La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 4 de noviembre de 2013

Radiografía de la actual partidocracia jujeña

Un poco de historia

La historia política jujeña de las últimas tres décadas es una triste historia de corrupción, ineptitud y contubernio. Me propongo a continuación hacer un breve repaso de la misma. Para simplificar el abordaje del período 1983-2013 hablaré de la existencia de dos subperiodos (uno pejotista y otro fellnerista), pero ello no debe quitar de vista el fenómeno de la continuidad y, peor aún, de la paulatina decadencia. 

Entre 1983 y 1998 el escenario político jujeño estuvo dominado por el Partido Justicialista. Durante ese lapso la Unión Cívica Radical ocupó el puesto de antagonista principal, pero lo característico de la política jujeña de los últimos 30 años ha sido siempre la participación de terceras fuerzas. Estas terceras fuerzas usualmente han conspirado de algún modo para sabotear la unidad opositora y facilitar con ello el triunfo permanente del PJ. 

En 1983 el voto opositor se dividió entre la Unión Cívica Radical y el Movimiento Popular Jujeño, lo que le permitió a Carlos Snopek del PJ convertirse en Gobernador. Sin embargo dos años más tarde el oficialismo recibió una derrota en las elecciones de renovación legislativa (que incluían también elecciones para convencionales constituyentes, ya que se había planteado la necesidad de dotar a la provincia de una nueva Constitución); aquel revés se produjo por la división que se había gestado en el seno mismo del PJ entre los caciques Carlos Snopek y Ricardo De Aparici, quienes disputaban la conducción de la masa peronista. Al final apareció el Partido Celeste y Blanco de los Trabajadores que, de la mano de De Aparici, no sólo permitió el triunfo de la oposición sino que además contribuyó a que se produjese una alianza entre ellos (la famosa Convergencia) que reformó la Constitución según sus gustos y que se animó a competir por la gobernación. Ese episodio dejó como enseñanza algo que después se volvería una norma en el PJ jujeño: ir todos juntos a las elecciones y resolver las internas luego de haber accedido al poder y no antes. Snopek y De Aparici se aliaron en 1987, y colaboraron para que Annuar Jorge, un miembro de la UCR y dueño del diario Pregón, lanzara un partido anti-Convergencia llamado “Movimiento de Unidad Renovadora” que logró captar el voto tanto de los muchos simpatizantes radicales que no veían con buenos ojos el pacto de los suyos con Horacio Guzmán, como el de algunos peronistas que terminaron desencantados con la actitud de los líderes de su movimiento.

En 1989 Fuerza Republicana, un partido creado por Antonio Domingo Bussi en Tucumán durante el año anterior, irrumpió en la provincia. FR representaba por aquel entonces al Proceso de Reorganización Nacional que retornaba en un envase democrático después de un lustro de descalabros económicos, sociales y culturales provocados por el alfonsinismo. Bussi intentó construir una fuerza regional, pero en Salta ya existía el Partido Renovador Salteño que cubría el rol de FR, en Santiago del Estero nunca pudo hacer pie debido al poderoso unicato juarista, y en Catamarca apareció justo cuando se producía el resquebrajamiento del saadismo gracias al penoso Caso María Soledad y la interna abierta del PJ absorbía el interés de todos. En Jujuy, por el contrario, FR tuvo éxito, al punto de desplazar al MUR del podio partidocrático, lo que le permitió colocarse como la tercera fuerza provincial, justo detrás del bloque opositor que conformaban la UCR y el MPJ.    

En 1990 De Aparici renunció ante el caos. Jujuy había sido declarada “provincia económicamente inviable” por Domingo Cavallo y la oleada privatizadora, sumada a la reducción del gasto público, creó un clima de tensión social salvaje. Fue por esa época en que Carlos “El Perro” Santillán emergió como un líder sindical intransigente y en que los Olmedo cobraron un inusitado protagonismo en la mediación de los conflictos sociales de la Quebrada de Humahuaca. En 1991 se convocaron a elecciones bajo el nefasto sistema de la Ley de Lemas: Roberto Domínguez venció a Guillermo Snopek y a Annuar Jorge en la interna abierta del PJ y se consagró gobernador, sólo para ser devorado más tarde por la Legislatura Provincial, que lo obligó a renunciar y lo reemplazó con Carlos Ficoseco –a quien luego también desplazó y sustituyó por Agustín Perassi, después de haber llevado a su partido a una derrota memorable en la elecciones para convencionales constituyentes nacionales de 1994. La Ley de Lemas funcionó hasta su derogación en la década de 2000 como un instrumento bastardeador de la partidocracia jujeña: gracias al sistema de doble voto simultáneo muchos oportunistas entendieron que para gobernar sólo era necesario financiarse una campaña exitosa que los llevase al parlamento, desde donde podrían negociar sus votos para presionar o aliviar al Poder Ejecutivo.   

