La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 5 de julio de 2013

San La Muerte, patrono de Salta

La política en tiempos de Francisco

Causa cierto estupor enterarse del reciente rechazo del Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta a la iniciativa de declarar como un “Municipio Pro-Vida” a la capital de La Linda. El estupor, claro, no es motivado por la decisión en si misma, sino por los argumentos utilizados para justificarla. En un momento histórico como este, en que el Papa Francisco impulsa la causa antiabortista y los partidócratas locales intentan congraciarse con el Sumo Pontífice de la cristiandad, ir deliberadamente en contra de las pocas banderas que levanta la actual conducción de la Iglesia Católica pareciera ser un error costoso. Sin embargo muchos de los concejales salteños decidieron incurrir en ese error, básicamente porque aún hoy el daño político que ello ocasiona es bastante leve. Vale decir, si el proyecto “Salta Pro-Vida” no prosperó se debió a que aquello que a estas alturas tendría que ser catastrófico para un político todavía no lo es.

En realidad es lógico que opten por la muerte los más ilustres exponentes del bestiario progrecínico de Salta (Gabriela Cerrano y Arturo Borelli del Partido Obrero, Martín Ávila y Gustavo Castro de Memoria y Movilización Social, Zulma Pedraza del Frente Plural, e incluso el jefe del Movimiento Popular Unido, el prometedor Martín Poma Ovejero, que ya acumula causas por estafas, homicidio y tenencia ilegal de armas); lo que es extraño es que aquellos otros chupópteros que integran el Concejo Deliberante de la capital salteña no estén dispuestos a ir hacia donde sopla el viento, contrariando así la actitud que los puso allí en donde ahora están. Que personajes como César Álvarez o Hugo Sumaria no hayan apoyado un proyecto que contaba con el beneplácito del Vaticano habla de la escasa influencia que el Papa Francisco está ejerciendo en nuestro país. Se vive un periodo en donde el progrecinismo ha alcanzado sus picos y aún no hay muestras de que haya comenzado su retirada. Es probable que la infección del Progreso que sufre la Argentina se reduzca en los próximos tiempos, pero mientras tanto, mientras el Papa continúe malgastando esfuerzos en internas eclesiásticas y promoviendo esterilidades como el diálogo interreligioso en lugar de convocar a la humanidad a vivir una vida sin pecado, los que más padecerán serán los inocentes.

Un catálogo de estupideces

Repasar las cosas que se dijeron para negar la adopción de una medida tan positiva como el proyecto “Salta Pro-Vida” es una tarea aburrida, pero aún así es digna de ser completada. Sucede que, curiosamente, en la actualidad, en épocas en que la corrección política pareciera ser obligatoria, sigue teniendo sabor a “fundamentalismo” una propuesta para defender el derecho a nacer de un niño. Se puede estar a favor de los perros de la calle, de los árboles, de los inmigrantes, de los ateos, de los drogadictos, de las sectas religiosas, de los aberrosexuales, de los cumbieros, de los jóvenes, de las mujeres o de los gnomos de jardín, pero si se está a favor de protegerle la vida a un niño que carece de medios propios para evitar ser torturado y asesinado alevosamente entonces se habrán transgredido los límites de la corrección política. Extraño, ¿verdad?

La contradicción progrecínica que se genera en la intersección del fomento al respeto por la vida ajena y la promoción del aborto es más que flagrante. Aún así los defensores de esa postura se niegan rotundamente a reconocerla. Por tanto es importante dejarlos en evidencia, para que el peso de sus propias palabras derrumbe la ridícula ambición de su discurso.

Empecemos por los extremistas. Gabriela Cerrano (PO) señaló que defender la vida de una persona que no nació es un acto de agravio en contra de las mujeres. La mujer, según la mitología que ella maneja, debe ser educada para percibir los cruentos homicidios que se producen durante los abortos como un acto de soberanía, en donde el intruso que se le introdujo en su cuerpo sin su consentimiento (el cual, al parecer, no se trataría aquí de un ser humano que engendró gracias a las células que ella misma produjo) debe ser ejecutado violentamente. Sólo de ese modo –y de ninguno otro modo distinto– se podrá preservar la vida de un puñado de mujeres que año a año eligen contratar a un sicario que, por su impericia o vaya uno a saber por cual otra causa, termina liquidando a dos personas por el precio de una.

