La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 29 de septiembre de 2012

La Plaza Belgrano de la Ciudadela fue dignamente remodelada


La primera vez que el Belgrano de bronce clavó su mirada en tierra tucumana lo hizo en el mismo centro de la ciudad, en la plaza Independencia. Era 1884. Nunca se había instalado una estatua en una plaza de la capital, pero había llegado el tiempo en que los espacios públicos se poblarían de elocuencia. Era el momento de exponer la ejemplaridad de los héroes y los hitos de su nacimiento.

Aunque poco duraría la permanencia de Belgrano en aquel emplazamiento. En 1904, la Libertad de Lola Mora ocupó su lugar. Héroe y pedestal fueron trasladados a la margen sur. Los recibió una apenas cuidada plaza, pequeña porción del gran potrero en el que 90 años antes se había ubicado el flanco norte del ejército patriota. Allí enfrentó la avanzada española que lo perseguía desde Jujuy.

Desde marzo de este año la plaza permaneció cerrada, a la espera de la remodelación. El diseño general fue obra del Departamento de Planificación Urbana de la Municipalidad, a la que se sumó el Instituto de Historia y Patrimonio de la Facultad de Arquitectura.

Con anchos canteros de flores y planos más amplios para circular, todo parece más limpio que en marzo. La vista parece abrirse hacia todos lados. Se despejaron las peatonales que unen la escultura de Belgrano con la Pirámide, así como la que continúa la calle Alberdi y rodea al gran ficus cerca de la calle Dorrego. Se replanteó el desnivel de la esquina suroeste, se creó una zona de juegos infantiles y se tiró la pared blanca que ocultaba la calle Marco Avellaneda. En su lugar brilla una cortina de chorros de agua que alcanzan los 6 metros de altura. La iluminación ahora es más intensa, remarcando los paseos y enfocando los monumentos.

Belgrano fue tratado con la delicadeza y el rigor que le corresponden. La escultura fue concebida en 1883. Su autor, el argentino Francisco Cafferata, estaba en Italia especializándose cuando, por encargo del presidente Julio Argentino Roca, hizo el molde en yeso y lo envió de inmediato a Buenos Aires. De ese molde, el Parque de Artillería fundió dos copias en bronce, una para Tucumán y otra para Salta. Así se homenajeó los dos grandes triunfos del Ejército del Norte.

Hace pocos meses el héroe ha recuperado bienes perdidos. Como una refutación a nuestro vandalismo, se restituyeron las espuelas y la punta del sable. La metalúrgica “Metalar SA” donó estas piezas luego de tomar calcos de la réplica salteña.

Aún falta una correa que va de la mano a la empuñadura del sable. Se la hará de hierro. A cargo de la licenciada Eugenia Fagalde, la restauración respetó el color del material, ese verde con brillos rojizos propio del bronce oxidado. No tiene pintura que lo recubra, con lo que los rasgos y detalles permanecen visibles.

Para el diseño del nuevo pedestal se tomó como referencia el original, que había sido enviado junto a la estatua desde Buenos Aires. El de hoy conserva los 4 metros de altura, pero tiene los detalles simplificados. Sus líneas son más netas y centa con menos detalles decorativos.

"El pedestal está hecho de granito y mármol. Hoy no tenemos los maestros marmoleros que había hace 100 años”, explica el arquitecto Marcelo Beccari.

Cinco años después de la Batalla de Tucumán, el mismo Belgrano hizo levantar en ese lugar una Pirámide de ladrillo para honrar el triunfo de San Martín en Chacabuco. Luego vendría la depresión de las luchas internas y el lugar quedaría reducido a un matorral abandonado. Recién el 9 de julio de 1878, la entonces Corporación Municipal “resolvió dar a la Pirámide de Belgrano un entorno más digno que los yuyales que la circundaban”. Entonces la plaza fue inaugurada.

En 1865, cuando la pirámide se encontraba totalmente abandonada, el veterano de guerra Emidio Salvigni costeó una reja perimetral para protegerla. Recién en 1876 se hizo una refacción a gran escala. Para ello se contrató al escultor y arquitecto cordobés José Allio, quien dispuso el revestimiento de mármol y el remate en un pináculo de granito que se ven hoy. La obra fue entregada en agosto de 1877.

Ahora la pirámide luce un flamante perímetro de barandas de acero y vidrio. Durante su reacondicionamiento se descubrió que el núcleo de ladrillos había sido horadado por las filtraciones de agua. Esto evitaba que las placas de mármol de Allio se apoyaran en el ladrillo, con lo que pasaban ellas a soportar todo el peso. El peligro de quebraduras y colapso era inminente. La decisión que se tomó fue rellenar el espacio carcomido con una “lechada de cemento” que se infiltró entre las placas. Unas cicatrices rosadas delatan la terapia que le dio rigidez. Son producto de la oxidación de los viejos pernos metálicos que unían el mármol a los ladrillos.

Cuando anochece la pirámide es un mojón de referencia para quienes circulan por la calle Alberdi. Aún desde varias cuadras de distancia puede verse su luz. Desde más cerca, si se mira con atención, se ve una suave faja metálica debajo de la punta de granito. Apenas visible, brilla como una línea dorada.

El jueves 13 se colocó un gran medallón -fundido en hierro- a los pies del Belgrano. De unos 2 metros de diámetro y 5 centímetros de espesor, pesa unos 2.200 kilos. Fue donado por “Proyectos Metalúrgicos SA”. Está en el centro de una gran círculo de cemento de unos 30 metros de diámetro, que algún pretérito día pretendió hacer las veces de helipuerto. La inscripción dice “Batalla de Tucumán, 1812-2012, La Batalla del Pueblo”.

A un costado del gran círculo, la Municipalidad encargó a la artista plástica Florencia Vivas la representación de la batalla con la presencia simbólica de la Virgen de La Merced. El trabajo fue resuelto en una obra calada en acero inoxidable de 2 milímetros de espesor y reconstruye el fragor de la lucha. Como un recuerdo vertiginoso atravesando el semblante de Belgrano.

Hay una fuente. Son 14 columnas de agua. Los chorros alcanzan los seis metros de alto. Se iluminan de blanco y, periódicamente, los cuatro de los extremos cambian a un color celeste.

La tranquiliad reina y suena el viento entre los árboles. “Se trabajó con mucho cuidado para preservar la vegetación”, enfatiza la arquitecta monteriza Claudia Amado, mientras controla el riego por goteo y aspersión que alimenta las plantas. “El trabajo se hizo con la ayuda de la Sociedad Amigos del Arbol”, apunta. Se conservaron todos los arboles que estaban sanos. Hay jacarandás, lapachos, tipas, un ombú, palmeras Pindó, palmera Fénix. Y más. Se plantaron jazmines del cielo, lavandas, petunias y agapantos.

1 comentario:

  1. la estatua de belgrnao quedo chiquita.tendrian que mandar a construir una nueva que sea bien grande ,y reubicar esa estatua en otro lado de la ciudad o donarsela a otro municipio.

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