A las elecciones de 1995 las ganó el pejotismo con la dupla formada por el Senador Nacional Guillermo Snopek y el periodista Carlos Ferraro, en segundo lugar quedó el Frente Cívico (una coalición integrada por la UCR, el Movimiento de Renovación Cívica que acababa de nacer como una escisión del MPJ, y otros partidos menores que trataban de representar al FREPASO en la provincia) y el tercer puesto fue para la alianza constituida por el MPJ y FR. Un par de meses después de haber asumido el cargo de Gobernador, a Snopek se le cruzaron unos caballos en la ruta y murió justo cuando había comenzado a intentar revertir las consecuencias nefastas del menemismo. Ferraro, al asumir su nuevo puesto, ignoró el proyecto político que había planteado Snopek y prosiguió ejecutando las directivas menemistas que habían liquidado a varios de sus antecesores. En 1997 el PJ se impuso por sobre la UCR (que se presentó con el sello de “Alianza”) y por sobre el FREPASO (encabezado por el MORECI, el cual logró, por primera vez desde 1983, minimizar al MPJ y quitarle presencia parlamentaria). De todos modos Ferraro no pudo sobrevivir a la interna pejotista y dejó su puesto en 1998 para ser sustituido interinamente por el Legislador Provincial Eduardo Fellner, en lo que, según sus palabras, sería sólo “una transición”. A partir de allí comenzó esa infame patología jujeña que es el fellnerismo.

El fellnerismo mostró su naturaleza ya en 1999: la UCR, el MORECI, el MPJ y varios partidos pequeños se habían aglutinado en una única fuerza con el objetivo de arrebatarles la gobernación provincial a Eduardo Fellner y Rubén Daza, pero algo menos de tres mil votos se lo impidió; la sospecha de fraude no se hizo esperar. Gerardo Morales –que por segunda vez intentaba ser Gobernador– realizó toda clase de denuncias por las irregularidades en los comicios hasta que De la Rúa le dio un importante puesto en la Secretaría de Desarrollo Social y partió hacia Buenos Aires. Desde su cartera, Morales ejecutó una estrategia clientelista que en 2001 le permitió ganar la elección para Senador Nacional junto a Mónica Arancio de Beller, nieta de Horacio Guzmán. La UCR se había vuelto a aliar con el MPJ y el PJ se había vuelto a fisurar debido a la aparición del Partido por un Nuevo Jujuy (liderado por el menemista Riad Quintar), el cual jugaría en esa oportunidad como tercera fuerza provincial. Al poco tiempo estalló el Cacerolazo, y la UCR quedó desacreditada a nivel nacional.

En el año 2003 la UCR –junto al MPJ y al PNJ– organizó el Frente Jujeño. Gerardo Morales se candidateó por tercera vez para gobernar Jujuy, pero Fellner retuvo el poder sin muchas complicaciones. Isolda Calsina desertó del PJ para armar el Movimiento Ciudadano Libertad y Democracia Responsable, pero no logró romper la polarización formada entre oficialistas y opositores, por lo que en aquella oportunidad Jujuy se vio privada de la clásica presencia de una tercera fuerza. Ya en 2005 se produjo el choque entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde por el control del PJ. Fellner, quien era un viejo duhaldista, se apropió del sello “Frente para la Victoria” para garantizar su presencia en el bando ganador, pero a su vez apareció la Unión por Jujuy –una coalición integrada por el MORECI y el Partido de la Victoria– que había armado el Diputado Nacional Rubén Daza con el propósito de disputarle al fellnerismo la representación provincial del kirchnerismo. El triunfo fue para el FPV, seguido por el FJ y detrás la UPJ.   

