La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 14 de septiembre de 2012

Die 14 Septembris: Exaltatio Sanctae Crucis

En este día tan magnífico para todos nosotros, no podemos dejar de preguntarnos: “¿qué nos dice la Cruz?”. Lo primero que se nos ocurre es, sin ninguna duda: nuestro Señor Jesucristo. Él está en el centro. Cualquier hombre que mira la Cruz, ve directamente al Hijo de Dios. Tenía toda la razón San Pablo al decir que lo único que quiere conocer es a Cristo y éste crucificado. La cruz, cada cruz, ésta del Gran Viernes, la nuestra cotidiana, sin Cristo pierde todo su sentido. No tiene significado. Si la buscamos sin Cristo, sólo queda el dolor, el sufrimiento sin término ni sentido. Es por esto que la gente, cuando no siente la presencia viva de Cristo en la Cruz, abandona rápido. No la quiere.

Pero con Cristo la Cruz adquiere un nuevo significado. Es la fuerza y sabiduría de Dios. Qué significado más extraño. Desde este momento, lo que es un signo de muerte, será el signo de la vida; el signo de la última pérdida del hombre, será el signo de su última victoria; el signo del odio, será el signo del amor. Dios cambia las cosas totalmente. Podemos observar este paso en su totalidad en la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses. “Una muerte de cruz”. Este es el punto central. Hasta este momento hemos leído sobre la humillación del Hijo de Dios. Tras este momento nos encontramos con la exaltación de Jesús.

A primera vista podemos pensar que esto se opone a  la figura humana que expresa dolor y sufrimiento. Pero sólo se opone según nuestro pensamiento humano, donde la cruz es siempre una estupidez o una blasfemia. Según Dios la Cruz es lugar de gloria. Esta es la enseñanza que debemos recibir en nuestras vidas: que la debilidad, la enfermedad pueden ser gloriosas, pueden reinar. ¿Por qué? Porque producen en nosotros el amor vivo y verdadero, la compasión con Cristo y con el hombre.

Estos frutos no puede producir nada en esta tierra: ni el más fino placer, ni el triunfo, ni dinero, ni fama.

Jesús sabía esto cuando al principio de su enseñanza en esta tierra, en el desierto rechazó todas las tentaciones del diablo y cuando al final  de su enseñanza eligió como el signo más importante la cruz. Este signo es muy sencillo. Cada persona lo puede comprender, incluso el niño más pequeño.

Si no puedo hacer esto, es que estoy lejos de la lógica divina, muy lejos de Dios. En este caso la Cruz tiene que ser para nosotros un signo de conversión. Ojala. Pero si seguimos este camino no podemos tener miedo de la humillación y el dolor. Ni de rechazar el egoísmo y la soberbia. Pero no hay otro camino. Esto expresa San Pablo en este himno que hemos escuchado y que ya conocemos muy bien. Pero la introducción es desconocida, por esto vale la pena recordarla. El Apóstol dice directamente: “Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús”.

Después de estas palabras tenemos el himno escuchado en la lectura de la Carta a los Filipenses. Todos somos llamado para seguir a nuestro Señor hasta la Cruz.

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