La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 1 de enero de 2012

Los Feriados de 2012

No vamo’ a trabaja’

Ya es un hecho: en 2012, en toda la Argentina, habrán un total de 18 días feriados. A estos habrán que sumarles los días “no laborables” que, por ley, algunos ciudadanos pueden tomarse debido a la particularidad de su religión o a su origen étnico, los feriados provinciales, los feriados municipales y los días que celebran la existencia de ciertas profesiones u oficios y que quienes ejercen los mismos los consideran invitaciones para abstenerse de cumplir con sus obligaciones laborales. De esta manera, por decisión del gobierno, la mayoría de los argentinos omitirá trabajar este año entre 20 y 30 días en los que les correspondería hacerlo.

Si a ese mes de vacaciones pagas que el gobierno regala se le suman los paros que, seguramente, los sindicatos impulsarán, entonces el kirchnerismo tendrá la excusa perfecta para explicar por qué el país entró en un pozo económico: el pueblo descansó demasiado, por tanto el pueblo es el culpable de sus desgracias.

La nación turística

Esta nueva maniobra kirchnerista es la apoteosis de la decadencia de la cultura del trabajo en la Argentina. La excusa oficial que se ha puesto para justificar tanta ociosidad es que un país como el nuestro necesita fomentar el turismo, la “industria sin chimeneas”. La paradoja se percibe de inmediato si uno apela al sentido común: para gastar primero hay que tener, y si uno no tiene (puesto que tuvo que pagar sueldos en los días en que no se trabajaba y, a su vez, en esas jornadas no pudo ganar nada) entonces uno no puede gastar en sus vacaciones, por tanto la industria del turismo nunca recaudará lo que anhelaba recaudar, ya que aquel que debía crearle su riqueza no tiene recursos para hacer específicamente eso.

Quienes, en cambio, si pueden entregarse a las actividades turísticas son los jóvenes trabajadores. Millones de subempleados cuyo futuro está en las casas suburbanas construidas a través de planes de vivienda por el Estado (ya que en un país como el de los kirchneristas nunca van a poder comprarse un departamento), cuya necesidad de multiplicar la basura tecnológica es el único objetivo de su vida (ya que sus valores les imponen la máxima “ser es estar conectado”, arrojándolos al mundo de las apariencias y de la exhibición de las miserias, es decir de la despersonalización), cuya voluntad de ahorro es nula (ya que en un país con una economía volátil como este existen restricciones para comprar los dólares que garanticen la estabilidad de las propias riquezas), son el grueso de quienes aprovecharán los fines de semanas largos para hacer las “escapadas” turísticas.

Lo más penoso de todo esto es que el biotipo de ciudadano argentino que están promocionando desde el gobierno no es un estudiante, un trabajador, un profesional, un deportista, un artista, sino un turista, un hombrecito o una mujercita que se pone sus gafas obscuras y se ausenta unos días de su domicilio porque tiene que ir a entregarse al consumo. Un turista es aquel que viaja buscando aventuras sexuales o, al menos, el vertiginoso, superficial y desleal encuentro con algún cuerpo escaso de luminosidad, es aquel que se permite ingerir algún estupefaciente ya que no tiene la obligación de pensar, es aquel que registra todo con su cámara de fotos o de video para capturar los recuerdos que sus carencias para experimentar lo inmediato (para vivir la profundidad de su propia vida) les impiden capturar. El turista es el que no aprende nada de su viaje, el que, al desplazarse, permanece en la misma inercia ontológica en la que cotidianamente vive. El turista es aquel ser humano que, voluntariamente, le da la espalda a su crecimiento, a su desarrollo, a su intensificación, para abobar la mente en alguna playa, en algún camping o en alguna escenografía diseñada para el pasatismo.

Todo el año es carnaval

De los numerosos feriados decretados para el 2012, uno de los más injustificados es el carnaval. Que Argentina se regale dos días no laborables para celebrar el carnaval es la prueba más fehaciente del choripanerismo cultural que se intenta imponer sobre la sociedad nacional.

El carnaval es un asunto cristiano o cristianizado, una fiesta muy difundida entre las naciones católicas y ortodoxas, pero extraña en el mundo protestante. Se celebra justo en los días previos a la cuaresma. La cuaresma, a su vez, es un tiempo en que los cristianos se preparan para vivir la pascua de resurrección. Es decir todos los años los cristianos se someten a un periodo de cuarenta días de penitencia e introspección, para poder llegar a la semana santa en paz con todos y consigo mismos. De allí es que, antes de asumir el compromiso del sacrificio, la Iglesia permite a sus fieles que disfruten de un par de días de sano y familiar jolgorio.