Daza, cual Urtubey en Salta, intentó arrancarles el poder a los viejos caciques en 2007, pero su suerte fue muy diferente a la del salteño. En efecto, cuando Daza se aprestaba a desbancar al fellnerismo, Quintar aceptó que el PNJ abandone el FJ y forme una nueva coalición con LYDER de Calsina y el Partido Blanco de los Trabajadores de Carlos Daniel Snopek: nació así, a última hora, el Frente Primero Jujuy. Otro problema se le sumó a Daza cuando el Intendente de San Salvador de Jujuy, José Luís Martiarena, armó el Frente por la Paz y la Justicia y propuso a Gloria Quiroga de Macías como candidata para la gobernación provincial, con el fin de presionar a los fellneristas por no haberle dado su apoyo para retener su bastión (lo que a la larga le terminó generando la pérdida de la intendencia a manos del ucerista Raúl Jorge). Martiarena es un curioso caso de convencido rodriguezsaaísmo en el NOA, sin embargo en aquella oportunidad su FPJ funcionó como una colectora de Cristina Kirchner, lo mismo que el FPJ de Snopek y la UPJ de Daza. Cristina Kirchner cosechó el 62% de los votos jujeños en la categoría de Presidente, dejando muy por detrás a la dupla integrada por Roberto Lavagna y el crédito local Gerardo Morales de la Concertación para Una Nación Avanzada. El FJ, con Alejandro Nieva de candidato a Gobernador, quedó tercero, por encima de los pejotistas Daza y Quiroga de Macías, pero por debajo de los también pejotistas Snopek y Barrionuevo. 

En 2009 Isolda Calsina abandonó el FPJ. La foto no varió mucho: triunfo del FPV, consolidación opositora de la UCR y del PFJ, y transformación de LYDER en tercera fuerza. Esas elecciones sirvieron también para extinguir a Daza. 

2011 fue el año del retorno de Eduardo Fellner a la gobernación jujeña. En 2006 el plan del fellnerismo era reformar la Constitución Provincial para habilitar la reelección indefinida, pero ello se abortó después de que en Misiones el Obispo Joaquín Piña venciese a los kirchneristas y la derrota se nacionalizase para evitar una jugada similar sobre la Carta Magna argentina. Así Fellner se vio obligado a asumir un puesto de Diputado Nacional y dejar en su lugar a su vicegobernador Walter Barrionuevo para que cuidase del feudo mientras él intentaba jugar en las grandes ligas (ese cambio de mando obligado y la elección a dedo del sucesor fue lo que motivó que Snopek y Daza jugaran por fuera del FPV provincial pero dentro del FPV nacional). Las elecciones de 2011 no presentaron mayor dificultad para el fellnerismo: amplio triunfo del FPV, que, sumando a tradicionales opositores como el MPJ y el MORECI, dejó en segundo lugar a la Unión para el Desarrollo Social (coalición integrada por la UCR y LYDER), y en tercero al FPJ (que, nuevamente, actuó como colectora kirchnerista).   
     
Lo que nos deja esta historia es un puñado de observaciones interesantes sobre la partidocracia jujeña (y, por extensión, sobre la partidocracia argentina). Durante el periodo pejotista de 1983-1998, el PJ procuró mantener la unidad para no ser derrotado ante la ruptura interna (ello inspiró, entre otras cosas, la nefasta Ley de Lemas). La UCR y el MPJ ocuparon el rol de abanderados de la oposición, pero sólo estuvieron formalmente unidos en 1987. Las terceras fuerzas (como el MUR, FR y el MORECI) encarnaron las expresiones de centroderecha o centroizquierda que ni el PJ, ni la UCR, ni el MPJ se animaron a encarnar claramente por ser partidos más preocupados en conservar u obtener el poder que en desarrollar programas ideológicos. El periodo fellnerista de 1998-2013, en cambio, ilustra bastante bien lo que es la política argentina desde la materialización del ominoso Pacto de Olivos: el PJ provincial convertido en embajador del gobierno nacional, la UCR obligada a pactar con otros partidos para hacer sombra desde la oposición, y las terceras fuerzas (PNJ, UPJ, FPJ y LYDER) surgidas desde las filas del pejotismo con el propósito de desbancar al partido dominante que, por supuesto, se niega a convocar a internas. El bipartidismo parece acentuarse, y las alternativas ideológicas, difuminarse. El Frente para la Victoria alberga en su espacio tanto al FREPASO como a la UCEDE, a la villa como al country, a víctimas de la dictadura cual Juan Cabandié como a funcionarios de la misma cual Alicia Kirchner. En Jujuy esa contradicción también se reproduce, y de un lado aparecen los caciques del PJ, mientras que del otro están Milagro Sala y sus hordas.    

