La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 5 de mayo de 2012

Piden que la fecha en la que se realizó la Tercera Defensa de Salta sea declarada "Día de la Soberanía Salteña"

La Caldera recordó el Combate de Los Sauces, ocurrido el 5 de mayo de 1817, con un acto realizado ayer en la escuela Nº 4.367 del dique Campo Alegre.

Estuvieron presentes autoridades comunales, concejales, los ministros de Educación, Roberto Dib Ashur; de Trabajo, Rubén Fortuny, y Fanny Ceballos, impulsora de un proyecto para que la fecha sea declarada Día de la Soberanía Salteña. Acompañaron alumnos y representantes de diversas instituciones.
 
“Es necesario fomentar en la sociedad el recuerdo de esta fecha tan importante en la gesta emancipadora”, indicó el intendente Luis Mendaña.

El 5 de mayo de 1817 las tropas de Martín Miguel de Güemes expulsaron al ejército realista mediante una hábil emboscada en el paraje Los Sauces.

Las tropas realistas planificaban un gran ataque, que no se llevó a cabo gracias a la estrategia notable de las fuerzas salteñas: los gauchos ataron a la cola de sus caballos cueros encendidos y simularon un gran ataque durante la noche. Ello sorprendió a los realistas, quienes huyeron del lugar. 

La acción evitó la invasión española y consolidó la libertad de estas tierras. 

Digitalizan y actualizan el Diccionario General de Jujuy de Antonio Paleari

En un significativo aporte al conocimiento de Jujuy, obra única en su especie en el país, concluyó su tarea el Comité de Reedición y Actualización del “Jujuy Diccionario General” de Antonio Paleari, bajo la dirección de Dora Geronazzo. El diccionario ya se puede ver en Internet en la página www.diccionariojujuy.gov.ar.

El proyecto, impulsado y financiado íntegramente por la Secretaría de Turismo y Cultura de Jujuy, muestra desde las características topográficas del Cerro de Siete Colores, pasando por la arqueología de Inca Cueva, hasta la historia de la bandera que Belgrano legó al pueblo jujeño, e incluso biografías del Jujuy contemporáneo como, por ejemplo, las de Annuar Jorge, Milagro Sala y los Hermanos Chañi.

La reedición dio inicio formal en 2009 con un equipo encabezado por la abogada y docente Dora Rosana Geronazzo, quien fuera una de las integrantes del equipo conducido por el notable político, militar y escritor jujeño, Antonio Paleari (1926-1995), autor, además, de otros diccionarios, como el Geográfico de Jujuy, Toponímico de Jujuy, Diccionario Mágico y Español-Quechua, entre otras de sus destacadas obras literarias.

Obra de consulta permanente sobre cada uno de los aspectos –y, podría decirse, detalles- de nuestra cultura, historia, geografía y arqueología, entre otros tópicos, el “Jujuy, Diccionario General” facilita, tanto a investigadores como al público en general, el acceso a información específica sobre la provincia de Jujuy.

Su Primera Edición, que vio la luz en 1992, con el apoyo del extinto gobernador Roberto Rubén Domínguez, y de la mano del propio Teniente Coronel (RE) Antonio Paleari, por entonces director Provincial de Cultura, contaba con 12 tomos y, a su vez, estaba dividido en seis períodos históricos. Este formato cronológico fue respetado por el equipo de trabajo, integrado por personas que, en algunos casos, ya fueron parte del comité de redacción de hace 20 años. De este modo, la gente podrá no solo utilizarlo como diccionario, sino también como bibliografía para tener un conocimiento lineal acerca de la historia de la provincia.

En rigor, la obra fue ideada por Antonio Paleari en 1987 y sería publicada próximamente en forma impresa. En cuanto a la edición digital (www.diccionariojujuy.gov.ar) tiene una apariencia similar a la de “Wikipedia”, ya que fue desarrollado con el software libre “MediaWiki”, originalmente usado en aquella enciclopedia global de contenido libre.

Jujuy es la única provincia del país que posee un diccionario de este tipo. A partir de ahora, quienes lo consulten verán la obra ampliada y mejorada, puesto que se trabajó con el aporte de muchos poetas, artistas, profesores de geografía, docentes de letras, historiadores y diversas personalidades jujeñas.

