La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 20 de diciembre de 2012

Un nuevo asesinato aconteció en Salvador Mazza en otro episodio de narcoajuste

Otra vez la muerte dejó su marca en la frontera. Es que la violencia solo puede engendrar mas violencia y eso fue lo que pasó el martes, donde las venganzas y los ajustes de cuentas se siguen cobrando vidas humanas en una cadena macabra que parece no terminarse. 

Fernando Ortega Plata, de 28 años y de profesión albañil, era hermano Andrés Plata, una de las víctimas del triple crimen perpetuado el 9 de octubre en Acambuco. El martes fue acribillado frente a su familia con nueve disparos de una pistola nueve milímetros por alguien que lo conocía y que hasta hacía unos minutos había compartido una sobremesa. Vivía entre la ciudad salteña de Salvador Mazza y entre el Barrio Nuevo de la ciudad boliviana de San José de Pocitos. Según altas fuentes de la policia boliviana, esta es la novena muerte que desencadenó la masacre de Acambuco, en una seguidilla de venganzas que parece no tener fin en el norte, en la frontera más caliente de la Argentina.

Según fuentes de la investigación del lado boliviano, a Plata, se le atribuye el asesinato a sangre fría en la clínica Monserrat de Yacuiba, donde a principios de octubre un comerciante boliviano recibió cuatro tiros cuando pagaba la cuenta de unos estudios que minutos antes se había realizado. 

El martes por la tarde, Ortega Plata estaba en su casa comiendo una sandía a la hora de la siesta. La temperatura rondaba los 48 grados, en la calle no había movimiento y alguien llamó a la puerta. “Los familiares atendieron al visitante y lo dejaron pasar porque lo conocían”, dijo una fuente de la Policía boliviana. El visitante sacó de pronto un arma y la siesta se llenó de muerte y gritos de dolor.

Los investigadores piensan que el crimen de la clínica fue en venganza del triple asesinato de Acambuco y que el acribillado del martes pagó con su vida aquella muerte en el centro de salud.

El autor intelectual de la masacre de Acambuco, según pudo averiguar El Tribuno de altas fuentes de la Policía de Bolivia, está muerto. Quien lo mató fue traicionado el martes y recibió nueve tiros. Hoy serán despedidos sus restos en el cementerio de Salvador Mazza, donde la violencia parece volverse cotidiana y normal.

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