La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 28 de diciembre de 2013

De madres e hijos

Una triste historia con un final feliz

Una mujer invita a su novio a convivir con ella. En la casa en la que la pareja habita, vive también la hija que la mujer ha tenido con otro hombre. Se trata de una pequeña, que apenas ha alcanzado la pubertad. El hombre se aprovecha de la joven, y abusa de ella en reiteradas ocasiones. Pasan cerca de dos años. Finalmente la adolescente, con 14 años ya, queda embarazada. Al enterarse de ello, la madre denuncia a su pareja por violador y lleva a su hija al hospital. Allí exige que asesinen a la criatura que su hija engendró, ya que quiere deshacerse de todo lo que le remita a ese cretino. Entonces interviene la Justicia.

Con buen tino, la Asesora de Incapaces le pide a un Juez que no permita que se lleve adelante ese aborto. El Juez le hace caso (de todos modos, al parecer, no hay médicos en ese hospital dispuestos a hacerlo). La funcionaria judicial se reúne con enfermeras, psicólogas y trabajadoras sociales y les solicita que se movilicen para informarle a la madre y a la hija que están requiriendo que se cometa un crimen aberrante, y que en la actualidad existen otras opciones a las de tapar un delito con otro delito. Sin embargo la madre de la joven no quiere escuchar. Entonces aparecen unas abogadas a las que les encanta caranchear casos como esos, pues no sienten vergüenza de pertenecer a sinarquías hembristas y promover su agenda.

El relato que hice tiene por protagonistas a la Asesora de Incapaces Claudia Flores Larsen, al Juez de Familia Víctor Soria, a las abogadas Graciela Abutt Carol y Mónica Menini, y a una mujer cuyo nombre no ha trascendido aunque debería de hacerlo (ya que en Salta, a diferencia de otras provincias, los diarios suelen publicar los nombres de los criminales, junto a sus apodos, sus edades y hasta sus fotos).  
La demonización de Soria o el final feliz arruinado

El caso del aborto provocó indignación e ira entre los cultores de la muerte y los promotores del odio. En su mente no cabía que el homicidio de una persona inocente e indefensa se viese frustrado por la decisión de un Juez. Así fue que rápidamente se organizó un linchamiento mediático contra el magistrado.

Soria es un hombre que, como todo hombre, ha tenido aciertos y errores. Este año la AFIP decidió perseguirlo, pues el Juez había tomado la “mala” decisión de permitir que los dueños de una panificadora jujeña ingresen harina desde Bolivia, violando las restricciones a las importaciones que impuso la Secretaría de Comercio Interior. Pero donde la prensa se hizo un festín fue con las denuncias que su mujer le hizo por violencia verbal ejercida contra ella y por violencia física ejercida contra la hija de ambos. La mujer despechada, además, señaló que Soria es un alcohólico. Todo ello, sumado a su valiente defensa de la vida del niño por de nacer y de la de su madre, bastó para que la fauna progresista de Salta y del resto del país pidiese la cabeza del Juez.

Claro que nadie dio un argumento coherente para destituir a Soria. El fallo FAL, que es como un texto sagrado para los genocidas abortistas, fue invocado como si se tratase de una ley, cuando en realidad no es más que la interpretación perversa y violenta de los fragmentos más penosos del artículo 86 del Código Penal Argentino. Soria dictó una resolución impidiendo el aborto, interpretando el caso con un criterio completamente válido, con amplio sustento doctrinal y jurisprudencial.  

No faltaron los peleles de siempre que salieron a indicar cómo deben obrar los funcionarios judiciales, infiltrando sus visiones enunciadas desde una ideología miserable. La administración de justicia es una función del Estado que, como todo lo que proviene de esa institución, debe necesariamente desarrollarse como servicio, ya que el individuo no está para servir al Estado ni para servirse del mismo, sino para ser servido por él. El Estado tiene leyes, pero se puede legislar sobre cualquier cosa, produciendo cualquier zafarrancho. Por tanto los jueces tienen la tarea de ser más que meros aplicadores de la ley elaborada por un grupo de insensatos bajo vaya uno a saber cual influencia exterior perversa: los jueces están para que haya justicia en el mundo, aun a pesar de las leyes que la niegan. Cuando dos derechos colisionan como en este caso (el derecho a la vida del feto contra el derecho a la salud de la adolescente violada), los jueces tienen la dura tarea de ir en contra de la corriente política actual a la que le importa un bledo la justicia, porque interpreta que al niño por nacer hay que darle la muerte como aquello que le corresponde.

Soria obró como se espera que un buen juez lo haga: fue servicial, imparcial y justo. Siguió la ley, la ley más elemental que sostiene que una persona en el vientre materno no debe enfrentar la ejecución, puesto que no ha hecho nada que lo amerite, ya que existir no es un delito (a menos, claro, que se tome una postura genocida y se busque eliminar a alguien por el simple hecho de ser quien es).

La tragedia de la vida

Lamentablemente, la Corte de Justicia Salta dejó sin efecto la medida cautelar impulsada por el Juez Soria, y autorizó la realización del aborto en la provincia. De todos modos la adolescente y su madre, ni lentas ni perezosas, aprovecharon el tumulto para salirse por la puerta trasera y viajar en silencio a Capital Federal para llevar a cabo el homicidio allí de su familiar, ya que en ese distrito, aparentemente, hay una amplia oferta de sicarios que estudiaron medicina para trabajar como verdugos.

Abutt Carol, la abogada, envió una carta a los medios para victimizar a quienes resultaron ser victimarias. Textualmente la letrada escribió: “Resulta contraintuitiva la idea de que el sistema de salud, normalmente orientado a proteger la salud y la vida de las personas, o el que una Asesora de Menores e Incapaces, o un Juez de Personas y Familia, sean capaces de imprimir torturas en una menor indefensa, revictimizándola luego de su tragedia”. En su mente, un grupo de profesionales hablándole a la joven de lo violento que significa asesinar a una persona y del trauma que ocasiona ese acto equivale a una sesión de tortura, intolerable en un Estado democrático como el nuestro. Al mismo tiempo, Abutt Carol no ve (o, peor, no quiere ver) que todo aborto es un episodio de cruenta tortura, seguido de horrenda muerte, y que ni siquiera cuenta con un trato digno post-mortem, ya que a los restos del cadáver los arrojan en una bolsa que va a parar a la basura o a las manos de alguien que hace quien sabe qué con el cuerpecito destruido, y la mujer -lo mismo que al haber sido torturada- comienza un proceso de negación y olvido del evento, como si eso alcanzase para eliminar las pesadillas.

Al mismo tiempo que el debate entre quienes defienden la vida y los necios que sólo predican la muerte se desarrollaba, en la ciudad de Orán una mujer embarazada fue atacada por motochorros, que no se conformaron solamente con robarle, sino que además procuraron lastimarla lo suficiente como para dejarla al borde de la muerte. Afortunadamente el bebé que llevaba en su vientre –que nació a través de una cesárea de emergencia– está a salvo, pero su madre sigue en grave estado. Ante este caso, prácticamente todos los que pedían a gritos que se apruebe el aborto se horrorizaron: no condenaron al robo en sí, sino que los enfureció el hecho de que traten con tanto desprecio a una mujer, sólo porque son víctimas más accesibles que los hombres.

¿Cuál es la diferencia entre el pequeño Baltasar que nació en medio de la tragedia que sufrió su madre y la criaturita salteña arrojada al limbo en un hospital porteño? Ninguna. La tragedia de uno estuvo en el momento de nacimiento, la del otro en el de la concepción, pero eso no hace merecedor de la muerte a ninguno de los dos. Son víctimas, como sus madres. Quienes deben pagar, y pagar con todo el peso de la ley son los que les hicieron daño. A las madres y a los hijos.



Antonella Díaz 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Papá y mamá, y viceversa

Los rectos desviados

Desde que en la Argentina se aprobó una ley para tergiversar los géneros a voluntad, todo tipo de situaciones ridículas acontecen. Así, por ejemplo, hace poco un reo salteño “se convirtió en mujer” y consiguió que lo trasladen a un centro penitenciario femenino, sólo para arrepentirse después y comenzar un proceso judicial para revertir su decisión (uno podría pensar que el travestido reflexionó sobre lo que había hecho en su nuevo destino de detención y finalmente entró en razón, pero en realidad el hombre no es más que un aberrosexual que extraña la sodomía y que utiliza su derecho a peticionar ante las autoridades sólo porque desea volver a sentir el cuerpo de otro hombre dentro del suyo con más frecuencia). El nuevo descalabro que ahora nos deparó la perversidad de nuestros legisladores involucra a un hombre y a una mujer que, en Entre Ríos, engendraron a una hija, con el retorcido detalle de que él viste y pretende comportarse como mujer y ella, como hombre.  

De todas maneras este último caso –que, por supuesto, tiene una versión salteña– necesita de un análisis adecuado, ya que no se trata de un hombre o de una mujer tratando de sacar provecho de los errores intencionales de los políticos, sino que más bien se está en presencia de un hombre y de una mujer que hacen lo que les corresponde hacer pero de un modo completamente equivocado.  

La nueva Babel

El Padre Álvaro Sánchez Rueda, un sacerdote católico que es médico, señala que lo más reprochable del matrimonio de travestidos ortosexuales no es la acción individual de la pareja (ya que, desde el punto de vista religioso, todo el vicio del que son culpables lo pagarán debidamente llegado el momento); lo que de verdad merece el repudio es la posición de los comunicadores y comunicólogos, quienes no vacilaron en titular que un hombre había dado a luz a una pequeña. Ciertamente el documento y la partida de nacimiento de esa mujer indican que ella es un hombre, como bien podría indicar que ella es un robot, una oruga o una nube, pero la realidad, aunque no nos guste, impone lo que de verdad es. Entonces utilizar adrede un lenguaje que niega lo real sólo sirve para crear confusión, la misma confusión que nos quita el dominio de las situaciones y nos esclaviza ante quien dicta bajo cual disfraz debemos percibir aquello que estamos percibiendo de un modo completamente diferente.

