La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 16 de mayo de 2013

Salta y Gomorra

El funcionaria

El gobierno salteño sorprendió este mes al incorporar al Ministerio de Gobierno a un transexual conocido como “Mary Robles”, quien desde el año pasado posee un DNI que lo sindica como mujer (pese a que la naturaleza dice lo contrario). Robles no ostenta el mérito de ser el primer aberrosexual que obtiene un cargo de funcionario del Estado de Salta, pero ciertamente si tiene el mérito de ser el más grotesco de ellos. Más allá de ello hay otras cosas que llaman la atención.

Para empezar hay que señalar que el Decreto 1275/13 –el cual otorga el cargo (con categoría 5) a Robles– es un claro atropello de la Ley Provincial 6.583, la cual sostiene que para que un nombramiento sea efectivo requiere de la aprobación de diversos organismos estatales y no sólo de la firma del Gobernador y del Secretario General de Gobernación como pasó en este caso.

En segundo lugar está el asunto de su trabajo: en declaraciones a la prensa, Robles admitió que no sabía exactamente en donde iba a trabajar, lo que nos permite inferir que no tiene muy en claro para qué se le dio el cargo.

Pero lo que causa mayor preocupación en este tema es el hecho de que Robles parece muy comprometido con el abordaje de la problemática de la prostitución, pero desde la clara intención de promover esa actividad en lugar de trabajar para erradicarla. El nuevo funcionario ha sostenido que su deseo es que los hombres travestidos puedan acceder a más oportunidades educativas y laborales, mas, al unísono, está pidiendo una revisión del Código de Contravenciones para quitarle a la policía las facultades que les sirven para obstaculizar el desarrollo del comercio sexual en el territorio provincial. O sea que Robles llega para aparentar inclusión y para cabildear a favor de la decadencia moral, tiene la tarea de caretear para satisfacer a los dedehachehachistas (y a los demás murgueros de esa calaña) al mismo tiempo que debe oficiar de vocera de los proxenetas y dealers locales.

Un caballo de Troya elegebetista

El aberrosexual Robles en el plantel de funcionarios de Urtubey es sólo una pequeña pieza de un plan mucho más ambicioso de las sinarquías elegebetistas que pretenden controlar a Salta. Los signos de la perversión y de los perversos comienzan a multiplicarse cada vez más velozmente en la que alguna vez fuese la orgullosa tierra del General Güemes.

Si se revisan los archivos de la actividad parlamentaria provincial se observará que también este mes, y por fechas que coincidían con la designación de Robles al ministerio público, la Cámara de Diputados de Salta aprobó un proyecto sobre la lucha contra el “bullying” en las escuelas. Esta iniciativa fue promovida por el diputado provincial Lucas Godoy, quien textualmente dijo en declaraciones a una radio: “obviamente en el proyecto no utilizamos esa palabra [se refiere a “bullying”] porque es de origen inglés y no corresponde”. Esto, que parece una cuestión irrelevante, en realidad es trascendental, pues explica claramente de qué se trata todo esto.

El “bullying” es sólo un vestido nuevo para una realidad muy vieja. La violencia en las escuelas, la agresividad entre los niños y entre las niñas, es algo que siempre ha existido, pero últimamente ha adquirido niveles alarmantes. Año tras año se ve aumentar el número de jóvenes indisciplinados que generan rutinas de agresión contra aquellos pares a los que perciben como vulnerables e indefensos. Es que se está en presencia de un círculo vicioso que se acrecienta en lugar de decrecer, lo que hace que una generación estropeada engendre a otra que se desarrolla en peores condiciones, la cual, a su vez, terminará produciendo a una nueva generación de náufragos y anómicos cada vez más insalvables.

Pues bien, lo interesante aquí es la moda de darle un nombre foráneo (“bullying”) a algo que ya tenía un nombre vernáculo (“hostigamiento”) pero con el defecto de tener una presentación mucho más pobre. Pareciera ser que los principios básicos de la mercadotecnia son los que operan en este asunto: algo que era archiconocido por todos pasa a recibir un empaque novedoso sólo para recordarle a la gente que está allí, listo para ser consumido. Es lo que sucedió con, por ejemplo, el uxoricidio, que en sólo unos años fue rebautizado con el displicente anglicismo de “femicidio” y logró colarse en el habla popular y en el rediseño de legislaciones.

