La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

sábado, 25 de agosto de 2012

Tras las fiestas de San Bernardo, proponen cambiarle el nombre a Coronel Moldes para incluir al Santo

La propuesta

Coronel Moldes rindió culto a su santo patrono, San Bernardo, en actos presididos por el vicegobernador, Andrés Zottos, junto al intendente local, Osvaldo Darío García.

La jornada se desarrolló frente a la plaza principal Martín Miguel de Güemes y comenzó con el solemne Tedeum, a cargo del reverendo Pablo Martínez, sacerdote de la parroquia San Bernardo. Luego las autoridades efectuaron la revista de tropas, tras lo cual se desarrolló un desfile cívico militar que contó con la participación de fortines gauchos y numerosas organizaciones del pueblo.

Para cerrar los festejos se concretó la procesión en honor a San Bernardo, santo de la conquista, el triunfo y el éxito.

“Yo le doy gracias a Dios por compartir con ustedes por un año más esta fiesta en honor a San Bernardo, hoy con un tinte muy especial por la propuesta realizada por el cura párroco de agregar por ley el nombre de San Bernardo de Moldes al pueblo. La idea invita a conocer más sobre su historia”, afirmó Zottos.

FUENTE

¿Quién fue el Coronel Moldes?

De familia aristocrática, hijo del Alcalde Antonio Moldes y González, y de doña Antonia Fernández de Loira y Arias Velázquez, José Moldes nace en Salta el 1 de enero 1785.

Siendo joven, en 1803, lo envían a completar su educación a España en donde se incorpora como cadete en el regimiento de la Guardia de Corps, cuerpo de la Casa Real, integrado por elementos españoles, flamencos, italianos y americanos de noble estirpe.

En Madrid, se encuentra con compatriotas —Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola, y su futuro rival, Juan Martín de Pueyrredón— e integra la mentada logia secreta que tiene como fin liberar a hispanoamérica.

Tipo de honor y carácter, pasa a la fama cuando en Madrid se enfrenta con un bravucón francés que lo ofende. Se cuenta que en un agasajo, el general Augusto Requiers expresa con sorna que las tropas de Napoleón podían someter sin inconvenientes a España y a sus colonias. Moldes le responde que no sería tarea fácil ya que los ingleses, en dos oportunidades, atacan Buenos Aires y salen perdidosos. El galo le contesta que si bien los ingleses sirven de poco, él no puede entender como son vencidos por una turba inculta. El salteño, ni lerdo ni perezoso, le pega una trompada. La sangre va a llegar al río. Se acuerda un duelo para la madrugada siguiente. Allí Moldes lo hiere de muerte. Parece ser que por esa actitud de honor y valentía, el rey lo asciende al grado de teniente.

Invadida España por las tropas napoleónicas, Moldes teme por su patria.

Cae prisionero del mariscal Murat, pero logra escapar en 1808. Llega a Londres y pide ayuda al ministro George Canning, quien en principio lo apoya pero luego acuerda con España para enfrentar al primer foco, que es Francia.

El oficial rioplatense regresa al Río de la Plata en enero de 1809. Se junta con los revolucionarios locales y le narra la situación desesperante que corre España. Para propagar las ideas del grupo es enviado a Córdoba, Santiago del Estero, Salta y al Alto Perú.

El 26 de julio de 1810, es nombrado teniente gobernador y subdelegado de la Real Hacienda de Mendoza. Allí se le explica que no hay mala intención hacia su persona, pero que los cuyanos quieren lograr una región autónoma —dependen de Córdoba— y si lo aceptan como gobernante no lograrían su cometido. Moldes acepta la moción y provoca la ira de Pueyrredón, por entonces gobernador intendente de Córdoba.

Su paso por Mendoza es positivo: les consigue un médico de Buenos Aires, logra mantener el orden y realiza un censo. También, sofoca un foco contrarrevolucionario y envía engrillados a los rebeldes a la capital. Confisca los bienes de estos realistas y los vende en subasta pública.

En octubre de 1811, es nombrado mayor general del Ejército Auxiliar del Alto Perú por el Triunvirato. No logra organizar a su gusto a los insubordinados oficiales y renuncia. Cuando Manuel Belgrano toma el mando, el salteño deja de lado sus afrentas personales y pide la reincorporación.

