La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 31 de enero de 2013

Bicentenario de la Asamblea del Año XIII

En estos días hemos asistido a un nuevo acto de falseamiento de la historia argentina por parte del kirchnerismo gobernante. Como si el número “200” tuviera un valor mágico o cabalístico que pudiera otorgarle virtud a un acontecimiento histórico, por el solo hecho de alcanzar esa cifra por el mero transcurso del tiempo, motivo más que suficiente para declarar feriada una fecha, aunque su significación histórica sea totalmente contraria a la intención que pretenden endilgarle sus promotores.

La celebración del bicentenario de la inauguración de la Asamblea del Año XIII, el 31 de enero de 1813, constituye uno de los más claros ejemplos de distorsión o tergiversación de la verdad histórica por parte del kirchnerismo “nac&pop”. Son varios los encubrimientos, ocultamientos y falsificaciones del carácter porteño, unitario, centralista, librecambista y pro-británico de la Asamblea del Año XIII y sus efectos, para intentar presentarla como uno de los hitos históricos “progresistas” de nuestra historia, porque declaró la “abolición de la esclavitud”, lo cual es absolutamente falso.

Primera falsificación histórica. Ninguna mención se hizo en esta “celebración” del hecho que la convocatoria a esta Asamblea formaba parte del abandono de las tradiciones políticas españolas y la recurrencia por parte de los políticos porteños a las instituciones promovidas por la Revolución Francesa –Triunviratos, Asambleas, Directorios, etc.-, que en esencia no es sino el proceso político llevado a cabo por la naciente burguesía francesa contra el poder absolutista monárquico, pero que no reconoció derechos políticos al pueblo (sólo eran ciudadanos quienes eran propietarios y tenían un ingreso fijo) y criminalizó las asociaciones gremiales por el solo hecho de su constitución.

Segunda falsificación histórica. Los ideólogos de la celebración de este inicuo Bicentenario nada dijeron del control que Carlos María de Alvear y sus partidarios hicieron de la Asamblea, siguiendo dócilmente las sugerencias y consejos del gabinete inglés, transmitidos por Lord Strangford y sus agentes en el Plata.

Tampoco mencionaron estos “intelectuales” que esta Asamblea estuvo presidida inicialmente por el mencionado Carlos María de Alvear, quien pocos años después propondría –como Director Supremo- la subordinación de las Provincias del Río de la Plata a la Corona Británica, como colonia de ésta última.

Tercera falsificación histórica. El grupo gobernante ha resaltado el pretendido carácter liberador y pionero de los derechos humanos, según las opiniones vertidas por un periodista devenido en “historiador”. Según este personaje, la Asamblea del Año XIII abolió la esclavitud, lo cual es una afirmación falaz o de suprema ignorancia, porque en realidad ese organismo proclamó “la libertad de vientres” para los hijos de los esclavos. Ignora u oculta ese auto-pretendido historiador que la Asamblea no proclamó la abolición de la esclavitud, a causa de las presiones llevadas a cabo por Lord Strangford en nombre de la casa real portuguesa asentada en el Brasil, para que las Provincias del Plata no se convirtieran en norte y refugio de los esclavos.

Cuarta falsificación histórica. Tampoco se hizo ninguna mención a la actitud “democrática” de los miembros porteños de rechazar la incorporación de los diputados artiguistas de la Banda Oriental, porque éstos portaban el mandato de pedir la independencia absoluta y la alianza ofensiva-defensiva de las Provincias Unidas del Río de la Plata, además de la exigencia de asentar la capital fuera del puerto-ciudad de Buenos Aires.

Quinta falsificación histórica. Nada se dijo en esta celebración que las reformas judiciales llevadas a cabo por la Asamblea tenían como finalidad borrar las instituciones tradicionales del régimen indiano para reemplazarlas por los esquemas formales del Derecho importado, sobre todo francés, con el objetivo de defender los intereses y privilegios del grupo porteño pro-británico dominante en Buenos Aires y en la Asamblea.

Tampoco se dijo que la proclamada igualdad de derechos civiles y cívicos de los indios tuvo como consecuencia que éstos se viesen privados del estatuto legal de tutela y amparo que les otorgaban las Leyes de Indias (Libro Sexto), para ser insertados en un nuevo esquema de igualdad política formal, pero en un contexto de profunda desigualdad social y económica.

Sexta falsificación histórica. También hubo un silencio absoluto respecto a las reformas económicas implementadas por la Asamblea, de neta orientación librecambista, influenciadas por los agentes del comercio inglés, permitiendo la libre introducción de productos y la libre exportación de frutos del país, oro y plata.

