La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 7 de julio de 2012

Segundo combate de Manchalá: los veteranos de guerra tienen la palabra

Al General Emilio Jorge Luis Rodríguez, Comandante de la Vta Brigada de Montaña - Salta:

Con grave preocupación por su silencio ante la propuesta de demoler el monumento que rinde homenaje a nuestros soldados salteños de la Compañía de Ingenieros de Montaña 5, que marcaron una página histórica y gloriosa en el combate de Manchalá, ocurrido durante la Operación Independencia en la Provincia de Tucumán en el año 1975, en pleno gobierno constitucional (Perón), nos indica que nada va a hacer para que esto no ocurra.

Tal decisión lo apartaría de las más caras tradiciones y procederes de aquellos argentinos que honraron el uniforme de la Patria, y más aún, de los que lucieron las palmas de General de la Nación.

La subordinación y la disciplina sólo encuentran su cauce y justificación en el cumplimiento de órdenes reglamentarias, legítimas y sobre todo morales.

Deshonrar la memoria de nuestros héroes, y más siendo estos soldados conscriptos que se jugaron combatiendo valientemente contra las hordas guerrilleras del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) constituye una infamia tal que el General Güemes no dudaría en castigar de la única manera que corresponde semejante actitud complaciente con los dictados de los que hoy, desde el poder político, ayer terroristas en la clandestinidad, continúan la guerra que nos iniciaron en los 70 con otros medios: la venganza, el odio y la mentira histórica, para lograr lo que soldados como los de MANCHALA , se lo impidieron. Mal que les pese a los actuales concejales de Salta.

Ayer fueron los mercaderes de la muerte, que hoy necesitan de la complicidad de gente como usted para el logro de sus fines.

¿Qué va a hacer, General? ¿Acaso próximamente nos sorprenderá con un desfile rindiendo honores al Che Guevara o a Santucho? ¿Erigirá un monumento a Tiro Fijo o Chávez en el predio de los cuarteles Salta?

Usted está “secuestrando” un hecho histórico que honró a nuestro Ejército, para luego hacer “desaparecer”, de la memoria de las jóvenes generaciones de militares, el coraje, el patriotismo, el orgullo y valentía de esos dos suboficiales y un puñado de soldados que cumplieron con su juramento y el sagrado deber militar, y que hoy sienten un despreciable olvido con olor a “traición”.

Con su actitud, reniega de los soldados con mayúscula, y también de la sociedad salteña quien los educó en los valores de la patria.

El "retiro", antes que la comisión de un hecho deleznable e impropio de un militar, es la puerta grande de la dignidad que siempre está abierta para quienes prefieren el respeto de sus semejantes y la satisfacción del deber cumplido, antes que la lisonja de los corruptos.

Recuerde General que “Roma no paga traidores”… Salta tampoco.

Firmantes:

Ing. Mario Cabanillas – Prof. Mauricio Ortín - Sr. Carlos Manuel Acuña - Ing. Gabriel Vénica – Sr. José Luis Milia - Sr. Luis Cabanillas -- Ing. Pablo von Grolman – Sr. Agustín Arias - Lic. Nicolás Cabanillas – por ASOCIACION EX COMBATIENTES DEL OPERATIVO INDEPENDENCIA: Sr. Marcelo Leandro Dorado (veterano Op. Ind.) – Sr. Oscar Guerra (veterano Op. Ind.) – Sr. Juan Carlos Orozco (veterano Op. Ind.) – Sr. Rubén Segura (veterano Op. Ind.) – Sr. Hugo Ontiveros (veterano Op. Ind.) – 

El puente Lucas Córdoba: un testimonio de la historia de Tucumán

En mis comienzos, estuve hecho de puro quebracho colorado, por disposición de Domingo Sarmiento, mandato que cumplieron al pie de la letra los ingenieros Delacroix y Dode. Por debajo aguanté voluminosas correntadas de mi río Salí, y por arriba soporté toneladas de peso sobre mis espaldas, hasta que en los años 30 se apiadó de mí el entonces senador nacional Ramón Paz Posse, para gestionar que me reemplazaran por un moderno y seguro armatoste de hormigón de 200 m de largo por 16 m de ancho. 

Fui un espacio público que se pasaron de mano en mano y de tiempo en tiempo la Nación, la Provincia y las municipalidades (Capital y Banda del Río Salí), y como ninguno me quería adoptar, un anónimo descubrió que era "tierra de nadie" para que tomaran posesión los disconformes de siempre que nunca faltarán. 

Mi bautismo de fuego ocurrió en 1904 durante la primera huelga azucarera iniciada por el ingenio Cruz Alta. Luego fui mudo testigo de la larga huelga azucarera de 40 días del año 49 para desafiar al propio "líder de la clase trabajadora" (Perón). 

Aún recuerdo que en 1974 me atravesaron unas novedosas y portentosas máquinas cosechadoras, que marcaron la casi extinción de los zafreros de machetas y cuchillos, y el advenimiento de la gran desocupación. 

En mi estrecho y largo territorio de más de un siglo de vida ocurrieron batallas campales, reyertas, conflictos, enfrentamientos, desacuerdos, deliberaciones, discusiones, amenazas, provocaciones. Por ello conocí el rostro de policías bravos, militares autoritarios, anarquistas, caciques, políticos oportunistas, gremialistas de todas layas, activistas, punteros, caudillos, piqueteros, ocupados, desocupados y ya aparecerán los indignados. 

Por muchos años, la "patrullera" me cubrió las espaldas del Este, y el escuadrón a caballo hacía flamear sus látigos, tratando de sofocar a los rebeldes de ocasión por el Oeste. En más de una vez vi a la distancia piquetes de huelguistas arremangarse cargando sus bicicletas al hombro para atravesar el río, evitando enfrentarse con la policía que me custodiaba. Lo mismo lo hacían las decenas de obreros que se conducían diariamente a sus lugares de trabajo en bicicletas, para evitar que les secuestren el rodado por falta de la "chapa patente" y el "ojo de gato". 

Sí, soy yo, el puente Lucas Córdoba que usted conoce; el mismo que se cubre de pasacalles y pancartas en tiempos de la política.