La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

miércoles, 22 de febrero de 2012

Miércoles de Ceniza



(Miércoles de Ceniza)

I

Porque no espero retornar jamás
Porque no espero
Porque no espero retornar
Deseoso del don de éste y de la visión de aquél
Ya no me esfuerzo más por esforzarme por cosas semejantes
(¿Por qué debiera desplegar las alas el águila ya vieja?)
¿Por qué debiera lamentarme yo
Por el poder perdido del reino acostumbrado?

Porque no espero conocer jamás
La endeble gloria de la hora positiva,
Porque pienso que no
Porque conozco que no he de conocer
El único real de los poderes transitorios
Porque no he de beber
Allí, donde los árboles florecen, y los manantiales fluyen, pues –de nuevo– no hay nada

Porque yo sé que el tiempo es siempre tiempo
Y que el espacio es siempre sólo espacio
Y que es actual lo actual sólo en un tiempo
Y sólo en un espacio
Me alegra que las cosas sean tal como son y
Renuncio al rostro bienaventurado
Y renuncio a la voz
Porque no he de esperar ya retornar jamás
Me alegro en consecuencia, al tener que construir algo
De qué alegrarme.

Y ruego a Dios se apiade de nosotros
Y le ruego que yo pueda olvidarme
De aquellas cosas que conmigo mismo discuto demasiado
Explico demasiado
Porque no espero retornar jamás
Deja que estas palabras respondan
Por lo que se ha hecho, para no volver a hacerse
Que el juicio no nos sea demasiado gravoso

Porque estas alas ya no son alas para volar
Sino sólo abanicos que baten en el aire
El aire que ahora es terriblemente angosto y seco
Más angosto y más seco que la voluntad
Enséñanos a preocuparnos y no preocuparnos
Enséñanos a quedarnos sentados, quietos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

II

Señora, tres leopardos blancos estaban recostados bajo un árbol de enebro
A la fresca del día, tras haberse saciado hasta el hartazgo
De mis piernas, mi corazón, mi hígado y aquello que había sido el contenido
De la esfera ahuecada de mi cráneo. Y dijo Dios
¿Vivirán estos huesos? ¿Vivirán
Estos huesos? Y aquello que había sido el contenido
De los huesos (que ya se habían secado) dijo con un gorjeo:
Gracias a la bondad de esta Señora,
por su belleza, y porque
honra a la Virgen meditando
brillamos relucientes. Y yo, que estoy aquí disimulado,
ofrezco mis acciones al olvido, y mi amor
a la posteridad del desierto y al fruto de la calabaza.
Esto es lo que rescata
Mis entrañas, los nervios de mis ojos y las partes indigeribles
Que rechazan los leopardos. La señora se retira
Con un vestido blanco, a contemplar, con un vestido blanco.
Que la blancura de los huesos sirva de expiación para el olvido.
No hay vida en ellos. Como estoy olvidado
y he de estar olvidado, así me olvidaría
Al consagrarme, concentrado en un propósito. Y dijo Dios
Su profecía al viento, al viento solamente porque sólo
Sabe escuchar el viento. Y los huesos gorjeaban en un canto,
Acompañados por los saltamontes. Y decían:

Señora del silencio
Calmada y afligida
Desgarrada e intacta
Rosa de la memoria
Rosa de los olvidos
Agotada y nutricia
Preocupada y tranquila
La Rosa singular
Es ahora el Jardín
Donde el amor termina
Da fin a los tormentos
De amor insatisfecho
El tormento mayor
Del amor satisfecho
Final de lo infinito
Viaje a ninguna parte
La conclusión de aquello
Que es inconclusible
Discurso sin palabra y
Palabra sin discurso
Las gracias sean dadas a la Madre
Por el Jardín
Donde el amor termina.

Bajo un árbol de enebro, cantaban esparcidos los huesos relucientes
Estamos satisfechos de estar desperdigados, no hicimos nada bueno los unos por los otros
A la fresca del día, bajo un árbol, con la anuencia de la arena,
En olvido de sí mismos y de los otros, juntos
en el silencio del desierto. Esta es la tierra que
dividiréis por lotes. Y ni la división ni la unidad
importan. Es la tierra. Tenemos nuestra herencia.