2013: el tropezón 

Las elecciones de 2013 fueron atípicas para el PJ jujeño. La UCR, reflotando el sello “Frente Jujeño”, terminó por derrotar al oficialismo, aunque la diferencia a su favor fue más bien pequeña. El desdoblamiento de los comicios en primarias y generales fue claramente contraproducente para el PJ, pues le permitió a la gente replantear sus opciones a la hora de concurrir ante las urnas y aplicar así un “voto castigo útil” contra el gobierno. 

Las PASO mostraron la paridad entre el FPV y el FJ, mientras que se generó una interesante disputa por el puesto de la tercera fuerza que involucró al FPJ (integrado, esta vez, por LYDER de Calsina, el PBT de Carlos Daniel Snopek, Gana Jujuy de Perassi, y fuerzas no peronistas como el MPJ y Cambio Jujeño), al PRO y al Frente de Izquierda y de los Trabajadores. El enigma giraba en torno a Milagro Sala y su influencia: antes de las elecciones, Sala conformó el Frente Unidos y Organizados con su Partido de la Soberanía Popular, el MORECI, el Partido de la Concertación – FORJA, los partidos Comunista, Humanista y Solidario, varias agrupaciones municipales, los neoimberbes (La Cámpora, el Movimiento Evita, etc.) y el bloque piquetero coordinado por la Organización Barrial Tupac Amaru, faltando a la comparsa sólo Kolina que, encabezado en Jujuy por Liliana Fellner, se unió al FPV. Después de las PASO se especuló con que el milagrismo le había negado sus votos al FPV para depositar sus sobres en blanco (hubo más de nueve mil votos vacíos en agosto) o dárselos en su lugar a fuerzas antisistémicas como el FIT y la Nueva Izquierda para generar nerviosismo en el mundo partidocrático. Después de una serie de conflictos, Milagro Sala finalmente pactó con Fellner y afirmó que le daría cuarenta mil votos más al FPV para asegurar su triunfo en octubre. Empero ello no sucedió. El FPV consiguió en las generales sólo siete mil votos más de los que había conseguido en las primarias, mientras que el FJ incrementó en casi veinte mil los suyos. 

Los números de la elección para legisladores provinciales develaron el misterio: Sala consiguió casi cincuenta mil votos, una cifra que le permite convertirse en la nueva tercera fuerza de Jujuy. UYO presentó una boleta corta, vale decir no se oficializó como colectora del FPV, y el número de votos en blanco fue sugestivamente más alto en la categoría de Diputados Nacionales que en la de Legisladores Provinciales. No es descabellado suponer que Sala le sugirió a su ejército de clientes no apoyar al oficialismo para darle un golpe que los deje mal parados tanto a nivel provincial como a nivel nacional, ya que no se ha demorado en convertirse en candidata a la gobernación provincial para el año 2015.

Los caciques pejotistas

En la actualidad el Partido Justicialista jujeño tiene tres grandes caciques y muchos otros aspirantes al puesto. Los que mandan, hoy por hoy, son Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola. Fellner estuvo vinculado desde joven a los gobiernos pejotistas jujeños, pero su mayor logro anterior a su salto a la gobernación provincial fue el de haber formado parte del equipo de interventores federales menemistas que durante 1993 y 1995 saquearon Santiago del Estero. Fellner ganó confianza pública cuando, gobernando interinamente la provincia, demostró que tenía habilidad para pagar los sueldos de la administración pública en tiempo y forma (un acto tan simple que, no obstante, se ha convertido en una epopeya para cualquier gobernante de la Argentina post-menemista). Durante 15 años de gobierno el fellnerismo ha hecho a nivel provincial lo mismo que el kirchnerismo a nivel nacional: construir más escuelas pero sin mejorar la calidad educativa, poner más patrulleros en las calles pero sin disminuir la inseguridad, equipar los hospitales con aparatos novedosos pero sin mejorar el sistema de atención médica, entregarles netbooks a los jóvenes pero sin reducir los índices de suicidio, violencia escolar, embarazo adolescente ni adicciones. 

Fellner es un aliado incondicional del kirchnerismo y, pese a haber llegado bastante lejos en el escalafón nacional (llegó a ser Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación), nunca intentó presentarse a sí mismo como alternativa superadora, como si lo hicieron sus colegas Juan Manuel Urtubey o Jorge Capitanich.  

