La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

martes, 14 de agosto de 2012

Ganó el apriete: la Justicia libera a las dos delincuentes de la Tupac Amaru encerradas por robar y agredir a la gente de Lanata

Mirta "Shakira" Guerrero, energúmena puesta en libertad
Las dos integrantes de la Tupac Amaru, Patricia Jaldín y Mirta Rosa Guerrero, fueron liberadas tras una masiva movilización popular que rechazó su procesamiento y detención.

"Recuperaron su libertad aunque el procesamiento sigue, pero recuperaron su libertad", dijo a Télam Luis Paz, abogado de las militantes sociales quienes son investigadas en el marco de una denuncia que formuló el equipo periodístico de Jorge Lanata por "robo en banda y en poblado y lesiones".

El fiscal Jorge Zulueta detalló en un diálogo exclusivo con Télam que "tenemos bastantes pruebas pero estamos haciendo una carrera maratónica para solucionar y descomprimir la situación" respecto de la presencia de miles de tupaqueros frente al juzgado.

Desde temprano diputados nacionales y provinciales, referentes sociales y de partidos políticos en Jujuy, más la Tupac Amaru, las 28 Redes Sociales, el Movimiento Evita, La Cámpora y el Frente Transversal habían reclamado el desprocesamiento y la libertad "inmediata" de las dos mujeres integrantes de la organización barrial que lidera Milagro Sala.

Emilio Pérsico, los diputados nacionales Leonardo Grosso y Marcelo Santillán, la diputada provincial bonaerense, Patricia Cubría, su par tucumano y de La Cámpora, Jesús Salim, y la diputada nacional mandato cumplido, Marcela Bordenave, fueron recibidas por el gobernador Eduardo Fellner en horas de la tarde.

El caso es una derivación del episodio con el equipo de Jorge Lanata, quien semanas atrás visitó sin invitación el barrio de los tupaqueros en Alto Comedero, pero el procesamiento y detención de "Shakira" y la "Pato" es motivo de profunda preocupación para Milagro Sala y sus aliados, que no dudaron en presentarse en la capital jujeña.

Pérsico, en declaraciones a Télam, consideró que "el avance sobre cualquier compañero de un movimiento popular es un avance sobre el conjunto y tenemos que hacer fuerza todos juntos para defendernos, que es defender a los pobres y a los humildes en su organización. Eso es lo que estamos haciendo acá".

Por su parte, Bordenave expresó el sentir y parecer de los sectores presentes en la marcha, quienes creen que el procesamiento y detención de dos destacadas referentes de la Tupac en Jujuy más bien está enmarcado en la batalla de fondo que es el llamado a indagatoria del empresario Carlos Pedro Blaquier, dueño de la empresa Ledesma.

La Tupac cree asimismo que el anuncio de formar un partido político y presentarse a elecciones no es ajeno a los episodios "que semana a semana estamos teniendo", según dijo a Télam la propia Milagro.

"Desde que anunciamos la presentación del partido político nos comenzaron a inventar causas. Fue algo grosero traer a la justicia a nuestras compañeras y detenerlas por algo que no hicieron", sostuvo la titular de la Tupac al recordar las disculpa pública que emitió por el episodio en Alto Comedero.

A la marcha frente al juzgado se sumaron un grupo de intelectuales europeos, casualmente de visita a la organización barrial, entre ellos el reconocido Robert Castel, considerado una especie de "ultimo de los mohicanos" entre los suyos -pensadores del rango de Raymond Aron y Pierre Bordieu-.

La Universidad de General Sarmiento no sólo adhirió a la marcha sino que envió a Gustavo Ruggiero, quien trajo en persona la solidaridad del rector Eduardo Rinesi, mientras que Florencia Saintout, decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, también se pronunció contra el enjuiciamiento a luchadores sociales.