“Femicidio” o “bullying” no son términos que sólo denotan algo, también lo connotan. Es decir esas palabras no sólo nombran a una acción, sino que también la valoran y, en consecuencia, la jerarquizan. Un uxoricida era antaño un hombre que había matado a su mujer en algún penoso episodio generado por los aconteceres de su vida privada, ahora ese mismo hombre resulta ser un “femicida”, es decir una bestia que odia todo lo que no sea fálico y que se cree dueño de todo aquello que posea una vulva. Del mismo modo un hostigador era en el pasado un cretino que empleaba su tiempo para molestar a quienes eran más débiles que él, mientras que ahora ese personaje se llama “bully” y tiene la particularidad de –“por ignorancia”– haber convertido a “lo diverso” en su blanco de agresiones, atacando especialmente a los que tienen inclinaciones aberrosexuales. Porque no nos engañemos: el concepto de “bullying” desembarcó en nuestro país desde las usinas de subversión anglosajonas para ayudar a que los jóvenes argentinos distorsionen sus miradas sobre la aberración sexual al punto tal de perder la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso.

Y si lo que digo suena exagerado, basta con recordar algo reciente para cambiar de opinión: el año pasado nada más y nada menos que la propia Embajada de EEUU financió la presentación en la provincia de Salta de un grupo musical llamado “Betty”, compuesto por tres lesbianas hembristas que, tras haber expuesto su abominable “arte”, fueron invitadas a dar charlas sobre el mentado “bullying” en diversas escuelas de esta parte del mundo. Las de Betty vinieron a vender música y terminaron adoctrinando en su culto a nuestros jóvenes.

La guerra contra el “bullying” parece algo noble e incuestionable, pues en los últimos tiempos todos hemos visto –gracias a la magia de los celulares– una infinidad de videos de niños y adolescentes tratándose con una violencia espeluznante. Pero lo que la Embajada Norteamericana y los políticos mamporreros como Godoy proponen poco tiene que ver con la eliminación de un mal contemporáneo, pues, por el contrario, lo que ellos pretenden es aumentar el conflicto con el fin de atomizar a nuestra sociedad, para que allí en donde debiese de haber un ciudadano crítico con valores sólidos solamente haya un bobo consumidor con ganas de arruinarse la vida y complicársela a los demás.  

Los predadores al acecho

En estas últimas semanas la comunidad de Metán se enteró de la presencia de un depravado que oficiaba de entrenador de un equipo de fútbol con el objetivo de poder seducir a niños de entre 10 y 12 años para abusar sexualmente de ellos. Obviamente fue enorme la indignación de la gente. Sin embargo ese aberrosexual sólo hacía lo que muchos aberrosexuales normalmente hacen: abusar de los inocentes.

Así como la mayoría de los hombres travestidos ejercen felices y orgullosos la prostitución, así también la mayoría de los homosexuales (entre los que se encuentran, claro, un buen número de esos travestidos) ultrajan infantes, niños, púberes y adolescentes sin sentir la menor culpa por ello. Algunos lo hacen ocasionalmente, pero hay otros que se dedican a ello a tiempo completo.

Es que la homosexualidad masculina es altamente traumática. El acto de iniciación implica la antinaturaleza, ya que el recto fue diseñado para la expulsión de objetos y no para su introducción (por ello no posee una lubricación natural). Entonces el hombre homosexual se ve sometido al dolor, en un acto que supuestamente debería de darle placer. Esa oscilación entre dolor y placer en el homosexual se mantiene durante el resto de su vida, y es por ello que este tipo de hombre cae en la enfermedad. Enfermos como están, entonces, son capaces de volverse tóxicos y peligrosos.

Actualmente la tendencia cultural y educativa es pretender obviar esto. En Metán, el niño que denunció al pederasta se sintió lastimado e incomodado. Me temo que en un futuro no muy lejano, gracias a la avanzada aberrosexualista, un niño que sufra lo mismo no se anime a alzar su voz, confundido en lo más elemental después de haber padecido el más perverso adoctrinamiento.  


Antonella Díaz

miércoles, 15 de mayo de 2013

La verdad sobre el caso Nuria Nieva Ocampo

Nuria la Espuria

Nuria Nieva Ocampo es una madre veinteañera que en el mes de enero desapareció de su hogar de San Salvador de Jujuy, y reapareció unas horas después en Libertador General San Martín pretextando haber sido secuestrada. El relato de su supuesto secuestro estaba tan lleno de contradicciones e inverosimilitudes que bastaba un poco de indagación para concluir como hace unos días concluyó la Fiscalía que investigaba el caso: el evento denunciado nunca pasó, al menos no como la autora pretendía hacernos creer que pasó. Por tanto, en la actualidad, la opinión mayoritaria sobre Nuria Nieva Ocampo es que ella no es más que una vil embustera. Un poco de revisión sobre el asunto determina que la mayoría, esta vez, ha dado en el clavo.