Jenefes, por su parte, es un “exitoso abogado” que, a diferencia de Fellner, entró al PJ ya cuarentón, proveniente, por herencia familiar, de las huestes del viejo conservadurismo provincial. En 2001 consiguió la banca de Senador Nacional como menemista y no la abandonó hasta 2011. En sus diez años en el cargo, Jenefes adquirió fama por su trabajo como lobbista de diversos intereses. Habría que hacer un trabajo minucioso sobre su actuación parlamentaria para dejar en evidencia los numerosos contactos de este dirigente con diversos grupos sinárquicos, pero basta con recordar que, además de causas nobles (como su oposición a la Ley Antitabaco o a las Bodas Gays), Jenefes fue clave para proponer un polémico proyecto de censura en Internet y que obtuvo un protagonismo inesperado cuando obstaculizó temporalmente a la Ley de Medios que promovían los miembros de su propio partido. Cabe recordar que el actual Vicegobernador de Jujuy es, desde hace décadas, el dueño de varios canales de televisión y de varias radios en la provincia, por lo que se entiende claramente que su propósito fue el de asegurar que su posición de mediócrata no se vería afectada por la liberación y multiplicación de los flujos de información. Esa maniobra le generó la enemistad de la Casa Rosada, y así se produjo su salida del Senado de la Nación –en donde estaba más que cómodo– para recalar en la vicegobernación de Jujuy, desde donde, agazapado, espera que Fellner se tambalee. 

Fellner y Jenefes son más bien rivales antes que socios. Lo prueba, por ejemplo, el encontronazo que el Vicegobernador tuvo durante el año pasado en el Congreso del Partido Justicialista con Miguel Morales, uno de los hombres de confianza de Fellner (Morales es tan cercano a Fellner que no tuvo mejor idea que bautizar una entidad educativa que dirige con el nombre del actual Gobernador). A Morales terminaron expulsándolo del bloque oficialista de legisladores provinciales, porque Fellner, temeroso de enfrentarse a Jenefes en una guerra abierta, decidió abandonar a uno de los suyos para apaciguar las aguas. 

Para las últimas elecciones, Jenefes había elegido para encabezar a la lista de Diputados Nacionales del Frente para la Victoria a su protegido Guillermo Snopek (h), pero Fellner tomó las riendas de la campaña, le bajó el pulgar al candidato jenefista y puso en su lugar a Olindo Tentor, antiguo militante de la Franja Morada. Hubo una negociación para que el segundo lugar de la lista, el correspondiente al cupo femenino, fuese ocupado por gente cercana al Vicegobernador (se habló de Eva Cruz, Alejandra Cejas y hasta incluso de Eulalia Quevedo Carrillo de Jenefes), mas Fellner optó por probar con sangre joven, y así fue como apareció la ignota Silvina Sadir. El desaire fellnerista hizo que Jenefes se replegara y dejara al Gobernador ocupándose de todo lo concerniente a la elección que finalmente perdió. 

Donde Fellner y Jenefes coinciden como cofrades es, curiosamente, en el infame Caso Skanska. Tanto el Gobernador de Jujuy como el Vicegobernador son parientes de Néstor Ulloa, un personaje que, gracias a sus vínculos políticos, fue titular de Nación Fideicomisos y terminó siendo procesado ante las denuncias de corrupción.

El tercer cacique en este triángulo de poder es Rubén Rivarola, un empresario del rubro transporte que a mediados de la década de 1990 adquirió la versión jujeña del diario El Tribuno, lo que potenció su posición política en la provincia. Actualmente es Diputado Nacional por el FPV. 

Rivarola es famoso por haber sido durante varios años el enganche político entre el Gobernador Fellner y la lideresa piquetera Milagro Sala. La relación entre ambos se rompió en 2010, aparentemente porque decidieron dejar de cooperar y empezaron a competir. 

