La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 16 de agosto de 2012

Un vecino propone que uno de los peores nidos de delincuentes de San Miguel de Tucumán se llame "Padre Carlos Mugica"

La propuesta "Mugica" para la Villa 90: un insólito proyecto planteado en serio 

En la esquina del pasaje 90 con Marcos Paz hay una pequeña gruta con la imagen de Santa Rosa de Lima. En el otro extremo, sobre calle Santa Fe, se erige un altar a San Expedito. Esos dos lugares son los puntos de encuentro para fumar marihuana, la principal droga que circula por la zona.

"A veces llamamos a la Policía porque se están drogando en la gruta. Pero nos dicen que si no hay alguna víctima, no pueden hacer nada. Igual, cuando les pedimos que se vayan, los chicos nos piden disculpas y se retiran", contó Díaz. 

Oficialmente, el pasaje donde queda la "Villa 90" no tiene nombre. Los vecinos saben que hay iniciativas para bautizar a la cuadra, pero ninguno tiene certeza de cuál es la situación actual. Federico Gerez, uno de los "políticos" de la cuadra, contó que el Concejo Deliberante aprobó llamar al pasaje "Santa Rosa de Lima", y que la ordenanza se encuentra en la Dirección de Catastro. Julio Bustos, por su parte, forma parte de una comisión que quiere que la cuadra se denomine "Padre Mugica". 


Carlos Mugica, retrato de un subversivo olvidable

No hace falta ser “lefebvrista” para señalar que después del Vaticano II, se han  desdibujado conceptos que en otros tiempos eran bien precisos y claros. Ahora muchos creen que cualquier muerto se va derechito al cielo, sin detenerse siquiera en el purgatorio (y habrá que ver si esos tales siguen creyendo en la existencia del infierno). Y lo mismo sucede con el martirio: antes se consideraba exigencia indispensable morir per odium fidei; hoy sólo se requiere morir por la “justicia social”, “por los pobres”, por “el cambio de estructuras” o por “la defensa del ambiente” .

De tal modo, el concepto de mártir se ha bastardeado y secularizado completamente: es “la carnalización de lo sobrenatural”, denunciada hace muchos años por nuestro maestro el Padre Meinvielle, en su gran libro De la Cábala al progresismo.

Como botón de muestra,repase el lector los nombres del “Martirologio Latinoamericano” confeccionado a piacere por los teólogos progresistas, visitando el sitio: www.servicioskoinonia.org donde se encontrará con el cálido rincón de la memoria subversiva (sic).

En la lista de “mártires”, confusa y arbitraria por donde se la examine, figura “de cada pueblo un paisano”, desde “Martín de Porres” (resic), pasando por Artigas y Martí, hasta llegar al General Prats. Entre los argentinos no podían faltar Angelelli, Ponce de León y el capellán montonero Adur.

Desde luego, Carlos Mugica está en la lista de pretendidos mártires de Koinonía: su nombre sirve como ninguno para “la revolución social” y para el “cambio de estructuras”, pero esto no es sorpresa.

Lo grave es que esa pretensión está alentada también desde la misma Arquidiócesis de Buenos Aires, a través de la Vicaría de las Villas de Emergencia, uno de los juguetes favoritos de S.E. Judas B.

El coordinador de la Vicaría es el cura y aprendiz de demagogo José María “Pepe” Di Paola dijo:

Un mártir es un cristiano que da la vida por Cristo y por la Iglesia. Para nosotros, el padre Carlos Mugica es el mártir del equipo de curas de las villas.

Y, al cumplirse otro aniversario del asesinato de Mugica, “Pepe” la siguió así:

Humildemente queremos seguir tus pasos ….

Allá “Pepe” con su “mártir”. Pero Mugica no murió por Cristo y por la Iglesia, sino por su abierta militancia política, cuyas oscilaciones lo llevaron desde Montoneros a López Rega. La voltereta le costó la vida, ignorándose hoy si el crimen fue cometido por sus antiguos compañeros o por la Triple A, aunque la ”historia oficial” se lo achaca a esta última.


Tuvieron que transcurrir largos años para poder tener una muestra de lo que se sabía por escrito acerca de la versión, para nada trasnochada, que afirmaba y daba a entender que el Padre Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe había sido asesinado por elementos de la subversión marxista de los año 70.