La Biblia relata la historia de Babel: la gente estaba construyendo una inmensa torre que opacaría a Dios, así que Él castigó a los hombres con la multiplicidad de las lenguas, obligando a cada nación a reiniciar el humilde camino del aprendizaje hasta volver a encontrar la claridad que supere a la enemistad. Hoy en día nuestra nación, en lugar de avanzar hacia la claridad, permite que se genere más confusión, con el penoso fin de que cada ser humano hable una lengua que sólo él entenderá, incomunicando a la gente entre si para dejar vivo sólo el vínculo del dinero. Es decir el castigo que Dios le había impuesto antaño a los hombres debido a su arrogancia, ahora el hombre se lo impone arrogantemente a si mismo, sólo para distanciarse cada vez más de Dios.  

Egoístas 

Al estar el sexo determinado genéticamente, no caben dudas de que las parejas de rectos desviados entrerrianos y salteños deberían cumplir con el mandato biológico que, de hecho, ya cumplen. Pero la cultura los condiciona para que inviertan roles: así papá se pinta los labios y mamá se deja crecer el bigote. ¿Hay necesidad de todo ello?

La evidencia me exime de probar que los que optan por la homosexualidad lo hacen motivados por una triste combinación de lascivia individual y marginación social. Quien no padece de ambas cosas jamás caerá en la homosexualidad. Pero constituir una familia, precisamente, implica refrenar la lascivia e integrarse socialmente. Para hacer ello es necesario amar al otro, al punto tal de aceptar limitar el propio deseo y acatar las normas pensadas para beneficiar a los indefensos y a quienes cuidan de ellos. O sea formar una familia equivale a aceptar que hay un Dios encima nuestro y que el mundo se maneja de tal manera que el otro –especialmente el otro que es demasiado joven, o demasiado viejo, o demasiado débil, o demasiado desorientado– es reconocido no como un obstáculo que bloquea la felicidad personal, sino como aquello que de hecho la posibilita. Lo que quiero decir es que la homosexualidad es, por definición, una cuestión de egoísmo, mientras que la familia es todo lo contrario.

La tercera posición

Lo más probable es que ambas parejas sufran por su situación de anormal normalidad. Una pareja –y me refiero a dos amantes– nunca se trata de dos personas, pues siempre hay un tercero: Dios. ¿Entenderán esto así esas personas? Desconozco la situación particular de la pareja salteña, pero la pareja entrerriana se declaró católica y pidió que un cura de la localidad de Victoria los case. El cura, correctamente, se negó a hacerlo, aunque dijo que está dispuesto a bautizar a la niña, pues no deben pagar los hijos por los pecados de los padres.

Si las parejas se han encontrado el uno al otro y han decidido ya no ser sólo ellos, sino ser alguien más, entonces Dios se encuentra allí. Pero, en este caso, puedo asegurar que, aunque le hayan mandado un correo electrónico al Papa, Dios no ha bendecido a la pareja. Y no lo ha hecho no porque Él sea un malvado que le niega la felicidad a la gente: no lo ha hecho porque esa gente, esas parejas de travestidos, persisten en su egoísmo, o sea niegan a Dios.

No conozco el caso lo suficiente para determinar con exactitud por qué niegan a Dios en concreto aun cuando existe aparentemente una voluntad de abandonar esa postura, pero puedo afirmar con mucha seguridad que el tema pasa por la cuestión de la identidad personal. Estos travestidos, en su lascivia y marginación, permitieron que su personalidad sea reducida a su sexualidad. Prefirieron no concebirse como cuerpo y alma que se integran en el mundo para darse cuenta de quienes son, sino que optaron por verse como almas atrapadas en cuerpos extraños; no quisieron la integración, escogieron en su lugar colgarse una etiqueta externa para no olvidarse quienes son internamente. Por ello ahora buscan que la Iglesia o el Estado los homologue: saben que la naturaleza les deparó un destino y saben que una cultura intenta justificar su desvío, pero íntimamente no saben quienes son, pues no se animan a dejar de vivir para si mismos y empezar a vivir para los otros.



Antonella Díaz

domingo, 15 de diciembre de 2013

Buen policía, mal policía

¿Sinarquía o anomia?

Después de diez días de agitación social producida por los saqueos que se desencadenaron al unísono de las huelgas policiales, la presidente Cristina Fernández de Kirchner finalmente habló vía Twitter sobre el tema. Por supuesto que no fue –como si hubiese sido en muchas otras partes del mundo occidental– para asumir su responsabilidad, pedirle disculpas al pueblo argentino y presentar su renuncia indeclinable, pues, como es sabido, el nuestro es un país con una institucionalidad alterada. En su lugar, la presidente se encargó de señalar a quienes serían los culpables del caos que padeció la Argentina.

En su relato, Cristina Fernández de Kirchner apuntó esencialmente en contra de los cuerpos de policía, y deslizó por detrás un montón de conjeturas conspirativas. Al parecer miles de policías a lo largo y ancho del país respondieron a la convocatoria de unas cuantas decenas de cabecillas que sólo querían crear una situación de tensión, por lo que no sólo promovieron el acuartelamiento sino que también organizaron junto a varios hampones unos cuantos robos en banda en contra de ciertos comercios para tentar a los humildes que el Estado se ha ocupado de “incluir” a que se comporten como unos desaforados. Lo que se buscaba era demostrar que la policía es indispensable en la Argentina de hoy y que por ello no se puede no concederle lo que demanda. Esos policías “extorsionadores” y “desestabilizadores” contaron en el relato kirchnerista, claro, con el apoyo directo de gremialistas, políticos y hasta de narcotraficantes, y con el apoyo indirecto del Grupo Clarín, es decir ellos fueron parte del “Eje del Mal”.

Dos escenarios

Si se analiza la situación que vivió Tucumán a la luz de la explicación kirchnerista, es probable que se adhiera a esa versión. Es que en esa provincia la policía suspendió sus tareas habituales, allanándole el camino a la delincuencia para que avance con su actividad expropiadora y destructiva. Durante dos días se vivió en el terror, debido a que nadie del gobierno provincial se hizo cargo de la crisis mientras estaba estallando (y tampoco hicieron ello después de que culminó). La gente, como era de esperarse, reaccionó con un gran malestar ante los policías, a quienes aprovecharon para increparlos en la vía pública o para denostarlos a través de las redes sociales. En una tienda llegaron a colocar un cartel en el que anunciaban que a los miembros de la fuerza policial les iban a cobrar los productos que venden con un grosero sobreprecio, en clara actitud de desquite por los efectos colaterales que ocasionó su huelga.

La contracara de Tucumán fue, sin dudas, Salta. En Salta también hubo acuartelamiento por parte de los policías provinciales. Sin embargo éstos no estuvieron acompañados por saqueos, ya que, justamente, cuando hubo intentos de rapiñar en los comercios locales, fueron los policías los que pusieron el cuerpo y detuvieron a la horda que iba detrás de lo ajeno, minimizando de ese modo los daños provocados. Después de anulado el peligro, muchos oficiales comenzaron a sumarse al paro, pidiendo una suba salarial. La gendarmería nacional entró en escena para suplantar a los policías voluntariamente fuera de servicio, y los únicos inconvenientes y encontronazos que se registraron fueron entre miembros del gobierno y representantes de las fuerzas del orden.

La reacción de los salteños ante su policía fue diametralmente opuesta a la de los tucumanos: en lugar de negarles la atención o cobrarles tarifas especiales, los comerciantes de Salta decidieron agradecerle a sus guardianes ofreciéndoles generosos descuentos en sus locales por lo que resta de diciembre.

El clima popular ante los policías es hoy en día muy distinto en una y otra provincia. La gente de Tucumán acusa de codiciosos a los oficiales y les echa en cara que sus aumentos están manchados por la sangre de los comprovincianos que murieron durante los saqueos; la gente de Salta, en cambio, ha sido informada que el aumento salarial de los policías se financiará a través de un incremento en los impuestos, hecho que no ha puesto a los afectados en contra de los uniformados sino antes bien en contra de los políticos.

Esto también se percibe a nivel político. En Tucumán, el massismo local (un bloque parlamentario integrado en la Legislatura Provincial por José Orellana, Gerónimo Vargas Aignasse y José Teri) presentó un proyecto de ley mediante el cual proponen durísimas sanciones en contra de aquellos policías que intenten organizar algún tipo de protesta frente a sus superiores. En Salta, por el contrario, un opositor como el diputado nacional Bernardo Biella habló de un proyecto suyo para “humanizar” las fuerzas de seguridad, permitiéndoles cierto derecho a quejarse públicamente y protestar pero siempre y cuando no descuiden sus obligaciones más básicas.   

La realidad como límite

Ciertamente la policía de Tucumán y la de Salta no difieren demasiado. En ambos cuerpos hay numerosos elementos corruptos que, por acción u omisión, son productores de delitos. Y no hablo únicamente de coimas, sino que me refiero a la constitución de bandas delictivas integradas por uniformados. Quizás habría que ir a los archivos y cuantificar el número de policías involucrados en estos repudiables episodios durante la última década, para constatar si es mayor el número de malos elementos en Salta o en Tucumán, o si es parejo de uno y otro lado de la frontera. De cualquier manera no son sólo las tristes excepciones las que contribuyen a perjudicar la percepción social de la policía, sino que también ello lo logran a través de ciertos excesos en sus funciones: me refiero, claro, a las denuncias por apremios ilegales, abuso de autoridad y ese tipo de cosas.

Todo eso contribuye a que la policía funcione como un buen chivo expiatorio. En Tucumán, por ejemplo, el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo ordenaron detener a nueve perejiles a los que se les imputa la autoría mediata de los saqueos, los homicidios y otros delitos. Quieren culpabilizar a trabajadores de mala traza para que la opinión pública focalice su bronca en contra de ellos y no en contra del resto de los políticos oficialistas, lo que se dice “buscar tapar el sol con la mano”.

