Un agente de la Policía de la Provincia
solicitó un urgente traslado al lugar más lejano de la capital que fuera
posible, luego de que su exnovio, un civil, lo atacara impíamente en la
comisaría 6 de Castañares, cuando este se encontraba de guardia.
Los hechos, ocurridos hace poco más de un mes, se mantenían en
estricta reserva para no perjudicar al uniformado involucrado en los
sucesos, quien, luego de la paliza recibida de parte de su expareja,
estuvo internado poco más de una semana, aquejado por fuertes dolores
productos de los puñetazos, puntapiés y rasguños que recibió de parte
del otro joven, quien pese a poseer modales femeninos, utilizar
pantalones ajustadísimos y calzarse con chatitas, demostró lo que es
capaz de hacer una persona enajenada por los celos y la bronca de la
traición sentimental.
“Sos un sucio, un guarango, un mal hombre... Cómo te atreviste a
dejarme solo en casa anoche e irte al club a bailar con otro, traidor!”,
le espetó el recién llegado al agente, quien se hallaba de servicio
aunque sus ojos daban clara muestra de que la noche anterior había sido
intensa.
“Contestá, mal tipo!”, volvió a gritarle, pero el destinatario de
los retos, quien jamás pensó que algo así podría sucederle en su lugar
de trabajo, no articulaba palabra y solo miraba fijamente a su por
entonces amante, quien parecía indignarse cada vez más.
“Yo te voy a enseñar lo que es romperle el corazón a un hombre”,
espetó, aunque a partir de ese momento comenzó a decir palabrotas
irreproducibles, al tiempo que su voz femenina se iba transformando en
un alarido ronco, casi animal.
Nadie reaccionaba en la dependencia. Era domingo por la mañana y mucho público que se hallaba en la
comisaría se arremolinó en torno al joven afeminado y el agente
increpado.
Pero faltaba lo peor.
“¿No vas a decir nada "Casti'?!” (el apodo del agente sometido a la reprimenda amorosa), volvió a gritar el sujeto.
El agente, al ver que las aguas no se aquietaban y que el escándalo
crecía, se levantó de su silla, avanzó rodeando el escritorio y
armándose de valor, le replicó por primera vez, luego de más de 10
minutos de no haber abierto la boca. “Salí inmediatamente de aquí...!,
qué te has creído de venir a humillarme a mi lugar de trabajo... no te
quiero ver nunca más, fuera, fuera, fuera!”, repitió y dio un paso hacia
adelante, como si se aprestara a acometer contra el celoso ruidoso. Sin
embargo, no tomó en cuenta la agilidad de este, quien, moviéndose como
Flash, se le fue encima y lo detuvo propinándole una sucesión de
rasguños, que hicieron sangrar la cara al uniformado.
Ante tal despliegue de habilidades como peleador, llegaron a la
carrera hasta la oficina de guardia otros uniformados, quienes trataron
de detener la implacable y sorpresiva golpiza a uno de los suyos. Sin
embargo, no pudieron impedir que el despechado lanzara una última serie,
se apoderara del arma reglamentaria de quien creía el amor de su vida y
saliera del edificio a toda carrera, empujando a cuanto ser humano se
le cruzaba en el camino y se perdiera zigzagueando por las calles de la
barriada norteña, sin poder ser alcanzado por los policías que
intentaban detenerlo.
El lastimado fue trasladado a un centro asistencial público, donde le
practicaron los primeros auxilios y luego lo derivaron a una clínica
privada.
Poco después y ya casi recuperado, se presentó en la Jefatura de
Policía y solicitó ser trasladado de urgencia al lugar más alejado que
fuera posible, solicitud que le fue concedida de inmediato, siendo
despachado a una unidad de la zona sur del territorio provincial, de
donde el joven y supuestamente enamoradizo uniformado es oriundo.