Mientras que Fellner apuesta por ser el perfecto embajador del kirchnerismo en Jujuy y Jenefes se sustenta en los grupos empresariales que lo convocan como representante, la estrategia de Rivarola parece ser la de construir poder territorial, apoyando a su gente para controlar municipalidades a lo largo y ancho de la geografía provincial. Es por ello que patrocinó, por ejemplo, a Pablo Lozano, un antiguo concejal capitalino con ínfulas de Intendente, que en 2008 tuvo un duro enfrentamiento con el periodista Juan Carlos Zambrano –un empleado de Jenefes–, quien lo acusaba de tráfico de influencias. Una semana después de haber denunciado televisivamente a Lozano, un pistolero asesinó a Zambrano en la puerta de su casa. Ese hecho causó una gran conmoción social y muchos predecían que el impacto provocaría la caída de Barrionuevo, pero al final la hipótesis del crimen pasional se impuso y el trasfondo político se diluyó, preservándose de ese modo casi intactas todas las posiciones de poder provincial. 

El resto del PJ le pasó factura al rivarolismo por el Caso Zambrano recién en 2011, cuando el Vicegobernador Pedro Segura intentó ser Intendente de San Salvador de Jujuy apadrinado por el dueño de El Tribuno y numerosos dirigentes y punteros pejotistas le dieron la espalda (incluso fue famoso el caso de la Tupac Amaru, que, según se deduce de la evidencia, votó por la reelección de Raúl Jorge, pese a todos los pleitos preexistentes entre ellos y la UCR).

La pirámide ucerista

Algo que diferencia en nuestro país al PJ de la UCR es su estructura interna y los modos de selección de candidatos. Se sabe que el PJ es verticalista y que la UCR, por el contrario, es más bien horizontalista. Ello explica por qué en las internas pejotistas suele haber consenso y por qué en las uceristas, por el contrario, hay mucha competencia. Sin embargo en Jujuy eso se invierte: el PJ es el que no logra disciplinar su tropa, mientras que la UCR, desde hace por lo menos veinte años, está encolumnada detrás de la figura de Gerardo Morales (a raíz de ello, por ejemplo, el diario ultrakirchnerista Tiempo Argentino no vaciló en publicar un largo artículo en donde se repasa la trayectoria pública de Freddy Morales, el hermano de bajo perfil del Senador Nacional, y se detallan algunas de sus turbias maniobras económicas, con el propósito de asociar a ambas figuras y manchar un poco la campaña ucerista desde Buenos Aires). 

En el día en que se llevaron a cabo las últimas elecciones, unos panfletos invadieron las calles cercanas a las escuelas de San Salvador de Jujuy en donde se acusaba a la UCR de ser un partido sin renovación. Dicha acusación está lejos de ser falsa (a finales de agosto de este año, cerca de Finca El Pongo, un automóvil que transportaba a dirigente uceristas protagonizó un siniestro vial; las vidas de Miguel Giubergia, Pablo Baca, Alejandro y Próspero Nieva corrieron peligro; ese episodio fue lo más cercano a un proceso de renovación dirigencial que tuvo la UCR jujeña en los últimos años).

Pero pese a todo, hay algunos hombres que están dispuestos a desafiar a Gerardo Morales. Tal es el caso de Raúl Jorge, quien, desde la Intendencia, lleva un tiempo intentando acrecentar su figura, tal y como en su momento lo hizo el ya fallecido Hugo Conde, quien fuese el máximo rival del moralismo en el interior de la UCR, y que terminase sus días distanciado del partido. Sin embargo Morales se atribuyó el triunfo conseguido en las elecciones de octubre, por lo que Jorge, por ahora, deberá seguir esperando bajo la larga sombra del Senador Nacional.  

Si nos organizamos, gobernamos todos

Lo más grave en materia política que se registró en Jujuy en los últimos meses fue el enfrentamiento armado entre miembros y ex-miembros de la Tupac Amaru, que puso en riesgo la vida de Milagro Sala (pese a que, cuando todo estalló, Sala se encontraba ya bastante lejos del lugar en donde se desencadenaron los hechos de violencia). Ese episodio fue sólo un momento más en una ola de violencia nacional: ataques a Sergio Massa en La Matanza y a Ángel Rozas en Villa Río Bermejito, atentado contra la vivienda de Antonio Bonfatti en Rosario, asesinato del Intendente de Lobería Hugo Rodríguez. La diferencia entre esos casos y el de Milagro Sala es que a los otros políticos, a diferencia de Sala, nunca se los acusó de haber constituido y armado un ejército personal

Todavía no se sabe a ciencia cierta (y probablemente nunca se sepa de ese modo) cuáles fueron los motivos para semejante muestra de salvajismo político, pero Sala y sus allegados denunciaron que la UCR estaba detrás, hecho que fue desmentido por Gerardo Morales. Sala y Morales están enfrentados a nivel personal desde 2009, año en que el Senador Nacional fuese gratuitamente escrachado por tupaqueros cuando se disponía a brindar una conferencia de prensa para denunciar las irregularidades financieras de la ONG de Sala (una de las artífices de dicho escrache fue Marta López, quien este año apareció ocupando el segundo lugar en la lista de candidatos a concejales de UYO en Palpalá).