III

Al doblar la segunda escalinata por primera vez
Me di vuelta y miré lo que había abajo,
La misma forma serpenteante sobre el pasamanos
Tras los vapores en el aire fétido,
En pugna contra el diablo de las escaleras,
Con su engañoso rostro de esperanza y desesperación.

Al doblar la segunda escalinata por segunda vez
Las dejé serpenteando y enrollándose ahí abajo;
Ya no había más rostros, la escalera estaba oscura,
Húmeda y escarpada, como la boca de algún viejo que babea sin remedio,
O las fauces dentadas de un tiburón ya viejo.

Al doblar la tercera escalinata por primera vez
Había una ventana panzona como el fruto de la higuera
Y detrás del espino florecido y de la escena pastoril
Una figura de anchas espaldas ataviada en verde y en azul
Hechizaba con una flauta antigua el mes de mayo.
Son dulces los cabellos que se agitan, los cabellos castaños que ondean sobre la boca,
Los cabellos violetas y castaños;
La distracción, la música de la flauta, las pausas y los pasos de la mente en la tercera escalinata,
Cada vez más se apagan; una fuerza mayor a la esperanza y a la desesperación
Sube por la tercera escalinata.

Señor, yo no soy digno
Señor, yo no soy digno

pero una palabra Tuya bastará.

IV

Quien caminaba entre el violeta y el violeta
Quien caminaba entre
Las varias gamas de variados verdes,
De azul y blanco, con el color de María,
Mientras hablaba de cosas triviales
Sin saber y sabiendo sobre el dolor eterno
Quien caminaba entre los otros mientras caminaban,
Quien hizo que las fuentes brotaran vigorosas e hizo frescas las aguas de los manantiales

Enfrió la piedra seca e hizo firme la arena
Con el azul de los delfinios, el azul del color de María,
Sovegna vos

He aquí los años que andan entre medio, haciendo a un lado
Los violines y las flautas, reinstaurando
a una que se mueve en el tiempo entre el sueño y el despertar, vestida

Con un manto de luz blanca, envuelto en la cabeza.
Los años nuevos van, reinstaurando
A través de una nube de lágrimas brillante, los años, reinstaurando
Con versos nuevos una rima antigua. Redime
El tiempo. Redime
La visión no leída en el sueño más alto
Mientras los unicornios enjoyados arrastran la carroza fúnebre dorada.

La hermana silenciosa con su velo azul y blanco
Entre los tejos, tras el dios del jardín,
La de la flauta sin aliento, agachó la cabeza e hizo un gesto, pero no dijo nada

Pero brotó la fuente y cantó el pájaro
Redime el tiempo, redime el sueño,
Muestra de la palabra nunca oída, nunca dicha,
Hasta que el viento arranque mil murmullos del tejo

Y después de este destierro.

V

Si se perdiera acaso la palabra perdida, si se gastara acaso la palabra gastada
Si se escuchara acaso y se dijera
La palabra no dicha ni escuchada;
Aún seguiría siendo la palabra no dicha, la Palabra no escuchada,
La Palabra sin palabra, la Palabra dentro
Del mundo y para el mundo;
Brilló la luz en las tinieblas y
Contra la palabra el mundo inquieto seguía dando vueltas
Alrededor de la Palabra silenciosa

Oh pueblo mío, ¿qué te he hecho?

¿Dónde habrá de encontrarse la palabra, dónde
resonará? Aquí no, porque aquí no hay silencio suficiente,
ni en el mar ni en las islas, ni
en el continente, tampoco en el desierto o en las praderas húmedas,
para quienes caminan en lo oscuro
durante el día y durante la noche
el lugar apropiado y el momento justo no son éste
no hay un lugar de gracia para aquellos que rehuyen el rostro
ni tiempo de alegrarse por aquellos que caminan entre el ruido pero niegan la voz

¿Ha de rezar la hermana del velo
por los que andan en lo oscuro, los que Te han elegido y enfrentado,
los que están desgarrados sobre el cuerno entre estación y estación, entre un tiempo y otro, entre
una hora y otra, una palabra y otra, entre un poder y el otro, los que esperan
en medio de lo oscuro? ¿Ha de rezar la hermana
por los niños que esperan en la puerta
que no se irán de allí, y que son incapaces de rezar?
Reza por los que eligen y por los que se oponen

Oh pueblo mío, qué te he hecho.

