La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 29 de septiembre de 2012

Como si no hubiese una enorme cantidad de mayores merecedores de tal homenaje, una escuela tucumana se llamará "León Alperovich"

Los jefes de las bancadas legislativas se reunieron ayer para definir los temas de la sesión del próximo miércoles. Y uno de los temas que se coló en el Orden del Día es el proyecto oficialista para darle el nombre del fallecido empresario León Alperovich, padre del gobernador, José Alperovich, a la Escuela Nº 92 de Campo Grande, en el departamento Graneros.

Se espera un debate férreo cuando se analice llamar León Alperovich a la escuela de Campo Grande. "A través de él, rendimos tributo a los valientes inmigrantes que llegaron un día a estas benditas tierras a dejar todo de sí", expresó Raúl Hadla (PJ) al fundamentar el proyecto.

Emotivas honras a la Virgen de Sixilera

Dicen que, llegada a la peña ya cerca de la Garganta del Diablo, la anciana esclava de la imagen se quitaba las ojotas para seguir descalza hasta el pueblo. Uno puede pensar que algo de tanta fe fue floreciendo hasta llegar, como en este año, a que 32 bandas de sikuris subieran hasta el Santuario de Sixilera para traer al pueblo la imagen de la Virgen del Rosario. De alguna manera, esta procesión inicia el ciclo que culmina el 4 de octubre, cuando se cumplen las fiestas patronales de Tilcara.
 
Recibida con arcos floridos por símbolo de la primavera, la imagen de la Virgen del Rosario, que bajaba acompañada de otra de la Virgen del Valle, regresó al pueblo ya pasadas las 20. Acaso los sikuris tocaran entonces algo más lento, y con el ritmo pausado de quienes tienen un sentimiento por expresar, con sus colores y sus melodías bajaron por la calle Rivadavia hasta la plaza.
 
Habían partido del Santuario a las 6 de la mañana, nos contaban, deteniéndose una hora para almorzar, lo que contabiliza trece horas de andar soplando la boca de las cañas por senderos que serpentean los cerros echando hacia el bajo los sayales. Horas a contraviento y bajo el sol tras la urna emponchada hasta que sus cristales, ya descubiertos, dejaron ver su cabellera larga, sus cejas tan arqueadas, sus ojos asombrados, su boca pequeña, la corona, la falda azul, el cetro, unos billetes en el cinto y el Niño en brazos.
 
Los exvotos cuelgan del techo de la urna mientras los fieles hacían relevos para cargarlas y René Machaca, desde el altavoz, resaltaba que bajaba desde más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, acaso pensando en esos santuarios prehispanos adonde ya subían sus ancestros para elevar la ofrenda.
 
Luego la llegada al templo, que como siempre es conmovedora. Los fuegos artificiales cubriendo el cielo, los saludos de los vecinos que la esperaban y el son de la bandas que se alejaban para descansar, ya, después de haber cumplido con esta suerte de rogativa por las lluvias que precisarán las chacras.

La Plaza Belgrano de la Ciudadela fue dignamente remodelada


La primera vez que el Belgrano de bronce clavó su mirada en tierra tucumana lo hizo en el mismo centro de la ciudad, en la plaza Independencia. Era 1884. Nunca se había instalado una estatua en una plaza de la capital, pero había llegado el tiempo en que los espacios públicos se poblarían de elocuencia. Era el momento de exponer la ejemplaridad de los héroes y los hitos de su nacimiento.

Aunque poco duraría la permanencia de Belgrano en aquel emplazamiento. En 1904, la Libertad de Lola Mora ocupó su lugar. Héroe y pedestal fueron trasladados a la margen sur. Los recibió una apenas cuidada plaza, pequeña porción del gran potrero en el que 90 años antes se había ubicado el flanco norte del ejército patriota. Allí enfrentó la avanzada española que lo perseguía desde Jujuy.

Desde marzo de este año la plaza permaneció cerrada, a la espera de la remodelación. El diseño general fue obra del Departamento de Planificación Urbana de la Municipalidad, a la que se sumó el Instituto de Historia y Patrimonio de la Facultad de Arquitectura.

Con anchos canteros de flores y planos más amplios para circular, todo parece más limpio que en marzo. La vista parece abrirse hacia todos lados. Se despejaron las peatonales que unen la escultura de Belgrano con la Pirámide, así como la que continúa la calle Alberdi y rodea al gran ficus cerca de la calle Dorrego. Se replanteó el desnivel de la esquina suroeste, se creó una zona de juegos infantiles y se tiró la pared blanca que ocultaba la calle Marco Avellaneda. En su lugar brilla una cortina de chorros de agua que alcanzan los 6 metros de altura. La iluminación ahora es más intensa, remarcando los paseos y enfocando los monumentos.