Ahora bien, sucede que en una cultura cada vez más descristianizada como la nuestra, pocos saben qué significa el carnaval. Para los más chicos resulta ser la oportunidad de andar arrojándoles agua a sus vecinos, mientras que para los más grandes el carnaval es sinónimo de borracheras y cuerpos danzantes. Celebrar una fiesta cristiana sin tomar en cuenta el trasfondo cristiano de la cuestión, es como hablar un idioma y desconocer el significado de las palabras.

Esto que sucede con el carnaval también sucede con el Jueves y el Viernes Santo, y con las solemnidades de la Inmaculada Concepción de María y de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, es decir con todos los eventos católicos a los que el Estado convoca a participar. La Semana Santa es interpretada por el actual gobierno como la oportunidad ideal para el “turismo religioso” (omitiendo el hecho de que tal cosa no existe, puesto que las milenarias peregrinaciones nada tienen que ver con las prácticas turísticas contemporáneas), la Navidad es el momento perfecto para alimentar a los usureros, y de la algarabía por el recuerdo de la gracia plena que gozó la Madre de Dios nadie sabe con demasiada precisión qué provecho sacarle pero muchos agradecen tener un día libre en diciembre para aminorar el cansancio acumulado durante el año.

El bastardeo kirchnerista a lo católico –algo que viola flagrantemente el artículo 2 de la Constitución Nacional– se epitomiza en los carnavales. El carnaval que se promueve no enfatiza ni un mínimo su vínculo cristiano, y en lugar de ello recorre el camino contrario. Aquí en Argentina hay un carnaval de estilo brasileño muy difundido en todo el país (presente no sólo en la región de la Mesopotamia, sino también en el NOA, el NEA, Cuyo, el área Pampeana y hasta en la Patagonia), uno de influencias andinas (sólo popular en Jujuy y en Salta), uno más vinculado al folklore criollo (propio de algunas localidades pequeñas) y uno que gira en torno a las inmundas murgas barriales (muy común en grandes ciudades). Nadie objeta la existencia de todas esas celebraciones, pero si es lamentable comprobar que el gobierno nacional legitima eso que corresponde más al ámbito privado de lo circense que al ámbito público de la celebración civil.

Días no laborables para católicos

Ciertamente se genera una situación confusa cuando las autoridades del Estado argentino declaran feriados a la Navidad, al día de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y al Viernes Santo, y luego atentan directamente contra el cristianismo en general –y contra el catolicismo en particular– al impulsar la destrucción de la familia y la ruina moral de la sociedad (con la sanción de leyes “de género”, la promoción de matrimonios entre aberrosexuales, la aceptación de los abortos, la despenalización de los estupefacientes, etc).

Esta actitud es abiertamente cristofóbica, pues una cosa es desoír a la doctrina cristiana, y otra cosa es obrar deliberadamente en contra de ella. Por ende los católicos, mayoría abrumadora en el país, hoy por hoy somos víctimas no sólo de los que desdeñan la Cruz sino también de los que la aborrecen.

De allí es que se haya tornado necesario para todo católico argentino el reafirmar la fe que unificó a este país. Además, tomando en cuenta que la Iglesia de Roma poco está haciendo para convertirse en alternativa ante el posmodernismo que profundiza la decadencia Occidental, exigir el reconocimiento cultural como católicos parece ser una obligación ineludible para lograr evitar una mayor degradación del tejido social del país. 

Lo que habría que plantear entonces es una multiplicación de los días no laborables para católicos, así como los judíos o los musulmanes tienen los suyos. Y al hacer esto habría que garantizar que tales días sean las conmemoraciones que un católico del siglo XXI precisa para su crecimiento espiritual.