Séptima falsificación histórica. Los “sabios sueltos” e “intelectuales ignorantes” que dieron contenido épico a la celebración de este bicentenario ocultaron un dato fundamental: que la porteñísima Asamblea del Año XIII creó el cargo de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata como poder ejecutivo, al mejor estilo de la Revolución Francesa y en lo que constituye el primer antecedente del sistema unitario que Buenos Aires pretendió imponer sobre el resto de las provincias rioplatenses.

Octava falsificación histórica. Nada se dijo del triste papel que cumplieron los Directores Supremos que Buenos Aires fue designando, desde el 31 de enero de 1814 hasta el 1 de febrero de 1820. Salvo Mariano González Balcarce, quien se desempeñó en el cargo por sólo tres meses (16 de abril a 9 de julio de 1816) y Juan Pedro Aguirre (quien ocupó el cargo por solamente 11 días, del 1 al 11 de febrero de 1820), el resto de los Directores Supremos –Gervasio Antonio de Posadas, Carlos María de Alvear, Ignacio Álvarez Thomas, Juan Martín de Pueyrredón y José Rondeau-, se destacaron por gobernar exclusivamente a favor de Buenos Aires, contra el Interior del país, y por buscar permanentemente el apoyo de Inglaterra, para asegurar el “buen” gobierno interno ante la presencia de Artigas y la “independencia” frente a la restauración borbónica de Fernando VII en el trono español.

Novena falsificación histórica. Los ideólogos de este Bicentenario, quienes reivindican, por ejemplo, las figuras de Dorrego y Artigas, ocultaron el hecho histórico del anti-artiguismo desplegado por la autoridad política suprema emanada de la Asamblea. Ignoraron y ocultaron que el primer Director Supremo, Gervasio Antonio de Posadas, declaró a José Gervasio a Artigas “traidor a la Patria” (decreto del 11 de febrero de 1814). Ignoraron el enfrentamiento permanente que tuvo José Casimiro Rondeau con el gran caudillo oriental, durante el sitio de Montevideo, y posteriormente con Martín Miguel de Güemes, comandando el Ejército del Norte y a quien declaró “traidor a la Patria”. Ocultaron también que, como Director Supremo, intentó utilizar el Ejército del Norte para luchar contra los caudillos del Interior.

Ignoraron u ocultaron que, como Director Supremo (desde el 21 de abril de 1815 al 3 de mayo de 1816), Ignacio Álvarez Thomas se enfrentó a José Gervasio Artigas, pretendiendo sabotear y desterrar su lucha federal e independentista, impidiendo la concurrencia de los diputados artiguistas al Congreso de Tucumán.

Ignoraron también que otro Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón decidió poner fin a la vigencia política de Artigas en las Provincias del Interior, razón por la cual renunció en 1817 a la soberanía en la Banda Oriental, para dejarla en manos del Imperio lusitano del Brasil, convirtiéndose desde ese momento en “Provincia Cisplatina”.

Décima falsificación histórica. Nada mencionaron los promotores “progresistas” de esta burda celebración que la principal figura dominante en la Asamblea del Año XIII, Carlos María de Alvear, no tuvo mejor idea al desempeñarse como Director Supremo (desde el 9 de enero al 20 de abril de 1815) que ofrecer las Provincias Unidas como colonia inglesa, porque nuestro país no estaba en condiciones de gobernarse a sí mismo, necesitada entonces de “una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía”, lo cual significaba no volver a la dominación española sino entregarse a la “generosa Nación Británica”, porque solamente ésta “podía poner un remedio eficaz” a los males que nos aquejaban, teniendo en cuenta que “estas provincias obedecerán a su gobierno y recibirán sus leyes con el mayor placer”.

Más aún, a criterio del pro-británico Alvear, las Provincias del Río de la Plata “desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su Gobierno y vivir bajo su influjo poderoso”.

Gobernar exclusivamente desde Buenos Aires mediante un Poder Ejecutivo único, promover la libre exportación de los recursos mineros del país, enfrentar a los caudillos de los pueblos del Interior, asociarse con el comercio y las finanzas inglesas para “promover” el crecimiento económico, entregar a extranjeros la propiedad de regiones y provincias argentinas, etc., son varias de las numerosas “virtudes” que exhibió la porteñísima, antifederal y anglófila Asamblea del Año XIII. ¿Esto es lo que reivindica el gobierno “nac&pop”? ¿En nombre de lo “nacional y popular” este festival festeja la reiteración del esquema de libre comercialización de los recursos mineros, como lo hizo históricamente el unitarismo porteño? ¿Estas celebraciones “nac&pop” reivindican el proyecto unitario anglófilo de someter a los pueblos y provincias del Interior, tal como sucede actualmente? En última instancia, ¿será el anhelo de un Gobierno Supremo de las Provincias del Río de la Plata lo que se pretende reivindicar, al servicio del sometimiento colonial de la Argentina, a manos del Imperio Británico y del verdadero poder detrás del trono: las altas finanzas internacionales, de matriz angloamericana?