¿Ha de rezar la hermana entre los árboles de tejo esbeltos
por quienes la ofendieron y ahora tienen miedo
y no pueden rendirse y afirmar ante el mundo y negar entre las rocas
en el último desierto entre las últimas rocas
azules el desierto en el jardín el jardín en el desierto
de la sequía, y escupir de la manzana la semilla seca?

Oh pueblo mío.

VI

Porque no espero retornar jamás
Porque no espero
Porque no espero retornar
A debatirme entre la ganancia y la pérdida
En este breve tránsito donde se cruzan sueños
El crepúsculo por el que cruzan sueños entre el momento de nacer y el de morir
(Padre, bendíceme) aunque no quiero desear estas cosas,
Desde el gran ventanal hasta la costa de granito
Las velas blancas siguen volando rumbo al mar, volando al mar
Velas intactas

Y el corazón perdido se endurece y se alegra
Por la lila perdida y por las voces que el mar perdió
Y el espíritu débil se apura en rebelarse
Por el cetro de oro torcido y el aroma que el mar perdió
Se apura en recobrar el grito de la codorniz y el del chorlito que vuela en círculos
Y el ojo ciego crea las formas en las puertas de marfil
Y renueva el olor el gusto de salitre de la tierra arenosa.

Es el momento de tensión entre morir y el nacimiento
El lugar solitario donde tres sueños cruzan
Entre rocas azules
Pero cuando las voces arrancadas al tejo comiencen a perderse
Que se agite en respuesta el otro tejo

Bendita hermana, santa madre, espíritu del jardín y la fuente,
No permitas que el uno al otro nos burlemos mediante falsedades
Enséñanos a preocuparnos y a no preocuparnos
Enséñanos a quedarnos sentados quietos
Incluso entre estas rocas,
Con nuestra paz entre Su voluntad,
Hermana, madre
Y espíritu del río, espíritu del mar,
No permitas que me aparte

Y llegue a Ti mi clamor.


T. S. Eliot

Demandan mayor concientización sobre la importancia de los árboles en Tucumán


En Tucumán, como bien se sabe, cada vez que se desata una tormenta intensa, o sopla con alguna fuerza el viento, se produce la caída de árboles en nuestras calles y paseos. Por regla general, se trata de ejemplares añosos, que brindaban sombra a transeúntes y a viviendas, y que constituían una preciada decoración de nuestra capital.

Es comprensible que asistamos con tristeza a tales acontecimientos. La inmensa mayoría del vecindario valora los árboles, sobre todo cuando han constituido su entorno familiar durante muchas décadas. Nos apena asistir a su desaparición, y más cuando se calcula el prolongado tiempo que ha tardado en crecer un ejemplar de ese porte. Pero se trata de episodios derivados de fuerzas naturales, y no son sencillas las medidas de prevención o corrección a nuestro alcance.

Con todo, hay algunos recaudos que podríamos tomar y que no tomamos. Es verdad que fuertes tormentas y vientos derriban los árboles.

Pero también lo es que la debilidad del tronco de muchos de ellos no es sólo obra de la naturaleza y de los años, sino también de la predatoria acción humana. Es conocido que muchos vándalos dañan la base de los troncos por medio del fuego. O que algunos, buscando directamente librarse del ejemplar, proceden a arrancarle la corteza para que se seque.

Se trata de actitudes antisociales, que no existirían si estuviera generalizada una adecuada conciencia del medio ambiente. Pensamos que debieran ser denunciadas a las autoridades por cualquier vecino que las detecte, para que el depredador pueda ser responsabilizado civil y penalmente por su acto.

Y otra medida obvia para paliar en algo la pérdida de los árboles es, por cierto, que los mismos sean replantados en forma constante. De tanto en tanto, nuestras autoridades municipales informan que llevan a cabo esas tareas. Pero pensamos que las mismas tienen que desarrollarse con mucha mayor amplitud e insistencia. Además, debiera verificarse periódicamente el estado de los nuevos ejemplares -ya que muchos son pronto objeto del vandalismo- para poder plantarlos de nuevo en caso de destrucción. Todo esto es importante porque, si no cuidamos de reponer los ejemplares que por cualquier causa van desapareciendo, un día nos encontraremos con una ciudad sin árboles, lo que es una perspectiva suficiente para horrorizar.