Martín Ávila (MMS), quizás para no quedar en vergüenza, recatadamente sostuvo que el proyecto a favor de la vida humana colisionaba con otros derechos –negándose de paso a dar el debate de fondo sobre la cuestión de quien es más merecedor de derechos: una criatura indefensa e incapaz de haber tomado malas decisiones propias, o una persona que no sólo ha logrado un embarazo sino que también ha decidido concluirlo abruptamente. Martín Poma Ovejero (MPU), tratando también de quedar como un leguleyo experto, no se privó de decir que una ordenanza municipal no se puede oponer a una ley nacional, obviando el hecho de que no hay ninguna ley nacional que reglamente el tema de las prácticas abortivas y si, en cambio, hay un artículo en el Código Penal de la Nación que condena el desarrollo de dichas prácticas. Y Lucrecia Lambrisca, una romerista tan feminista como María José Lubertino, definió como “cavernícola” a la idea de que un ser humano no fallezca envenenado a manos de un fármaco o triturado por instrumental quirúrgico.  
 
Desde sectores un poco más moderados la opinión fue muy similar. Las pejotistas Frida Fonseca Lardies y Silvina Abilés señalaron que no ser Pro-Vida no equivale necesariamente a ser Pro Muerte: a qué equilvadrá entonces aún estamos esperando saberlo.

Desde afuera del Concejo Deliberante también aparecieron valoraciones contrarias a la iniciativa Pro-Vida que no hicieron más que repetir lo que se vertió en el parlamento: por ejemplo Tania Kiriaco, en nombre del Colegio de Abogados de Salta, repitió los argumentos de Cerrano, y Laura Postiglione, invocando el poder que le conferían una coalición de ONGs hembristas, insistió –como Poma Ovejero– en que las normativas legales se elaboran de acuerdo a ciertas jerarquías, por lo que para que una ley se imponga no importa cuan virtuosa sea su intención sino cuan arriba se encuentra el que la propone.

Los teoconservadores: cruzados para el siglo XXI

Quizás muchos no lo hayan notado, pero hasta aquí me tomé la libertad de hablar sobre el proyecto “Salta Pro-Vida” y no de su autor. Los políticos y los opinólogos se dedicaron a hacer lo contrario. Así fue que, en las últimas semanas, Aroldo Tonini se convirtió en un objeto de ataque permanente por parte de quienes odian lo suficiente a los niños inocentes como para desearles su muerte. Un repudio tan generalizado hacia el concejal Tonini sugiere que este hombre lejos está de ser un mero actor secundario del escenario municipal.

Tonini fue contundente a la hora de hablar. Afirmó, por ejemplo, que la iniciativa de declarar a Salta un “Municipio Pro-Vida” (iniciativa que ya se ha impulsado exitosamente en otros lugares del país como Monteros, Concepción y Aguilares en Tucumán, Añatuya en Santiago del Estero, o Libertador General San Martín y Perico en Jujuy) tiene por propósito plantar la bandera de la resistencia en contra de la avanzada abortista que próximamente llegará al Congreso de la Nación para intentar imponerse como uno de los últimos actos de destrucción del tejido social argentino incitado por el putrefacto kirchnerismo. También subrayó que él no teme elegir abiertamente a la vida humana como el derecho humano más inalienable y fundamental de todos, convirtiéndola así en valor supremo, enalteciéndola para imposibilitar la naturalización del genocidio; y declaró que ninguna mujer debe someterse jamás a un aborto, pues dicho crimen bien puede ser evitado con diversas estrategias como el apoyo médico y psicológico gratuito, y el abono de subsidios ante la preñez –que, de hecho, ya están en vigencia a nivel nacional bajo el nombre de “Asignaciones por Embarazo para la Protección Social”.

Hacia donde apuntó Tonini en particular fue hacia los mercaderes de fármacos, recordando que en muchos centros de salud es más fácil acceder a las abortivas “píldoras del día después” que a una simple aspirineta. El negocio multimillonario de la intoxicación con venenos para mujeres embarazadas hace que no haga falta exhibir una receta médica ni solicitar una historia clínica para tener acceso a una pastilla tan poderosa como para forzar a un cigoto a abandonar la vida que posee.   
Finalmente, para dejar en claro que el aborto legal o clandestino es siempre asesino, Tonini propuso seguir avanzando en la defensa integral de la Vida. Sugirió que, por ejemplo, sería algo muy bueno el mostrarle obligatoriamente una ecografía con la imagen viva de su hijo a una mujer que ha conseguido una orden judicial para proceder con el homicidio de la creatura que ha engendrado en su vientre, buscando con ello convencerla de que no está por deshacerse de un tumor o de un apéndice sino de un ser humano. El concejal planteó que aquellos anómalos casos en los que una mujer queda embarazada a causa de una violación no deben concluir con otro delito como la muerte del niño, sino que se debe ir en contra del violador al mismo tiempo en que se faciliten los mecanismos para que el destino de la creatura sea el mejor posible.   