Belgrano fue tratado con la delicadeza y el rigor que le corresponden. La escultura fue concebida en 1883. Su autor, el argentino Francisco Cafferata, estaba en Italia especializándose cuando, por encargo del presidente Julio Argentino Roca, hizo el molde en yeso y lo envió de inmediato a Buenos Aires. De ese molde, el Parque de Artillería fundió dos copias en bronce, una para Tucumán y otra para Salta. Así se homenajeó los dos grandes triunfos del Ejército del Norte.

Hace pocos meses el héroe ha recuperado bienes perdidos. Como una refutación a nuestro vandalismo, se restituyeron las espuelas y la punta del sable. La metalúrgica “Metalar SA” donó estas piezas luego de tomar calcos de la réplica salteña.

Aún falta una correa que va de la mano a la empuñadura del sable. Se la hará de hierro. A cargo de la licenciada Eugenia Fagalde, la restauración respetó el color del material, ese verde con brillos rojizos propio del bronce oxidado. No tiene pintura que lo recubra, con lo que los rasgos y detalles permanecen visibles.

Para el diseño del nuevo pedestal se tomó como referencia el original, que había sido enviado junto a la estatua desde Buenos Aires. El de hoy conserva los 4 metros de altura, pero tiene los detalles simplificados. Sus líneas son más netas y centa con menos detalles decorativos.

"El pedestal está hecho de granito y mármol. Hoy no tenemos los maestros marmoleros que había hace 100 años”, explica el arquitecto Marcelo Beccari.

Cinco años después de la Batalla de Tucumán, el mismo Belgrano hizo levantar en ese lugar una Pirámide de ladrillo para honrar el triunfo de San Martín en Chacabuco. Luego vendría la depresión de las luchas internas y el lugar quedaría reducido a un matorral abandonado. Recién el 9 de julio de 1878, la entonces Corporación Municipal “resolvió dar a la Pirámide de Belgrano un entorno más digno que los yuyales que la circundaban”. Entonces la plaza fue inaugurada.

En 1865, cuando la pirámide se encontraba totalmente abandonada, el veterano de guerra Emidio Salvigni costeó una reja perimetral para protegerla. Recién en 1876 se hizo una refacción a gran escala. Para ello se contrató al escultor y arquitecto cordobés José Allio, quien dispuso el revestimiento de mármol y el remate en un pináculo de granito que se ven hoy. La obra fue entregada en agosto de 1877.

Ahora la pirámide luce un flamante perímetro de barandas de acero y vidrio. Durante su reacondicionamiento se descubrió que el núcleo de ladrillos había sido horadado por las filtraciones de agua. Esto evitaba que las placas de mármol de Allio se apoyaran en el ladrillo, con lo que pasaban ellas a soportar todo el peso. El peligro de quebraduras y colapso era inminente. La decisión que se tomó fue rellenar el espacio carcomido con una “lechada de cemento” que se infiltró entre las placas. Unas cicatrices rosadas delatan la terapia que le dio rigidez. Son producto de la oxidación de los viejos pernos metálicos que unían el mármol a los ladrillos.

Cuando anochece la pirámide es un mojón de referencia para quienes circulan por la calle Alberdi. Aún desde varias cuadras de distancia puede verse su luz. Desde más cerca, si se mira con atención, se ve una suave faja metálica debajo de la punta de granito. Apenas visible, brilla como una línea dorada.

El jueves 13 se colocó un gran medallón -fundido en hierro- a los pies del Belgrano. De unos 2 metros de diámetro y 5 centímetros de espesor, pesa unos 2.200 kilos. Fue donado por “Proyectos Metalúrgicos SA”. Está en el centro de una gran círculo de cemento de unos 30 metros de diámetro, que algún pretérito día pretendió hacer las veces de helipuerto. La inscripción dice “Batalla de Tucumán, 1812-2012, La Batalla del Pueblo”.

A un costado del gran círculo, la Municipalidad encargó a la artista plástica Florencia Vivas la representación de la batalla con la presencia simbólica de la Virgen de La Merced. El trabajo fue resuelto en una obra calada en acero inoxidable de 2 milímetros de espesor y reconstruye el fragor de la lucha. Como un recuerdo vertiginoso atravesando el semblante de Belgrano.

Hay una fuente. Son 14 columnas de agua. Los chorros alcanzan los seis metros de alto. Se iluminan de blanco y, periódicamente, los cuatro de los extremos cambian a un color celeste.

La tranquiliad reina y suena el viento entre los árboles. “Se trabajó con mucho cuidado para preservar la vegetación”, enfatiza la arquitecta monteriza Claudia Amado, mientras controla el riego por goteo y aspersión que alimenta las plantas. “El trabajo se hizo con la ayuda de la Sociedad Amigos del Arbol”, apunta. Se conservaron todos los arboles que estaban sanos. Hay jacarandás, lapachos, tipas, un ombú, palmeras Pindó, palmera Fénix. Y más. Se plantaron jazmines del cielo, lavandas, petunias y agapantos.

