La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 25 de febrero de 2012

Deuda histórica: Tucumán no tiene un monumento para honrar al "Ejército del Norte"


En este año del bicentenario de la Batalla de Tucumán, vale la pena recordar una de las iniciativas tendientes a recordar el primer centenario, en 1912. Ese año, el Congreso de la Nación, por ley 8926 del 14 de setiembre, dispuso erigir en Tucumán un monumento al Ejercito Auxiliar del Interior y el Alto Perú, conocido como "Ejército del Norte" y vencedor en Suipacha, en Tucumán y en Salta.

El monumento consistiría en un gran arco a emplazarse al noroeste de San Miguel de Tucumán. Se fundaba en que esa fuerza, mandaba por jefes como Manuel Belgrano y San Martín, "fue el brazo armado por la Primera Junta para llevar el pensamiento y hacer triunfar el movimiento de la Revolución de Mayo hasta el confín del virreinato",

Con esa finalidad se entregó la suma correspondiente al Gobierno de Tucumán. Pero resultó luego que el presupuesto era superior al monto: la Provincia no pudo ejecutar el trabajo y devolvió la suma a la Tesorería de la Nación.

En 1942, el presidente de la República, doctor Ramón S. Castillo, elevó al Congreso un proyecto que reflotaba aquella ley. Destinaba 1.925.000 pesos para la adquisición del terreno y construcción del arco. Preveía que, de no obtenerse el terreno necesario por donación, se lo declaraba de utilidad pública para expropiarlo.

Según el mensaje -cuya redacción Castillo encargó a Padilla- se lo emplazaría en el inicio del Camino del Perú, para "señalar, a la vez, dirección y realización del esfuerzo heroico argentino en la liberación del territorio". El derrocamiento de Castillo, en junio de 1943, determinó que la iniciativa quedara otra vez en la nada.

Un libro honra la historia de Puesto del Marqués y de los héroes puneños

Puesto, su historia y leyendas”, es el título del libro que don Franklin Chiliguay pudo escribir a sus casi 90 años, con mucho esfuerzo y gastos propios, dedicado a su pueblo puneño natal: Puesto del Marqués.

Los empleados del Archivo Histórico Provincial ya lo conocen de hace rato porque allí anduvo don Franklin Chiliguay, con sus décadas a cuestas (‘los años se hicieron tinta’ como diría don Domingo Zerpa) y su andar pausado. Sentado junto a una mesa leía y releía cada documento referencial a Puesto del Marqués, aunque también él conserva en su poder algunos escritos antiguos heredados de sus padres, bisabuelos y tatarabuelos. El Tte. 2do. Santiago Chiliguay, luchó junto a otros héroes locales durante la Guerra de la Independencia, como los capitanes Diego Cala, José de la Cruz Ovando, o Isidro Taritolay, bajo las órdenes del General Martín Miguel de Güemes, salvaguardando la frontera norte. Sus roles fueron notables para el triunfo patriótico del Combate de Puesto del Marqués el 14 de abril de 1815.

El libro habla justamente de esos héroes de la Independencia y hasta de la Guerra de Malvinas, porque Chiliguay rescata a Bonifacio Sosa, herido en combate durante el bombardeo inglés al navío ‘Alferez Sobral’. Hoy olvidado -como casi todos los veteranos de guerra-, Sosa reside actualmente en su humilde morada de Moracaite, distrito de Puesto del Marqués. También hay mención a la lucha de los ‘gauchos’ puneños ante el avance de Bolivia en su intento de apropiarse de La Quiaca y Cochinoca allá por 1837 y 1838, o los combates de Abra de la Cruz y Quera, cuando la Puna se sublevó al entonces gobierno provincial en defensa de su derecho a la propiedad de la tierra.

El libro de don Franklin Chiliguay, es un homenaje a esos ‘héroes’ antiguos y actuales, a los que aún permanecen en ese poblado -cuya actividad económica es la ganadería ovina y bovina, y cría de camélidos- haciendo ‘Patria’ en la frontera, y a los que no están porque se fueron al igual que muchos de toda la región- en busca de mejores horizontes para sus vidas.

Orgulloso ‘puesteño’, sueña con ver cumplido en lo que resta de su largo transitar de la vida, la construcción del Monumento al Combate de Puesto del Marqués, para lo cual oportunamente presentó un proyecto ante las autoridades provinciales quienes dieron su aval y distinguieron su iniciativa. Su accionar diligencioso lo llevó al Centro Polivalente de Arte, desde donde -tras un concurso entre el alumnado- salió un proyecto ganador. Sólo queda el compromiso de las autoridades comunales de firmar un convenio con la Provincia para emplazar finalmente dicho monumento.

Proponen que el viejo edificio de la Legislatura de Tucumán se convierta en centro cultural y no en negociado inmobilario


Auspicioso y de buen criterio sería que el actual edificio de la Legislatura, ubicado a mitad de cuadra de avenida Sarmiento al 600, y dado que a inicios de marzo se inaugurará el nuevo edificio a la altura del 500, sea cedido o dado en comodato a instituciones civiles culturales y sin fines de lucro y de reconocida trayectoria, que hasta hoy no cuentan con un lugar para reunirse o para tener su biblioteca o patrimonio cultural. Me refiero a entidades -sólo para citar algunas-, como el Instituto Tucumano de Cultura Hispánica, la Junta de Estudios Históricos de Tucumán, el Instituto Belgraniano, la Sociedad Argentina de Escritores, el Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Amigos de la Ciudad, Academia de Ciencias Jurídicas, Políticas y Morales, y tantas otras ONG que fueron, son y serán un motor impulsor de actividades culturales, históricas y sociológicas y que no reciben subsidio estatal alguno. 

Vale recordar que la Academia Nacional de la Historia tiene su sede en el antiguo Congreso Nacional, histórico edificio de Balcarce al 100, en Buenos Aires, que fuera cedido por la Nación. Además de conservar todas las instalaciones en perfecto estado allí se realizan importantes actos culturales. 

En definitiva, sería una especie de red cultural, con museo, biblioteca y archivo, preservando no sólo objetos de valor histórico, sino a entidades apasionadas por Tucumán y su acervo, cuyas actas de fundación -en algunos casos- sobrepasan los 45 años. Es hora de que el Estado ayude con el simple gesto de darles un lugar y de esa manera refundar un foro cultural, otorgándoles vivificante impulso.