La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 10 de septiembre de 2012

Matones en Humahuaca: todos los caminos conducen a Milagro Sala

Milagro Sala no es sólo un personaje por el trágico enfrentamiento del miércoles en Humahuaca: es personaje desde que emergió hace varios años como arquetipo de un tiempo de crisis social y signado por la regresión al caudillismo, al personalismo y al ejercicio fáctico del poder.

La muerte de Daniel Condorí, de 29 años, no es casual. No es una muerte más. Es el resultado previsible de una nefasta moda política -que se presenta como popular, pero es burguesa, y que se disfraza de progresismo, pero es retrógrada donde se relativiza el derecho y se consagra el poder de hecho. Milagro Sala no sería quien es, una de las personas más poderosas de Jujuy, de no haber recibido millones de pesos mensuales otorgados discrecionalmente y sin control por el poder central.

La historia de su feudo, la Tupac Amaru, y la de los Sueños Compartidos de Sergio Schoklender no son demasiado diferentes en la trama. Ambas se presentaron como una respuesta política a problemas habitacionales; por ahora la diferencia el desenlace.

La vida de Milagro Sala la muestra como una mujer de personalidad fuerte y sentimientos nobles, que sobrevivieron a violencias de esas que demuelen a la mayoría de las personas.

Nada de sutilezas ideológicas. La suya es una “orga” cuya esencia es la disciplina en torno de la líder. Esa disciplina se devuelve en ciertos beneficios para los que se encolumnan, en severas sanciones para los que se apartan y en fuertes votos de fidelidad.

Las organizaciones de izquierda temen a las patotas de “La Flaca”, que incluye barrabravas del Lobo. La dirigencia política, también.

Entre los detenidos por la muerte de Condorí figuran Marcos Guerra, su hermano Miguel Ángel, y Moisés Lavallén, los tres jefes de la agrupación "Titi Guerra", que integra la Túpac Amaru.

En Humahuaca, como en todo el país, hay problemas de vivienda, hay usurpaciones y hay asentamientos precarios. Es coherente con las políticas habitacionales de la época. El grupo Tití Guerra llegó desde Jujuy para dirimir a tiros una disputa sobre un lote. Probablemente les haya parecido razonable, porque el universo político en el que ellos viven Milagro y los Guerra pone a la legalidad entre paréntesis.

El miedo a Milagro Sala llevó al intendente kirchnerista de Humahuaca, Roberto Lamas, a renunciar al cargo. Después, alentado por el gobernador Eduardo Fellner, el jefe comunal cambió de idea. Pero no hay que equivocarse: “La Flaca” es más poderosa, en los hechos, que el gobernador. Por personalidad, por compromiso, por extracción social o por alguna otra razón, Milagro emerge como una figura extraordinaria dentro de un sistema ilegal que permite al Tesoro nacional potenciar a intendentes o dirigentes sociales “puenteando” a los gobernadores.

Los homicidas de la Titi Guerra dicen ser los propietarios de las tierras en litigio y decidieron hacer lo que el progresismo no admitiría si lo hubiera hecho la policía: reprimir a los usurpadores.

¿Cuál es la diferencia entre Condorí y el maestro neuquino Carlos Fueltealba? ¿Por qué la CTA de Hugo Yasky ignora este crimen? Porque los Guerra pertenecen a una agrupación a la que ese gremialismo apoya e idealiza.

Según el relato del fiscal, Condorí murió cuando acudió a prestar ayuda a la familia Urbina, dueña de la Venia Colorada, que la Tití Guerra quería apropiarse.

Milagro Sala reconoció que tanto Condorí como sus victimarios tienen vínculos con Tupac Amaru. De hecho, fue una guerra de pobres contra pobres. Llorando, repudió el crimen pero acusó al gobierno jujeño por el fondo del conflicto.

Su organización se atribuye la construcción de miles de casas y de varias escuelas. En el currículum de éstas figuran tres materias propias: "Autoestima", "Historia y cultura de Jujuy y de los pueblos originarios" y "Lucha del movimiento obrero".

Viviendas, fábricas, cooperativas, centros de asistencia, todo lleva la impronta social de una organización que se consolida como poder paralelo.

Demonizada por muchos, temida y adorada por los suyos, Milagro Sala encarna enormes contradicciones: en un país donde la exclusión es el mayor desafío social, ella se ocupa de los excluidos. Pero lo hace recurrriendo a la ilegalidad y la violencia, que empañan sus realizaciones.

La Argentina es un país acostumbrado a vivir fuera de la ley. Probablemente, esa naturalidad de la ilegalidad haya contribuido al retroceso. En lo económico, pasamos en un siglo de ser un proyecto de potencia a una nación en vías de subdesarrollo. En lo social, desde hace 35 años, la fractura no deja de abrirse y la destrucción del empleo y de la escuela pública van creando un núcleo de acero de millones de marginales.

Milagro es un personaje paradojal: su vida y su acción política constituyen un llamado de atención sobre la pobreza; al mismo tiempo, son síntoma de que el poder prefiere buscar soluciones ilegales y discrecionales en lugar de construir el futuro transitando por los senderos del orden legal y de las instituciones.

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