La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 10 de noviembre de 2012

El Día de la Tradición Argentina

Noviembre comprende un día consagrado a algo aparentemente abstracto, pero hijo y engendrador de concretos. Es la jornada del 10, dedicada a exaltar la Tradición Argentina. Una fecha que tiene su por qué, desde luego, y que importa mucho, como veremos, y una especial celebración sobre cuya significación y trascendencia entendemos del caso decir algo. Mas, cuando no faltan los que no alcanzan a valorarla como es debido y como interesa a lo esencialmente argentino, y cuando se da -asimismo-, en algunos, una tendencia a acapararla faccionalmente, que puede relativizarla o, al menos, no ayuda a lo que el país más anhela: su consolidación en paz; que no excluya disparidades -desde luego- pero que se afiance en la consideración mutua, en el diálogo sincero, en anteponer lo nacional a todo cálculo sectorial o individual.
 
¿Por qué noviembre y por qué, el 10? Porque a ellos están asociados José Hernández y su obra cumbre, "la Biblia Gaucha", como ha sido calificada: "El Martín Fierro". O si se busca ser más preciso: porque el 10 de noviembre de 1834, nació Don José, y fue en un mes de noviembre -1872- cuando salió a circulación el primer ejemplar de ese libro que le daría fama y que pinta personajes y por el medio donde se produjo la crianza. Como hijo de padres, de razas; y como entidad influenciada por el suelo, el cielo, el clima, el entorno, las posibilidades ambientales.
 
Ahí, en todo eso, está la "traditio". Lo que se transmite; lo recibido en herencia o por influencia. Lo perdurado; porque a su vez ha de trasladarse a otros. Suma de prácticas, hábitos, costumbre, modismos, usos, gustos, expresiones; pero no acumulación, sino adición más o menos consciente y - sobre todo - admitida como legado y consecuencia. Es decir: valorada no menos que como concreciones, como haber espiritual.
 
Y esa "traditio" que tiene que trasmitirse, define y proyecta. Define, porque distingue al que la ha recibido. Y proyecta, porque lo hace perdurable en su fisonomía y carácter, y le comunica fuerza al que la ha asimilado.
 
Basta observar el mundo que nos rodea para registrar el hecho de que ambientes de la campaña bonaerense de la época, que lo mismo valen para otras comarcas pampeanas y de buena parte del Litoral, y que no parecieron extraños ni en Cuyo, las Sierras o aún, en el Norte mismo del país.

¿Por qué un día especial para exaltar la Tradición?, cabe preguntarse. Vivirla y valorarla, corresponde todos los días. Pero siempre que una persona, un hecho, un ideal, una circunstancia, desea ser reconocida o se aprecia, mueve - también - a que se le consagre una fecha especial para afirmar pública y ostensiblemente esa consideración, en tal ocasión. Y así sabemos de un Día de la Raza, de un Día de la Madre, de un Día del Trabajador Telepostal y uno "de larga tradición", del Cartero.
 
¿Y se justifica que a la Tradición se la haya consagrado un Día? Si el término encierra un contenido y dice de un valor con proyección, sí. ¡Y vaya si en esa palabra cabe significación trascendencia! ¡Tanta, que es frecuente que no resulte medida plenamente!; por lo que juzgamos oportuno ahondar un poco en esto.
 
Un Pueblo es continuidad, vida; cuna, presente y futuro. Y un Pueblo es ser, más que estar; lo que implica origen, formación, idiosincrasia, carácter, personalidad, fisonomía. Todo lo que diga de su existencia individualizable y distintiva y ayude a su afirmación como realidad autónoma. Cuanto reconozca que tuvo un punto de arranque y se fue forjando en sangre y tierra; por lo que fue creado y los Pueblos más evolucionados de la Tierra cuidan y valoran sus particulares Tradiciones. Y lo mismo acontece en las naciones individualistas que en las colectivizadas o las "intermedias". Y sucede igual en las Naciones con milenios de cultura, que muestran orgullosas su pasado de esplendor y procuran enlazarlo con su presente empeño en seguir mereciendo admiración; que en los países de corta existencia, nacidos ha poco, que o buscan en erigir en fuente tradicional aconteceres forzosamente inmediatos, o hallan en otros más lejanos e indirectos, puntos de apoyo para elaborar una tradición que les dé marco y sustancia.
 