Jornadas en la UNSTA sobre la Batalla de Tucumán

El instituto de Investigaciones Históricas "Prof. Manuel García Soriano" de la UNSTA invita a la realización de las "Jornadas 1812 - Tucumán en la Independencia. Nuevas miradas sobre 1812: actores, prácticas y rituales de una ciudad en guerra."

Al cumplirse el bicentenario de la Batalla de Tucumán, las JORNADAS 1812 pretenden constituirse en un espacio de debate y difusión del estado actual de las investigaciones, sobre este acontecimiento que representó un hito decisivo en la lucha para la expansión de la revolución de independencia del Río de la Plata en el espacio andino.

Mesas paneles

Miércoles 15 de Agosto

"Tucumán en 1812: los actores"

- Paula Parolo: "El costo material de la guerra. Gastos del Estado y aportes del pueblo tucumano."
- Cecilia Guerra Orozco: "'Ha sido restablecida y aun amplificada en Tucumán la gloria del pueblo americano'. El sermón patriótico de Agustín Molina"
- Elena Perilli: "El clero, entre patriotas y realistas" 
- Teresa Piossek Prebisch: "Manuel Belgrano, servidor de su patria"

Jueves 16 de Agosto

"Tucumán en 1812: prácticas, rituales y transformaciones"

- Gabriela Tío Vallejo: "La batalla de Tucumán en el escenario de las independencias hispanoamericanas"
- Santiago Bliss: "La batalla de Tucumán y la guerra de independencia en el norte argentino"
- Pablo Ortemberg: "Las Vírgenes Generalas, los rituales y los ejércitos patrióticos"
- Geneviève Verdo: “Guerra y soberanía: el noroeste del Río de la Plata durante la revolución de independencia (1810-1820)”

OBRA TEATRAL:
 
En el marco de las jornadas se presentará el Miércoles 15 de Agosto, 21.45 horas en Casa Histórica de la Independencia, la obra teatral “Sin ellos no hubiera sido posible… LA INDEPENDENCIA”.

Las jornadas se desarrollarán en el Auditorium de la UNSTA, 9 de Julio 165, San Miguel de Tucumán, los días 15 y 16 de agosto de 2012, de 19 a 21.30 hs. Informes: 0381 4101160

Un Beinusz Szmukler paranóico habla de conspiraciones en la Justicia argentina vigentes desde épocas coloniales

Szmukler es Presidente del Observatorio de la Justicia Argentina; Presidente del Consejo Consultivo Continental de la Asociación Americana de Juristas; Miembro del Consejo Directivo del Instituto Espacio para la Memoria; Miembro del Consejo de la Presidencia de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y es Director del Área de Enlace Institucional del Programa “Verdad y Justicia” del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, entre otros.

En diálogo con Jujuy al Momento, destacó con respecto al juicio que lleva adelante el Tribunal  Oral Federal N° 2 que, espera “que el proceso se acelere lo máximo posible con la posibilidad de que todos los testigos puedan declarar en las mejores condiciones. Que el Tribunal actúe de tal manera, que no permita que las defensas, en su actuación, vayan más allá de la que corresponde. Es decir ejercitando sus derechos pero sin chicanas, tendientes  a demorar el proceso y evitar que haya condenas”.

Para el jurista, estos juicios tienen una significación extraordinaria porque se han planteado, como política de estado, “una garantía de que nunca más vuelvan a suceder estos hechos tan horribles como los que vivió nuestro país, con tantas víctimas y que se asegure la vigencia de las instituciones democráticas plenamente”.

Szmukler dijo que actualmente están dadas las garantías para que se realicen estos procesos judiciales en todo el país. “Estas cosas nunca se realizan sin dificultades, porque hay que tener presente que el Poder Judicial, todavía tiene enclaves “fascistoides”, que se mueven en todas las estructuras. A veces no son los propios jueces, sino las estructuras inmediatamente inferiores, secretarios o funcionarios que hacen un entramado que es histórico y viene desde la colonia y se cubren los unos y los otros y esto existe. Contra ellos se combate y son batallas que se van ganando lentamente”, afirmó.

