La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 2 de junio de 2013

Prudentes como las serpientes, sencillos como las palomas y valientes como los cóndores

La falsificación partidocrática 

El 25 de Mayo pasado el Municipio de Tilcara organizó un desfile cívico-militar para conmemorar un nuevo aniversario de la Revolución de 1810. En el evento participaron numerosos ciudadanos argentinos, once de los cuales lo hicieron bajo el estandarte de la Asociación de Ex-Combatientes Jujeños del Operativo Independencia. Unos días después este hecho fue alertado en las redes sociales, haciendo que un frente de agrupaciones vindicadoras de la subversión y del terrorismo de la década de 1970 se comunicara con la prensa para manifestar su repudio a la presencia de los héroes del pueblo y la nación argentina en los actos oficiales. 

Lo relatado hasta ahora no tiene nada de extraordinario: que las Madres y Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Jujuy (Línea Histórica), la Agrupación HIJOS, la Asociación Jujeña de Ex-Presos Políticos y el Centro de Acción Popular “Olga Márquez de Aredez” no deseen que aquellos que vencieron a los malvivientes de sus familiares e ídolos reciban ahora el aplauso unánime de la sociedad argentina es bastante lógico. Sin embargo lo que si es hasta cierto punto asombroso es la reacción de la corporación partidocrática ante la presencia de un humilde grupo de veteranos de guerra.  

Lo que sucedió fue que el Senador Nacional Gerardo Morales, el Diputado Nacional Mario Fiad y el Legislador Provincial Alberto Bernis, es decir los tres hombres más importantes de la UCR jujeña, se encontraban aquel día en el palco oficial del desfile, generando la sensación de que ellos avalan el accionar de los militares jujeños que fueron parte de la Gesta Gloriosa del Operativo Independencia, pues, como era de esperarse, se dedicaron a aplaudir automáticamente a todas las personas que pasaban en frente suyo. Pero, como no podía ser de otra manera, todo se trató en realidad de una mera confusión. Entonces estos ilustres politiqueros chupópteros no tuvieron mejor idea que emitir un comunicado aclarando que bajo ningún punto de vista ellos tendrían jamás la grandeza de reconocer como justa la guerra contra la subversión, y de paso recordaron que la misma agrupación de veteranos desfiló en muchos otros actos cuyas plateas estuvieron mancilladas con la presencia de los miembros del PJ local. 

Como la UCR y el PJ de Jujuy se vieron, de repente, interpelados acerca de su posición sobre los eventos de la década de 1970 por Adriana Aredez –la hija de Luís Aredez (un desaparecido intendente ucerista de Libertador General San Martín)–, las dos fuerzas decidieron utilizar a la Legislatura Provincial para repudiar a nuestros bravos defensores de la argentinidad y deshonrar a nuestro pasado del cual deberíamos sentirnos orgullosos. Así fue que con un Miguel Ángel Tito (PJ) rasgándose las vestiduras para hacer justicia en contra de la “apología a delitos de lesa humanidad” y con un Pablo Baca (UCR) apelando a la memoria parcializada, la corporación partidocrática jujeña decidió quitarles a los veteranos de la guerra contra la subversión su derecho a participar de nuevos desfiles, que es más o menos lo mismo que expulsarlos de la historia de la que son partícipes y denigrarlos como miembros de la Argentina a la cual pertenecen y con la cual han contribuido enormemente. Sólo Agustín Perassi (FPJ) manifestó un mínimo de decencia y trató de defender –aunque muy tibiamente– a aquellos que merecen los más verdes laureles. 

Un asunto provincial, un problema regional, una cuestión nacional

Esta violencia “democrática” en contra de gente que arriesgó su vida, justamente, para defender la democracia que los entronizó a ellos en el poder no es nueva en el NOA. Salta la ha experimentado varias veces. Por ejemplo una situación similar a esta de Jujuy se dio en el año 2008, cuando un subversivo trasnochado denunció a Juan Manuel Urtubey y a Marcelo Lara Gros por no repudiar la presencia de los “Rodillas Negras” en un desfile cívico-militar realizado por el aniversario de la fundación de San Ramón de la Nueva Orán. Los “Rodillas Negras” fueron los miembros del Regimiento 28 de Infantería de Monte cuya presencia en Tucumán fue decisiva para vencer a la guerrilla apátrida en la lucha cuerpo a cuerpo en medio de la tupida vegetación del sur de la provincia. Por supuesto que para el denunciante, un tal David Leiva, los “Rodillas Negras” eran, por el contrario, una banda de mercenarios genocidas que anduvieron asesinando gente a sangre fría en los montes tucumanos porque, según su punto de vista distorsionado, no tenían nada mejor que hacer. 