La autoridad debe también intervenir en los casos en que algún vecino decide, arbitrariamente, retirar el árbol porque le molesta, o porque su existencia afecta la visión del cartel de su negocio: como se percibe, por ejemplo, en varios tramos de la avenida Mitre. Semejantes atentados no se producirían, si el poder público vigilara de modo constante su parque arbóreo y dispusiera sanciones lo suficientemente ejemplificadoras.

Juan B. Terán decía que "plantar árboles, defenderlos, amarlos, es un acto del más puro patriotismo. Es la devoción por los hijos, por el porvenir, por los demás hombres, por la humanidad. Es decir, es el amor, que significa sacrificio, lo que hace la grandeza de ese acto sencillo de levantar árboles. Porque en verdad, no estamos seguros de refrescarnos bajo su sombra o de nutrirnos con sus frutos; pero hay también una sombra y un dulzor de fruto que se goza intensamente cuando se los planta: es la emoción de haber trabajado por el bien y por la belleza".

Incautan 182 kilos de cocaína en Senda Hachada

La droga estaba repartida en 198 paquetes que iban en bolsas de arpillera, en el asiento trasero del vehículo que fue interceptado.

El procedimiento se concretó en cercanías del paraje salteño de Senda Hachada, sobre la ruta nacional 34, 45 kilómetros al sur de Tartagal, en el marco del llamado Plan Aguila que realiza Gendarmería Nacional en los caminos del norte del país. 

Según se informó, efectivos del Escuadrón 52 Tartagal que realizaban un patrullaje sobre caminos alternativos en el cruce de las rutas nacionales 34 y 81 observaron movimientos sospechosos de motos que se desplazaban sin luces y de un vehículo Renault Megane.

El conductor de ese auto, al advertir la presencia de los uniformados, abandonó el vehículo e intentó huir a pie, pero fue alcanzado. Fue así como al realizar la requisa al automóvil personal de la fuerza constató que en el asiento trasero había una docena de bolsas de arpillera con 198 paquetes de cocaína.

El cargamento tenía un peso final de 182,631 kilogramos de cocaína, se precisó. Muy cerca del lugar, los uniformados detuvieron la marcha de un vehículo Fiat Uno con dos ocupantes en el interior, oriundos de la provincia de Salta. Se cree que esas personas estaban vinculadas al conductor del vehículo y planeaban encontrarse con él en algún lugar del monte para la entrega de la droga. 

La senadora Fellner repudia el discurso de Videla, pero no repudia las injusticias del presente

Liliana Fellner "trabajando" en lo "que le importa al país" 

La senadora Liliana Fellner repudió los recientes dichos del ex dictador Videla “y el ataque permanente del represor a la memoria de los argentinos”, se informó.

La senadora por Jujuy presentó en la Cámara Alta un proyecto de declaración en repudio a las opiniones vertidas por el represor Jorge Rafael Videla en una entrevista difundida por la revista española Cambio 16. “No hay que olvidar que durante este período, el país sufrió su peor proceso de terrorismo de estado”, sostuvo.

“Durante este gobierno antidemocrático, miles de argentinos fueron torturados y hacinados en centros clandestinos de detención. Se buscó con esto la eliminación sistemática de la oposición política a través de métodos abyectos”, manifestó.

“Otro punto siniestro fue el plan sistemático de apropiación de niños. Se estima que aún hoy cuatrocientos jóvenes no conocen su identidad”, puntualizó, añadiendo que “vulnerar los derechos de las personas de esta manera fue uno de los peores atropellos a la libertad de los argentinos”.

“En esta nota periodística, Videla miente al afirmar que su gobierno disfrutó de una amplio consenso nacional. Esto es tan absurdo como cuando, en la misma nota, declaró que bajo su gobierno el país era seguro”.

Apunta con sus dichos al  actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, falseando los hechos, atribuyendo un sentimiento de venganza a la hora de juzgar y condenar los crímenes del pasado”, enunció, entre otras consideraciones.