El destacado jurista destacó el proceso judicial que se lleva adelante en nuestra provincia, afirmando que “Jujuy era el último eslabón, quizás tiene que ver con el peso que tiene aquí una de las empresas más importante del país, que es Ledesma. Tiene un enorme peso, no sólo en lo económico, sino que las relaciones también se dan en lo político."

Resaltó también la importancia de avanzar con el juzgamiento de los cómplices civiles de la dictadura. “Hasta ahora se ha estado juzgado a los militares, a los miembros de las fuerzas de seguridad, policiales que fueron actores directos, los ejecutores materiales. Pero en este sentido Jujuy quizás sea la primera provincia donde por lo menos está planteado el tema de la responsabilidad del poder económico que facilitó, que colaboró y se benefició”.

Admitió que estas empresas “fueron los que facilitaron, prepararon, arreglaron para que se diera el golpe de  estado. Hicieron el trabajo allanando el camino. El plan económico con Martínez de Hoz se estableció el 3 de abril y no lo hizo el 26 de marzo, sino que ya lo tenía meses antes. Esos beneficiarios, no puede ser imputados penalmente, pero no se  puede admitir que ese beneficio económico siga en manos de ellos, sino que tiene que retrotraer al pueblo argentino” finalizó Szmukler.

Salvajes atracan a una familia y les queman la casa al retirarse

Los hechos de inseguridad no tienen límites. Cerca de las 8 de la mañana de ayer, una familia que tiene su vivienda a la vera de la ruta 307, que conduce a los Valles Calchaquíes, en la localidad de Santa Lucía, al sur de la Capital tucumana, se vio sorprendida por malvivientes.

Los delincuentes maniataron a la mujer, que se encontraba con sus hijos quienes estaban dentro de la vivienda.

Los ladrones, al no encontrar el dinero que supuestamente buscaban, decidieron incendiar la casa con los dos menores en su interior. Hecho esto se dieron a la fuga.

La colaboración de los vecinos impidió que se produjera una tragedia, ya que auxiliaron a la mujer y rescataron a los chicos de dentro de la vivienda.

Según la propietaria del inmueble esta es la segunda vez que se comete un atraco de estas características en menos de una semana.

Tucumán fue testigo de un penoso espectáculo de la decadencia cultural contemporánea: Tattoo Festival

El desprecio corporal como moda

El Tucumán Tattoo Festival, encuentro de tatuadores, perforadores y modificadores corporales, cerró con un espectáculo de suspensión y con la elección de Miss Tattoo. Cientos de tucumanos visitaron el centro cultural Juan B. Terán durante los tres días que duró la convención. La convocatoria aumentó respecto del año pasado. Víctor y Carlos dejaron petrificado al público.

Carlos Gómez es tucumano, tiene 27 años y es tatuador. Ayer se animó a la primera experiencia en la suspención. Víctor Peralta tiene 42, se colgó unas 12 veces y la semana que viene lo hará en Venezuela. "Hay que respetar el cuerpo, muchos piensan que lo violentamos con esto, pero para mí es una satisfacción ponerme los ganchos y volar", reveló Peralta.

Antes de Víctor, conocido en el ambiente por sus hazañas corporales, se suspendió el tucumano Carlos Gómez, de 27 años. Lo hizo por primera vez. "No tengo miedo, algo de nervios me dará", le confesó a La Gaceta antes de subirse, pero sorprendió a todos los presentes al bajar. "Te duele un poco al comienzo, pero después no sentís nada de nada, es increíble", apuntó mientras le sacaban los ganchos.

El responsable de perforarlos fue Matías "Rata" Tafel, una de las "estrellas" que visitaron esta segunda edición del festival de arte corporal. "La piel no se desgarra porque va a varias capas de profundidad", explicó el experto antes de comenzar la función. Los aplausos fueron los laureles para estos dos héroes. Ellos coronaron un encuentro que sorpendió por la convocatoria y porque casi nadie se fue a su casa sin un (nuevo) tatuaje.