Un grupúsculo de jujeños pretende reavivar la llama de la herejía

Esta historia podría comenzar con Edmundo Villarreal tallando la imagen de la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral, encargada cuando las procesiones pascuales bajan ya separadas, en los albores de la década del 70, a Tumbaya y a Tilcara. En la madrugada del 22 de agosto de 1972, en una base naval cercana a la ciudad de Trelew, provincia de Chubut, es fusilada su hija, Ana María, que se había casado con Mario Roberto Santucho, fundador del ERP, del que también formaba parte. Cuando le llega la noticia a su padre, estaba tallando el Cristo, y estos son datos que ayudan a entender, en parte, una memoria de la que se cumplieron diecisiete años el domingo último, aniversario de aquel 29 de abril en el que apareciera destrozado el Cristo que tallara don Edmundo.

Poroto Vega recuerda que "talló la imagen de la Virgen, pero nos faltaba la imagen del Cristo, y cuando lo estaba comenzando fue que pasó todo esto de la hija. Así reflejó todo ese dolor en la imagen, por eso es que tenía esas dos facciones, de un lado de tranquilidad y de dolor, pero del otro sonreía."

Recuerda que Villarreal les había dicho que "nunca más podría volver a hacer una cosa así, porque lo hizo en un momento muy especial. Ya teníamos pensado que se iba a llamar El Señor de la Quebrada, pero con todo esto se lo empezó a llamar El Cristo Guerrillero. Por detrás de la imagen", sigue la memoria viva de Poroto Vega, "llegó la policía diciendo que ustedes tienen una imagen así y así, y nosotros la habíamos exhibido en la calle, orgullosos, y le pusimos el letrero que decía: homenaje a Ana María, trágicamente desaparecida en Trelew."

Dicen que los estigmas de ese Cristo eran heridas de bala, recordando con uno el otro dolor, y Poroto Vega recuerda que cuando llegó la policía ya las religiosas habían hecho sacar el cartel. "Esa noche nos reunimos para ver qué podíamos hacer", nos cuenta, "porque temíamos que se lo llevaran y lo llevamos hasta Cerro Chico, donde tenía mi casa. Al otro día, como seguíamos pensando que lo iban a encontrar, sacamos el Cristo del altar y lo pusimos ahí." Seguían las pesquisas, "así que nos organizamos", recuerda, "y a la noche salimos para Punta Corral, así que cuando han ido a la iglesia, han revuelto todo y no había nada. Nosotros éramos un grupo de jóvenes que nos habíamos dado en llamar los Cruzados de la Virgen", recuerda Vega.

"Los que estaban al frente de la construcción de la capilla era gente mayor, entonces el párroco formó un grupo de jóvenes para que pueda ir las veces que se necesite, y estuvimos en todo lo que fue la construcción de la capilla y de los albergues." Para el "76, el cura "se tuvo que ir", recuerda Vega. "Se fue una noche, y al otro día estuvieron buscándolo. En tanto, el Cristo siempre estuvo cuestionado, y a partir del "76, ni hablar, y uno veía que aparecía gente desconocida acá y en el Abra para Semana Santa. Estaba el regimiento aquí, y nosotros necesitábamos llevar cañas así que hemos ido a hablarles y han ido, pero han ido armados y con una hoja de ruta con todos los detalles del camino. Decían que ahí había reuniones de gente de Chile, de gente con pensamientos izquierdistas. Llaman a una religiosa y le preguntan: ¿cuáles son las heridas de bala del Cristo?, y han rodeado casitas en Chilcaguada buscando rastros, buscando huellas." El relato salta hasta el año 1995, cuando "se había decidido llevar una réplica de la imagen de la Virgen y dejarla allá. Cuando llegan al mediodía del 29, se dieron con esto. Estaba hecho pedazos", dice Vega. "La cabeza no estaba y nunca apareció." La imagen, como había quedado, fue representada en una ermita pascual de la familia Vega.

"El obispo conformó a la gente", sigue Poroto Vega, "diciendo que se hace otra imagen porque nuestra fe está intacta, y se lo llamó al escultor Alfredo Yacusi, que inmediatamente vino de Buenos Aires y cuando vio eso lloró." Fue Yacusi quien sugirió que se hiciera una nueva imagen y se ofreció para hacerla, "por la comida y por la pensión. Estaba muy enfermo", recuerda Vega. Dice que "de los restos del Cristo de Villarreal, con el tiempo ya nadie sabía donde estaban. Se lo había traído en una urna y estuvo unos días exhibido, y luego se lo arrumbó en un depósito. Cuando van a limpiar lo encuentran y lo llevan a la torre, cerca del coro, donde aún creo que está en una caja." Entonces los deseos, porque hace tiempo que hay quienes vienen pidiendo poder darle sepultura a esos trozos del cuerpo del Cristo crucificado que, de sólo acompañar a su pueblo en esos años difíciles, sufrió lo que tantos. Acaso ese merezca ser el final de esta historia.

FUENTE