La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 5 de abril de 2013

La religión desaconsejada

Bancas calientes y cerebros fríos

Dante Bernacki es un sacerdote católico muy conocido en la ciudad de Salta. En las últimas semanas el Padre Bernacki se convirtió en objeto de linchamiento verbal por parte de un buen número de miembros del Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta. Todo se desencadenó a partir de un pedido de opinión que una radio local le hizo al cura sobre el proyecto de la concejal Socorro Villamayor que proponía prohibir el uso de pirotecnia durante el desarrollo de manifestaciones religiosas. Bernacki –quizás para evitar entrar en una polémica de una índole distinta– sostuvo que el Concejo Deliberante debería de ocuparse de otro tipo de cuestiones para dejar de ser una fábrica de futilidad, por lo que pidió que no intervengan en el arbitraje de costumbres y que si, por el contrario, trabajen más en la creación de soluciones para aquellos que carecen de lo que les permitiría mejorar su calidad de vida. También deslizó que si hay un lugar propenso para el ejercicio de la corrupción ese es el Concejo Deliberante, y citó -confundiendo quizás el rol del cuerpo legislativo municipal con el del ejecutivo- el caso de aquellos edificios que exceden el alto permitido y por obra y gracia de Don Dinero permanecen intactos después. 

La reacción de los concejales fue, como mínimo, bochornosa. Socorro Villamayor, Frida Lardies y Zulma Pedraza se sintieron ofendidas por las palabras del sacerdote, y Martín Ávila –como siempre al borde de la estulticia– temió que la crítica de Bernacki fuese un intento de golpe de Estado y llamó a consolidar las instituciones democráticas. La trotskista Gabriela Cerrano no cerró el ano y afirmó que la Argentina sufre el acoso del clero católico que quiere apoderarse del gobierno. Pero las reacciones más imbéciles (más imbéciles aún que la de Ávila y Cerrano) fueron las de César Álvarez y Tomás “Turi” Rodríguez, dos curtidos dirigentes del oficialismo local. Álvarez y Rodríguez acusaron a Bernacki de querer saltar a la arena política, pero no para jugar con ellos sino en contra de ellos (Rodríguez hasta no se privó de tildar al cura de “neoliberal” y “opositor”). 

Esa actitud corporativa de una piara de calientabancas dejó en el limbo la discusión de fondo: los insoportables petardos que afloran una y otra vez durante las procesiones en honor a la Virgen de Urkupiña. Es claro que al Padre Bernacki –un hombre cercano a la pentecostalista Renovación Carismática– le preguntaron por un tema en su investidura de religioso y terminó contestando como un mero ciudadano más, desviando con ello el núcleo de la discusión. La respuesta de los concejales, para ser digna, debió de haber girado en torno al tema que se discutía, pero su actitud fue tan propia de gente que padece enanismo mental que terminaron estrellándose en el ridículo. 

El Señor que cobra

Javier Wayar, un concejal de La Merced, consiguió que la fiesta del Señor de Sumalao pase a ser organizada por capitales privados. Al parecer el proyecto nació ante la necesidad de corregir las ineficientes finanzas del municipio gobernado por el pejotista Juan Ángel Pérez. 

La celebración católica convoca anualmente a más de cincuenta mil personas que se acercan a venerar la legendaria pintura que una terca pero inspirada mula dejó en la provincia. El municipio de La Merced tiene la responsabilidad de llevar a cabo el evento, facilitando el acceso a los peregrinos y brindándoles servicios básicos de asistencia y seguridad para poder honrar a Dios sin sufrir por ello. Empero Pérez sostiene que su oficina no está en condiciones de afrontar los elevados gastos (con dinero que sale de los bolsillos de los contribuyentes de La Merced), por lo que la idea de privatizar la fiesta no parece tan descabellada como parece.  

Esperemos que la medida tomada sirva para que los vueltos que desaparecían en las postrimerías de la fiesta sean a partir de ahora una historia del pasado y que los nuevos organizadores aprovechen para quitarle a la celebración todo lo relativo al denigrante "turismo religioso" y enfaticen el carácter sacro del evento. Si así no sucede, entonces Wayar y los demás concejales habrán metido al Templo a los mismos mercaderes que Cristo expulsó a latigazos. 

Una voz en el desierto

Afortunadamente no todos los concejales de Salta son ineptos u oportunistas a la hora de legislar en cuestiones que conciernen a la religión. Aroldo Tonini es un claro ejemplo de político cristiano o, mejor dicho, de cristiano político. Pero, al parecer, ser miembro de una mayoría en la Argentina es algo imperdonable para aquellos que no son parte de la misma pero que quieren parasitearla desde adentro y dominarla desde afuera. A raíz de ello, este concejal sufre la demonización de su figura.

En los últimos tiempos Tonini fue atacado por su estupenda propuesta de declarar a Salta una ciudad “Pro Vida”. Se infiere por ello que en Salta hay numerosos cultores de la muerte, es decir que Salta está infestada de genocidas que no sólo tienen voz sino que también tienen voto. 

A Tonini lo acompañó un puñado de valientes concejales (Martín Pérez Estrada, Carlos Zapata, Ariel Burgos y Raúl Medina) y el resto lo rechazó. Silvina Abilés, una concejal oficialista, sostuvo que el no aprobar el proyecto de declarar a Salta “Pro Vida” no hacía de los legisladores unos políticos “Pro Muerte”. ¿Entonces que son? Si alguien me puede contestar ello sin caer en la tontería estaría muy agradecido. 

“Turi” Rodríguez, en una de sus habituales demostraciones de imbecilidad, afirmó que lo de declarar a Salta “Pro Vida” es un disfraz misógino cuyo único objetivo es impedirle a las mujeres salteñas el derecho a la planificación familiar. Semejante estupidez se cae por su propio peso, pero siempre es útil aclarar la situación por si alguno no tiene la rapidez mental como para comprenderla: Tonini, al pedir que se prohíba y se repudie todo tipo de práctica abortiva en el municipio de Salta, está pidiendo que la vida engendrada sea respetada y que las mujeres puedan planificar cómo desean que sean sus familias sin recurrir al brutal homicidio para ello, por lo que también este concejal habla regularmente sobre la importancia de las adopciones.  

De todos modos quizás el argumento más ridículo en contra de la iniciativa de Tonini fue escrito por una pluma progrecínica y publicado en El Intransigente. Allí, por supuesto, se usa como agravio el parecer un medieval (¡pobre Le Goff!) y luego se acude al artículo 19 de la Constitución Nacional ¡para defender el aborto! Parece increíble que el kirchnerismo haya calado tan hondo en la cultura nacional que ahora muchos “iluminados” hasta se dan el lujo de ir en contra del sentido común más elemental y aún así ser publicados en la prensa: el aborto no puede ser una elección personal cuyo juzgamiento está reservado sólo a Dios por el simple hecho de que, para abortar, una mujer recurre a alguien más (a un médico, a un farmacéutico, a un manochanta, etc.) y ejecuta a un niño o a una niña que no tiene forma alguna de defenderse, por lo que jamás en un episodio de aborto hay únicamente una persona sola.    

La acción de Tonini tiene el mérito de ser religiosa. Pero hoy en día ser religioso, es decir estar ligado al Bien, a la Verdad, a la Belleza, pareciera ser que es una suerte de impedimento para legislar. Los denostadores de Tonini quieren un mundo de Maldad, Falsedad y Fealdad, una existencia vacía, y una Patria decadente. 



Francisco Vergalito