Entendiendo a los que se tatúan

Los tatuajes en la sociedad moderna constituye un tema de interés y mayor significación de lo que pudiera parecer a primera vista, un asunto sobre el que vale la pena reflexionar y un posible punto de partida para calibrar cómo está el alma del hombre moderno. El libro que comento (escrito por Margo DeMello, Bodies of Inscription: A Cultural History of the Modern Tattoo Community) ofrece muchas veces sin proponérselo algún material para tal ejercicio. La misma autora, una antropóloga, pertenece a “la comunidad del tatuaje”, esto es, se ha tatuado muchas veces, lee ávidamente las revistas que se ocupan del tema y ocasionalmente participa de congresos sobre tatuajes. Por tanto, su libro puede considerarse como perteneciente al género de “participantes-observadores”.

El libro se ocupa en buena parte de un fenómeno comparativamente reciente: la expansión de la moda del tatuaje en las clases medias de Estados Unidos. Pero es un fenómeno mundial. Hubo un tiempo en el que los tatuajes eran un adorno del cuerpo propio de las clases proletarias y que las clases medias consideraban como simbólico del salvajismo, mal gusto e irresponsabilidad de las clases más bajas (en verdad, muchas veces la decisión de tatuarse se tomaba cuando borracho, en compañía de otros ebrios). Así, cuando alguien educado se tatuaba, instantáneamente se rebajaba de clase un descenso en la escala social más precipitado y serio que, por ejemplo, un matrimonio contraído con alguien de clase inferior, en la medida en que los tatuajes duran más y son más difíciles de borrar que casamientos desafortunados.

Actualmente el tatuaje se infiltra en la sociedad como tinta en papel secante. La primera vez que me dí cuenta de la extensión del fenómeno fue cuando comencé a advertir en el hospital en el que trabajo que cada vez había más mujeres jóvenes exhibiendo tatuajes siendo que hasta entonces había sido un fenómeno exclusivamente masculino. Al principio, sus tatuajes eran pequeños y en las secciones de su anatomía ocultas por la ropa; pero gradualmente estos ensayos progresaron en la dirección de los salvajes tatuajes masculinos, con manifestaciones cada vez más prominentes y descaradas.

Una vez cruzado el golfo que separa los sexos, el tatuaje comenzó a remontar la escala social. Jóvenes celebridades empezaron a aparecer con tatuajes en las fotografías de revistas de moda y diarios y poco después comencé a notar que mis estudiantes universitarios también los ostentaban. Unos pocos años atrás, esto habría sido impensable. Tal vez el non plus ultra de esta tendencia ocurrió cuando una joven perteneciente a la familia real británica mostró en público un piercing en la lengua (el piercing no es sino un fenómeno concomitante con el del tatuaje).

Con todo, de acuerdo a la autora de este libro, el tatuaje en las clases medias difiere del de las clases proletarias. Este último es formulario; cuando se lo aplica con aguja y tinta china, generalmente consiste en símbolos sencillos o siglas tales como (en Inglaterra) ACAB, que puede alternativamente significar “Todos los canas son unos bastardos” (“All Coppers Are Bastards”) o “Ten siempre contigo una Biblia” (“Always Carry A Bible”), lo que será explicado de una u otra forma dependiendo del momento en que se formula la pregunta: antes o después del arresto. Los tatuajes efectuados por profesionales para las clases proletarias son igualmente de cajón: el cliente simplemente elige entre uno de varios diseños que se le exhiben en el local.