El móvil

¿Por qué una mujer mentiría sobre algo como esto? Difícil saberlo con exactitud, pero todo indica que lo de Nieva Ocampo habría sido un montaje para llamarle la atención a alguien, probablemente a su pareja. Es decir, al poco tiempo de reaparecida –y tras la gran repercusión que tuvo el caso– se supo que ella mantenía una relación muy frágil con su novio, lo que, en las semanas previas a la fugaz desaparición, habría motivado el desarrollo de un macabro historial de envío de mensajes de texto anunciándole su deseo de suicidarse. Es muy probable, por tanto, que la historia del secuestro la haya inventado Nieva Ocampo con la intención de sensibilizar a su insensibilizada pareja, esperando luego obtener el diálogo que de otra manera le era negado. Muchas veces, cuando la mente está enceguecida por los calores de la pasión, las personas hacen estupideces.

Lo polémico empezó cuando la ficción de Nieva Ocampo comenzó a circular por las redes sociales y llegó hasta los medios digitales jujeños –siempre ávidos éstos de hacerse eco de lo que se está hablando en las calles–: algo que estaba pensado para impactar en unas pocas y selectas personas, terminó después convirtiéndose en un asunto de preocupación pública.

Paranoia e histeria

En estos días está muy instalada la idea de que es muy probable que hayan vehículos no identificados merodeando en las calles argentinas con el propósito de servir de instrumento para el rapto y la desaparición de mujeres desprevenidas. En la década de 1970 una leyenda urbana similar circulaba, pero se decía en aquel entonces que quienes tenían grandes chances de desaparecer eran aquellos que estaban vinculados a agrupaciones subversivas. La diferencia entre una y otra ficción, es que antaño se pensaba en el desaparecido como un culpable que recibía una suerte de castigo propinado por las Fuerzas del Orden debido al estilo de vida que llevaba, mientras que ahora se piensa en la desaparecida como una víctima inocente que padece la desgracia de haberse cruzado con un poder perverso que lucra con la denigración humana.

No estoy diciendo que hace unas décadas atrás no hayan habido operativos para detener gente de manera subrepticia, pero si estoy diciendo que los mismos no se realizaban azarosamente: los subversivos “secuestrados” caían tras ser exhaustivamente investigados, pues los protectores de la patria no apuntaban en contra de inocentes. Las mujeres que dicen ser secuestradas ahora –al menos unas cuantas de entre ellas– sostienen que vivieron el infortunio de haberse convertido en objetivo de los delincuentes sin haber hecho ningún mérito para ello, similar a como sucedía en el siglo XIX con los malones indios que visitaban las localidades más vulnerables de la campiña pampeana y se llevaban consigo a la madre, a la hermana o a la hija de alguien como botín.

Es tan potente y redituable el mito de las pobrecitas cautivas contemporáneas que se ha vuelto común que pululen las ONGs hembristas que defienden a capa y espada a aquellas mujeres de las que se duda de la veracidad de sus relatos sobre desaparición y/o esclavitud. En este aspecto se suelen desatar verdaderas olas de histeria femenina, que se manifiestan a través de indignados y furibundos comunicados de prensa.

La desestimación de la denuncia del caso de Nuria Nieva Ocampo produjo su correspondiente escuadrón de defensoras, que no dudo de poner en duda el trabajo de la Fiscalía y tejer subsiguientemente una serie de teorías conspirativas para demostrar que la verdad está de su lado.

La mala fe de Mariana Vargas o la falta de argumentos válidos

Fueron varias las agrupaciones izquierdistas y dedehachehachistas que salieron a defender a Nuria Nieva Ocampo, pero fueron las fanáticas hembristas las que más intensamente lo hicieron. Éstas denunciaron que funcionarios del Estado provincial estarían interesados en ocultar la existencia de redes de trata de personas en Jujuy (especulando con el hecho de que, probablemente, alguien del Poder oficial estaría vinculado a las organizaciones delictivas).

La abogada Mariana Vargas –que es la cara más visible del extremismo hembrista en la provincia– realizó una conferencia de prensa para criticar a la Fiscalía que investigó el caso, enfatizando dos asuntos: la metodología aplicada para sacar conclusiones y la hipermediatización del proceso.