Es que en Tucumán, siguiendo el libreto conspirativo propuesto por el kirchnerismo, no tienen a nadie más contra quien apuntar: el gremialismo moyanista prácticamente no existe en la provincia, del mismo modo en que el massismo se resume en un puñado de dirigentes de poca influencia; Alperovich disparó contra la UCR y La Bancaria, pero nadie, ni el más fanático de los suyos, cree capaz a esa gente de armar algo tan escabroso como fueron los saqueos. Por tanto el gobernador tucumano no tiene más opción que endilgarle toda la culpa a unos cuantos policías a los que, obviamente, no se los acusará de tener vínculos con redes de narcotraficantes (como si se acusa normalmente a la policía de Córdoba y Santa Fe), sino que, cuanto mucho, se les señalará algún contacto con el hampa local a exclusivo título personal.   

En Salta, empero, la estrategia defensiva kirchnerista se estrella contra la realidad. Allí si hay un massismo y un moyanismo poderoso (el encabezado por Juan Carlos Romero y sus aliados), y la narcopolicía es una realidad desvelada desde hace algunos años. Sin embargo, aunque a los kirchneristas les pese, debido a lo acontecido y atestiguado por todos no se puede sugerir que en Salta las bandas saqueadoras hayan sido amparadas ni motivadas por la policía –una policía que, por cierto, no se privó de manifestar el mismo descontento que manifestaron sus colegas en el resto del país. ¿Entonces? ¿Cómo explicar el caos sin recurrir a la invocación de fuerzas golpistas? Creo que asumiendo el fracaso, aceptando que el problema no es que la policía sea buena en un lugar y mala en otra, sino que el problema es que en nuestro país la policía resulta ser la delgada línea azul que divide a la civilización del salvajismo, porque el trabajo, la educación y la justicia están gravemente ausentes, pese a que se nos quiera hacer creer que se ha “ganado la década”.   



Pablo Ulises Soria

viernes, 13 de diciembre de 2013

La bomba tucumana

Las invasiones intensas

Durante dos días, Tucumán fue zona de guerra. Eran dos los bandos que se enfrentaban: el orden y el caos, la ley y el delito, la policía y los criminales. Sin embargo uno de esos bandos, el de los policías, optó por ausentarse, por lo que la población civil se vio obligada a actuar, pero no para restaurar y preservar el orden, sino, simplemente, para no verse devorados por el delito. Debido a ello una anarquía caótica reinó en la Capital provincial y sus alrededores.

En todos lados proliferaron las barricadas. Los vecinos bloqueaban las esquinas con lo que tuviesen a mano –llegando, en algunos casos, a encender hogueras–, y arrojaban aceite o vidrio molido en la calle, calculando que si por su zona intentaban circular las motos que transportaban a los del malón, éstas iban a tropezar, dándole tiempo a la gente para abalanzarse sobre sus tripulantes con el fin de lincharlos con palos, piedras, cadenas, machetes y todo lo que pudiesen utilizar.

El grueso de la población tucumana experimentó el pánico. Pero la actitud de la mayoría no fue paralizarse, sino intentar detener por sus propios medios a la destrucción que avanzaba por las calles. El 9 y el 10 de diciembre de 2013, Tucumán fue víctima de una horda impredecible, y el monopolio de la violencia que posee el Estado se disolvió entre las miles de manos del pueblo. Tucumán no ardió: directamente explotó en miles de pedazos.

Crónica de un desastre anunciado

El conflicto, como es sabido, comenzó en Córdoba, y se produjo un efecto dominó que arrastró a casi todas las demás provincias de la República Argentina. Los gobernadores contaban con la salvaje experiencia cordobesa como advertencia de lo que podía ocurrir en sus distritos.

A Tucumán, la huelga policial llegó el domingo 8 en horas de la noche. Paul Hofer, un funcionario del Ministerio de Seguridad Ciudadana de Tucumán, no tuvo mejor idea que minimizar el acontecimiento, sosteniendo que había políticos detrás (apuntó contra el ucerista José Cano y la frepasista Stella Maris Córdoba) y asegurando que los que protestaban no tenían legitimidad para hacerlo, ya que en su gran mayoría se trataba de oficiales retirados o apartados del cuerpo policial. Ignoraba este incompetente que los gremios policiales están, precisamente, integrados por esa clase de oficiales, que son los que normalmente promueven y encabezan las protestas.

El lunes 9 empezó a crecer desde temprano el rumor de que se desencadenarían los saqueos. Ni lento ni perezoso, el Gobernador José Alperovich alertó a su familia para que tomen precauciones. Así fue que la concesionaria de autos León Alperovich decidió dejar de atender al público y movilizar en caravana sus numerosos vehículos para ocultarlos en zonas seguras, donde serían custodiados por una guardia especial.

Alrededor de las 15 horas de ese lunes se desató la locura. El golpe fue veloz y sin un patrón previsible: saqueos en la avenida Kirchner, en la Gobernador del Campo, en la Belgrano, en Lomas de Tafí, en Banda de Río Salí, en todos lados menos en Yerba Buena y en el área de las Cuatro Avenidas (aunque también se registraron allí hechos delictivos). El servicio de colectivos fue suspendido y las estaciones de servicio optaron por cerrar sus puertas. Cerca de las 21 la Gendarmería Nacional comenzó a patrullar la ciudad, pero concentrándose especialmente en las zonas que no habían sido saqueadas aún, es decir en las zonas monitoreadas por cámaras de vigilancia y defendidas con hombres de seguridad privada.

El martes 10, bien temprano, se produjo el saqueo a la distribuidora de Sancor. Allí un vecino filmó la escena patética en la que una madre deja abandonado a su hijo en un coche para ir a robar en los depósitos. La preocupación ante una ola imparable de robos comenzó a crecer entre la población. Al mediodía empezó a circular el rumor de que los malandrines iban a sabotear los transformadores de energía eléctrica, para dejar a la ciudad sometida a la obscuridad y avanzar así sobre el área del centro. Las redes sociales se hicieron eco de la alerta de catástrofe, y la gente de esa área decidió salir a la vereda o a los balcones de sus casas con una cacerola en la mano. A las pocas horas muchos vecinos se habían concentrado en la Plaza Independencia. Allí se encontraba el Gobernador Alperovich, el Arzobispo Zecca, representantes de los policías acuartelados, y varios funcionarios de primera línea del gobierno provincial negociando una salida honrosa. Furiosa, la gente no sólo les transmitió su bronca gritando, sino que además vandalizaron los autos oficiales (Alperovich culpó de ello a los miembros de La Bancaria). Encerrados en Casa de Gobierno, el Gobernador y su séquito mandó a un grupo de efectivos policiales a despejar el lugar. Allí empezaron a sonar los disparos de balas de goma, dos de los cuales impactaron en contra de un manifestante que quedó ensangrentado, imagen que fue recogida y reproducida por los corresponsales de Todo Noticias que se encontraban registrando la protesta.

La policía reapareció el martes a la noche, pero el miedo siguió golpeando durante la madrugada del miércoles 11. Miles de vecinos se negaron a dejar las calles y volver a sus casas, temerosos de que surgiesen los malones de entre las sombras: es que muchos ya habían protagonizado defensas exitosas de comercios barriales que intentaron ser atacados por los maleantes, y estaban lo suficientemente envalentonados como para no dejarse doblegar por la delincuencia. La zona de la Costanera fue un campo de batalla, ya que gente de otras villas se acercaron con la intención de entrar y saquear el lugar, suponiendo que los botines más interesantes se encontraban ocultos en las casillas del lugar. Ya cuando despuntó el alba, el terror comenzó a disiparse y dejó paso a la bronca generalizada. Vecinos a lo largo y ancho de San Miguel de Tucumán y localidades aledañas manifestaron su repudio sin tapujos hacia la fuerza policial (en algunos casos simplemente increpándolos, en otros ironizando contra ellos, y en muchos casos más enfrentándolos con violencia). Tampoco se salvó de la ira de la gente la señora Silvia Rojkés de Temkin, Ministra de Educación de la provincia, que aún sin el servicio de transporte público restituido y con las calles todavía repletas de escombros de barricadas, dio la orden de que se dicten clases normalmente, obligando a miles de niños y adolescentes a asistir a las escuelas como si la conmoción ya estuviese plenamente superada.

Policías, políticos y periodistas: los enemigos del pueblo

En Facebook alguien abrió una página para escrachar a los saqueadores de Tucumán. Transcurridas 24 horas, dicha página tenía ya más de veinte mil adhesiones. Eso marcó perfectamente el sentimiento generalizado de la población tucumana.

El miércoles 11, a partir de las 18, la Plaza Independencia comenzó a llenarse de gente. Un par de horas después, una multitud había copado el lugar. Muchos de los presentes estaban allí para manifestarse en contra de la policía por su negligencia de dejar a la ciudad sin protección, otros estaban para repudiar al gobierno provincial por haber dejado que las cosas se les escapen de sus manos y haber contribuido al caos, y el resto se había acercado a la plaza para enfrentar tanto a los policías como a los políticos.

Quienes también sintieron la bronca del pueblo fueron los periodistas, especialmente aquellos que trabajan en la televisión local. En plena protesta, fueron reprendidos por la gente que les recordó que, así como los policías y los políticos se borraron en el momento más agudo del conflicto, así también ellos no hicieron su trabajo cuando era el momento más necesario. Es que si algún canal de aire (el Canal 8 o el Canal 10) hubiese puesto un micrófono y una cámara en la Plaza Independencia el martes por la tarde –suspendiendo la basura televisiva que habitualmente transmite–, hubiesen gozado de una audiencia enorme y de un poder tremendo, que hubiese colaborado en gran medida a generar la respuesta política que nunca se generó. Pero los mercenarios trabajan según la lógica del mercenario: lo que les importa es el dinero.