Pero si los tatuajes entre la gente de clase baja son prediseñados, los de las clases medias son efectuados de acuerdo a los requerimientos de los clientes por quiénes la autora de este libro insiste en llamar “artistas”. Desde luego, resulta perfectamente cierto que los tatuadores a veces despliegan un sorprendente talento en la producción de imágenes sobre o en la piel de sus clientes imágenes de verosimilitud fotográfica e incluso muchos de ellos se han graduado en escuelas de artes, pero el talento solo, no importa cuán avanzado y refinado, no alcanza para constituir a un artista. Pensar semejante cosa equivale a confundir la condición necesaria con la suficiente; en verdad hay pocas cosas peores que ver un gran talento al servicio del mal gusto y la barbarie.

En cualquier caso, la originalidad en los diseños elegidos por gente de clase media es cosa bien relativa. La iconografía es harto limitada y deprimente: nos recuerda al “arte” del preso por bien ejecutado que esté, siempre es violento, crudo, chillón y brutal. Es una exhibición visual de la superstición moderna, la superstición de gente con encendidas emociones pero de inteligencia débil, que disponen de referencia históricas y culturales sumamente limitadas.

¿Por qué las clases medias de hoy en día se adornan con esta moda tan salvaje? La autora lo infiere no sólo de su propia experiencia sino de la de los tatuadores y sus clientes. Ella cree que los tatuajes tienen un significado filosófico para quiénes los ostentan. La filosofía en cuestión constituye una infusión destilada en una caldera de brujas, mezcla de espiritualismo de la “New Age”, más paganismo ecológico, más rescate del primitivismo y algo de vegetarianismo. Es la clase de filosofía que emerge cuando la religión ya no se ve disciplinada por el ritual tradicional que se mantiene presión social mediante.

Claro que resulta perfectamente posible ser vegetariano o incluso creer en brujerías, sin por eso tener que acudir a un negocio de tatuajes. ¿Qué es lo que hace que estos individuos elijan someterse al doloroso, caro y virtualmente irrevocable proceso de tatuarse? Habiendo consultado a un número no especificado de tatuados pertenecientes a la clase media, la autora identifica distintos motivos todos los cuales se me antojan como altamente reveladores de la poco halagadora condición del alma del hombre moderno.

En primer lugar está la afirmación de la individualidad. Uno de los entrevistados por la autora dice que,
 
Al tatuarme me separo de todos los demás. Nadie tiene nada parecido a lo mío. Me hace sentirme distinto de Juan Pérez el de la calle y bueno, me hace un ruido muy especial.

Esto resulta infinitamente triste. Que la originalidad de la personalidad de alguien dependa de un signo tan crudamente exterior como lo es un tatuaje resulta ser, de hecho, un claro indicio de la fragilidad de la identidad de ese sujeto. A la vez, semejante personaje debe sentirse abrumado por la urgente necesidad de individualizarse de la cantidad de gente a su alrededor que hacen que eso mismo resulte tan difícil. Y en esta época de famosas y famosos, cuando la celebridad y notoriedad pública parecen ser el último fin de tantos, esta necesidad de individualizarse parece más urgente que nunca siendo que la adulación pública pareciera ser la única garantía real de una existencia verdadera. Pero en esto se pasan de la raya.

Porque claro, semejantes signos exteriores de la individualidad en forma de tatuajes son la confesión misma de una derrota. Nunca se demorará demasiado la aparición de otro que se habrá tatuado de una manera más sorprendente aún, de una manera más “original” (en verdad, en las convenciónes de este tipo, suelen otorgarse premios al tatuaje más singular o “único”). Y es que existe una razón más profunda por la que semejantes esfuerzos en afirmar la originalidad de la propia personalidad están patéticamente destinados al fracaso: la verdadera personalidad no se genera a partir de la decisión de ser original. Un hombre que decidiera convertirse en un excéntrico y que en consecuencia se comporta extravagantemente no es, en absoluto, un excéntrico es un actor, y las más de las veces, un mal actor. Un excéntrico verdadero es un hombre que se comporta excéntricamente sencillamente porque ni siquiera se le ocurre que podría comportarse de otro modo.