Se recordará que la oscura Triple A (Alianza Antiimperialista Argentina, tal su primigenia denominación) nunca se declaró autora del atentado contra el religioso el 11 de mayo de 1974. Sí, en cambio, existieron algunas pruebas documentales del lado de la subversión marxista que mostraron abiertamente su posición respecto a la figura de Mugica, al que calificaban como de "ambigüo", pues, según ellos, no se jugaba por el "pueblo" y sí por la "oligarquía", si bien daba una imagen de padre popular o cercana a los humildes. Veamos una de dichas pruebas que no dejan, a nuestro parecer, margen de error para lo que decimos:

De las publicaciones y órganos de difusión que tenía la organización terrorista Montoneros, una de ellas se llamaba "Militancia". Como editorialistas de Militancia, Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña sacaban a relucir, cada 15 días, sus odios clasistas en pos de la guerra revolucionaria que querían imponer en la Argentina. En esa marejada gráfica reservaban una columna para denigrar, denostar o ultimar -si los terroristas que tomaban las armas se hacían cargo- a eventuales "gorilas" de turno. Esa columna, que era una suerte de "patíbulo literario", era leído con sumo interés por las células de guerrilleros subversivos que planificaban y ejecutaban algún que otro asesinato "justiciero" o "para reivindicar al pueblo", como solían llamarle.

Uno de los desgraciados que desfiló por la columna que tenía como título perenne "CARCEL DEL PUEBLO", expresión muy en boga para la época que era usada, en hechos más concretos y reales, por la banda de delincuentes del ERP cada vez que capturaba o secuestraba a un militar, empresario o sindicalista "gorila", fue el Padre Carlos Mugica, el "cura montonero". Valioso ejemplo de sinarquismo el que se observa aquí, máxime si tenemos en cuenta que Mugica era "uno de ellos", es decir, de los mismos que lo denunciaban y lo condenaban a permanecer cautivo en la "CARCEL DEL PUEBLO"...

A juzgar por las pruebas reunidas, creemos que el número 31 de Militancia se editó luego del 19 de marzo de 1974, y esto es fundamental, aunque no definitivo, para sostener que fueron los delincuentes marxistas de Montoneros los que se encargaron de cegar la vida del Padre Mugica, quien fue muerto apenas unas semanas después de ser condenado en Militancia. El 11 de mayo de 1974 lo ultimaron a balazos cuando salía de la iglesia San Francisco Solano, en el barrio de Villa Luro, Buenos Aires.

La foto que acompaña este posteo es la que salió publicada en la revista Militancia N°31. Se comparaba, ya entonces, a Mugica como un "gorila" antiperonista. Y la nota decía así:


“Dos mil años de política terrena ha enseñado mucho a la Iglesia Católica que es la negación del democratismo interno, sin embargo, comprendió hace muchos siglos, las ventajas de tolerar las distintas corrientes que se forman en su seno. A un ala conservadora y retrógrada se opone siempre un ala liberal progresista. Una jerarquía pro-oligárquica, convive con sacerdotes del pueblo. Están los curas humildes y silenciosos, y están las estrellas publicitadas. A esta última especie pertenece CARLOS MUGICA, super star.

“El padre Carlos (como lo conocen las feligresas de su antigua parroquia de Santa Elena), por el cura Mugica (como le dicen en los ambientes políticos) o Carlitos (como lo llaman los vecinos de Copérnico y Gelly Obes, corazón de Barrio Norte), siempre ha sido un movimientista nato. Como queriendo resumir en su persona todas las corrientes internas de la Iglesia, trata de ser al mismo tiempo un conservador-progresista, un oligarca popular, un cura humilde y bien publicitado, un revolucionario y defensor del sistema. Y así le va con el resultado.

“Lo dicho no es una acusación gratuita. Con su defensa apasionada del celibato eclesiástico y del acatamiento sin protestas a la jerarquía, es tolerado por los pre-conciliares, como “un muchacho rescatable”.

“Su pertenencia al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, lo refiere a los sacerdotes de avanzada. Su hábitat en el Barrio Norte y sus amistades le permiten no romper los lazos creados en su carácter de Mugica Echagüe. Su labor religiosa en la Villa Comunicaciones lo emparenta con el pueblo. Su condición de colaborador de Bernardo Neustadt en la revista
Extra, le abre las puertas de la contrarrevolución, avalado por su círculo de relaciones (aunque a pedido de algunos amigos como Hermes Quijada). Todo mezclado como en el poema de Guillén.