Nadie ignora, así, que los ingleses hacen un culto de sus viejos uniformes; de la misma subsistencia de una Monarquía en las formas, pese a que se gobiernan con lo que realmente es una República, etc. Y que en Francia se cuidan los centenarios castillos como a tesoros de valor incalculable, y se conservan viejas festividades, y se sigue velando por la perduración de vestimentas regionales. O que en Italia, cada vez que se aspira dar un paso adelante, la exaltación de la antigua Roma y sus manifestaciones clásica viene a ser el punto de apoyo para intentar dar el salto; se llame Renacimiento, Resurgimiento o como se quiera. O que los Escandinavos se enorgullecen de su ayer y los nombren vikingos. O que en Rusia, donde todo pudo ser cambiado categóricamente, aunque se les diese otro destino… fueron respetados los viejos palacios imperiales y las catedrales ortodoxas, para terminarse aceptando la reaparición del Culto Ortodoxo, justamente, con sus complejas ceremonias embebidas de simbolismo y ritualizadas con elementos y aparatos seculares. O que en los Estados Unidos, donde todo "es nuevo", "moderno"… cowboy y pieles rojas, casonas coloniales y documentos de la hora independista, etc., sean exornados para tratar de dar un espíritu a esa técnica en marcha, demasiado material y desarraigada, que ha evidenciado una deshumanización que se procura superar inyectándole alguna forma de tradición coherente, que dé alma a lo que sólo exhibe cuerpo.
 
Es que la Tradición vincula, cohesiona, afirma, define y, sobre todo, asegura el respaldo espiritual e intelectual que toda empresa reclama para ser sólida, distinguida, considerada, perdurable.
 
Y es que la Tradición provee bases, fundamentos, símbolos, modos y hasta una mística y cultos; sin todo lo cual el hacer de hoy carecería de otro sentido que el de la realización por que sí. De donde ha de concluirse lo que por otra parte es sabido: que los Pueblos que quieran obrar para el mañana, lo trascendente, han de empezar por forjarlo de acuerdo con lo que diga de su ser, que es lo recibido, que es lo apoyado en las Tradiciones que lo peculiarizan.

Se puede comprender lo dicho y puede que haya quienes no lo comprendan. Pero, comprendiéndolo, ha de evitarse - al exaltarse lo tradicional - toda pretensión especulativa con lo que sea o exprese Tradición. Porque en ella ha de verse un elemento cohesionante y no un campo de polémicas del ayer traídas al presente. Y gustar un "gato", recordar un dicho del "Viejo Vizcacha", tomar mate, usar poncho con orgullo, ser "gaucho" en el sentido noble que el gaucho sabía serlo, apreciar un producto de cerámica o una rastra, o tener presente - en hora de decisiones - la conducta de uno de aquellos que forjaron la Patria; han de ser vistos como apoyos para continuar un camino en el que sigamos siendo nosotros mismos, los argentinos, con los menores enconos y resquebrajamientos.
 
La tradición no es de nadie en particular, ni debiera ser elemento especulable. Si hay quienes la sienten más hondo y quizás más a la ligera, sea; eso no lo negativiza. Si se dan los que están convencidos de que ella va del brazo con una corriente dada, y otros que no lo ven así; poco importa. Pero lo que le interesa al país es que lo tradicional sirva para argentinizarnos espiritualmente; como si fuese el agua lustral que purifica para perfeccionar a cuantos reciben su bendición. Y esto interesa especialmente en el presente momento argentino, cuando todos los que anhelan que se forje un país Grande en el más amplio sentido del concepto, han de aprobar coincidencias, y en la ocasión en que todos los que aspiren a esa Grandeza Nacional honda y trascendente, tienen que comprender que en la Tradición no sólo hay recuerdos, de los que alegran y de los otros, sino - sobre todo - esencia, fuerza, dinámica. Está el Alma Patria. Esa Alma, viva y vibrante sin la que la Argentina -aunque creciese materialmente- no sería ella misma. Como nadie es cuando carece de personalidad. Como nadie es cuando sólo puede mostrar un cuerpo. Como nadie es cuando está falto de esencia, de carácter, de espíritu y cultura distintivos, de TRADICIONES.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-AVISO-
En este blog creemos en la libertad de expresión y por tanto no ejercemos la censura. Sin embargo no nos hacemos responsables por los comentarios vertidos por nuestros visitantes. Por ello, antes de comentar, por favor piense en lo que va a decir.