La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 12 de octubre de 2012

El Día de la Raza: ¡arriba nuestra bandera!

520 años de evangelización

Hoy se cumple el 520 aniversario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Todos recordamos ese enigmático día de 1492 en el que un pueblo y alrededor de 120 hombres pálidos cruzaron sus miradas por primera vez. Aquella madrugada en la que el marinero Rodrigo de Triana gritó "¡Tierra!" sin saber que tal grito sorprendería después a la Humanidad y cambiaría el destino de todo un continente hasta entonces desconocido.

Mucho antes de que este día llegase en Europa se estaban presenciando grandes acontecimientos apenas al inicio de la Edad Moderna, en donde algunos de sus ilustres habitantes se caracterizaban siempre por su gran curiosidad científica.

El gran debate sobre la redondez de la Tierra estaba en pleno furor entre geógrafos, navegantes y científicos de la época. Se hablaba también sobre el desarrollo de estas ideas para impulsar y establecer nuevas rutas hacia Oriente. Fueron pioneros los portugueses y españoles, quienes se entregaron a este proyecto. Enrique de Avis y Lancaster “El Navegante” (hijo del rey portugués Juan I) fundó en Sagres un observatorio junto con navegantes y científicos. Entre todos prepararon expediciones que permitieron descubrir las costas orientales de África, entre otros Cabio Verde, la isla de Madeira, el río Senegal y el río Congo. En 1471 Bartolomé Díaz cruzó lo que el bautizó como el cabo de las Tormentas, que después se llamó el cabo de Buena Esperanza. Tras este importante hecho Vasco de Gama logró llegar a la ciudad india de Calicut en el año 1498 abriéndose tras mucho esfuerzo la ruta africana a las Indias Orientales.

Pero en ese intervalo de tiempo apareció Cristóbal Colón, un hombre del que no se sabe demasiado ya que sus orígenes aún están en debate. Se dice que es originario de la ciudad italiana de Génova, proveniente de una familia humilde. Pero destacaba por su gran apasionamiento y experiencia en la navegación marítima y por su notable intelecto interesado en las ciencias. La curiosidad y el espíritu aventurero de Cristóbal Colón no tuvieron límites. Era partidario de la hipótesis sobre la redondez de la Tierra y en base en esto le presentó al Rey Juan II de Portugal su proyecto de atravesar el océano por el oeste para abrir una nueva ruta hacia la India. El monarca rechazó este proyecto argumentando que presentaba datos muy vagos y enormes exigencias económicas. Tras esta negativa, Colón ofreció su proyecto a Italia y Francia sin conseguir su respaldo.

Mientras en España había concluido la Reconquista expulsando a los musulmanes de su último reino en la península ibérica, permitiendo a sus gentes disfrutar de la victoria además de haber establecido contacto previamente con otras culturas de diverso desarrollo intelectual durante aquel tiempo. Cristóbal Colón se instaló en España y por medio de Fray Juan Pérez obtuvo el apoyo de la reina española Isabel I “La Católica”. Tanta fe tenía en su proyecto que se comenta que la reina tuvo que empeñar sus joyas debido a que el tesoro español estaba muy mermado tras el final de la Reconquista.

Finalmente el viaje partió el ocho de septiembre 1492 desde las islas Canarias con La Pinta, La Niña y Santa María. Las tres embarcaciones penetraron en el mar tenebroso llevando consigo víveres para un año, una tripulación de 120 hombres, un Almirante y muchas expectativas combinadas con el miedo a lo desconocido. Mientras más avanzaban más se apoderaba el miedo y el desespero de los hombres, que se sentían prisioneros en la inmensidad del océano. La tripulación hacía fuertes y peligrosas protestas negándose a seguir penetrando a aguas desconocidas, mientras que Colón era descrito como un hombre sereno en alta mar y naturalmente siguió adelante con su empresa.