Bailando en la obscuridad

Algo que indignó a la mayoría de Tucumán fue que mientras en la provincia se vivía el caos, la Presidente Cristina Fernández de Kirchner bailaba sobre un escenario en Plaza de Mayo con una cacerola y una cuchara, en una suerte de parodia dirigida directamente en contra de la gente que había tomado ambos elementos para hacerse oír en la Cuna de la Independencia.  

Como es común, la energúmena que gobierna al país no pidió disculpas ni nada parecido por su exabrupto de entregarse al ritmo de la danza macabra. Es que para ella era necesario festejar 30 años de democracia. Aun si todo ardía o se hundía, el circo tenía que continuar. Ya en ese momento se sabía que los muertos eran muchos (en Tucumán, al parecer hay cinco muertos, pero el número podría ser mayor), no obstante ello no fue obstáculo para que la Señora de la “Buena Onda” brinde un espectáculo bochornoso junto a su equipo de aduladores bien pagados.  

¿Cuál ha sido la reacción del Gobernador Alperovich? El perfil bajo. Hizo una reunión para felicitar a la Gendarmería por su acción, cambió al Jefe de la Policía Provincial, anunció que la justicia está ubicando y persiguiendo a los protagonistas de los saqueos, pero no asumió su responsabilidad: si en lugar de esconder su patrimonio, firmaba el acta en la que acordaba la suba salarial de los policías el día lunes, la movida saqueadora hubiese sido mucho menos dañina o ni siquiera hubiese tenido lugar. La gente se lo recordó: primero escracharon la sede de una concesionaria de León Alperovich, y luego organizaron manifestaciones directamente ante su domicilio de calle Crisóstomo Álvarez. Le piden la renuncia mientras concurren a las armerías para comprar protección. Temen, porque intuyen que la obscuridad volverá y los encontrará indefensos.



Francisco Vergalito

domingo, 17 de noviembre de 2013

La izquierda salteña: cuando los opas se vistieron de rojo

La sorpresa que es

El triunfo del Partido Obrero en el departamento Capital en las últimas elecciones provinciales salteñas es tan significativo como el triunfo de Juan Carlos Romero en el mismo lugar sólo que dos semanas antes. En principio ambos fenómenos se explican como un voto de concentración ideológica, es decir el PO ganó porque hubo muchos votantes de izquierda (desde los de ultraizquierda hasta los de centroizquierda) que no tuvieron una opción más potable y útil que esa, de la misma manera que los votantes de derecha (especialmente los liberales) apoyaron a Romero para avalar a alguien que los represente.

Mucho se ha dicho para intentar explicar el sorpresivo avance de la extrema izquierda en Salta. De más está decir que no deben tomarse en cuenta las palabras de los propios protagonistas, pues a ellos no les interesa conocer la razón real de lo acontecido, sino sólo aprovechar el episodio para seguir creciendo –de allí es que anden diciendo que son los únicos representantes legítimos de las causas populares y falsedades por el estilo–; por tanto es preciso buscar otras voces.

A nivel provincial Lucio Yazlle sostuvo que el triunfo del PO es una consecuencia natural producida por un sistema económico neoliberal cuyo defensor político, vale decir el PJ, se fragmentó sin más motivo que la ambición desmedida de su dirigencia, algo que terminó pagando muy caro. Armando Caro Figueroa, desde la vereda ideológica opuesta a la de Yazlle, señaló que en este caso nada tienen que ver las teorías de León Trotsky con el triunfo del PO y que no es verdad que los trabajadores asalariados estén reaccionando ante la explotación laboral con un plan revolucionario, sino que, por el contrario, el PO se impuso porque representa un convincente vehículo para canalizar el voto de aquellos que están hastiados de una clase política que se ha ido castificando y corporizando. El contraste del análisis es claro entre los izquierdistas y los derechistas salteños: para Yazlle finalmente ha llegado el momento en que los trabajadores se levantarán en contra de la milenaria opresión que los doblega, mientras que para Caro Figueroa un grupo de ciudadanos que ha alcanzado su techo de crecimiento personal y que quiere hacerse cargo del manejo de los asuntos públicos (quizás para mejorar la calidad institucional republicana) ha optado por apoyar masivamente a una fuerza extremista como el PO sólo para castigar y amedrentar a los que ya están en el gobierno.

Ahora bien, a nivel nacional el análisis es prácticamente el mismo, sólo que un tanto más sofisticado o pintoresco (sofisterías y pintoresquismos que aparecen para tapar los huecos que surgen allí en donde alguien habla sobre Salta sin conocer Salta con la profundidad de un salteño). La blogósfera kirchnerista, por su parte, ha manifestado su asombro ante el crecimiento de una fuerza que los supera en izquierdismo, pero no han tardado en culpabilizar de ello al “viejo PJ” que aún subsiste en el interior del oficialismo salteño o incluso al pase de factura de la sociedad a Urtubey por una muy débil adhesión a la Vulgata progresista con la que ellos se manejan.

La revolución cultural que no fue

Más allá del aspecto político, hubo quienes quisieron ver en el triunfo del PO una cuestión cultural. Un caso ejemplar en este sentido fue el de Daniel Ávalos, escriba de la siempre imberbe revista Cuarto Poder. Con un optimismo casi juvenil, Ávalos identifica al PO como el partido de los travestidos, de las hembristas lesbianas, de las hembristas prostitutas, de los malos católicos y de toda la demás escoria social (a la que él denomina “rebeldes culturales”). Ello es difícil de comprobar, pero no es descabellado pensar que muchos de esos desviados apoyaron a un partido que habitualmente los apoya. Sea como sea, Ávalos trata de interpretar el triunfo del trotskismo como un golpe directo en el corazón de la identidad salteña. Los votos cosechados por el PO serían la prueba de que el pueblo de Salta ha dejado de ser conservador, penitente, abnegado y obediente, o sea católico.

Ávalos, a diferencia de Yazlle o Caro Figueroa, desestima la cuestión socioeconómica para centrar su atención en el tema cultural, pues lo que hace este autor no es tratar de explicar las causas del voto al PO sino imaginar sus consecuencias. El trotskismo en el poder equivaldría, aparentemente, a menos virtuosismo y más vicio entre los individuos que constituyen la sociedad. Sin embargo en el último lustro los desviados han conseguido casi todo lo que solicitaron por años, y ello no fue gracias al trotskismo. Quizás Ávalos esté diciendo que ahora todos los antaño marginales (devenidos hoy en los mimados del sistema) estén mordiendo la mano que les dio de comer, pero ello sería como equiparar homosexualidad, hembrismo o lo que fuese con la izquierda política, cuando es bien sabido que hay muchos homosexuales, hembristas y demás personajes de esa calaña que aún siendo lo que son (y aún admitiéndolo públicamente) no adhieren ni aprecian políticamente a la izquierda.

Lo que si sucedió en relación a lo cultural fue el ataque gratuito de la dirigencia del PO a la Iglesia Católica. Embriagados por su triunfo ante la corporación partidocrática, estos perroflautas de camiseta roja se animaron a criticar a los representantes de Dios en la Tierra. A su supuesta lucha cotidiana por el trabajo digno, el acceso a la vivienda, la defensa del medio ambiente y el fin de la impunidad, los del PO no tardaron en agregarle el pedido de la legalización del asesinato en masa de niños mientras estén aún en el vientre materno (recordemos que el punto más alto de la campaña de la energúmena Cristina Foffani para el Senado de la Nación fue cuando sostuvo que el feto humano es una mera deformación).

Algo curioso de todo esto es que, pese a lo radicalizado que es el discurso del PO, nadie se escandaliza verdaderamente. Ello se debe al simple hecho de que el aborto, la aberrosexualidad, el ateísmo y los demás errores fatales vienen siendo promovidos por el oficialismo kirchnerista. Trotskistas y kirchneristas coinciden en lo esencial de su proyecto promotor de antivalores, pero difieren en algunos asuntos relacionados a lo económico. Por eso a mi me llama la atención la disputa que se ha generado en el Concejo Deliberante capitalino: en principio bien podría acusarse al PO de ser extremista y constituirse algo así como un “frente democrático” que aísle a la mayoría trotskista para dejar todo en manos del Partido Justicialista, el Partido de la Victoria, Salta Somos Todos y el Frente Salteño; empero llegado el momento de evitar que Salta se convierta en una ciudad Pro Vida, o ante la propuesta de eliminar el monumento dedicado a los héroes de las guerras contra la subversión o de cambiarle el nombre a las calles para vituperar el pasado hispánico, al menos la mitad de los concejales del PJ se unirían a los del PO en el momento de la votación, produciéndose así la muestra más cabal de la política de decadencia que padece nuestro país.

El soviet que no será

Creo que lo más interesante que puede llegar a pasar con el PO en Salta es su fragmentación. Fueron las reformas al sistema de representación política introducidas por la Constitución Provincial de 1998 lo que le permitió al PO empezar a ganar pequeños espacios en los poderes gubernamentales a partir de 2001. En 2005 llegaron a tener tres diputados provinciales (uno menos que en la actualidad) y al menos cinco concejales en Salta (cuatro menos que ahora), pero el PO no generó absolutamente nada novedoso ni disruptivo en aquella oportunidad. Hoy en día amenazan con movilizar a las masas para acompañar su acción parlamentaria, pero todos en Salta saben que ello no es de temer, puesto que el PO no tiene el poder de convocatoria ni de movilización que si tiene, por ejemplo, la Tupac Amaru en Jujuy (el PO salteño, en este momento, carece de la fuerza suficiente para sitiar la capital provincial y ocupar edificios públicos, algo que el grupo que capitanea Milagro Sala puede hacer cada vez que se le antoje en la vecina Jujuy).

Roque Rueda, un afiliado al conservador Partido Propuesta Salteña, publicó en El Intransigente un largo artículo en el que revisa documentos del PO para demostrar que dicho partido no es más que un grupo de extremistas que buscan la confiscación de la propiedad privada y el ejercicio de la violencia en contra de los contrarrevolucionarios. Pretendía con ello generar rechazo entre los moderados que le iban a dar su voto al PO para manifestar su bronca en contra de un sistema que no funciona como le corresponde hacerlo.