Por ello, y sólo a modo de sugerencia, proponemos estos días como no laborables para católicos (junto a la Navidad, la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y la Semana Santa): solemnidades del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María (viernes y sábado después del segundo domingo de Pentecostés), solemnidad de la Epifanía del Señor (6 de Enero), solemnidad de la Presentación del Señor (2 de Febrero), solemnidad de la Anunciación del Señor (25 de Marzo), fiesta de la Invención de la Santa Cruz (3 de Mayo), solemnidad de Nuestra Señora de Luján (8 de Mayo), solemnidad de San Pedro y San Pablo (29 de Junio), celebración de la Transfiguración de Jesucristo (6 de Agosto), solemnidad de la Asunción de la Virgen María (15 de Agosto), solemnidad de Coronación de María Reina (22 de Agosto), fiesta de la Exaltación de la Cruz (14 de Septiembre), solemnidad del Día de Todos los Santos y conmemoración del Día de los Fieles Difuntos (1 y 2 de Noviembre).

Por supuesto que estos días no laborables para católicos deberían implementarse sólo para que aquel que es un católico practicante pueda aprovecharlos. Es decir, habría que garantizar que los católicos nominales no acudan a una religión que no practican nunca o casi nunca sólo para faltar a su trabajo (como habitualmente hacen los miembros nominales de otras religiones que gozan en Argentina de esos beneficios). Para ello podrían aplicarse diversos mecanismos que certifiquen que el ausente del trabajo estuvo presente en los oficios religiosos.

Esta medida que proponemos no serviría para hundir a la Argentina en la improductividad, sino todo lo contrario: sería una inversión social que ayudaría a fortalecer la fe de toda una nación, lo que contribuiría de manera inmediata a la finiquitación de los conflictos morales que agobian al país.

La patria y el cotillón

Dejando de lado los temas religiosos, el resto de los feriados nacionales son, mayoritariamente, en conmemoración a eventos o en homenaje a personas que ayudaron a forjar la nación. Aquí se incluyen el 25 de Mayo (día en que se constituyó la primera Junta de Gobierno local para proteger la soberanía del rey de España) y el 9 de Julio (día en el que las Provincias Unidas de América del Sud anunciaron su emancipación del poder español y su expresa voluntad de no tomar una tutela diferente), el 20 de Junio (día en que se conmemora el Paso a la Inmortalidad del General Manuel Belgrano y se rinden honores a la bandera azul y blanca que él implementó), el 17 de Agosto (día en el que se recuerda el Paso a la Inmortalidad del General José de San Martín) y el 20 de Noviembre (día denominado “De la Soberanía Nacional”, ya que se conmemora el triunfo de las milicias patrias sobre las fuerzas anglofrancesas en la batalla pírrica de Vuelta de Obligado en los años en los que el Brigadier General Juan Manuel de Rosas gobernó Buenos Aires). Lo curioso es que los días dedicados a San Martín y Rosas son “trasladables”, esto es, son días feriados pero no en el momento en que acontecen sino durante el lunes siguiente. Por qué le hacen eso a esos dos próceres y no se lo hacen a Belgrano no tiene mucha explicación.

A estos cinco días que recuerdan gestas civiles y militares y que homenajean a ciertos prohombres, se le suma un feriado excepcional que sólo será efectivo este año: el 27 de Febrero, que vendría a ser el día en el que se conmemora el bicentenario de la Primera Jura de la bandera Argentina, una oportunidad perfecta para que esa señora que dijo “hache dos cero” al referirse a la fórmula química del agua salga a hablar con intención aleccionadora de Belgrano, el azul y blanco del pabellón nacional y la nación que diariamente destruye como si algo de eso realmente le importase.

Los días de la vergüenza

Resulta curioso que el 29 de Mayo, día del Ejército Argentino, pase desapercibido para el pueblo argentino. Belgrano y San Martín fueron Generales de sus tropas, a la batalla de la Vuelta de Obligado no se la ganó arrojando agua hirviendo desde las terrazas. Por ende las FFAA son parte esencial de la identidad argentina. Sin embargo a éstas el gobierno nacional les da el trato inverso, pues procura hacer todo lo posible para expulsarlas de lo argentino. Y no sólo se conforma con ello, sino que también buscan humillar su pasado.

Esto que decimos se refleja particularmente en los feriados del 24 de Marzo y del 2 de Abril, los días en que se recuerda, respectivamente, a los veteranos subversivos y a sus caídos en la guerra civil que intentaron llevar a cabo durante la década de 1970 y a los veteranos y caídos en la guerra por las Islas Malvinas de 1982.