Otra importante razón invocada por quiénes se tatúan tiene que ver con el “crecimiento personal”. Se dice que confiere como un halo de autoridad. Una mujer que había pasado por un mal matrimonio confesó que se había tatuado un lobo.


Terminé por tatuarme este lobo, que para mí significaba poder y fuerza por sobre los abusos que sufrí a lo largo de mi vida. Me confería una sensación de libertad... Lo quería... para convertirme en mí misma.

Otra mujer dijo que su tatuaje era algo que había hecho, algo que ella había engendrado, como si el hecho de que fuera propio resultaba garantía suficiente de su valor.

Lo que llama la atención acerca de estas narraciones de tatuados es su vacuo egoísmo. Los entrevistados hablan, y aparentemente piensan, en términos de psico-charlatanería (psychobabble), ese envilecido e impreciso lenguaje vagamente intimista que le permite imaginar a quien así se expresa que está desnudando su alma cuando en realidad lo único que está haciendo es poniendo de manifiesto su superficialidad. De esto la autora de este libro no se da cuenta, perteneciendo como pertenece a la “comunidad” de los que se tatúan. Uno no puede sino sentir lástima por quiénes piensan que con desfigurarse de modo permanente de algún modo están afirmando su independencia o expresando su individualidad. El tatuaje tiene un sentido profundo: la superficialidad del moderno.

A la autora se le pasa enteramente desapercibida la significación cultural del hecho de que más y más gente de clase media resuelve tatuarse, aun cuando una de sus entrevistadas una profesora universitaria le da una pista más que elocuente:
 
Me estaba diciendo, “A la mierda con la universidad, me importa un carajo si te enteras que tengo un tatuaje”. Fue por entonces que también adopté varios “piercings” para expresar la bronca que me da esta comunidad... Sabía que los haría enojar con eso, lo que me produjo no poco placer.

Aquí vemos un ejemplo de las consecuencias corporales de un clima intelectual que durante mucho tiempo viene exaltando y alabando toda rebelión o subversión del orden existente como la única postura ética y honorable concebible. Desde luego, semejante actitud refleja una falta absoluta de sentido histórico que desconoce los logros del pasado y sólo quiénes viven en un eterno y egoísta presente perpetuo podría adoptarla. Así, el tatuaje es la forma artística del vándalo cultural y no constituye ninguna casualidad que, como decían los marxistas, los puntos de vista del vándalo cultural se expresan casi sin excepción en términos inarticulados y de una vulgaridad quasi sub-humana.

Por supuesto que semejantes antinomias (en sí mismas tan cansadoramente burguesas) tienen resonancias de lata. Me recuerdan un obituario de una estrella del rock recientemente publicado en The Daily Telegraph (el sólo hecho que este diario que otrora habría sido la lectura favorita de un almirante retirado leyendo en su club se ocupe de publicar obituarios de estrellas de rock, es en sí mismo, otro significativo signo de las modas culturales del momento). Según el obituario, este sujeto se había irritado de tal modo con lo que consideraba la falsa calidad del patriciado que asistía a su colegio, que resolvió adoptar desde entonces y para siempre el lunfardo de los barrios bajos de Londres. En otras palabras, adoptó, en nombre de la autenticidad, una forma de lenguaje que no era la propia y que no le era connatural. El destino de todos los que imitan a otros para alcanzar la autenticidad es la de vivir una mentira.

Por lo demás, el burgués que así se tatúa, está, tal como lo indica el libro que comentamos, tan ansioso de distinguirse del proletario verdadero como el de identificarse con él. Así, el tatuaje es al moderno burgués, lo de María Antonieta jugando a ser pastora. La mujer cuya tatuaje se suponía debía expresar “a la mierda” como expresión dirigida contra su universidad, en realidad no quería convertirse en la portera del edificio, y probablemente tampoco sabría comunicarse con ella. Los igualitaristas suelen tener un sentido jerárquico sumamente acendrado.