Videla y las miserias políticas argentinas

Un medio español publicó una entrevista exclusiva realizada al expresidente de facto y exgeneral del Ejército Jorge Rafael Videla. Videla dijo lo que le vino en gana, dio sus apreciaciones, se hizo cargo de todo y sostuvo como verdades algunas historias de las que no hay testigos, y otras que se sustentan en la mera lógica. Sin embargo, los impresentables del arco político vernáculo se indignaron. Ya sabemos que entre los deportes preferidos de nuestros dirigentes está el hablar ante cada micrófono que se lleven por delante, pero la sal del churrasco es la indignación, forzada, obvia, obsecuente. Algunos se indignaron porque los dichos de Videla tocaron lo más intocable de cada fuerza política: ese espíritu republicano y respetuoso de la continuidad democrática que tanto dicen defender. Otros, se pusieron de culo porque Videla -además de varias sarasas- tiró algunas frases que, por incontestables, se dan por válidas. Un tercer grupo se indignó porque hay que indignarse cuando habla un dictador, porque hay que congraciarse con la patria progresista que no los vota ni los votará -a no ser que estén en el poder, obvio- y porque todos dijeron lo suyo y no da para quedarse afuera. Son los mismos que manifestaron su pesar por la muerte de Alfonsín porque vieron mucha gente en el velorio y dijeron que Néstor fue un estadista antes de que el médico terminara de firmar el certificado de defunción.

Las declaraciones de los distintos grupos fueron dignas de un análisis sociológico que nadie se animaría a realizar. El flamante aplaudidor cristinista, Ricardo Gil Lavedra, sostuvo que Videla es responsable de haber cometido y ordenado los crímenes más atroces e inhumanos. De desmentir alguno de los dichos del exdictador respecto a un sector del radicalismo que apoyó el golpe de Estado -y que presidió casi cuatroscientas intendencias durante el gobierno de facto- nada. Luego, se tiró un par de laureles al afirmar que los juicios a las juntas abrió un camino inédito en el mundo que fue poder perseguir a través de un tribunal civil la comisión de delitos atroces, algo que ya había pasado en 1946, pero no vamos a negarle el mérito por esta cuestión subjetiva.

Carlos Kunkel, pelmazo congénito que ostenta el privilegio de haber sido uno de los pocos justicialistas expulsados del partido por el mismísimo Perón, demostró que el paso de los años no disminuyó su poder para decir pelotudeces, y afirmó que los dichos de Videla son de una intencionalidad perversa de buscar debilitar el frente interno argentino ante la escalada de la potencia inglesa. Prefiero suponer que Kunkel está gagá y no que hubo gente que votó a un tipo tan, pero tan pelotudo que supone que tenemos un frente interno consolidado frente a una escalada británica, mientras la represión estatal se nos hace moneda corriente y los recursos naturales son entregados a "la potencia" como si de un souvenir se tratara.

Otro miembro nuevo del elenco de aplaudidores cristinista, Federico Pinedo -sí, Pinedo- aplicó toda su capacidad cognitiva y la maquinaria de sinapsis para sostener que le dolió que Videla utilizara la palabra "desaparición" para referirse a las instituciones republicanas. No sabemos si le jodió porque desaparición es difícil de pronunciar, o porque Videla está tan viejo que no se da cuenta que eso ya pasó hace rato. Quizá el más sensato fue Adrián Pérez, quien sostuvo que un dictador no puede dar lecciones de republicanismo.

Sinceramente, creo que lo que más jodió de las declaraciones de Videla -además de darnos cuenta de que todavía vive- es que el tipo haya demostrado que estará viejo, pero no senil y que no es una figura decorativa en casi todos los juicios desde 2001 -no, no fue Néstor el que habilitó los juicios a los militares- sino que todavía puede hablar y expresarse. Obviamente, los únicos interesados en saber qué tiene para decir una de las dos figuras más visibles de aquellos años que aún vive, son los extranjeros. Acá mucho no se pregunta. Las opiniones que sacuden un poco el relato que nos construimos para no sentirnos culpables de haber apoyado un golpe de Estado nos resultan chocantes.

