La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

lunes, 17 de septiembre de 2012

Actos y actividades por la recordación de media docena de infames jóvenes terroristas

Estorbando transehúntes 

A 36 años de los secuestros a 10 estudiantes secundarios de La Plata, la bandera reza "Los lápices siguen combatiendo”. Es el espíritu que convocó a cientos de jóvenes secundarios acompañados por partidos y organizaciones políticas el viernes por la tarde, en la marcha que comenzó a las 18 hs desde Plaza Urquiza.

La movilización estuvo convocada por la CUES de Tucumán, conformada por estudiantes de la Escuela Normal Juan Bautista Alberdi, la Escuela de Bellas Artes de la UNT, la Escuela de Agricultura de la UNT, ESEA, Colegio Nacional, Liceo y la Escuela de Comercio Nº1. Ana Lucía López, alumna de la Escuela Normal e integrante de la CUES comentó en relación a la marcha “está bueno que los estudiantes recordemos esta fecha, no solamente como conmemoración, (…) me parece importante que nos podamos organizar y plantear muchísimas problemáticas que se están dando”. La estudiante también hizo referencia a los obstáculos y dificultades que mostraron las autoridades de los respectivos colegios para difundir la convocatoria y actividades de la CUES, la excusa fue que los objetivos de la organización no son parte de los espacios curriculares, según explicó la joven.


El Día Nacional de la Juventud se conmemoró este domingo en memoria de los estudiantes secundarios secuestrados y desaparecidos por la última dictadura militar. El objetivo es "reivindicar la militancia y el compromiso", por lo que se realizaron recitales y actividades culturales para atraer a los más jóvenes.

A partir de las 15, la Secretaría de Cultura de la Nación ofreció de manera gratuita talleres, muestras, proyecciones de películas y charlas con personalidades de la cultura.

En Tucumán la banda de rock El Bordo hizo bailar al público tucumano en el Parque Avellaneda, mientras que Federico Penelas participó de otro Café Cultura. Además, se sumó un taller de herramientas de comunicación popular.


Un burdo mito diseñado para intoxicar a los jóvenes

“La noche de los lápices”, una historia –supuestamente real-, primero plasmada en un libro (escrito por M. Seoane y H. R. Nuñez) y luego en una película (dirigida por Héctor Olivera), protagonizada por un simpático grupo de inquietos adolescentes que bregaban por una solidaria rebaja del boleto estudiantil. Por esta y no otras razones, los intolerantes militares los secuestraron, torturaron y por último los mataron a todos menos a uno de ellos, Pablo Díaz, quien sobrevivió para luego contarnos a nosotros lo presuntamente ocurrido. El filme de Olivera, como no podía ser de otra manera, se constituyó en un clásico de la cinematografía setentista en versión escolar.

Vale destacar que el peso específico del mito de marras es tal, que además de proyectarse religiosamente la cinta de La noche de los lápices en todos los institutos educativos todos los 16 de septiembre (día en que hipotéticamente sucedieron estos hechos), increíblemente, desde 2006, la legislación nos impone: “Instrúyase en la República Argentina el 16 de septiembre de 1976 como Día Nacional de la Juventud, con el objetivo de reivindicar la militancia y el compromiso de aquellos jóvenes que fueron desaparecidos en la última dictadura militar argentina”. Asimismo, en esta fecha se efectúan en los colegios extensos debates (que de debates no tienen nada puesto que hay un discurso único e inapelable) y charlas alusivas al acontecimiento. Así, los jóvenes estudiantes resultan víctimas de un bombardeo psicológico e ideológico destinado a afianzar variados dogmas setentistas: “las Fuerzas Armadas perseguían a quienes cometían el pecado de pensar distinto” (participar en un centro de estudiantes y pedir por un boleto estudiantil fue la supuesta causa); “las Fuerzas Armadas se ensañaron con las nuevas generaciones” (eran todos adolescentes); “no existió una guerra sino una cacería de jóvenes idealistas” (el suceso naturalmente no se enmarca en el contexto de una guerra interna), entre otros.

Lo cierto es que la versión oficial de La noche de los lápices se asemeja más a una novela del galán Pablo Echarri que a un suceso histórico real. En efecto, al parecer ni Pablo Díaz fue el único sobreviviente, ni el grupo de estudiantes que fuera detenido por las fuerzas del orden eran muchachos inofensivos que tan sólo pedían una rebaja en el boleto estudiantil. Miles y miles de jóvenes participaron de esas manifestaciones que tuvieron lugar un año antes de las detenciones (en 1975), razón por la cual resulta absurdo creer que las Fuerzas Armadas y sus aparatos de inteligencia hayan podido detectar a tan sólo diez de ellos y con un año de dilación. Entonces es dable preguntarse: ¿Por qué algunos fueron detenidos y otros no? ¿La lucha por el boleto estudiantil, como reza el mito, fue la causa del trágico destino de estos jóvenes?