Tonini no dudó en manifestar que a “la vida humana la sostienen los que tenemos alguna religión, y en particular los que somos católicos”. Por ello quizás a Tonini no lo dejaron solo en el Concejo Deliberante: Ariel Burgos del Frente Salteño, Carlos Zapata de Salta Somos Todos, Martín Pérez Estrada del Partido Propuesta Salteña y Socorro Villamayor de Fe Peronista tuvieron la dignidad suficiente como para darle el apoyo que se merece a la promoción, defensa y conservación de la Vida. Estos concejales, a diferencia de otros que se dicen “cristianos” (y que, probablemente, pronto los veremos sacándose una foto junto al Papa), sólo optaron por ser religiosos, o sea teoconservadores, o sea católicos. Ese fue su argumento: simple, directo, sin engaños. “Porque soy católico entonces no puedo no estar a favor de la Vida”. “Católico” significa, etimológicamente, universal. Lo universal es lo que resulta verdadero en todo lugar y en todo momento. A lo universal no lo altera la circunstancia: no importa el tiempo en donde acontezca, tampoco el lugar, si algo es verdadero entonces es verdadero.  

Lo universal siempre ha fascinado a la humanidad. Averroes, un filósofo musulmán, postuló el “monopsiquismo” siguiendo la idea de que todas aquellas personas que razonando llegaban a conclusiones universales abrevaban en realidad de la misma fuente, es decir veían en el interior de la mente de Dios. El problema es que parecían haber dos juegos de verdades universales: el universo tiene comienzos y límites o bien el universo no tiene comienzos ni límites, todo está compuesto de partes más simples o bien lo simple no existe, etc. Allí cobra forma el origen del conflicto entre la Fe y la Razón (pues ciertas conclusiones racionales no coinciden con lo que el Dogma nos enseña), y se plantea la posibilidad de divorciar a una de la otra, obviándose algo que Santo Tomás de Aquino remarcaría después: el orden natural está contenido en el orden sobrenatural, por lo que no debería de haber separación entre una cosa y la otra sino continuidad.

Empero las circunstancias de los siglos no atemperaron el conflicto sino que lo azuzaron, y se llegó así al tiempo actual, en donde se sufre de un agnosticismo que decreta incognoscible al orden sobrenatural, y se padece de un inmanentismo que sugiere que todo lo que excede al orden natural es un invento de la mente.

La novedad que todo lo justifica

Antes de proseguir, me tomaré la libertad de abrir un paréntesis justo aquí para comentar un artículo de Daniel Ávalos, un cagatintas del famoso semanario Cuarto Poder que, al parecer, intenta asumir el rol de sofista.

Ávalos no lo admite abiertamente pero da a entender que su posición es la del iluminista, pues de no ser así no llamaría “oscurantista” a Tonini. Ávalos, además, aparenta tener un problema para asimilar el hecho de que un hombre pueda vivir en el siglo XXI y defienda valores que él califica de “medievales” –pero que en realidad son mucho más antiguos, pues tienen, al menos, 2000 años. De sus escritos se sigue que aquel que quiera vivir correctamente en el presente debe ser un inmoral que esté a favor de los matrimonios entre homosexuales, el consumo libre de drogas, la automutilación y, por supuesto, el asesinato alevoso de niños que no han dejado aún el vientre materno. Es decir el tal Ávalos lo que hace es ligar la idea de Bien a la idea de Tiempo, pasando por tanto a rendirle culto al Progreso. Su ecuación es tan burda y simplista que seduce demagógicamente: “todo lo que viene será mejor que lo que ya pasó”. ¿Qué significa ello? Pues que la tradición es un error y que, para vivir plenamente la propia vida, es necesario hacer exactamente lo contrario a lo que la tradición sostiene.