Multitudinaria convocatoria tuvo la procesión de la Virgen de la Merced en Tucumán

Si este no es el pueblo, ¿el pueblo donde está? Los memoriosos no recordaban una convocatoria de tal magnitud como la del lunes. A 200 años de la Batalla de Tucumán, y a 100 años de la coronación de la histórica imagen, La Merced demostró que sigue siendo la gran Madre de los tucumanos. Como en los tiempos de Ibatín. Hasta el cielo pareció regalarle su mejor día de primavera, lo que obligó a muchos a detenerse a comprar una botellita de agua mineral o de gaseosa para seguir la procesión.

Numerosas familias con niños en cochecitos, parejas, ancianos y hasta enfermos en sillas de ruedas siguieron con devoción el paso de la imagen desde la plaza Belgrano. Tomaron por Alberdi y desembocaron por 24 de Septiembre hacia la plaza Independencia, formando una marea de banderitas argentinas que momentos antes había repartido la Municipalidad. "¡Ya se acerca la Patrona de nuestra Arquidiócesis! ¡Viva Nuestra Señora de la Merced!", se escuchaba por altoparlantes. Las campanas de la Catedral anunciaron con su repique la llegada de la imagen a la plaza. Cientos de fieles esperaban la procesión en las esquinas y se sumaban. Uno de ellos fue Aldo, un abogado de 38 años, que era conducido en una silla de ruedas por sus padres, Estela y José. "Hace un año y medio se le desencadenó una hidrocefalia en cuestión de horas. Pero él nos da mucha fortaleza. Era catequista y ministro de la Eucaristía en el Corazón de María", cuenta su madre con una sonrisa, aunque no puede evitar que se le humedezcan los ojos.

Algunos caminaban con pequeñas imágenes de La Merced en los brazos, otros llevaban de la mano niñas vestidas con el manto de la Virgen. Pero Elsa Romano, del barrio Victoria, decidió llevar a sus 10 nietos como prueba de fidelidad. "La familia y la salud son lo único importante -enfatizó-. Con eso nomás que nos dé la Virgencita ya somos felices".

La misa fue presidida por el nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, quien impartió la bendición apostólica. Lo acompañaban el arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Zecca, el arzobispo emérito monseñor Luis Héctor Villalba; y los prelados de Salta, monseñor Mario Cargnello; de Catamarca, Luis Urbanc; y de Santiago del Estero, Francisco Polti; y otros.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue la llegada de la imagen de la Virgen a la Iglesia Catedral. Los fieles, alzando las banderas, convirtieron ese momento en una imagen casi surrealista. La Virgen, en andas, parecía flotar sobre un agitado mar blanco y celeste.
Hubo incluso algunas mujeres que dejaron escapar una lágrima.

Algunos vecinos siguieron la llegada de la Virgen desde los balcones de sus departamentos. Con banderas de la Argentina y del Vaticano honraron a la patrona de la ciudad con la algarabía propia de una fiesta. Incluso arrojaron papel picado, globos y flores cuando la imagen de la Virgen pasaba por allí. "Este es el día más importante de nuestra provincia. Por eso hay que celebrarlo con todo", comentó Amanda Cervantes, una vecina de calle 24 de Septiembre que engalanó todo el balcón con globos.

El Municipio de San Salvador de Jujuy plantará un nuevo pino de San Lorenzo frente a la Catedral

Los estudios fitopatológicos realizados en el histórico retoño del “pino de San Lorenzo”, ubicado en el atrio de la Catedral Basílica, determinaron que un hongo que atacó la especie provocó su deterioro dejándolo casi sin vida. Un nuevo retoño llegó a la provincia y será instalado de manera aledaña al antiguo pino.
 
El hongo que atacó el antiguo pino se denominada “armyllaria” y provocó que casi en un 99 por ciento pierda la vida, así lo informó el director de Espacios Verdes, Jorge Topp. El funcionario además explicó que recientemente recibió un nuevo retoño del vástago, por lo que decidieron crear un nuevo cantero para colocarlo, porque el suelo del antiguo se encuentra infectado con el hongo.
 
Aún no se definió cuándo será colocado el nuevo retoño pero se determinó que se ubique de forma contigua al antiguo pino. Con el objetivo de que el árbol histórico siga siendo recordado, parte del pino quedará en ese lugar y será ornamentado por otras plantas y una placa recordatoria. “Queremos que se recuerde la gesta emancipadora y que el lugar se mantenga también como símbolo de que las plantas se deben cuidar porque forman parte de nuestra historia”, indicó Topp.
 
El nuevo pino llegó a la provincia con 1,20 metros de altura y actualmente mide un metro y medio. La fecha en la que comenzarán el trabajo de remodelación en el histórico espacio depende de los proyectos que están realizando diferentes direcciones del Municipio.