En lo personal no creo que el texto de Rueda haya tenido algún tipo de influencia sobre los votantes, pues la teoría marxista es hoy en día algo que sólo les preocupa a los marxistas, dado que solamente ellos parecen tomársela en serio y el resto de la gente ni la entiende, ni la sigue, ni le teme. El economista Rolando Astarita es, justamente, uno de esos marxistas dispuestos a juzgar la experiencia del PO salteño en su relación con el marxismo. Una cosa que Astarita señala es que si el PO desea influir sobre la gente debe esforzarse en conseguir el beneficio de las masas trabajadoras y no sólo en denunciar a las corrupciones del sistema o en promover cambios culturales (que es lo que ha venido haciendo hasta ahora). No obstante este autor señala también que lo normal es que el PO se enfrente al desgaste progresivo, ya que, al estar el sistema capitalista funcionando en condiciones normales, es sólo cuestión de tiempo para que el utopismo trotskista se vuelva realismo y su militancia se desmoralice, haciendo que los cuadros menos formados y con acceso a los puestos parlamentarios se sientan tentados a transfugarse en beneficio propio. Es que, en el fondo, el comunismo no puede elegir la vía electoralista para lograr sus fines, debido a que el sistema electoral está diseñado para administrar un Estado que difiere económica y políticamente de su idea de Estado.

En octubre, el propio Jorge Altamira retuiteó un mensaje de un militante del PO de Colonia Santa Rosa que decía que el partido sería mayoría en el Concejo Deliberante local “si Dios y la Virgen acompañan”. Que el movimiento de izquierda que se jacta de ser el más ortodoxo del país tenga miembros que invocan fuerzas divinas cuando, filosóficamente, se supone que son materialistas y ateos, deja entrever cuan frágil es realmente el PO salteño y cuan casual es su ascenso al poder. Ello, sin embargo, le augura una prolongada estadía en el mundo partidocrático argentino.  




Hernán Solifrano (h)

viernes, 15 de noviembre de 2013

Tucumán libre de masacres

En el pasado mes de abril escribí un artículo en el que califiqué de “sicarios” a los médicos de la Maternidad de San Miguel de Tucumán que se ocuparon de ejecutar un homicidio en contra de un niño que aún permanecía en el vientre de su madre. Ahora, nobleza obliga, me toca felicitar a esa institución por su trabajo en defensa de la vida del aún no nacido.

El infame diario Página/12 nos cuenta sobre un caso sucedido en Tucumán, en el que supuestamente se le impidió a una joven de 16 años realizar un aborto tras declarar que había sido violada, siendo obligada por ello a trasladarse a Buenos Aires para asesinar allí a su descendencia.

La nota fue escrita por Mariana Carbajal, una periodista feminista famosa por las licencias literarias que toma a la hora de redactar. Según el relato del diario progresista, una adolescente, con un embarazo de casi cuatro meses, afirmando haber sido violada se acercó a un hospital público para que le realizasen un aborto. Los profesionales de la institución notaron que su versión de los hechos era poco clara, y promovieron una denuncia penal para que la mentada violación no quedase impune. Luego trataron de explicarle a la joven que lo que exigía como un derecho en realidad se trataba de un cruento homicidio y hasta enviaron a una trabajadora social para ayudar a la adolescente y evitar así el crimen. Sin embargo, testaruda, la madre decidió pese a todo continuar con su macabro plan de darle muerte a su hijo. Una psicóloga de la Maternidad optó por despreciar el valiente esfuerzo de sus compañeros, y gracias a ella la joven consiguió pasajes de ida y de vuelta financiados por el Estado para hacerse vaciar el vientre en el Hospital Argerich de la Capital Federal. La familia de la asesina prepara ahora acciones judiciales en contra de los profesionales que defendieron la vida de su hijo fallecido.

Carbajal, intentando demonizar a los médicos que se niegan a trabajar de sicarios en Tucumán, agregó una referencia a un inverosímil caso acontecido en la provincia el año pasado, en el que a una mujer abortista le hicieron un torturante legrado sin anestesia, “seguramente a modo de castigo porque las médicas que la atendieron sospecharon de que había interrumpido voluntariamente el embarazo”.

El cambio de actitud de los profesionales de la Maternidad en sólo seis meses se debió a la acción judicial y política que un grupo de tucumanos llevaron a cabo contra la matanza de inocentes. Junto a las denuncias contra la Maternidad por abuso de autoridad e incumplimiento de deberes de funcionario público, el PRO, la UCR y la DC propusieron medidas para que el Estado rechace la cultura del genocidio y favorezca el florecimiento de la vida y la contención de las víctimas. Pero el verdadero éxito en contra del abortismo es producto del oficialismo provincial, el cual, extrañamente, todavía no ha sucumbido a la exigencia de facilitar los asesinatos impunes. Esperemos que esta noble actitud de un grupo de gobernantes que no se caracterizan precisamente por su nobleza persista en el tiempo, sobre todo por el bien de los niños por nacer. También sería bueno que casos como el de la joven que viajó a otra provincia sólo para disfrutar de la sensación de saber que su hijo ha muerto no se vuelvan a producir.



Antonella Díaz

lunes, 4 de noviembre de 2013

Radiografía de la actual partidocracia jujeña

Un poco de historia

La historia política jujeña de las últimas tres décadas es una triste historia de corrupción, ineptitud y contubernio. Me propongo a continuación hacer un breve repaso de la misma. Para simplificar el abordaje del período 1983-2013 hablaré de la existencia de dos subperiodos (uno pejotista y otro fellnerista), pero ello no debe quitar de vista el fenómeno de la continuidad y, peor aún, de la paulatina decadencia. 

Entre 1983 y 1998 el escenario político jujeño estuvo dominado por el Partido Justicialista. Durante ese lapso la Unión Cívica Radical ocupó el puesto de antagonista principal, pero lo característico de la política jujeña de los últimos 30 años ha sido siempre la participación de terceras fuerzas. Estas terceras fuerzas usualmente han conspirado de algún modo para sabotear la unidad opositora y facilitar con ello el triunfo permanente del PJ. 

En 1983 el voto opositor se dividió entre la Unión Cívica Radical y el Movimiento Popular Jujeño, lo que le permitió a Carlos Snopek del PJ convertirse en Gobernador. Sin embargo dos años más tarde el oficialismo recibió una derrota en las elecciones de renovación legislativa (que incluían también elecciones para convencionales constituyentes, ya que se había planteado la necesidad de dotar a la provincia de una nueva Constitución); aquel revés se produjo por la división que se había gestado en el seno mismo del PJ entre los caciques Carlos Snopek y Ricardo De Aparici, quienes disputaban la conducción de la masa peronista. Al final apareció el Partido Celeste y Blanco de los Trabajadores que, de la mano de De Aparici, no sólo permitió el triunfo de la oposición sino que además contribuyó a que se produjese una alianza entre ellos (la famosa Convergencia) que reformó la Constitución según sus gustos y que se animó a competir por la gobernación. Ese episodio dejó como enseñanza algo que después se volvería una norma en el PJ jujeño: ir todos juntos a las elecciones y resolver las internas luego de haber accedido al poder y no antes. Snopek y De Aparici se aliaron en 1987, y colaboraron para que Annuar Jorge, un miembro de la UCR y dueño del diario Pregón, lanzara un partido anti-Convergencia llamado “Movimiento de Unidad Renovadora” que logró captar el voto tanto de los muchos simpatizantes radicales que no veían con buenos ojos el pacto de los suyos con Horacio Guzmán, como el de algunos peronistas que terminaron desencantados con la actitud de los líderes de su movimiento.

En 1989 Fuerza Republicana, un partido creado por Antonio Domingo Bussi en Tucumán durante el año anterior, irrumpió en la provincia. FR representaba por aquel entonces al Proceso de Reorganización Nacional que retornaba en un envase democrático después de un lustro de descalabros económicos, sociales y culturales provocados por el alfonsinismo. Bussi intentó construir una fuerza regional, pero en Salta ya existía el Partido Renovador Salteño que cubría el rol de FR, en Santiago del Estero nunca pudo hacer pie debido al poderoso unicato juarista, y en Catamarca apareció justo cuando se producía el resquebrajamiento del saadismo gracias al penoso Caso María Soledad y la interna abierta del PJ absorbía el interés de todos. En Jujuy, por el contrario, FR tuvo éxito, al punto de desplazar al MUR del podio partidocrático, lo que le permitió colocarse como la tercera fuerza provincial, justo detrás del bloque opositor que conformaban la UCR y el MPJ.    

En 1990 De Aparici renunció ante el caos. Jujuy había sido declarada “provincia económicamente inviable” por Domingo Cavallo y la oleada privatizadora, sumada a la reducción del gasto público, creó un clima de tensión social salvaje. Fue por esa época en que Carlos “El Perro” Santillán emergió como un líder sindical intransigente y en que los Olmedo cobraron un inusitado protagonismo en la mediación de los conflictos sociales de la Quebrada de Humahuaca. En 1991 se convocaron a elecciones bajo el nefasto sistema de la Ley de Lemas: Roberto Domínguez venció a Guillermo Snopek y a Annuar Jorge en la interna abierta del PJ y se consagró gobernador, sólo para ser devorado más tarde por la Legislatura Provincial, que lo obligó a renunciar y lo reemplazó con Carlos Ficoseco –a quien luego también desplazó y sustituyó por Agustín Perassi, después de haber llevado a su partido a una derrota memorable en la elecciones para convencionales constituyentes nacionales de 1994. La Ley de Lemas funcionó hasta su derogación en la década de 2000 como un instrumento bastardeador de la partidocracia jujeña: gracias al sistema de doble voto simultáneo muchos oportunistas entendieron que para gobernar sólo era necesario financiarse una campaña exitosa que los llevase al parlamento, desde donde podrían negociar sus votos para presionar o aliviar al Poder Ejecutivo.   