Con honestidad y efectuando un homenaje respetuoso a su hermana muerta en la guerra revolucionaria, el ex montonero Jorge Falcone (hermano de Claudia, la co-protagonista de la historia, encarnada en la película por la actriz Vita Escadró), empieza a clarificar la cuestión: “Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida […]. Ni María Claudia ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue una escuela de lucha. […]. La construcción ideológica de María Falcone y de quien les habla no fue libresca. […] Nadie nos usó ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de Héctor Olivera…fuimos a la conquista de la vida o la muerte”. Dejando constancia de las razones reales de la detención de su hermana, Jorge Falcone agrega que “en el departamento donde cayó mi hermana se guardaba el arsenal de la UES de La Plata. Mi hermana no cayó solamente por el boleto secundario… La compañera María Clara era su responsable. No se agarraron a los tiros con el pelotón que las fue a buscar por no hacer mierda a los vecinos en un edificio de departamentos. No porque no querían o no podían”. El ex guerrillero adiciona también una anécdota importante sobre el estreno del falsario filme: “Cuando se dio la película, yo fui llevado en andas con Pablo Díaz, el sobreviviente, del cine al Obelisco. Allí dije que mi hermana estaba en la clandestinidad con documento trucho, que respondía a una orgánica nacional revolucionaria. Eso puso a todos nerviosos. No querían escuchar esas cosas”. Finalmente, por si dudas quedaran, Falcone sentencia: “Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se tragó el lobo […]. Era una militante revolucionaria. […]. Era miliciana. El miliciano era un tipo que podía revolear una molotov en un acto relámpago… También podían hacer una acción de apoyo a un acto militar de mayor envergadura”. Y al respecto, el ex montonero ejemplifica: “Como cuando participamos en una serie de actos relámpago que sirvieron de cerco (nos enteramos después) en agosto del `75 para el hundimiento de la Fragata Santísima Trinidad”. ¿No sería más lógico pensar que Claudia fue detenida por haber participado en atentados terroristas -confesados por su propio hermano- en lugar de ser perseguida por una insulsa manifestación peticionante de una rebaja del boleto estudiantil?

El 15 de septiembre de 1998 el diario de tendencia marxista Página 12 sorprendió a todos haciendo un reportaje a Emilce Moler, una de las “jóvenes sensibles” vinculadas a los sucesos de "La noche de los lápices". La reporteada explicaba que “no fue exclusivamente la lucha por el boleto, eso era un objetivo superfluo que fue utilizado buscando reivindicar la militancia. […] No creo que a mí me detuvieran por el boleto. La lucha fue en el año 75, además no secuestraron a miles de estudiantes que participaban en ella”. En otro medio gráfico, Moler denuncia que “en la sociedad quedó instalado que había sido la marcha por el boleto estudiantil, pero el problema era que militábamos y con eso relaciono nuestra detención”. Es necesario destacar que cuando la entrevistada habla de militar, se refiere a militancia en la UES, es decir, en una fachada del terrorismo montonero como vimos anteriormente.

En lo que respecta al conspicuo Pablo Díaz, presentado en el embustero filme como un cariñoso adolescente de inmaculados sentimientos, lo cierto es que éste formaba parte del aparato terrorista del PRT-ERP, ya que “él ya militaba en el Frente Estudiantil de la subversión de la JG (Juventud Guevarista), rama que englobaba activistas del PRT-ERP inscriptos en institutos educacionales, de donde se extrajeron primordialmente renovadas camadas terroristas. Fue de esa militancia castro-guevarista (es decir marxista-leninista) nunca desmentida y ahora reafirmada por el propio interesado, que el casi veinteañero Díaz (un poco grande para estudiante secundario) resultó detenido entre 1976 y 1980”. Algunos años después, y ya siendo no tan joven, “Pablo Alejandro Díaz hizo conocer su filiación al grupo terrorista MTP (Movimiento Todos por la Patria), prolongación del ERP, comandado por el asesino Enrique Gorriarán Merlo, que en 1989 asesinara a diez soldados e hiriera y mutilara a otros sesenta durante el ataque terrorista al Regimiento 3 de Infantería Mecanizado ‘General Belgrano’, en La Tablada”.

Vale destacar la opinión que tiene sobre la temática en cuestión el ex montonero Martín Caparrós, puesto que ha conocido de cerca todos estos sucesos por su condición de ex guerrillero: “'La noche de los lápices' es la mayor falacia que se ha producido en la historia argentina contemporánea. Falacia que se va a reproducir cuándo, ¿mañana, pasado?, ¿cuándo es el día de la noche de los lápices? […] 'La noche de los lápices' es un mamarracho, quiero decir es como la quintaesencia de esta idea de ¡ay!, esos pobres chicos estudiantes secundarios que querían el boleto estudiantil, los agarraron los militares que eran tan malos y los mataron a todos. Esos chicos que querían el boleto estudiantil, además de querer el boleto estudiantil, eran militantes de unas organizaciones, unas agrupaciones que apoyaban a unas organizaciones que estaban a favor de la lucha armada y de todo eso. Yo también era militante de una de esas y no creo que eso justifique de ninguna manera que los secuestren, que los maten, que los torturen, etc. Parece que al principio de esta construcción del desaparecido como víctima angelical, había mucha gente que pensaba que si hubieran dicho que esos desaparecidos no eran chicos que pedían el boleto estudiantil si no militantes de una agrupación revolucionaria, eso equivalía a justificar las desapariciones y los asesinatos. Seguramente porque pensaban que a los militantes es un poco más legítimo secuestrarlos y asesinarlos. Porque si no, no se ve porqué tenían que ocultar eso”.
 
Las pruebas están a la vista y son brindadas por los propios protagonistas del difundido suceso: la historia oficial de "La noche de los lápices" no es más que una patraña, una total y completa ficción. En verdad, miente cuando dice que hubo un solo sobreviviente, puesto que cuatro de los implicados viven según quedó documentado; y miente cuando sostiene que desaparecieron tan sólo por “bregar por el boleto estudiantil”, cuando sus propios protagonistas afirman lo contrario: fueron detenidos por formar parte de estructuras vinculadas al terrorismo subversivo. Ello, por supuesto que no justifica el procedimiento irregular con el que se los combatió, pero ciertamente lo explica.

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