nombre que hace referencia a una agrupación gaucha que lleva más de seis décadas de existencia y que es famosa por el trabajo social que desde hace años desarrollan en los barrios de la zona en la que tienen su sede oficial. A dicha avenida pretenden llamarla, lamentablemente, “Néstor Kirchner”. ¿El finado Hombre de las Bóvedas es más salteño que la Madre Patria? ¿Eso piensa Urtubey?

Tergiversando a la identidad

Pero Urtubey no busca destruir el destino manifiesto de lo salteño avalando renombramientos y sustituciones de monumentos, también intenta hacerlo a través de la promoción de la desidia, el despilfarro y la entrega de lo propio.  

Del deplorable estado actual de la Plaza 9 de Julio prefiero no hablar para que mis ojos no se llenen de lágrimas de pena, así que mencionaré como ejemplo de la desidia la frágil imagen de la Basílica Menor de San Francisco y el preocupante abandono del Parque San Martín. Esos dos lugares deberían movilizar masivamente a los salteños a presionar a sus gobernantes para que los rescaten de su tétrico presente.

Ahora bien, con respecto al despilfarro es obligado citar la última aventura que el Gobernador Juan Manuel Urtubey y el Intendente Miguel Ángel Isa protagonizaron en EEUU. En plena época de blanqueo de capitales, los dos mandatarios más importantes de Salta se subieron a un avión privado y partieron rumbo al norte del continente para entrevistarse con el arquitecto tucumano de fama internacional César Pelli (por qué fueron los dos y no uno sólo es un misterio; habría que averiguar si las escalas del avión no incluyeron algún paraíso fiscal). A Pelli le ofrecieron hacer un mirador en el cerro San Bernardo y un museo en la esquina de Juramento y España.

El nuevo museo, según dicen, tendrá por objeto el albergar, entre otras cosas, a las momias de los niños de Llullaillaco, que actualmente se encuentran en el Museo de Arqueología de Alta Montaña en frente de la Plaza 9 de Julio. En la Salta que construyen Urtubey e Isa no sólo no hay espacio para los españoles que pacificaron la región, sino que además se expulsa del centro de la ciudad (y, por ende, de la fuente de la salteñidad) a la prueba más fehaciente de que los indios americanos pudieron haber gozado de la prosperidad pero eran moralmente unos bárbaros que necesitaban ser protegidos de ellos mismos. Seguramente el indio que se dibuje a partir de los relatos del aparato cultural urtubeycista será un buen salvaje que, como no podía ser de otra manera, denigra nuestro pasado glorioso –todo ello, claro, sin considerar a los indios de hoy como poseedores de igual dignidad que la de sus antepasados míticos.    

Traicionando a la Tradición

Finalmente, como ilustración de la entrega a manos privadas de lo que es de todos los salteños, no podrá faltar una referencia al proyecto que anda dando vueltas entre ciertos políticos de concederle a la Unión de Rugby de Salta (URS) un predio que se encuentra al lado del famoso Monumento a Güemes. Esto es, como mínimo, escandaloso. Y no lo es por la entrega en sí misma –pues pienso que la URS, por todo lo que le ha aportado a Salta, merece tener una sede digna en algún lugar cómodo–, lo es porque falta cada vez menos para que se cumpla el Bicentenario de la Muerte del General Güemes y no se está diciendo nada acerca de la construcción de un imponente mausoleo que honre a este héroe de la Nación.

El gobierno de Salta debe emprender la tarea de homenajear al gran Gaucho. No hacerlo es casi un acto de traición a la patria. A su vez, darle una respuesta a la URS también es importante. Yo humildemente propongo que se mude a la institución deportiva hasta la esquina de Zuviría y España, allí donde hay un supuesto Museo de Arte Contemporáneo (MAC) que no es más que una vidriera de mediocridad y falsificaciones que no merece estar tan cerca del corazón de la salteñidad. Tranquilamente se podría sacar al MAC del edificio en donde se encuentra para emplear al mismo como punto de reunión de la URS y otras organizaciones similares, y mover al mentado “museo” hacia el sur de la Avenida John F. Kennedy, hacia donde se encuentra el Aeropuerto Internacional, para subirlo a un avión y mandarlo tan alto que, cual Ícaro, derrita sus alas y caiga al vacío.  


Zaín el-Din Caballero