A mí criterio, poco me importa si Balbín le pidió a Videla que dé el golpe. Si así fue, lo entiendo, no es nada que no hayan hecho muchos peronistas, muchos socialistas, casi todos los empresarios, Héctor Timerman y la inmensa mayoría de la sociedad civil en su conjunto. Si Videla quiere decir que Perón ideó el esquema represivo a pesar de su intencionalidad de aniquilar a la subversión con la Policía Federal -y para eso puso a Villar al frente de la misma- para luego sostener que fue Ítalo Luder quien le dio la autorización para matar un año después, que lo diga, si es cierto o no, me importa tres carajos: no es nada que no desearan muchos otros tantos argentinos de aquellos años. En todo caso, Videla está en todo su derecho de dar a conocer su versión de la historia subjetiva. Sin embargo, no le criticaron esto, le criticaron recordar los hechos. El arco político se indignó porque un tipo que comandó la represión más violenta del operativo Cóndor recordó que aquellos años existieron más allá de la fantasía, que no salieron a cazar gente porque no tenían televisión por cable para matar el rato en el casino de oficiales. Quizá, lo que más haya indignado a la dirigencia argentina es sentirse identificado con un nivel político paupérrimo, impotente para lograr imponer una puta idea, una clase dirigente tan pedorra y aislada de la sociedad, que no han podido encausar -ni aprovechar- un sólo reclamo generalizado y sólo se dedica a cumplir la agenda del día del gobierno, quejándose por los excesos y haciendo que se indigna muy indignada.

Hace unos días, todavía no habíamos digerido que la Federal de Cristina reprimiera con gases a un grupo de veteranos que reclamaba por un derecho que ellos creen justo. El gobierno, en vez de sentarse a negociar -o hacerse el boludo, como con el 99,9% de los cortes de tránsito de los últimos nueve años- los reventó a bastonazos progresistas y los encanó con esposas nacionales y populares. Nosotros, manso rebaño, aceptamos el hecho y miramos para otro lado. Algunos puteamos por la pelea Falcioni-Riquelme, otros más atentos a lo que pasa con las mineras, la inmensa mayoría en otra. Una puteada de cinco minutos, una indignación de media hora, y ya no recuerdo si hubo represión. La tarea de quienes deberían romper las pelotas -para eso hicieron campaña, para eso se sometieron a una elección, para eso fueron elegidos, para eso se les paga un sueldazo- miró para otro lado gracias a una preocupación más importante. Todo bien con los veteranos, pero primero hay que justificar porque acepto un aumento del 100% en mis haberes sin chistar demasiado, yo no sé quién dio el aumento, a mi no me miren, yo no fui, fue el de al lado, yo sólo cobro y levanto la mano cuando vengo. El escándalo -segundo del día- duró menos que el primero: se hizo de noche y por la mañana apareció una entrevista a Jorge Videla.

La vida sigue, la historia avanza, lo pasado está bien lejos y ningún juicio puede solucionar los delitos cometidos por la dictadura, como tampoco puede resarcir la inutilidad de los políticos de esos años ni la culpabilidad de quienes hoy dicen despreciar algo que pidieron casi a gritos. Mientras todos miramos a Videla, el gobierno reprime cada vez más seguido, los legisladores se la llevan en pala, el trabajo mejor remunerado es ser amigo de Boudou, la Gendarmería es utilizada para infiltrarse en protestas, la Presi habla de inclusión y progreso en Santa Cruz -donde reprimieron brutalmente a los estatales que se oponen al despido masivo- y la oposición se divide entre aplaudir algún fuego artificial de Cristina o hacer la plancha en el mar de la nada. El resto de la sociedad, la mira desde afuera. Algunos se indignan por las declaraciones de un geronte, otros viven sus días olvidando lo sucedido y puteando al gobierno según la agenda oficialista, ayer a los legisladores, anteayer a las mineras, mañana a los gendarmes. Eso sí, todo sin movilizarse demasiado, hace calor, está pesado y alguien se tiene que hacer cargo de mi reclamo, que sea otro, yo no, para algo les pago el sueldo y esta noche hay fútbol. Tal vez, lo que más nos rompe de Videla es tener que reconocer que aún vivimos bajo una de sus más grandes imposiciones culturales: no te metás, algo habrá hecho.