El siete de octubre de 1492 aquellos pioneros vieron un atisbo de esperanza reflejado en una banda de pájaros que les sobrepasaba, decidiendo seguir la ruta de su vuelo. Conforme fueron avanzando visualizaron una luz a lo lejos y siguieron navegando entre las aguas. Finalmente el silencio se vio interrumpido en aquella madrugada del doce de octubre de 1492 cuando el Almirante y sus marineros escucharon el tan anhelado grito anunciando un nuevo descubrimiento. Allí estaba un pueblo vulnerable a las maravillas del Viejo Mundo miraba asombrado como se acercaban los enormes mástiles, preguntándose si serían monstruos marinos que se acercaban. Luego se dieron cuenta que aquellos extraños artefactos traían consigo personas como ellos pero tan pálidos como la muerte con sembradas de algodón en el rostro (sus barbas). Parecían proceder del cielo, descendieron a la tierra y algunos creyeron que se trataba de sus antepasados.

La primera palabra que escucharon los españoles pronunciar de aquellos amerindios fue “carib”. Colón siempre se preguntó sobre el significado de esta palabra (hechicero) durante el transcurso de su primer viaje. Algunos habitantes del poblado pensaron que quizás a los hombres pálidos les gustaría algún papagayo y se los ofrecieron. Cristóbal Colón puso sobre la cabeza de uno de los caribeños un bonete y aquel regalo de extraña textura resulto algo glorioso. Los amerindios también ofrendaron algodón a los pálidos. Mientras Colón sacó su pliego y pronunció unas palabras mágicas e ininteligibles para los caribeños. Éste desenvainó su brillante espada, que golpeaba repetidamente contra el suelo y contra un árbol. Por su parte el escribano plasmaba signos extraños en un papel y los amerindios sólo escuchaban estupefactos: “Dadme fe y testimonio señor Escribano, como yo Don Cristóbal Colón, Almirante de la mar Océana, por mandado y en nombre del rey y la reina de Castilla, nuestros señores…”. Los isleños, con su prodigiosa memoria repetían cada una de estas palabras. En adelante, Colón y los amerindios hicieron uso del lenguaje corporal a base de gestos. El Almirante observaba cada cosa a su alrededor y por un instante miró a una persona que llevaba colgando de su nariz un pedazo de oro. Los caribeños accedieron a regalarle oro y en respuesta a estos regalos, Colón puso sortijas y collares a  varios amerindios. Después invito a uno de ellos a observar su espada y comprobaron que además de sus brillantes destellos también era increíblemente resiste, cortando al tocarla por su filo. Finalmente los españoles retrocedieron hasta desaparecer sobre el horizonte del mar.

Al final de su viaje, Cristóbal Colon describe su nostalgia al tener que partir de aquellas tierras maravillosas que había descubierto junto a sus hombres por no poder conocerlo todo. Día 21 de octubre de 1492: “Aquí son unas grandes lagunas, y sobre ellas a la rueda es el arbolado a maravilla y aquí y en toda la isla son todos verdes y las yerbas como el Abril en Andalucía; y el cantar de los pajaritos que parece que el hombre nunca se quería partir de aquí, y las manadas de los papagayos que oscurecen el Sol, y las aves y pajaritos de tantas maneras y tan diversas de las nuestras que es una maravilla; y después hay árboles de mil maneras, y todos de su manera fruto y todos huelen que es maravilla, que yo estoy el más penado del mundo de no conocerlos.” Colón narra que en su viaje vio papagayos, culebras y lagartos aunque nunca animales domésticos.

De aquel trascendental acontecimiento de indudable repercusión que impactó a la Humanidad, nos parece increíble aún imaginar que hoy en día seguimos siendo producto de tan increíble hazaña. Existen muchos elementos a destacar como el descubrimiento de nuevos parajes, de nuevos alimentos, de piedras y metales preciosos o de plantas industriales como el algodón. Otros como la transformación de los conceptos astronómicos al demostrar que la Tierra era redonda o el aporte español de impulsar la agricultura y la ganadería en América. Éstos trajeron consigo plantas como el trigo, la cebada, la caña de azúcar o el naranjo y animales como el perro, el caballo o el asno. Se intensificó la navegación, la investigación científica y la economía gracias a estos descubrimientos que supusieron una nueva fuente de recursos para la subsistencia de la Humanidad.