Sobre lo primero la letrada cuestionó que las acciones de la Fiscalía tuvieran por objeto el poner a prueba la veracidad de las declaraciones de Nieva Ocampo en lugar de averiguar si la narración de la denunciante tenía algún tipo de correlato real. Al parecer a Vargas le cuesta aceptar que el refutacionismo es un modo completamente válido para proceder en un escenario como el planteado por Nieva Ocampo.

Ahora bien con respecto a lo otro, vale decir con respecto al papel de los medios masivos de comunicación en el desarrollo de la investigación judicial, Mariana Vargas aseguró que no se respetaron los procedimientos regulares que instan a proteger la intimidad de la víctima. Quizás aquí parezca más coherente la postura de Vargas, ¿pero cómo mantener silencio sobre algo que conmocionó a la sociedad? Quiero decir, cuando se supo que Nieva Ocampo podría estar secuestrada, su imagen inundó las pantallas de las computadoras en sólo unas pocas horas. Y cuando se supo que estaba a salvo y que, aparentemente, habría sobrevivido a una espeluznante aventura, la gente solicitó mayor información sobre el tema, confiada en que podían colaborar para detener a los maleantes o aterrorizada con la posibilidad de convertirse en víctimas de los mismos personajes. El silencio no era una opción en un caso como este; exigirlo es obrar de mala fe.

¿En el lugar equivocado y en el momento equivocado?

Se suele decir que cuando alguien sufre una desgracia sin haber incurrido en un comportamiento irresponsable se estaba “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”. Esta sentencia, sin embargo, no se aplica a Nieva Ocampo, pues se sabe ahora que su denuncia no es más que una maraña de mentiras.

De todos modos este episodio de Nieva Ocampo sirve para traer a la luz el tema de las denuncias sobre secuestros y el ejercicio de la prostitución. Las hembristas de la ONG a la que pertenece Vargas, promoviendo su teoría de que habría una conspiración gubernamental para negar la existencia de la trata de personas organizada en Jujuy, invocaron un caso reciente en el que dos jovencitas desaparecieron de sus hogares en San José del Bordo y una de ellas reapareció más de un mes después en San Pedro denunciando haber estado en una finca cercana a Yuto, en donde era obligada a trabajar en tareas domésticas y sufría del abuso sexual por parte de unos bolivianos que también trabajaban allí. Lo que las hembristas no señalan es que el secuestro no fue una maniobra para incorporar a las jóvenes en una red de prostitución, sino que todo se trató, al parecer, de un engaño o de una confusión. Y agrego lo de “al parecer” porque este caso en particular tiene algunos detalles que sería mejor no pasar por alto (uno de ellos, por ejemplo, es el hecho de que las jóvenes bordenses no fueron secuestradas violentamente, sino que sólo fueron retenidas en contra de su voluntad en la finca, después de que un vecino cercano las llevase allí tras ofrecerle una oportunidad de empleo en el campo; seguramente las jóvenes no sospecharon que un grupo de hombres las violentarían aprovechándose de su debilidad física).

A lo que voy con esto es que cada denuncia de una mujer debe ser tomada en su singularidad, puesto que la misma demuestra que la ola de una violencia sistematizada en contra de las mujeres no es más que una fantasiosa película de terror con un guión muy burdo: hoy en día algunas mujeres fantasean con vampiros y otras con proxenetas. Es decir una cosa es aceptar que a una mujer le ofrecen ser prostituta y luego se arrepiente de ello al darse cuenta de que esa experiencia no es nada fácil de llevar, y otra cosa es tener que afirmar que hay un aparato mafioso que toma a amorosas amas de casa o a brillantes estudiantes universitarias y las transforma en muñecas inflables que respiran.

Se podrían hacer numerosas preguntas sobre el episodio narrado por Nieva Ocampo: ¿cómo la eligieron a ella? ¿por qué Nieva Ocampo y no otras mujeres más frágiles, más agraciadas, más abandonadas? ¿en qué pensaban los secuestrados al intentar llevarse a una mujer de clase media con una familia protectora detrás en lugar de elegir a alguien más vulnerable? ¿por qué los secuestradores la querían para prostituirla a cambio de dinero y no para encerrarla durante años para entretenimiento personal como nos enteramos hace poco que pasó en EEUU? ¿por qué no la violaron?

Los interrogantes se multiplican, pero las respuestas poco importan. Lo que importa es que Nieva Ocampo no puede seguir manteniendo su mentira. Las hembristas maldecirán, patalearán y dirán que el perverso patriarcalismo aún impera en nuestro siglo XXI o alguna sandez semejante, pero al final del día habrán perdido la batalla que impulsan, porque podrán manipular los discursos pero no los hechos.   


Ángela Micaela Palomo