A las elecciones de 1995 las ganó el pejotismo con la dupla formada por el Senador Nacional Guillermo Snopek y el periodista Carlos Ferraro, en segundo lugar quedó el Frente Cívico (una coalición integrada por la UCR, el Movimiento de Renovación Cívica que acababa de nacer como una escisión del MPJ, y otros partidos menores que trataban de representar al FREPASO en la provincia) y el tercer puesto fue para la alianza constituida por el MPJ y FR. Un par de meses después de haber asumido el cargo de Gobernador, a Snopek se le cruzaron unos caballos en la ruta y murió justo cuando había comenzado a intentar revertir las consecuencias nefastas del menemismo. Ferraro, al asumir su nuevo puesto, ignoró el proyecto político que había planteado Snopek y prosiguió ejecutando las directivas menemistas que habían liquidado a varios de sus antecesores. En 1997 el PJ se impuso por sobre la UCR (que se presentó con el sello de “Alianza”) y por sobre el FREPASO (encabezado por el MORECI, el cual logró, por primera vez desde 1983, minimizar al MPJ y quitarle presencia parlamentaria). De todos modos Ferraro no pudo sobrevivir a la interna pejotista y dejó su puesto en 1998 para ser sustituido interinamente por el Legislador Provincial Eduardo Fellner, en lo que, según sus palabras, sería sólo “una transición”. A partir de allí comenzó esa infame patología jujeña que es el fellnerismo.

El fellnerismo mostró su naturaleza ya en 1999: la UCR, el MORECI, el MPJ y varios partidos pequeños se habían aglutinado en una única fuerza con el objetivo de arrebatarles la gobernación provincial a Eduardo Fellner y Rubén Daza, pero algo menos de tres mil votos se lo impidió; la sospecha de fraude no se hizo esperar. Gerardo Morales –que por segunda vez intentaba ser Gobernador– realizó toda clase de denuncias por las irregularidades en los comicios hasta que De la Rúa le dio un importante puesto en la Secretaría de Desarrollo Social y partió hacia Buenos Aires. Desde su cartera, Morales ejecutó una estrategia clientelista que en 2001 le permitió ganar la elección para Senador Nacional junto a Mónica Arancio de Beller, nieta de Horacio Guzmán. La UCR se había vuelto a aliar con el MPJ y el PJ se había vuelto a fisurar debido a la aparición del Partido por un Nuevo Jujuy (liderado por el menemista Riad Quintar), el cual jugaría en esa oportunidad como tercera fuerza provincial. Al poco tiempo estalló el Cacerolazo, y la UCR quedó desacreditada a nivel nacional.

En el año 2003 la UCR –junto al MPJ y al PNJ– organizó el Frente Jujeño. Gerardo Morales se candidateó por tercera vez para gobernar Jujuy, pero Fellner retuvo el poder sin muchas complicaciones. Isolda Calsina desertó del PJ para armar el Movimiento Ciudadano Libertad y Democracia Responsable, pero no logró romper la polarización formada entre oficialistas y opositores, por lo que en aquella oportunidad Jujuy se vio privada de la clásica presencia de una tercera fuerza. Ya en 2005 se produjo el choque entre Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde por el control del PJ. Fellner, quien era un viejo duhaldista, se apropió del sello “Frente para la Victoria” para garantizar su presencia en el bando ganador, pero a su vez apareció la Unión por Jujuy –una coalición integrada por el MORECI y el Partido de la Victoria– que había armado el Diputado Nacional Rubén Daza con el propósito de disputarle al fellnerismo la representación provincial del kirchnerismo. El triunfo fue para el FPV, seguido por el FJ y detrás la UPJ.   

Daza, cual Urtubey en Salta, intentó arrancarles el poder a los viejos caciques en 2007, pero su suerte fue muy diferente a la del salteño. En efecto, cuando Daza se aprestaba a desbancar al fellnerismo, Quintar aceptó que el PNJ abandone el FJ y forme una nueva coalición con LYDER de Calsina y el Partido Blanco de los Trabajadores de Carlos Daniel Snopek: nació así, a última hora, el Frente Primero Jujuy. Otro problema se le sumó a Daza cuando el Intendente de San Salvador de Jujuy, José Luís Martiarena, armó el Frente por la Paz y la Justicia y propuso a Gloria Quiroga de Macías como candidata para la gobernación provincial, con el fin de presionar a los fellneristas por no haberle dado su apoyo para retener su bastión (lo que a la larga le terminó generando la pérdida de la intendencia a manos del ucerista Raúl Jorge). Martiarena es un curioso caso de convencido rodriguezsaaísmo en el NOA, sin embargo en aquella oportunidad su FPJ funcionó como una colectora de Cristina Kirchner, lo mismo que el FPJ de Snopek y la UPJ de Daza. Cristina Kirchner cosechó el 62% de los votos jujeños en la categoría de Presidente, dejando muy por detrás a la dupla integrada por Roberto Lavagna y el crédito local Gerardo Morales de la Concertación para Una Nación Avanzada. El FJ, con Alejandro Nieva de candidato a Gobernador, quedó tercero, por encima de los pejotistas Daza y Quiroga de Macías, pero por debajo de los también pejotistas Snopek y Barrionuevo. 

En 2009 Isolda Calsina abandonó el FPJ. La foto no varió mucho: triunfo del FPV, consolidación opositora de la UCR y del PFJ, y transformación de LYDER en tercera fuerza. Esas elecciones sirvieron también para extinguir a Daza. 

2011 fue el año del retorno de Eduardo Fellner a la gobernación jujeña. En 2006 el plan del fellnerismo era reformar la Constitución Provincial para habilitar la reelección indefinida, pero ello se abortó después de que en Misiones el Obispo Joaquín Piña venciese a los kirchneristas y la derrota se nacionalizase para evitar una jugada similar sobre la Carta Magna argentina. Así Fellner se vio obligado a asumir un puesto de Diputado Nacional y dejar en su lugar a su vicegobernador Walter Barrionuevo para que cuidase del feudo mientras él intentaba jugar en las grandes ligas (ese cambio de mando obligado y la elección a dedo del sucesor fue lo que motivó que Snopek y Daza jugaran por fuera del FPV provincial pero dentro del FPV nacional). Las elecciones de 2011 no presentaron mayor dificultad para el fellnerismo: amplio triunfo del FPV, que, sumando a tradicionales opositores como el MPJ y el MORECI, dejó en segundo lugar a la Unión para el Desarrollo Social (coalición integrada por la UCR y LYDER), y en tercero al FPJ (que, nuevamente, actuó como colectora kirchnerista).   
     
Lo que nos deja esta historia es un puñado de observaciones interesantes sobre la partidocracia jujeña (y, por extensión, sobre la partidocracia argentina). Durante el periodo pejotista de 1983-1998, el PJ procuró mantener la unidad para no ser derrotado ante la ruptura interna (ello inspiró, entre otras cosas, la nefasta Ley de Lemas). La UCR y el MPJ ocuparon el rol de abanderados de la oposición, pero sólo estuvieron formalmente unidos en 1987. Las terceras fuerzas (como el MUR, FR y el MORECI) encarnaron las expresiones de centroderecha o centroizquierda que ni el PJ, ni la UCR, ni el MPJ se animaron a encarnar claramente por ser partidos más preocupados en conservar u obtener el poder que en desarrollar programas ideológicos. El periodo fellnerista de 1998-2013, en cambio, ilustra bastante bien lo que es la política argentina desde la materialización del ominoso Pacto de Olivos: el PJ provincial convertido en embajador del gobierno nacional, la UCR obligada a pactar con otros partidos para hacer sombra desde la oposición, y las terceras fuerzas (PNJ, UPJ, FPJ y LYDER) surgidas desde las filas del pejotismo con el propósito de desbancar al partido dominante que, por supuesto, se niega a convocar a internas. El bipartidismo parece acentuarse, y las alternativas ideológicas, difuminarse. El Frente para la Victoria alberga en su espacio tanto al FREPASO como a la UCEDE, a la villa como al country, a víctimas de la dictadura cual Juan Cabandié como a funcionarios de la misma cual Alicia Kirchner. En Jujuy esa contradicción también se reproduce, y de un lado aparecen los caciques del PJ, mientras que del otro están Milagro Sala y sus hordas.    

2013: el tropezón 

Las elecciones de 2013 fueron atípicas para el PJ jujeño. La UCR, reflotando el sello “Frente Jujeño”, terminó por derrotar al oficialismo, aunque la diferencia a su favor fue más bien pequeña. El desdoblamiento de los comicios en primarias y generales fue claramente contraproducente para el PJ, pues le permitió a la gente replantear sus opciones a la hora de concurrir ante las urnas y aplicar así un “voto castigo útil” contra el gobierno. 

Las PASO mostraron la paridad entre el FPV y el FJ, mientras que se generó una interesante disputa por el puesto de la tercera fuerza que involucró al FPJ (integrado, esta vez, por LYDER de Calsina, el PBT de Carlos Daniel Snopek, Gana Jujuy de Perassi, y fuerzas no peronistas como el MPJ y Cambio Jujeño), al PRO y al Frente de Izquierda y de los Trabajadores. El enigma giraba en torno a Milagro Sala y su influencia: antes de las elecciones, Sala conformó el Frente Unidos y Organizados con su Partido de la Soberanía Popular, el MORECI, el Partido de la Concertación – FORJA, los partidos Comunista, Humanista y Solidario, varias agrupaciones municipales, los neoimberbes (La Cámpora, el Movimiento Evita, etc.) y el bloque piquetero coordinado por la Organización Barrial Tupac Amaru, faltando a la comparsa sólo Kolina que, encabezado en Jujuy por Liliana Fellner, se unió al FPV. Después de las PASO se especuló con que el milagrismo le había negado sus votos al FPV para depositar sus sobres en blanco (hubo más de nueve mil votos vacíos en agosto) o dárselos en su lugar a fuerzas antisistémicas como el FIT y la Nueva Izquierda para generar nerviosismo en el mundo partidocrático. Después de una serie de conflictos, Milagro Sala finalmente pactó con Fellner y afirmó que le daría cuarenta mil votos más al FPV para asegurar su triunfo en octubre. Empero ello no sucedió. El FPV consiguió en las generales sólo siete mil votos más de los que había conseguido en las primarias, mientras que el FJ incrementó en casi veinte mil los suyos. 

