La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 18 de agosto de 2012

Un indio salteño cuenta su conversión al anglicanismo y pide dinero

Un agente del Arzobispo de Canterbury

“Soy aborigen. Me he transformado a la Iglesia Anglicana y por eso ando recorriendo”, dice alargando la “e” por unos instantes. Trabaja en la iglesia. Predica. “No soy pastor, soy evangelista, el que va a evangelizar, a llevar la palabra de Dios”, cuenta. Dice que no entiende “muy mucho” el castellano, pero se las arregla sobresalientemente para relatar el día que se le encarnizó en su propio cuerpo la lucha que se disputan eternamente el bien y el mal en la Tierra. Julio Pérez, misionero wichi, de Alto la Sierra, en Santa Victoria Este era un indio malo, según se define. Pero el bien siempre triunfa.

Cuando lo encontró El Tribuno llevaba un mes recorriendo las comunidades indígenas de Santa Victoria Este en bicicleta. Estaba en Santa María, a tres horas de auto de Alto la Sierra, el poblado más cercano a su humilde casa de palo y adobe. Julio vive recluido en el monte, a una hora del pueblo y de cualquier vecino. Pero no le pesan las distancias. Es que Julio Pérez tiene una misión y nada lo detendrá hasta no verla concluida: está juntando 3.000 pesos para levantar un templo en el paraje Pozo El Toro, donde muchos creyentes no tienen donde rezar. Será de barro, con techo de chapa y suelo de tierra.

Ya juntó unos pesitos en el territorio vecino de Formosa: El Breal, Las Chivas; Santa Teresa; María Cristina; Campo de Hacha; Tucumansito; Potrerillo; El Chorro, fueron algunos de los parajes por los que pasó buscando colaboraciones. Volvió después a su tierra salteña, por el municipio más pobre de la Argentina y ahí consiguió gente solidaria en Las Vertientes, Pozo El Tigre, Cañaveral, San Luis y Santa María. “Me falta mucho todavía. Voy pasando por cada iglesia, pero tengo que llegar a Santa Victoria para la época que pagan los planes, porque hay gente que me quiere dar alguito, pero en esta época no tiene la plata todavía”, dice Julio, que se hospeda en la casa de los pastores de cada comunidad, o en el mismo templo si hace falta.

El problema es que la gente sufre y le hace falta un templo para ayudarlos a vivir mejor, porque en ese lugar hace más de 100 años que no hay templo. Es mucha plata $3.000, porque tenemos que cortar el adobe, darle a la gente que va a construir y para pagar las chapas”, explica. “Hay muchos que todavía no conocen a Dios y ellos dicen que ahí les hace falta, que no saben de su palabra. Eso me ha preocupado y decidí ayudarlos, porque a esa gente, muchas veces se le predica en el medio del campo”, dice Julio que no siempre hablaba de Dios.

“Yo era un indio malo. No me gustaba la gente, quería estar solo. Para mí la felicidad era comprar coca, vino y cigarros. Pero no me daba cuenta que me estaba peleando el mal. Me emborrachaba y me pasaba metido en el monte. Ya eran cuatro años que sufría solo en el monte. Un día fui a comprar al pueblo y un pastor me dijo que iba a orar por mi persona. Esa misma tarde me sentí contento, volví para la casa con un paquete de coca, dos de cigarros, cinco vinos y dos gaseosas.

Pero cuando llegué al monte no podía tomar que ya me ponía a chuñar. Al otro día volví a pedirle al pastor que me ayude, que algo estaba pasando. Yo quería salir del monte arrepentido, pero tenía que pelear personalmente para ganarme una oración de Dios.

Tenía que ganarle al mal por mi cuenta. Cuando estuve en el monte y empecé a rezar no podía, como que no me dejaban salir las palabras”, dice el apasionante relato.

Yo trabajaba con el viejo Pachamama, el padre del monte. Era muy difícil ganarle. Empecé a gritar, a llorar y aunque estaba solo veía que me rodeaba una gente con mantos blancos. No eran ángeles del cielo, capaz que eran demonios de este mundo nomás. Me tapaban la boca para que no rece, pero como a las cuatro de la mañana pude ganar mi oración. De ahí se me desapareció toda la gente. Estaban esperando que me cayera y entonces ellos me iban a alzar y a llevar, pero no me caí. Le dije a Jesucristo que no me deje llevar, que quería cambiar mi vida. Había un hombre rubio, con ojos celestes, con el traje lindo que usan las gentes millonarias y se enojaba conmigo. Era parte de la Pachamama, que me hacía que yo pudiera curar al enfermo. Yo era curandero, pero no era por obra de Dios. Pero todo desapareció cuando pude ganar mi oración. Ahora cierro los ojos y solo veo la cara de Jesucristo. No tengo vicios y me gusta mucho la gente. Por eso quiero ayudar a que tenga su templo Pozo El Toro”, contó.

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El anglicanismo: un nido de masones incurables

En el 2003 el arzobispo de Canterbury y primado de Inglaterra, Rowan Williams, nada más convertirse en jefe espiritual de los Anglicanos, se vio obligado a pedir disculpas a los 330.000 masones de Reino Unido por haber declarado que sus convicciones son incompatibles con el ser cristianos y haber afirmado que él mismo les había dejado excluidos de los puestos de responsabilidad en su diócesis. Y fue tal la magnitud de la protesta de la masonería británica que el primado Rowan Williams escribió a Robert Morrow, el Gran Secretario de la Gran Logia Unida de Inglaterra, intentando aplacar la polémica desencadenada por su declaración de incompatibilidad entre la masonería y cristianismo.  

En su mensaje el arzobispo de Canterbury pedía disculpas por el "disgusto" provocado con sus palabras y revelaba que su padre "formaba parte de la Corporación". Los masones, muchos de los cuales son miembros de la Iglesia de Inglaterra, reaccionaron de manera animada ante el hecho de que el Primado reconociera sus dudas, temores y prejuicios a cerca de la compatibilidad entre masonería y cristianismo y protestaron por su admisión del hecho de que como obispo había bloqueado el ascenso de masones a cargos importantes.  Sus declaraciones críticas a propósito de la masonería están contenidas en una carta privada dada a conocer parcialmente  por los medios de comunicación del Reino Unido precisamente mientras Downing Street confirmaba el nombramiento de Rowan Williams como jefe de la Iglesia de Inglaterra. Los posteriores intentos de sus colaboradores de atenuar el clamor dieron sólo lugar a nuevas polémicas. De hecho, un portavoz, afirmó que el arzobispo de Canterbury estaba preocupado por el componente ritual de la masonería, que estaba visto como "satánicamente inspirado".

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La respuesta católica a la avanzada anglicana-masónica

Recientemente el Obispado de San Ramón de la Nueva Orán designó a la comunidad cristiana de Fortín Dragones como parroquia. La nueva jurisdicción comprenderá Hickmann y misiones aledañas.

La celebración de este importante acontecimiento para el Chaco salteño estuvo a cargo del obispo Marcelo Colombo, que ofició una misa en la nueva parroquia Nuestra Señora de la Consolación.

Participaron del oficio religioso, el intendente Alfredo Llaya y Nora Cannuni, legisladores, funcionarios y delegados Municipales de Hickmann y de Fortín Dragones, entre otros.

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