“LA BIBLIA Y EL CALEFÓN”, diría Discépolo. Ayer misa por Carlos Ramus, luego responso a Bianculli, guardaespaldas de la UOM, y hoy un oficio religioso para Isabelita (siempre queda la excusa que la religión no hace distingos políticos, como si él fuera el único cura de la aldea).

“Como si fuera un corcho, siempre flotando aunque cambie la corriente. Montonereando en el pasado reciente, lopezrregueando sin empacho después del 20 de junio, Carlitos Mugica, cruzado de oportunismo, ha devenido en: “¡Depurador ideológico!”.

“Desde páginas de “
MAYORÍA”, órgano de los ultramontanos Jacovella, con el mismo desparpajo con que escribía en “Cristianismo y revolución”, pontifica sobre la “Alienación ideologista” de nuestra juventud. Con citas a Pascal y del burócrata Zorrilla, rebate en cuatro líneas a todo pensamiento revolucionario y termina preconizando “LA RECONSTRUCCIÓN MORAL DEL HOMBRE ARGENTINO”.

“Y si esto fuera poco, tiene la osadía de negar el aporte de la juventud que desde hace muchos años riega a diario con su sangre el suelo de nuestra Patria dándole el siguiente consejo de pavo infatuado: “que renuncie a buscar la revolución en los libros y ascienda al pueblo asumiendo sus problemas reales” (
MAYORÍA, 19-III-1974).

“Por todo lo expuesto quede Carlos Mugica preso en la cárcel del pueblo, aunque se quede sin asistir al casamiento de la hija de Llambí con Sergio Patrón Uriburu”.


Las publicaciones de las organizaciones subversivas que actuaron en nuestro país, eran de vital importancia para mostrar sus fechorías y actos extremistas. El caso más resonante de éxito macabro alcanzado por alguna publicación del terrorismo local, fue el número de La Causa Peronista donde Mario Eduardo Firmenich y Norma Arrostito explicaban los detalles de la muerte del teniente general Pedro Eugenio Aramburu, aunque eso no fue más que una pantalla, pues muchas de las afirmaciones allí expuestas no fueron reales, dado que Aramburu muere de un paro cardíaco lejos de la quinta de Timote, provincia de Buenos Aires.

En un documental que varias veces pasaron por el canal de aire América 2, el hermano de Carlos Mugica le endilgó al "peronismo la muerte de mi hermano", evitando referirse a las facciones que por entonces habían copado e infiltrado el Movimiento Nacional Justicialista tales como la Triple A y Montoneros. De nuestra parte, el peronismo en sí no tuvo ni la culpa ni la ingerencia en este caso, sino que el crimen sucedió por una pelea faccional, por lo tanto, de poder.

El Padre Carlos Mugica cayó en esa vorágine, y en algún momento le soltaron las sogas. Era, desde luego, un ferviente miembro y predicador de las doctrinas hediondas del Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo (MSTM). Desde esa posición llegaba a blasfemar con afirmaciones como las que siguen:

(...)

"Revista 7 Días: ¿Quién es, qué es Dios?

Padre Mugica: Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios es una persona que se entregó totalmente a mí y se dejó matar por mí. Para mí Cristo es mi Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida. Su entrega tiene un valor especialísimo: Dios es un ser que en lugar de servirse del hombre se pone al servicio del hombre y por eso todo hombre que da su vida por los otros sea un ateo, un marxista, o lo que fuere, ése, verdaderamente se une a Cristo...".


(Entrevista de la revista 7 Días al Padre Carlos Mugica, junio de 1972).

Usted, lector, saque las conclusiones. 

FUENTE

2 comentarios:

  1. Que grande, el artículo recuerda a Bruno Cayetano Jacovella. Un gran intelectual tucumano, aunque instalado en Buenos Aires. Habría que hacerle justicia.

    ResponderEliminar
  2. Mugica fue un pobre infeliz que se pasó de la izqueirda a la derecha y no se lo perdonaron. No merece una calle ni en pedo.

    ResponderEliminar

-AVISO-
En este blog creemos en la libertad de expresión y por tanto no ejercemos la censura. Sin embargo no nos hacemos responsables por los comentarios vertidos por nuestros visitantes. Por ello, antes de comentar, por favor piense en lo que va a decir.