En la imaginación de Ávalos, los teoconservadores que se oponen a la decadencia moral tienden día a día a desaparecer. Yo coincido con él. Sin embargo yo comprendo que este fenómeno acontece porque el egoísmo, el hedonismo y la banalidad son impuestos (por alguien que lucra a partir de ello) frente a la tradición, mientras que Ávalos sólo lo entiende como parte de un proceso natural que en algún momento debía darse, probablemente porque un Ser Superior (en el cual, dicho sea de paso, no admite creer) así lo dispuso. Queda en evidencia que su discurso progrecínico se declara materialista, pero le atribuye a la materia propiedades que no tiene. Es decir, es contradictorio consigo mismo.  

El uso indiscriminado de expresiones como “arcaico” o “congelado en el tiempo” dejan en evidencia por qué Ávalos califica a Tonini de “profeta del Apocalipsis” tratando de tildarlo de anacrónico: el Apocalipsis, aunque le pese a Ávalos, no tiene nada que ver con el pasado pero si con el futuro, pues el profeta mira al presente para censurarlo. O sea que Ávalos considere que alguien que tiene una visión apocalíptica es cosa del medioevo es porque, sencillamente, se niega a aceptar que el porvenir no sea la utopía construida por el Progreso que él anhela. Al no escuchar al profeta, no está escuchando a Dios, y eso equivale a renunciar a la santidad, que no es más que renunciar a la elección de la vida virtuosa por sobre la viciosa. La pasión de los progrecínicos por la novedad proviene del hecho de que al no ser aptos para la vida virtuosa –dada su debilidad para el compromiso, su falta de honestidad y su incapacidad para el esfuerzo– fantasean con un futuro en donde todo se vuelva mediocre y burdo como ellos, logrando así diluir sus defectos en un mundo ampliamente defectuoso.

Ávalos no se priva de ver en los ateos, los agnósticos y los deístas, es decir en los enemigos pasivos o activos de la religión, a la vanguardia que se impone por sobre la tradición. Y habla también de unos supuestos católicos, católicos que, según sus palabras, están “alejados de esas concepciones religiosas en las que los hombres aparecen como puntos miserables y sujetos a normativas universales e inamovibles”. Católicos que no son universales, o sea católicos a-católicos, que es como decir argentinos no-argentinos o personas impersonales.

El genocidio como política de Estado

La filial salteña del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos (ILEC) emitió un comunicado en donde condena el proyecto de Tonini por considerarlo contrario a la sacrosanta doctrina de los Derechos Humanos. Con argumentos débiles atacaron las iniciativas que el proyecto “Salta Pro-Vida” propone para afrontar con humanidad el problema del aborto no punible, de la píldora de la muerte y de la protección especial para mujeres víctimas de la agresión sexual.

Con respecto al aborto no punible, los del ILEC sostienen que el Fallo F.A.L. emitido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en 2012 es incuestionable. Es decir no sólo se niegan a reconocer que los jueces más poderosos del país han cometido un error descomunal con el fallo sobre el aborto no punible, sino que además niegan que exista la posibilidad de que alguien pueda criticarlo.  

El principal problema con el aborto no punible es que muy poco se dice sobre las consecuencias del mismo. Un aborto, con autorización judicial o sin ella, es motivador de gravísimas alteraciones psicológicas. Utilizar esta práctica como medio de control de la natalidad o como instrumento para la planificación familiar es manifestar una falta de tacto extrema.  

Desde el ILEC aseguran que la iniciativa de Tonini, además de pasar por alto la jurisprudencia de la CSJN (cosa que, por cierto, no es relevante a la hora de hacer leyes u ordenanzas), desconoce la letra de la Constitución Nacional e ignora lo estipulado en los Tratados Internacionales. Esto, simplemente, es una vil mentira. El artículo 4.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos sostiene que “toda persona [a partir del momento de su concepción] tiene derecho a que se respete su vida”; el artículo 6.1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos prescribe que “el derecho a la vida es inherente a la persona humana”; el artículo 6.1 de la Convención sobre los Derechos Niños establece que “los Estados Partes reconocen que todo niño [es decir todo ser humano menor de dieciocho años] tiene el derecho intrínseco a la vida”; y, como si fuera poco, el artículo 75, inciso 23, de la Constitución Nacional reconoce la existencia del niño desde el momento de su gestación en el vientre materno.