Los números de la elección para legisladores provinciales develaron el misterio: Sala consiguió casi cincuenta mil votos, una cifra que le permite convertirse en la nueva tercera fuerza de Jujuy. UYO presentó una boleta corta, vale decir no se oficializó como colectora del FPV, y el número de votos en blanco fue sugestivamente más alto en la categoría de Diputados Nacionales que en la de Legisladores Provinciales. No es descabellado suponer que Sala le sugirió a su ejército de clientes no apoyar al oficialismo para darle un golpe que los deje mal parados tanto a nivel provincial como a nivel nacional, ya que no se ha demorado en convertirse en candidata a la gobernación provincial para el año 2015.

Los caciques pejotistas

En la actualidad el Partido Justicialista jujeño tiene tres grandes caciques y muchos otros aspirantes al puesto. Los que mandan, hoy por hoy, son Eduardo Fellner, Guillermo Jenefes y Rubén Rivarola. Fellner estuvo vinculado desde joven a los gobiernos pejotistas jujeños, pero su mayor logro anterior a su salto a la gobernación provincial fue el de haber formado parte del equipo de interventores federales menemistas que durante 1993 y 1995 saquearon Santiago del Estero. Fellner ganó confianza pública cuando, gobernando interinamente la provincia, demostró que tenía habilidad para pagar los sueldos de la administración pública en tiempo y forma (un acto tan simple que, no obstante, se ha convertido en una epopeya para cualquier gobernante de la Argentina post-menemista). Durante 15 años de gobierno el fellnerismo ha hecho a nivel provincial lo mismo que el kirchnerismo a nivel nacional: construir más escuelas pero sin mejorar la calidad educativa, poner más patrulleros en las calles pero sin disminuir la inseguridad, equipar los hospitales con aparatos novedosos pero sin mejorar el sistema de atención médica, entregarles netbooks a los jóvenes pero sin reducir los índices de suicidio, violencia escolar, embarazo adolescente ni adicciones. 

Fellner es un aliado incondicional del kirchnerismo y, pese a haber llegado bastante lejos en el escalafón nacional (llegó a ser Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación), nunca intentó presentarse a sí mismo como alternativa superadora, como si lo hicieron sus colegas Juan Manuel Urtubey o Jorge Capitanich.  

Jenefes, por su parte, es un “exitoso abogado” que, a diferencia de Fellner, entró al PJ ya cuarentón, proveniente, por herencia familiar, de las huestes del viejo conservadurismo provincial. En 2001 consiguió la banca de Senador Nacional como menemista y no la abandonó hasta 2011. En sus diez años en el cargo, Jenefes adquirió fama por su trabajo como lobbista de diversos intereses. Habría que hacer un trabajo minucioso sobre su actuación parlamentaria para dejar en evidencia los numerosos contactos de este dirigente con diversos grupos sinárquicos, pero basta con recordar que, además de causas nobles (como su oposición a la Ley Antitabaco o a las Bodas Gays), Jenefes fue clave para proponer un polémico proyecto de censura en Internet y que obtuvo un protagonismo inesperado cuando obstaculizó temporalmente a la Ley de Medios que promovían los miembros de su propio partido. Cabe recordar que el actual Vicegobernador de Jujuy es, desde hace décadas, el dueño de varios canales de televisión y de varias radios en la provincia, por lo que se entiende claramente que su propósito fue el de asegurar que su posición de mediócrata no se vería afectada por la liberación y multiplicación de los flujos de información. Esa maniobra le generó la enemistad de la Casa Rosada, y así se produjo su salida del Senado de la Nación –en donde estaba más que cómodo– para recalar en la vicegobernación de Jujuy, desde donde, agazapado, espera que Fellner se tambalee. 

Fellner y Jenefes son más bien rivales antes que socios. Lo prueba, por ejemplo, el encontronazo que el Vicegobernador tuvo durante el año pasado en el Congreso del Partido Justicialista con Miguel Morales, uno de los hombres de confianza de Fellner (Morales es tan cercano a Fellner que no tuvo mejor idea que bautizar una entidad educativa que dirige con el nombre del actual Gobernador). A Morales terminaron expulsándolo del bloque oficialista de legisladores provinciales, porque Fellner, temeroso de enfrentarse a Jenefes en una guerra abierta, decidió abandonar a uno de los suyos para apaciguar las aguas. 

Para las últimas elecciones, Jenefes había elegido para encabezar a la lista de Diputados Nacionales del Frente para la Victoria a su protegido Guillermo Snopek (h), pero Fellner tomó las riendas de la campaña, le bajó el pulgar al candidato jenefista y puso en su lugar a Olindo Tentor, antiguo militante de la Franja Morada. Hubo una negociación para que el segundo lugar de la lista, el correspondiente al cupo femenino, fuese ocupado por gente cercana al Vicegobernador (se habló de Eva Cruz, Alejandra Cejas y hasta incluso de Eulalia Quevedo Carrillo de Jenefes), mas Fellner optó por probar con sangre joven, y así fue como apareció la ignota Silvina Sadir. El desaire fellnerista hizo que Jenefes se replegara y dejara al Gobernador ocupándose de todo lo concerniente a la elección que finalmente perdió. 

Donde Fellner y Jenefes coinciden como cofrades es, curiosamente, en el infame Caso Skanska. Tanto el Gobernador de Jujuy como el Vicegobernador son parientes de Néstor Ulloa, un personaje que, gracias a sus vínculos políticos, fue titular de Nación Fideicomisos y terminó siendo procesado ante las denuncias de corrupción.

El tercer cacique en este triángulo de poder es Rubén Rivarola, un empresario del rubro transporte que a mediados de la década de 1990 adquirió la versión jujeña del diario El Tribuno, lo que potenció su posición política en la provincia. Actualmente es Diputado Nacional por el FPV. 

Rivarola es famoso por haber sido durante varios años el enganche político entre el Gobernador Fellner y la lideresa piquetera Milagro Sala. La relación entre ambos se rompió en 2010, aparentemente porque decidieron dejar de cooperar y empezaron a competir. 

Mientras que Fellner apuesta por ser el perfecto embajador del kirchnerismo en Jujuy y Jenefes se sustenta en los grupos empresariales que lo convocan como representante, la estrategia de Rivarola parece ser la de construir poder territorial, apoyando a su gente para controlar municipalidades a lo largo y ancho de la geografía provincial. Es por ello que patrocinó, por ejemplo, a Pablo Lozano, un antiguo concejal capitalino con ínfulas de Intendente, que en 2008 tuvo un duro enfrentamiento con el periodista Juan Carlos Zambrano –un empleado de Jenefes–, quien lo acusaba de tráfico de influencias. Una semana después de haber denunciado televisivamente a Lozano, un pistolero asesinó a Zambrano en la puerta de su casa. Ese hecho causó una gran conmoción social y muchos predecían que el impacto provocaría la caída de Barrionuevo, pero al final la hipótesis del crimen pasional se impuso y el trasfondo político se diluyó, preservándose de ese modo casi intactas todas las posiciones de poder provincial. 

El resto del PJ le pasó factura al rivarolismo por el Caso Zambrano recién en 2011, cuando el Vicegobernador Pedro Segura intentó ser Intendente de San Salvador de Jujuy apadrinado por el dueño de El Tribuno y numerosos dirigentes y punteros pejotistas le dieron la espalda (incluso fue famoso el caso de la Tupac Amaru, que, según se deduce de la evidencia, votó por la reelección de Raúl Jorge, pese a todos los pleitos preexistentes entre ellos y la UCR).

La pirámide ucerista

Algo que diferencia en nuestro país al PJ de la UCR es su estructura interna y los modos de selección de candidatos. Se sabe que el PJ es verticalista y que la UCR, por el contrario, es más bien horizontalista. Ello explica por qué en las internas pejotistas suele haber consenso y por qué en las uceristas, por el contrario, hay mucha competencia. Sin embargo en Jujuy eso se invierte: el PJ es el que no logra disciplinar su tropa, mientras que la UCR, desde hace por lo menos veinte años, está encolumnada detrás de la figura de Gerardo Morales (a raíz de ello, por ejemplo, el diario ultrakirchnerista Tiempo Argentino no vaciló en publicar un largo artículo en donde se repasa la trayectoria pública de Freddy Morales, el hermano de bajo perfil del Senador Nacional, y se detallan algunas de sus turbias maniobras económicas, con el propósito de asociar a ambas figuras y manchar un poco la campaña ucerista desde Buenos Aires). 

En el día en que se llevaron a cabo las últimas elecciones, unos panfletos invadieron las calles cercanas a las escuelas de San Salvador de Jujuy en donde se acusaba a la UCR de ser un partido sin renovación. Dicha acusación está lejos de ser falsa (a finales de agosto de este año, cerca de Finca El Pongo, un automóvil que transportaba a dirigente uceristas protagonizó un siniestro vial; las vidas de Miguel Giubergia, Pablo Baca, Alejandro y Próspero Nieva corrieron peligro; ese episodio fue lo más cercano a un proceso de renovación dirigencial que tuvo la UCR jujeña en los últimos años).

Pero pese a todo, hay algunos hombres que están dispuestos a desafiar a Gerardo Morales. Tal es el caso de Raúl Jorge, quien, desde la Intendencia, lleva un tiempo intentando acrecentar su figura, tal y como en su momento lo hizo el ya fallecido Hugo Conde, quien fuese el máximo rival del moralismo en el interior de la UCR, y que terminase sus días distanciado del partido. Sin embargo Morales se atribuyó el triunfo conseguido en las elecciones de octubre, por lo que Jorge, por ahora, deberá seguir esperando bajo la larga sombra del Senador Nacional.  

