La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 24 de marzo de 2013

La alarma del Licenciado y Doctor Santiago Garmendia

Cicuta y Pommery 

En una carta de lectores de La Gaceta, el Licenciado y Doctor Santiago Garmendia –un profesor de Filosofía de la UNT y de la UNSA, investigador del CONICET, discípulo del senador progrecínico porteño Samuel Cabanchik– escribió lo siguiente:

Presencio con respeto y asombro la fascinación pública con la designación del cardenal argentino Bergoglio como Francisco I de la Iglesia católica. No estoy capacitado para descifrarla porque es una madeja de muchísimos hilos distintos y me falta el de la creencia religiosa. 

Mi pregunta secular es qué implica esto en nuestra realidad. Parece positivo que genere actitudes de humildad en el oficialismo, del que esperamos gestos idénticos en las paritarias salariales. Para la oposición también es un problema porque, si bien se instala a contrapelo del proyecto oficial, eclipsa aun más a sus figuras políticas. 

Más importantes son los efectos sobre nuestro clima de ideas. Recuperando sentimientos religiosos y políticos, es siempre problemática su efervescencia cuando instalan una fórmula dicotómica que clausura posibilidades, que instala tabúes. La lamentable regla suele ser que a mayor intensidad, menor tolerancia. 

No es excluyente de los asuntos religiosos, es una atmósfera que se respira hace tiempo en el país. Aquí tenemos una muletilla horrible, suerte de engendro gramatical en dativo: "a X no me lo/ la critiqués". 

Espero, con algo de fe pagana, que Francisco I no sea una de esas equis intocables y que pueda ser querido y acompañado, pero también criticado y resistido por opiniones contrarias a la institución o a sus obras particulares. Como dice Terry Eagleton en su libro Terror Santo, lo contrario al amor no es el odio sino el miedo, y quien utiliza esa expresión despejando la incógnita con alguien es porque en realidad le teme. 

Lo que este cobrador de becas apunta es que como al Papa Francisco lo defiende tanto el oficialismo como la oposición partidocrática, pareciera ser políticamente incorrecto emitir una opinión desfavorable acerca de él. Ignora este sujeto que para quienes están por fuera de la partidocracia (tanto en su versión viciosa –la ultraizquierda– como en su versión virtuosa –la Tercera Posición–) criticar a Francisco es casi obligatorio. Entonces Garmendia no se queja de que el primer Papa argentino se haya convertido en un intocable, se queja de que él no podrá burlarse de la fe de millones sin el temor de que la policía del pensamiento actual lo tilde de “radicalizado” y le quite el subsidio del cual vive tan orondamente.

En Grecia, hace unos 2500 años atrás, Sócrates tuvo la valentía de hablar con la verdad, la verdad que no le complacía ni al oficialismo ni a la oposición, y por ello tuvo que beber cicuta. En Tucumán, hoy en día, Garmendia se acobarda como una niñita que le teme a la obscuridad, porque supone que no podrá esputar todo su odio anticristiano sin que le corten el suministro de Pommery (y de pizza) que paga con el sueldo que le es negado a algún jubilado que trabajó toda su vida a favor de la patria.

El temor de la X

Quizás por una picardía de los editores de La Gaceta (aunque lo más probable es que sea pura casualidad) la carta de Garmendia fue publicada un 24 de Marzo. En el texto del docente se lee que: “Aquí tenemos una muletilla horrible, suerte de engendro gramatical en dativo: ‘a X no me lo/ la critiqués’. Espero, con algo de fe pagana, que Francisco I no sea una de esas equis intocables.”

Una “equis intocable” es lo que yo llamo “nuestra Generación X”. En diciembre de 1979 el General Jorge Rafael Videla dijo en una famosa conferencia de prensa: “frente al desparecido, en tanto esté como tal, es una incógnita. […] Es un desaparecido, no tiene entidad, no está. Ni vivo ni muerto: es un desaparecido”. En ese acto, Videla convirtió a los terroristas en una equis, y luego, debido al desarrollo posterior de los acontecimientos, esas equis se convirtieron en intocables. Pasaron décadas en donde a nadie le interesó realmente poner a las equis en su lugar, por lo que en los últimos años los argentinos terminamos presenciando como esas equis se convertían en dioses absolutos e infalibles. Sería bueno que este tal Garmendia, este profesor de Filosofía al que tanto parece interesarle defender el “pensamiento crítico”, dedique algo de su tiempo a hablar sin temor sobre lo que pasó hace más de 35 años. Pero además de vencer al temor, sería bueno que este hacedor de crucigramas profesional busque también la Verdad.



Francisco Vergalito