La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 18 de marzo de 2012

Pena de muerte para inocentes

Falló la Corte Suprema

El martes 13 de marzo la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina resolvió que no es punible el anular un embarazo que sea producto de una violación. El máximo tribunal, a través de una sentencia espeluznante (tanto por su inconstitucionalidad como por el horizonte de consecuencias nefastas que inaugura), falló por unanimidad que no puede impedirse a las víctimas de una violación ejercer “su derecho” a interrumpir el embarazo y que los médicos “en ningún caso” deben requerir autorización judicial previa. Agrega que el aborto deberá ser practicado en un hospital público con sólo la presentación de una declaración jurada de la víctima –o de su representante legal– en la que manifieste que el embarazo es el resultado de una violación. Vale decir no es necesario ninguna prueba objetiva y veraz de que ha ocurrido aquel ominoso acto de la violación, con que la mujer solamente diga que así fue (pese a que no lo haya sido) los médicos ya están autorizados para introducir algún utensilio que fulmine y despedace a un niño por nacer.

La violencia en contra de la vida humana que supone esa decisión de una pandilla de leguleyos es tremenda. Lo curioso es la perturbación del sentido común que su acción promueve: la Corte Suprema, al menos la actual Corte Suprema, jamás se atrevería a castigar con la pena de muerte al infame violador pero no tiene ningún problema para castigar con la pena de muerte al fruto de una violación, añadiendo a ese crimen horrendo contra las mujeres este otro crimen espantoso que es la muerte del inocente. De eso se trata aquí: la aniquilación impune de una vida que sólo es culpable de existir.

Lo más preocupante es que siendo la Corte Suprema una de las principales instituciones encargadas de custodiar a la Constitución Nacional falla, en este caso, en contra de la misma. Cuando se esperaba que el nefasto inciso 2º del artículo 86 del Código Penal fuese declarado inconstitucional –como de hecho lo es dada la actual adhesión de nuestro país a los Pactos y Tratados Internacionales–, los obscuros miembros de la Corte Suprema hacen todo lo contrario, puesto que validan una medida elaborada a fines de la década de 1910, época en la que aún el concepto de Estado Social de Derecho no tenía el peso que actualmente tiene y por tanto era más aceptable exterminar a una persona de la faz de la tierra que contener, sustentar y ayudar a una mujer violada para que no deseche al indefenso niño por nacer y lo entregue posteriormente en adopción en caso de no desear ocuparse de su crianza. Afortunadamente la solidaridad es hoy en día más efectiva de lo que era hace 90 años atrás, pero ello, claramente, no lo manifiesta nuestra Corte Suprema de Justicia. 

El fallo no es ley

Juan Manuel Urtubey, el gobernador de la provincia de Salta, al ser consultado sobre el tema por la prensa dijo: “es muy difícil opinar sobre un fallo en particular porque en la Argentina los fallos no tienen efecto erga omnes, es decir que no se aplica para todos los casos similares, sino para uno en particular; proyectar este fallo para otras situaciones me parece demasiado aventurado”. De esa manera trató de minimizar el asunto o, al menos, intentó eludir el tener que emitir una opinión contundente a favor o en contra.

Lo cierto es que el fallo no funciona como una ley pero sienta un precedente importante en esta materia. Cristina Garros Martínez, una ex-jueza salteña, sostuvo que lo más seguro es que a partir de ahora “nadie va a andar abortando alegremente, sino que es algo que se hará en situaciones excepcionales” debido a que todo el proceso de dar muerte a un inocente cuando aún se encuentra en el vientre materno es altamente traumático. Rosa Zacca, catedrática de la UCASAL, fue más coherente que Garros Martínez y afirmó que “el problema es la catarata de abortos que se vienen”. Matar a una persona es un homicidio, en cambio autorizar a que se mate masivamente a miles de personas es un genocidio. Es más o menos eso lo que gente realista como Zacca señalan y lo que la gente ilusa o por demás optimista como Garros Martínez no pueden percibir.

El gozo de saber que los inocentes mueren horriblemente

Quienes comprenden que el aborto es un pavoroso asesinato pero aún así estarían dispuestos a validarlo en casos de violaciones o, como dice el Código Penal, que la mujer sea una persona deficiente mental son el ejemplo viviente de la gente que se ha dejado violentar en su sano juicio por los disvalores más miserables del mundo contemporáneo.

Hay mucha gente que aborrece tanto su propia vida que, en lugar de terminarla abruptamente, optan por ayudar a otros a que arrebaten la vida de aquellos que no se pueden defender. Tal es el caso de, por ejemplo, Beatriz Guevara o Mariana Vargas, dos activistas a favor del genocidio en el NOA. Según su lógica perversa, para ellas el mundo será un lugar mejor si una persona puede darle una muerte horrenda a un inocente y no recibir ningún tipo de castigo por ello. Descorchan un vino espumante para festejar que la muerte le llegará a miles de desafortunados que, por supuesto, no la merecen, brindan por la destrucción, brindan por el genocidio.

Pero esos desviados no significan nada ante aquellas buenas personas que, plenamente concientes de la monstruosidad de un aborto, comenten el error de apoyar “excepciones” en ciertos casos especiales. El Arzobispo de Tucumán apunta que esa actitud equivale a sostener que “ciertos seres humanos en las primeras etapas de su vida no son merecedores de una protección legal plena”, es decir equivale a sostener que hay personas cuya concepción fue "más digna" que la de otros y por tanto merecen ser privados de su vida. La violencia sexual es indigna para quien la comete pero no para quien la padece. Permitir que una víctima se convierta en verduga es reemplazar la justicia por la venganza.

Con la excusa de crispar a la Iglesia Católica y de perseguir a los millones de cristianos que habitan el suelo argentino algunas sinarquías no tienen problemas en promover lo más aberrante que se les puede ocurrir. A los ciudadanos de este país no nos queda más opción que resistir y combatir con amor todo el odio que busca corroernos y atomizarnos. 



Antonella Díaz