Si nos organizamos, gobernamos todos

Lo más grave en materia política que se registró en Jujuy en los últimos meses fue el enfrentamiento armado entre miembros y ex-miembros de la Tupac Amaru, que puso en riesgo la vida de Milagro Sala (pese a que, cuando todo estalló, Sala se encontraba ya bastante lejos del lugar en donde se desencadenaron los hechos de violencia). Ese episodio fue sólo un momento más en una ola de violencia nacional: ataques a Sergio Massa en La Matanza y a Ángel Rozas en Villa Río Bermejito, atentado contra la vivienda de Antonio Bonfatti en Rosario, asesinato del Intendente de Lobería Hugo Rodríguez. La diferencia entre esos casos y el de Milagro Sala es que a los otros políticos, a diferencia de Sala, nunca se los acusó de haber constituido y armado un ejército personal

Todavía no se sabe a ciencia cierta (y probablemente nunca se sepa de ese modo) cuáles fueron los motivos para semejante muestra de salvajismo político, pero Sala y sus allegados denunciaron que la UCR estaba detrás, hecho que fue desmentido por Gerardo Morales. Sala y Morales están enfrentados a nivel personal desde 2009, año en que el Senador Nacional fuese gratuitamente escrachado por tupaqueros cuando se disponía a brindar una conferencia de prensa para denunciar las irregularidades financieras de la ONG de Sala (una de las artífices de dicho escrache fue Marta López, quien este año apareció ocupando el segundo lugar en la lista de candidatos a concejales de UYO en Palpalá).

A otro que también intentaron vincular a ese patético tiroteo fue a Carlos Santillán. Como ya señalé más arriba, Santillán surgió en la década de 1990 y ganó fama nacional al convertirse en el gran antagonista de Domingo Cavallo. Luego, cercado por conflictos judiciales y presionado por la casta política, Santillán se llamó a silencio a principios de la década de 2000. Tras más de diez años de tibia o, más bien, fría actividad, Santillán reapareció este año manifestando su intención de retomar la posición de sindicalista combativo que había abandonado un tiempo atrás. Allí se enfrentó mano a mano a los tupaqueros, puesto que José Luís Bejarano (hoy en día concejal de San Salvador de Jujuy por UYO) se negó a aceptar la derrota a manos de Santillán en las internas por la conducción del Sindicato de Empleados y Obreros Municipales

A Santillán, después de las PASO y un poco antes de las generales, se lo asoció a los hermanos Morales. Aparentemente todos ellos estarían involucrados en un proyecto empresarial orientado hacia la explotación de litio. El litio –junto a los espejismos de la industria turística– es lo único que Fellner ha propuesto en estos últimos 15 años para sacar a Jujuy de la postergación, sin embargo el negocio se largará a gran escala recién en 2015. Numerosas multinacionales pretenden apropiarse del litio jujeño; según el rumor, los Morales, Santillán y otros personajes estarían vinculados a una de esas empresas, y su trabajo político tendría por objetivo inmediato el acomodarles el escenario provincial a sus patrones financieros.   

La versión de un contubernio moralista-santillanista –algo al borde de la calumnia, ya que el entorno del propio Santillán se ha pronunciado en más de una ocasión en contra de la megaminería– la hizo circular el periodista Jorge Boimvaser, quien unos meses antes había popularizado la historia de que Milagro Sala estaba fuertemente enemistada con Cristina Kirchner, debido a que la lideresa piquetera se había negado a dar marcha atrás con el proyecto de “Unidos y Organizados” que le abría las puertas de la política a su pandilla y que, al mismo tiempo, tendía a debilitar a las estructuras del viejo PJ (el 12 de octubre de 2012 Jujuy se convirtió en capital nacional de la neoimberbidad, gracias a una fiesta que contó con la "distinguida" presencia de Andrés Larroque, Emilio Pérsico, Luís D’Elia, gente de Nuevo Encuentro y toda otra clase de especimenes de la fauna kirchneroprogresista). La historia de Boimvaser habría quedado como una simple y dudosa nota periodística más, hasta que fue la propia Milagro Sala quien, un poco después de haberse enfrentado a Hebe de Bonafini porque la empañolada apoyó a Santillán, pronunció en una reunión gremial el famoso “¡que se vaya a la mierda el kirchnerismo!” que la prensa nacional recogió y reprodujo profusamente. El exabrupto fue mayúsculo, pues Sala bien pudo haber dicho “peronismo” en lugar de “kirchnerismo”, pero sus palabras fueron las que todos escucharon. Para salir del pantano en donde ella misma se había metido, Sala emitió un comunicado posterior sosteniendo que Fellner era una pobre víctima de una conspiración encabezada por Guillermo Jenefes y Gerardo Morales. 

La relación entre Sala y Jenefes es bastante tensa, por lo que la denuncia –sea verdad o no– es bastante coherente con la posición tupaquera. Jenefes, durante un acto en homenaje a la Policía Provincial en el que fue silbado por huelguistas de ATE, anunció deschavetado que el gobierno iba a reprimir a los trabajadores que protestasen. Eso calentó el ambiente, pues de hecho el gobierno después hizo lo que Jenefes prometió que harían y ello llevó a que los jefes sindicales jujeños se enfrentaran al Poder Ejecutivo, con el doble objetivo de forzar la renuncia de diversos funcionarios y mejorar sus situaciones salariales. Pero ni uno ni lo otro pudieron lograr a partir del momento en que Sala se desdijo. 

Es que a lo largo del año Sala ha ido readecuando su situación. Calcula, como todos, que el kirchnerismo está de salida y que se viene un proceso de ajusticiamiento. Por tanto siente la necesidad de asegurarse el futuro. Algo que se dijo en los últimos meses fue que Sala se había convertido en socia de Eduardo Cammuso, otro importante mediócrata jujeño. La gente del AFSCA, el mismo AFSCA que está actualmente copado por gente cercana a Milagro Sala y que hace poco hizo el ridículo al repudiar sin fundamentos un lapidario informe de FOPEA sobre el periodismo en Jujuy, salió a desmentir ello, ya que, si fuese cierto, sería completamente ilegal.  

En Jujuy se habla permanentemente de pactos espurios. Probablemente no sea el caso de que toda la casta política está montando una escena guionada desde la sede de alguna logia masónica, pero sobran pruebas de que los partidócratas de la provincia tienen límites bastante laxos a la hora de negociar entre ellos. Un claro ejemplo es el ingreso al Superior Tribunal de Justicia de Jujuy de Sergio Jenefes –un antiguo funcionario del Proceso de Reorganización Nacional y hermano del actual Vicegobernador– y de Clara De Langhe de Falcone –reconocida en Jujuy gracias a sus años de actuación política como Legisladora Provincial de la UCR. Otro ejemplo es el arreglo que en 2012 un grupo de Legisladores Provinciales del PJ y de la UCR (Luís de la Zerda, Raúl García Goyena, etc.) hicieron por la venta de unos terrenos de su propiedad al Estado provincial. Y tampoco hay que olvidar el silencio que hubo de parte del parlamento jujeño cuando se supo que el puente que une a Los Huaicos con Los Perales no sólo es una obra de poca utilidad sino que además es un monumento a la corrupción. 

Todo ello habla de una corporación política en Jujuy dispuesta a confrontar ferozmente ante las cámaras de televisión, pero que a la vez cambia el tono cuando le toca sentarse en una mesa de negociación. Antaño las terceras fuerzas obstaculizaban ese tipo de convenios, pero hoy en día las mismas son parte de la estructura perversa que administra el poder en la provincia. Carolina Moisés es paradigmática en este sentido: representando al kirchnerismo no-fellnerista, ingresó por el FPJ a la Legislatura Provincial, pero no tardó demasiado en armar un partido propio junto a su padre y trabajar para el triunfo del oficialismo (también Ana María Arraya se transfugó sin ningún pudor como Moisés, pero esta mujer, a diferencia de la sampedreña, no apuesta en grande). Carolina Moisés quiso ser Legisladora Provincial, después fantaseó con una estadía en alguna embajada, y ahora, sin un cargo por los próximos dos años, pretende encontrar su lugar político como mediadora entre las facciones enfrentadas en el PJ.  

No obstante el enfrentamiento es más profundo de lo que parece. Y ello se debe, en buena medida, a la falta de idoneidad de los muchos jujeños dedicados a la política. El cierre de la última campaña del Frente para la Victoria lo resume todo: en lugar de organizar un acto para apoyar al candidato a Intendente en Humahuaca (ciudad que vivía un crisis institucional desde que gente vinculada a Milagro Sala asesinó a un hombre por una disputa de tierras), no tuvieron mejor idea que ir hasta Perico; es que en aquella ciudad el primer candidato a concejal del oficialismo, el empresario Miguel Cheín, quería sentirse poderoso; Cheín es un personaje nefasto, que empezó como cuatrero y terminó como “exitoso emprendedor” estrechamente vinculado a varios de los políticos más corruptos de la provincia; antes de la elección, el famoso Cheín amenazó al Padre Germán Maccagno por las críticas que el sacerdote católico lanzó contra su figura, llegando a afirmar que, una vez que consiguiese la banca y comenzase su carrera hacia la intendencia, haría expulsar de la ciudad a Maccagno; parece ridículo que, en nuestros días, un hombre del César se meta con uno de Dios, pero lo cierto es que la situación jujeña es tan lamentable que lo que parece la propuesta de un energúmeno es inevitablemente real (de hecho a Maccagno, hace no más de cinco años atrás, y pese a la resistencia de la feligresía que lo apoyaba, fue expulsado de San Pedro, poco después de haber criticado duramente al Intendente Julio Moisés, lo que prueba que en Jujuy puede llegar a pasar lo peor en unos pocos parpadeos).  


Hernán Solifrano (h)