La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 13 de octubre de 2012

Deidades orientales, ídolos paganos y velas aromáticas: una mirada al negocio de la fe popular en Tucumán

Se les nota en la cara, en la actitud, en la manera de hablar y de no mirar a los ojos a la vendedora. Buscan algo que no les hará bien a otros, pero que, a la larga, les hará mal a ellos mismos. "Porque todo vuelve, eso téngalo por seguro, es uno de los siete principios divinos", advierte con su sonrisa eternamente buena onda Elva Bocanegra. Es peruana, precisamente de Iquitos, tierra de chamanes bañada por el río Amazonas. Hace 27 años que está en Tucumán y 17 que vende santos, velas, Budas y otras yerbas para atraer el bien y el mal. Por fortuna, es el primero el que gana la partida, al menos en su local.

Elva no está allí para juzgar a nadie. Cuando llega un cliente ella aparece entre una nube de incienso y tabaco para preguntar: "¿qué se le ofrece?" La mayoría llega buscando lo que consiga atraer el dinero y conservar el trabajo. Es gente que camina por la cuerda floja. Ella no los deja marcharse sin su dúo protector: sahumerios de incienso y al menos una estampita del Arcángel San Miguel. Si la cosa viene más complicada le agrega una imagen de Laksmi, diosa hindú de la belleza y la fortuna, tanto material como espiritual.

"Hoy en día hay que vender artículos de todas las religiones. En la nueva era cada uno es dueño de profesar la fe que quiera y, mientras le haga bien, está perfecto. En definitiva, todas las religiones apuntan a la búsqueda de Dios", resume.

Quien sabe más que nadie de mezclas religiosas es Sara. No quiere dar su apellido, pero asegura que es judía. Tampoco vende estatuillas de santos, a lo sumo estampitas, pero tiene una variedad de velas abrumadora. "En este rubro uno está obligado a ser amplio. La gente llega con su propia fe y lleva lo que le da resultado", cuenta esta mujer de pocas palabras, propietaria de una santería y lencería céntrica. Las velas, los sahumerios y los aceites esenciales conviven con las bombachas, las ligas y hasta pantallas para lámparas. Los artículos del feng shui, el sistema oriental de ordenamiento y disposición de los espacios para atraer la buena vibra, es una de sus especialidades.

Así como en el local de Sara conviven los portaligas con los santos, no es raro ver, a esta altura de los choques culturales, la imagen de un San Cayetano impresa en el centro de un colgante oriental en el que hasta hace poco tiempo sólo hubiera cabido un Yin yang.

Después de años de devoción, de ruegos sostenidos y promesas cumplidas, el matrimonio de Antonio Solar y Margarita Coronel pudo desembolsar los $ 75 que cuesta una imagen mediana de la Virgen de Guadalupe para ponerla en el centro de su casa, en La Ramada. Desde esa localidad se descolgaron hasta El Bajo para hacer esa y otras compras, aunque la felicidad les vino con la virgencita de las telenovelas.

"Se puso de moda, como todo. En algún momento fueron la Virgen Desatanudos y San Expedito -que conservan su vigencia- y ahora está fuerte la devoción a la Virgen de Guadalupe, una advocación mariana muy arraigada en la cultura mexicana". Lo explica Manuel De Innocentis, miembro de una tradicional familia de santeros que se instaló en El Bajo hace 118 años.

La tendencia devota hacia "la" Guadalupe no vino por casualidad. La reedición actual de la telenovela "María la del barrio" (lunes a viernes a las 13, por Canal 9), protagonizada por la cantante mexicana Thalía, es una de las responsables del "éxito" de esta imagen. También la novela "La Rosa de Guadalupe", que se ve por Televisa. De hecho, muchos clientes piden la imagen, precisamente, como La rosa de Guadalupe. "Veíamos a nuestro hijo mirando la tele y ahí se contaba que la virgencita es muy milagrosa. Yo tuve problemas de salud y también padecía una nietita nuestra, le hicimos una promesa y gracias a Dios salimos bien", confiesa Margarita. Su virgen ya estaba empaquetada y lista para viajar a La Ramada.

San La Muerte está en boca de todos y llama la atención, casi siempre por su mala fama. Pero De Innocentis se encarga de limpiar su imagen: "se dice que era un monje que fue encarcelado y que dejó de alimentarse. Cuando fueron a buscarlo encontraron su esqueleto; por eso se lo representa así", explica. Según su experiencia, no lo utilizan, como suele pensarse, para magia negra o maleficios, sino que es el santo de los presos y de los que andan reñidos con la ley. "Quienes más lo piden son los jóvenes, de entre 20 y 25 años, principalmente, y de hasta 40 como máximo", asegura.

De Innocentis, como Elva, también afirma que no son muchos los que acuden a buscar algún maleficio. "¡Pero principalmente porque no saben cómo hacerlos!", bromea. Sí llega gente a recuperar el amor perdido o a pedir que se aleje alguien que le hace mal: las velas negras con forma de hombre aparecen en esos casos. "A veces nos preguntan cómo hacer uno que otro trabajo, sobre todo para que vuelva la pareja -reveló-. Acá los aconsejamos, y nos alegra cuando vuelven y nos cuentan que ha marchado bien. En el fondo, creo que todo es una cuestión de actitud".

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