A otro que también intentaron vincular a ese patético tiroteo fue a Carlos Santillán. Como ya señalé más arriba, Santillán surgió en la década de 1990 y ganó fama nacional al convertirse en el gran antagonista de Domingo Cavallo. Luego, cercado por conflictos judiciales y presionado por la casta política, Santillán se llamó a silencio a principios de la década de 2000. Tras más de diez años de tibia o, más bien, fría actividad, Santillán reapareció este año manifestando su intención de retomar la posición de sindicalista combativo que había abandonado un tiempo atrás. Allí se enfrentó mano a mano a los tupaqueros, puesto que José Luís Bejarano (hoy en día concejal de San Salvador de Jujuy por UYO) se negó a aceptar la derrota a manos de Santillán en las internas por la conducción del Sindicato de Empleados y Obreros Municipales

A Santillán, después de las PASO y un poco antes de las generales, se lo asoció a los hermanos Morales. Aparentemente todos ellos estarían involucrados en un proyecto empresarial orientado hacia la explotación de litio. El litio –junto a los espejismos de la industria turística– es lo único que Fellner ha propuesto en estos últimos 15 años para sacar a Jujuy de la postergación, sin embargo el negocio se largará a gran escala recién en 2015. Numerosas multinacionales pretenden apropiarse del litio jujeño; según el rumor, los Morales, Santillán y otros personajes estarían vinculados a una de esas empresas, y su trabajo político tendría por objetivo inmediato el acomodarles el escenario provincial a sus patrones financieros.   

La versión de un contubernio moralista-santillanista –algo al borde de la calumnia, ya que el entorno del propio Santillán se ha pronunciado en más de una ocasión en contra de la megaminería– la hizo circular el periodista Jorge Boimvaser, quien unos meses antes había popularizado la historia de que Milagro Sala estaba fuertemente enemistada con Cristina Kirchner, debido a que la lideresa piquetera se había negado a dar marcha atrás con el proyecto de “Unidos y Organizados” que le abría las puertas de la política a su pandilla y que, al mismo tiempo, tendía a debilitar a las estructuras del viejo PJ (el 12 de octubre de 2012 Jujuy se convirtió en capital nacional de la neoimberbidad, gracias a una fiesta que contó con la "distinguida" presencia de Andrés Larroque, Emilio Pérsico, Luís D’Elia, gente de Nuevo Encuentro y toda otra clase de especimenes de la fauna kirchneroprogresista). La historia de Boimvaser habría quedado como una simple y dudosa nota periodística más, hasta que fue la propia Milagro Sala quien, un poco después de haberse enfrentado a Hebe de Bonafini porque la empañolada apoyó a Santillán, pronunció en una reunión gremial el famoso “¡que se vaya a la mierda el kirchnerismo!” que la prensa nacional recogió y reprodujo profusamente. El exabrupto fue mayúsculo, pues Sala bien pudo haber dicho “peronismo” en lugar de “kirchnerismo”, pero sus palabras fueron las que todos escucharon. Para salir del pantano en donde ella misma se había metido, Sala emitió un comunicado posterior sosteniendo que Fellner era una pobre víctima de una conspiración encabezada por Guillermo Jenefes y Gerardo Morales. 

La relación entre Sala y Jenefes es bastante tensa, por lo que la denuncia –sea verdad o no– es bastante coherente con la posición tupaquera. Jenefes, durante un acto en homenaje a la Policía Provincial en el que fue silbado por huelguistas de ATE, anunció deschavetado que el gobierno iba a reprimir a los trabajadores que protestasen. Eso calentó el ambiente, pues de hecho el gobierno después hizo lo que Jenefes prometió que harían y ello llevó a que los jefes sindicales jujeños se enfrentaran al Poder Ejecutivo, con el doble objetivo de forzar la renuncia de diversos funcionarios y mejorar sus situaciones salariales. Pero ni uno ni lo otro pudieron lograr a partir del momento en que Sala se desdijo. 