Tampoco debemos olvidarnos de la implantación de la estructura social española a través de los diferentes virreinatos que se establecieron en América, desembocando en un enorme legado cultural. De esta manera se originó otras formas de cultura y sincretismo del que ahora somos herederos, pagando y disfrutando tanto de lo bueno como de lo malo de todos aquellos acontecimientos que se produjeron después. Por todo ello esta fecha no debe ser celebrada solamente por España sino por todos los hispanoamericanos, los cuales tenemos el deber de sentirnos orgullosos de ser herederos de un extenso legado histórico en el que se ha armonizado una destacable variedad de culturas. Cada uno de nosotros somos parte del dolor del conquistado y de la ambición del conquistador. De una madre que fecunda la tierra, abriendo sus alas para cuidar de los hijos del hombre blanco que conquistó su corazón y revolucionó todos sus conceptos. Nunca sabremos cuánto dolor o regocijo llevamos en nuestros genes americanos. Pero somos conscientes de que formamos parte de un ancestral legado entre dos continentes que en el pasado fueron uno sólo, como así lo fueron nuestros antepasados.


Los típicos cultores del odio nunca descansan

A propósito del 12 de octubre Día de la Diversidad Cultural, el COAJ instó a los establecimientos educativos a revalorizar la diversidad cultural y a promover la interculturalidad y el diálogo entre los pueblos como garantía de la convivencia social y la gobernabilidad democrática. El COAJ señaló la importancia del rol que cumple el sistema educativo en la sensibilización, concientización, conocimiento y formación de conductas y en ese sentido señaló la necesidad de educar en la diversidad para establecer relaciones más armónicas y paritarias, que generen condiciones para el diálogo intercultural y la valoración recíproca de las culturas que conviven en el territorio provincial.

La coordinadora General de la entidad, Natalia Sarapura, instó también a las unidades educativas a izar -junto con el Pabellón Nacional- la Wiphalla, símbolo de los pueblos indígenas de la región, como un acto de reconocimiento de los pueblos preexistentes que hoy enriquecen la trama cultural provincial y una valorización del aporte a la sociedad global.

Consideró Sarapura que la jornada constituye una oportunidad para reflexionar en torno a la importancia de la pluriculturalidad como un valor que enriquece a la sociedad global. Destacó los aportes múltiples de los pueblos indígenas, sus conocimientos, su mirada particular del desarrollo y los valores de su cosmovisión, como el respeto a la naturaleza, el sentido de pertenencia al territorio, la reciprocidad y la complementariedad, entre otros. Todos valores que pueden contribuir a la profundización del sistema democrático y de la gobernabilidad.

Recordó la dirigente la resignificación que tuvo el 12 de octubre, un artificio promovido por los procesos de colonización que pervivieron con la constitución de los Estados Nación. Al respecto Sarapura resaltó la decisión adoptada en el 2010 por el Estado Argentino para modificar el carácter colonial que tuvo la jornada. Desde entonces, el 12 de octubre ha sido instituido como Día de la Diversidad Cultural Americana. Esa decisión política “fue el resultado de la resistencia y de las luchas que han protagonizado los pueblos indígenas del Cono Sur”, dijo Sarapura y agregó que “significó un avance hacia la armonización del derecho nacional con el derecho internacional de los pueblos indígenas. De esta manera, el 12 de octubre se ha convertido en una oportunidad  para promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural”.

FUENTE

Una bandera digna de todos nosotros

La Bandera de la Hispanidad, o Bandera de la Raza Hispánica, es una enseña representativa de todos los países hispanos. Fue creada por Ángel Camblor, capitán del Ejército Nacional (Uruguay), con motivo de un concurso continental organizado por Juana de Ibarbourou en 1932 con el objeto de dotar de una bandera a la Hispanidad. El lema que acompaña a la bandera desde su creación es Justicia, Unión, Paz y Fraternidad, valores que Camblor señaló como representativos de los hispanos.

En dicha bandera, el blanco simboliza la paz, el Inti (denominado “sol de mayo” en algunos países, que representa el dios Sol según la mitología incaica) simboliza el despertar del continente americano y las tres cruces simbolizan las dos carabelas y la nao con que Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo (la Niña (carabela), la Pinta y la Santa María).

El color púrpura de las tres cruces alude al color característico del león de la Corona de Castilla, lugar de nacimiento del idioma común, según explica su diseñador en el libro “La bandera de la raza símbolo de las Américas en el cielo de Buenos Aires” (editorial unión hispanamericana, Montevideo 1935). La Bandera de la Raza Hispánica fue izada por primera vez el jueves 12 de octubre de 1932, en la Plaza de la Independencia de Montevideo, y fue oficialmente adoptada por todos los estados de Hispanoamérica como bandera representativa en el marco de la VII Conferencia Panamericana reunida en diciembre de 1933. Se ve la bandera también en las Islas Filipinas.