Más recientemente, Salta tuvo que sufrir la perversidad de unos falsificadores profesionales de la realidad que impulsaron la destrucción del monumento a los Bravos de Manchalá. Con la excusa de que el cóndor que coronaba la escultura les molestaba, al final terminaron arrasando con toda la obra, como si ese hecho alcanzará para convertir a la mentira en verdad. Afortunadamente en Salta un grupo de valientes ciudadanos decidieron agruparse y defender a los Bravos de Manchalá, pues al hacerlo están defendiendo también a la patria de la amenaza más actual: la de los póngidos y cretinos que actualmente nos gobiernan.  

Julio y Mario

En el fondo de la “reacción memorialista” de los partidócratas jujeños (la misma que llevó a Morales, Fiad y Bernis a decir que ellos están dispuestos a participar “de cualquier iniciativa conjunta en línea con los ejes transversales de la lucha por los derechos humanos”, que es lo mismo que admitir que, culturalmente, ellos son tan defensores de la corrupción, la impunidad y la tiranía como cualquier pejotista) está la disputa entre Félix Pérez, el Intendente de Tilcara, y la ya mencionada Adriana Aredez. 

Aredez es una profesional de la victimización. Esta señora vive de lo que gana con una ONG que “defiende los derechos humanos”. Entre sus actividades no sólo están las de promover causas contra militares y civiles que tuvieron algo de protagonismo militar, social, económico o político en la década de 1970, también se ocupa de intoxicar a las generaciones más jóvenes con su pedagogía del odio. Sus mejores discípulos –curiosa o no tan curiosamente– son los perfectos activistas vagos y malentretenidos, candidatos naturales al Vatayón Militante, que al por mayor ha generado el régimen kirchnerista. Uno de ellos, un tal “Patitas”, tuvo la brillante idea de juntar a 40 como él y asaltar una comisaría tilcareña para solicitar que la policía libere a dos compinches suyos que estaban demorados por andar ebrios o drogados en la vía pública; la policía reaccionó como debe reaccionar en esos casos, controlando la agresión a través de diversos métodos. Al día siguiente, Pérez felicitó a las Fuerzas del Orden por su accionar, pero “Patitas” y los suyos lloriquearon ante Aredez –que tiene un vínculo con Tilcara debido a que suele trabajar con la delegación que la UBA tiene en la localidad–; ella juró vengarse de Pérez por no repudiar la agresión a sus acólitos y unos días después, aprovechando la presencia de la Asociación de Ex-Combatientes Jujeños del Operativo Independencia el 25 de Mayo, procedió a demonizar a nuestros héroes de la patria. 

En el comunicado que Aredez remitió a la prensa, se señalaba que no se podía avalar el Operativo Independencia, ya que, por ejemplo, el ciudadano jujeño Julio Rolando Álvarez García había sido torturado en el marco de aquella gesta militar. ¿Pero quién fue este tal Álvarez García? Pues un integrante jujeño de la organización terrorista Montoneros. Es decir que el motivo para repudiar a los héroes del Operativo Independencia sería, para Aredez y los de su comparsa, la voluntad de no ofender la memoria de un sujeto que conspiraba para asesinar y secuestrar gente con el propósito último de dar un golpe de Estado y conquistar el poder.    

No obstante yo digo que si van a recordar a Julio Álvarez García, ¿por qué no recordar a Mario Gutiérrez? Gutiérrez, el Soldado Mario Gutiérrez, era un muchacho nacido en La Quiaca que fue enviado a Tucumán en 1975. El 10 de Abril de 1976, mientras cubría el puesto de centinela de su escuadrón, se enfrentó a un súbito ataque de la guerrilla, cayendo abatido con varios tiros en el cuerpo. Hoy en día una calle en su ciudad natal lleva su nombre en señal de homenaje, pero no es de extrañar que la descendencia de quienes lo asesinaron pida también que se rebautice ese espacio de la república con algo que los haga felices a ellos. 

Lo que queda en claro para los jujeños es que son un rebaño peligrosamente acechado por los lobos, lobos que visten pines con siglas como “PJ” y “UCR”. Entonces a los argentinos patriotas de Jujuy les queda, como dijo el Señor, ser “prudentes como las serpientes” –pues así como algunos salteños se han organizado en su provincia para vindicar al monumento a los Bravos de Manchalá, así también es un deber organizarse para no dejar que se atropelle a los héroes del Operativo Independencia ni se ensucie su buen nombre– y “sencillos como las palomas” –no hay que olvidar que la verdad histórica está de un solo lado, y ese lado no es el de los infames revanchistas, por lo que es preciso sacar a la luz a los hechos tal y como acontecieron para que con su sola presencia consigan destruir a los engaños. Yo agregaría además que, hoy en día, para cualquiera que quiera hacer algo para vivir en un país justo es necesario también ser “valientes como los cóndores”, es decir heroicos como aquellos que pusieron en juego su vida en la selva tucumana para vencer a los que ahora han retornado. 


Zaín el-Din Caballero