Es que a lo largo del año Sala ha ido readecuando su situación. Calcula, como todos, que el kirchnerismo está de salida y que se viene un proceso de ajusticiamiento. Por tanto siente la necesidad de asegurarse el futuro. Algo que se dijo en los últimos meses fue que Sala se había convertido en socia de Eduardo Cammuso, otro importante mediócrata jujeño. La gente del AFSCA, el mismo AFSCA que está actualmente copado por gente cercana a Milagro Sala y que hace poco hizo el ridículo al repudiar sin fundamentos un lapidario informe de FOPEA sobre el periodismo en Jujuy, salió a desmentir ello, ya que, si fuese cierto, sería completamente ilegal.  

En Jujuy se habla permanentemente de pactos espurios. Probablemente no sea el caso de que toda la casta política está montando una escena guionada desde la sede de alguna logia masónica, pero sobran pruebas de que los partidócratas de la provincia tienen límites bastante laxos a la hora de negociar entre ellos. Un claro ejemplo es el ingreso al Superior Tribunal de Justicia de Jujuy de Sergio Jenefes –un antiguo funcionario del Proceso de Reorganización Nacional y hermano del actual Vicegobernador– y de Clara De Langhe de Falcone –reconocida en Jujuy gracias a sus años de actuación política como Legisladora Provincial de la UCR. Otro ejemplo es el arreglo que en 2012 un grupo de Legisladores Provinciales del PJ y de la UCR (Luís de la Zerda, Raúl García Goyena, etc.) hicieron por la venta de unos terrenos de su propiedad al Estado provincial. Y tampoco hay que olvidar el silencio que hubo de parte del parlamento jujeño cuando se supo que el puente que une a Los Huaicos con Los Perales no sólo es una obra de poca utilidad sino que además es un monumento a la corrupción. 

Todo ello habla de una corporación política en Jujuy dispuesta a confrontar ferozmente ante las cámaras de televisión, pero que a la vez cambia el tono cuando le toca sentarse en una mesa de negociación. Antaño las terceras fuerzas obstaculizaban ese tipo de convenios, pero hoy en día las mismas son parte de la estructura perversa que administra el poder en la provincia. Carolina Moisés es paradigmática en este sentido: representando al kirchnerismo no-fellnerista, ingresó por el FPJ a la Legislatura Provincial, pero no tardó demasiado en armar un partido propio junto a su padre y trabajar para el triunfo del oficialismo (también Ana María Arraya se transfugó sin ningún pudor como Moisés, pero esta mujer, a diferencia de la sampedreña, no apuesta en grande). Carolina Moisés quiso ser Legisladora Provincial, después fantaseó con una estadía en alguna embajada, y ahora, sin un cargo por los próximos dos años, pretende encontrar su lugar político como mediadora entre las facciones enfrentadas en el PJ.  

No obstante el enfrentamiento es más profundo de lo que parece. Y ello se debe, en buena medida, a la falta de idoneidad de los muchos jujeños dedicados a la política. El cierre de la última campaña del Frente para la Victoria lo resume todo: en lugar de organizar un acto para apoyar al candidato a Intendente en Humahuaca (ciudad que vivía un crisis institucional desde que gente vinculada a Milagro Sala asesinó a un hombre por una disputa de tierras), no tuvieron mejor idea que ir hasta Perico; es que en aquella ciudad el primer candidato a concejal del oficialismo, el empresario Miguel Cheín, quería sentirse poderoso; Cheín es un personaje nefasto, que empezó como cuatrero y terminó como “exitoso emprendedor” estrechamente vinculado a varios de los políticos más corruptos de la provincia; antes de la elección, el famoso Cheín amenazó al Padre Germán Maccagno por las críticas que el sacerdote católico lanzó contra su figura, llegando a afirmar que, una vez que consiguiese la banca y comenzase su carrera hacia la intendencia, haría expulsar de la ciudad a Maccagno; parece ridículo que, en nuestros días, un hombre del César se meta con uno de Dios, pero lo cierto es que la situación jujeña es tan lamentable que lo que parece la propuesta de un energúmeno es inevitablemente real (de hecho a Maccagno, hace no más de cinco años atrás, y pese a la resistencia de la feligresía que lo apoyaba, fue expulsado de San Pedro, poco después de haber criticado duramente al Intendente Julio Moisés, lo que prueba que en Jujuy puede llegar a pasar lo peor en unos pocos parpadeos).  


Hernán Solifrano (h) 

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