De la conmemoración por Malvinas no hay nada que criticar, salvo el hecho de que se haya optado por el 2 de Abril en lugar del 10 de Junio. En efecto, el décimo día del sexto mes es el día de la Reafirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, las islas del Atlántico Sur y el Sector Antártico, en recordación de la designación en el año 1829 de Luís Vernet como gobernador argentino de las Islas Malvinas. Cualquier veterano o caído de la guerra de 1982 estaría de acuerdo en que sea el día en que concluyó la guerra y no en el que comenzó el momento de la conmemoración. Porque el 10 de Junio engloba una derrota guerrera pero también un triunfo espiritual. El 10 de Junio no es una fecha para avergonzarse, sino para sentirnos orgullosos de la valentía que los argentinos demostramos para reclamar lo que nos corresponde como nación libre y soberana.

Ahora bien, donde no hay justificativo convincente es en el 24 de Marzo. Este día recibió el nombre de “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia”. Hablar de términos objetivos como Verdad y Justicia anteponiendo el concepto subjetivo de Memoria marca perfectamente cuál es el propósito de esta conmemoración. Si por lo menos fuese el día de la “Historia” por la Verdad y la Justicia, tendría un poco más de sentido para el conjunto de la nación argentina, pero el 24 de Marzo resulta una fecha vaciada de contenido para una enorme mayoría de compatriotas, al igual que lo son los feriados por las celebraciones cristianas que a los que no son cristianos les son regalados.

La fecha para conmemorar los tristes eventos de la década de 1970 debería ser el 5 de Octubre, que es el día en que se recuerda a las Víctimas del Terrorismo. En esa fecha los 1000 asesinatos que fueron perpetrados por los enemigos de la patria si entran dentro de la conmemoración, agregándose el recuerdo de los caídos en épocas posteriores, a diferencia de lo que sucede el 24 de Marzo. Esto nos lleva a pensar que todo el montaje que se desarrolla en los últimos días del tercer mes del año se trata de un asunto sectario, que sólo involucra a un pequeño grupo de la población (como el Yom Kippur es sólo para los judíos y el Aid al-Adha es sólo para los musulmanes).

Para que los argentinos bien nacidos puedan aprovechar el 24 de Marzo lo que se debería hacer –como una iniciativa de la sociedad civil y no como un orden del poder ejecutivo– es cambiarle el sentido a la conmemoración y buscar un motivo que una (y no que separe) a la gente que habita este generoso suelo. Entonces, y sólo a modo de sugerencia, sostenemos que el 24 de Marzo bien podría ser la víspera del 25, que es el día del Niño por Nacer. La solemnidad de la Anunciación del Señor es el día más óptimo del calendario para celebrar la Vida, así como el 2 de Noviembre (usualmente declarado asueto en las provincias del NOA) es el más óptimo para recordar a los Difuntos. Y así como el día de los Fieles Difuntos es antecedido por el día de Todos los Santos, así también el día de los Niños por Nacer debería ser antecedido por una conmemoración acorde, como el día de los Niños Mártires, en el que se rememoraría a todos aquellos pequeños y pequeñas que fueron asesinados por adultos (incluso, en muchos casos, por sus propios padres) durante su infancia o incluso en el vientre materno tras haber sido concebidos. De esa manera, al igual que la Fiesta de la Luz se contrapone a la Noche de Brujas, se podría contraponer la Jornada por la Protección de la Vida Futura y por la Salvación de las Almas Arrojadas al Limbo frente a la Aquelarre de los Subversivos.

El Día del Trabajo

El 1º de Mayo fue, en otros tiempos, una triste ceremonia de los trabajadores oprimidos, pero gracias a la lucha contra la explotación este día es actualmente un momento de alegría y de compromiso. Desde el punto de vista religioso, al inaugurarse el mes de mayo el pueblo católico recuerda a San José Obrero, el padre putativo de Jesús, un humilde carpintero que encarna la prudencia, el silencio, la generosidad, la dignidad y la entrega de quien trabaja. Este hombre santo también es símbolo de los derechos y las obligaciones que todo trabajador tiene con respecto a sus actividades productivas.

Cuando en un 1º de Mayo se ven banderas rojas o pancartas de tal o cual sindicato el trabajador honesto tiene derecho a sentirse indignado, puesto que ese día es para honrar al trabajador no al laburofóbico que se incorpora a una agrupación de izquierda o que se une a uno de esos muchos sindicatos aburguesados para escalar posiciones en su estructura y nunca más volver a sudar su frente.