En relación a la prohibición de píldoras abortivas -la propuesta más enfatizada en el proyecto “Salta Pro-Vida”- los del ILEC aseveran que ello contradice las disposiciones del nefasto Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (PNSSR) creado por la Ley 25.673, que, en los incisos “d” y “e” de su artículo 6, contribuye a abrirle las puertas a las compañías farmacéuticas que hacen de la muerte de inocentes un negocio multimillonario (algo tan lucrativo que hasta se da el lujo de coimear a la Organización Mundial de la Salud para conseguir su apoyo expreso).     

Hay algo que aclarar: nadie sabe exactamente qué es lo que motivó la creación del famoso PNSSR. Algunos sostienen que el PNSSR resuelve problemáticas demográficas, y otros le atribuyen capacidad para combatir la pobreza y para darle a los “excluidos” mayores oportunidades; no faltan quienes ven en el PNSSR una enorme conquista femenina en materia de derechos humanos, civiles e individuales, que colaborará en la definitiva liberación de las mujeres de la “opresión” que sus “derechos reproductivos” sufren debido a la cultural patriarcal; también están los que creen que el Estado tiene la obligación de garantizar la salud de su población, y la procreación irresponsable vendría a ser algo así como una “epidemia” que hay que erradicar a través de medidas como el PNSSR; y por último aparecen los que comprenden a la anticoncepción como un bien que mejora la calidad de vida de las personas, por lo que el PNSSR no vendría más que a reafirmar eso.  

Esta sumatoria de enfoques heterogéneos no llegan a señalar la verdadera causa de nacimiento del PNSSR: la distribución de anticonceptivos para engordar las arcas de los laboratorios que los producen. Para inflarles las cuentas bancarias a unos pocos, todo nuestro país se somete a un abordaje moralmente inaceptable de la Vida. La Ley que reglamenta al PNSSR señala que los métodos adoptados para la planificación familiar deben ser de carácter transitorios, reversibles y no abortivos, sin embargo es la ANMAT la única institución autorizada para determinar esas características, por lo que todo queda envuelto de sospecha.

Finalmente, en torno a la propuesta de concederles privilegios a las mujeres embarazadas, los cráneos del ILEC ven ello como una denigración de la mujer. Se quejan además de que la maternidad sea percibida como el eje principal de la identidad femenina. Desde el ILEC, por lo visto, se niegan a aceptar que al hablar de una mujer embarazada se está hablando, en realidad, no de una sino de dos personas. Supongo que los del ILEC son abortistas por lo que durante los primeros días del embarazo consideran a los niños en gestación como tumores, ¿pero que hay del día 91 en que, según su metafísica, el tumor cobra vida? ¿Una mujer con otra persona adentro no merece privilegios?

En cuanto a la idea de que reducir la identidad femenina a la maternidad es un error no estoy de acuerdo. La maternidad es (como la paternidad) un momento culminante en la vida de cualquier persona. La perpetuación de la especie es un mandato biológico, por lo que la conformación de una familia es, tanto para hombres como para mujeres, un horizonte de sentido. Ciertamente no recibir el don de la descendencia propia es doloroso, pero eso no convierte en algo absurdo a la vida. La célula de la sociedad es la familia y no el individuo, por lo que no valorar a la paternidad y a la maternidad como estados primordiales equivale a postular una sociedad atomizada, en donde el único vínculo legítimo es el del dinero.

El ILEC concluye asegurando que convencer a una mujer violada para que prosiga su embarazo atenta contra la elección individual de los planes de vida. Esto, por supuesto, es lo más insostenible de todo. En primer lugar porque una mujer que sufrió la violencia sexual ya experimentó, desde ese momento, un atentado en contra de la libre elección de su vida –cualquier persona que vea su voluntad sometida ilegalmente tendrá que lidiar para siempre con ello, no pudiendo hacer como que ese hecho nunca existió. Y en segundo lugar porque dar como solución al asesinato es políticamente incorrecto. En un país en donde hay ciudades en las que se prohíbe la venta de juguetes bélicos, refrendar el aborto va deliberadamente a contracorriente con esa idea de defender a los que no se pueden defender.

Alfredo Olmedo, en este sentido, planteó en el Congreso de la Nación un proyecto similar al de Aroldo Tonini, que busca agilizar las cosas para que una mujer que no desea el hijo que lleva en su vientre pueda entregarlo en adopción sin sufrir represalias. Siempre es preferible generar inconvenientes con el derecho a la identidad de alguien recién llegado a la vida en sociedad a no llegar nunca a conocer a esa persona. Siempre es preferible optar por la Vida y no hacer del genocidio una política de Estado.       



Antonella Díaz

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