Ojalá que los docentes recuerden esta magna fecha y le rinda el tributo que se merece, así los estudiantes adquirirán mas conciencia de la unidad hispanoamericana, y en especial de quiénes forman esa unidad hispanoamericana.

¿Por qué esta última afirmación? El uso temprano de la palabra raza la vincula con linaje, limpieza de sangre, casta, pero también, hacia el siglo XVI, se aplica en sentido biológico o de especie, en forma peyorativa. De cualquier modo, denota clasificación, grupos que se distinguen unos de otros por sus caracteres que, además, son heredados. Alrededor de 1840 se empezó a utilizar para referirse a los grupos humanos, apelando a caracteres tanto biológicos como culturales que los identifican y unen a sus miembros entre sí, lo cual también servía como punto de referencia para comparar el grado de progreso o las posibilidades de desarrollo de unas razas con respecto a las otras. En el Virreynato de la Nueva España (México y Centroamérica) por ejemplo, el empleo de la noción de raza fue muy frecuente para ponderar las cualidades de los blancos en relación con lo que se percibía como las limitaciones y vicios de los indios. El geógrafo Antonio García Cubas, por ejemplo –y no es la excepción–, la empleó en diversas publicaciones para clasificar a la población en raza blanca, raza mixta o mezclada y raza india, a la vez que señalaba en cada una sus costumbres y formas de vida. 

El concepto de raza también subyacía en la napoleónica delimitación entre la América sajona y la América latina, marcando la diferencia entre una y otra a partir de costumbres, formas de vida, prácticas culturales y religiosas en general. Pero, a pesar de su uso generalizado en diversos ámbitos durante el siglo XIX, el término raza, como motivo de celebración, sólo se introdujo sistemáticamente en nuestro continente –también en España– hasta los primeros años del siglo XX.

A lo largo y ancho de la región latinoamericana, hacia 1915, Perú, Argentina, Paraguay, El Salvador, Guatemala, México y Chile coincidieron en las celebraciones, con distintos matices y sentidos. La Revista Española publicó los discursos de esas fiestas hispanoamericanas que tendían a fomentar la unión, se decía, de los pueblos enlazados en la historia.

Detrás de ello, estaban los años de la Primera Guerra Mundial que implicaron para América Latina el aislamiento, desde todos los puntos de vista, con respecto a la Europa involucrada en el conflicto; también la necesidad de cerrar filas frente a la amenaza que el panamericanismo imperialista de los Estados Unidos constituía para la región. Así, al calor de los discursos hispanoamericanistas, se fortalece la conciencia de la Raza, con mayúsculas, con el antiguo y recurrente sueño de hacer de los hispanoamericanos una verdadera comunidad de lengua, de cultura, de religión, de economía. La conciencia de raza es directa hacia los descendientes blancos de españoles, e indirecta (sino excluyente) hacia indios, mestizos y negros.

El pensador argentino José Ingenieros, el uruguayo José Enrique Rodó, el mexicano José Vasconcelos, la poetisa chilena Gabriela Mistral, todos apelan a la fuerza de la raza. Todos, por diversas vertientes, convocan su unión. La América hispana comienza a cobrar conciencia de sí misma, de sus posibilidades. La utopía de la comunidad de los latinoamericanos, trazada desde el siglo XIX, se resignificaba. España se integra a estas celebraciones que ofrecen la oportunidad para estrechar lazos de diversos tipos –culturales, pero también económicos–, por iniciativa de la Casa de América (Barcelona, 1917).

Fijar el ritual de conmemorar el 12 de octubre como Día de la Raza no ha sido inocente; se trata de un evento que atañe directamente al problema de las identidades colectivas, latinoamericanas. Las sucesivas transformaciones y recreaciones de sentido que han concretado una noción de raza en diferentes momentos están estrechamente relacionadas con nuestra propia percepción como latinoamericanos, como americanos. Habrían de pasar muchos años para que el mestizaje, aprehendido como raza, dejara de ser un concepto colonialista, para clasificar al otro y establecer calidades, para que se refiriera a las zonas de contacto donde lo social, lo cultural, lo histórico y lo religioso derivan en “unos otros” diversos.

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