Junto al Día del Trabajo muchas personas (maestros, profesores, bibliotecarios, empleados de comercio, etc) suelen fijar un día en el calendario para celebrar sus oficios y profesiones, tomando la decisión de no concurrir durante esa jornada a sus lugares de trabajo. Tal cosa es, obviamente, absurda. Lo que todo trabajador debería hacer en el día de conmemoración de su profesión u oficio es o bien trabajar gratis o bien cumplir una jornada doble sin recibir el pago por sus horas extras, para demostrar de esa manera cuán necesaria es su labor socialmente y/o para dejar en claro que lo que hacen es producto de su vocación.

Feriados provinciales en el NOA

El NOA tiene sus propios feriados provinciales.

Salta, por ejemplo, conmemora el 20 de Febrero (aniversario de la Batalla de Salta de 1813), el 17 de Junio (fecha en que el General Martín Miguel de Güemes falleció como víctima del fuego enemigo) y los días 13, 14 y 15 de Septiembre (triduo solemne por la Celebración del Milagro).

Jujuy emplea el 23 de Agosto para conmemorar la Gesta Histórica del Éxodo Jujeño de 1812, el 7 de Octubre para honrar a la Virgen de Río Blanco y Paypaya, Santa Patrona de la Provincia, y el 18 de Noviembre para celebrar el polémico día de la Autonomía Política de Jujuy.

Tucumán, por último, sólo ocupa el 24 de Septiembre para dedicarlo al recuerdo de la Batalla de Tucumán de 1812 y para venerar a la Virgen de la Merced.

A estos días feriados que remiten a historias militares y a cuestiones cristianas hay que sumarle otras celebraciones y conmemoraciones de índole similar que, ya sean municipales o provinciales, los eventuales gobiernos decretan como no laborables.

Un día para la unidad identitaria

El más polémico de los feriados –aún más polémico que el 24 de Marzo y los días de Carnaval– es sin lugar a dudas el 12 de Octubre. En ese día del décimo mes se celebraba el Día de la Raza. Pero la siniestra perversidad de aquellos que se ocupan de alterar la historia para construirse un presente que acoja (y no que rechace) sus desviaciones logró que se cambie el nombre de la celebración en Argentina, pasando así el 12 de Octubre a convertirse en el Día de la Diversidad Cultural.

El giro fue significativo: de conmemorar a una sola raza (la hispánica) pasó a celebrarse a todas las culturas. Se adujo que preservar el festejo del 12 de Octubre con el nombre de “Día de la Raza” era discriminatorio. Olvidaron los cipayos que propusieron tamaña estupidez que discriminar es una actividad cotidiana, que día a día todo ser vivo la lleva a cabo para no vivir sumido en la confusión (la base del conocimiento es el discriminar, el separar o el distinguir una cosa de la otra). Se discrimina sobre todo para valorar: se separa lo dulce de lo salado para optar por el alimento que más nos plazca, se distingue al violento del pacífico para saber como comportarnos frente a él. Lo problemático de la discriminación no es el proceso valorativo que la acompaña sino más bien la jerarquización arbitraria que se puede hacer con ella. Al valorar se pone lo bueno por encima de lo malo, pero ello no significa que lo bueno tenga derecho a exterminar a lo malo. Lo bueno debe estar fundado sobre lo verdadero, dejando que lo malo se funde sobre lo falso: de ese modo el sólo peso de de lo bueno y lo verdadero debe dialectizar a lo malo y lo falso, para que el triunfo sea sólo de los justos.

En el 12 de Octubre se honra a la raza hispánica, una comunidad espiritual que sobrepasa las diferencias biológicas y psicológicas, y que trasciende las identidades nacionales, para recordar que el destino de grandeza de nuestra región es un esfuerzo conjunto. El propósito de festejar el 12 de Octubre no es ofender a los antiguos originarios del continente, sino que es para alentar al pueblo criollo y acriollado (el grupo mayoritario en Iberoamérica) para que se enorgullezca de los dignos logros de su historia y proyecte ese orgullo hacia el porvenir.

El 19 de Abril se celebra el Día Americano del Indio, que bien podría ser declarado no laborable para los indios locales como lo es el 24 de Abril para la comunidad armenia que habita en Argentina. De esa manera la armonía entre orígenes personales podría volver a existir en nuestro querido país, mandándoles el mensaje a los fariseos que quieren liquidar a la nación concreta en nombre de una humanidad abstracta que en Argentina la gente no está dispuesta a tolerar ninguna otra de sus mentiras.


Francisco Vergalito