Se luce en 1812, en la Batalla de Tucumán, y es designado por Belgrano para que pida la rendición del ejército enemigo a las órdenes de Juan Pío de Tristán y Moscoso.

Un tiempo después, le ordenan viajar a Buenos Aires para asumir la función de intendente general de la policía de la ciudad.

El 31 de enero de 1813, integra una banca por Salta en la Asamblea General Constituyente. En noviembre, ocupa el cargo de presidente de esta.

Asimismo, por sus condiciones militares, se lo pone al frente del Regimiento de Granaderos de Infantería. Luego, se lo destina a la Banda Oriental para que enfrente a los españoles. Así, interviene en el sitio de Montevideo.

Cuando se reinician las sesiones legislativas en Buenos Aires, se opone al proyecto de Posadas y del oficialismo de rendir pleitesía al restaurado monarca Fernando VII. Los considera traidores a la revolución americana.

Cuenta el mismo Moldes: “En octubre se abrieron las sesiones de la asamblea, y movido de los sentimientos que me imponía mi obligación y honor, que me es imprescindible, no puede menos que oponerme abiertamente a las iniquidades que proponía el gobierno; de cuyas resultas fui sorprendido el 12 de noviembre de 1814 y sepultado en Patagones como un vil criminal, cuando la verdadera causa de mi atropellamiento y abandono de mi familia en un país extraño fue mi oposición a un crimen que advertía”.

Sus desdichas no quedan allí. Debido al apoyo que tiene de varias provincias que lo proponen como Director Supremo, Antonio Saénz y Pueyrredón encomiendan al sacerdote Pedro Ignacio de Castro Barros para que convenza al coronel Martín Miguel de Güemes de que retire su apoyo a su comprovinciano. A cambio, le ofrecen dinero, municiones y armas.

Como también el nombre de José de San Martín sonaba muy fuerte para ocupar la primera magistratura, el mismo grupo enemigo de Moldes encomienda a Tomás Godoy Cruz para que ofenda al Libertador a través dos cartas. No les da importancia y sostiene que está libre de remordimientos en su conciencia. 

No conformes los porteñistas con atacar a Moldes, también quieren eliminar del Congreso de Tucumán a los otros representantes salteños: Mariano Joaquín Boedo y José Ignacio de Gorriti. En Salta, se resuelve ratificar a los tres congresistas.

El ensañamiento contra Moldes continúa acusándolo —sin pruebas— de traidor.

Para el educador y periodista José Manuel Estrada “el directorio fue la personificación normal y ejecutiva de su espíritu, y se consagró enérgicamente a preparar la fundación de un régimen aborrecido por los pueblos y opuesto a la única vía de organización que la naturaleza les depara. Pueyrredón fue elegido en lucha con la candidatura de D. José Moldes, representante contemporáneo de una bandera política destinada a hacer inmenso camino en el porvenir”.

El 3 de mayo de 1816, el Congreso designa a Pueyrredón como nuevo Director Supremo. El temperamental Moldes se indigna y manifiesta que esos congresales “han dado puñaladas a la entraña de la patria”.

En 1817, aunque sea imposible de comprender, hasta Belgrano se equivoca y envía a Moldes engrillado a Chile. El gobierno de Pueyrredón cae en desgracia. Este hecho lo aprovecha Moldes para escapar de Chile y regresar a su patria en 1820.

Según los historiadores del “Instituto Güemesiano de Salta”, este patriota muere envenenado en Buenos Aires el 18 de abril de 1824, cuando investiga delitos cometidos en la hacienda pública.



¿Quién fue San Bernardo de Claraval? 

En ciertas épocas la Providencia hace surgir hombres providenciales que marcan todo su siglo, como San Bernardo, el Doctor Melifluo, cantor de la Virgen, gran predicador de cruzadas, extirpador de cismas y herejías, pacificador eximio y uno de los mayores místicos de la Iglesia

En una familia privilegiada, de gran fortuna y poder, nació Bernardo a finales del siglo XI. Su mayor riqueza, sin embargo, era una arraigada fe católica. Su padre, Tecelim, gran señor, era bueno y piadoso, y su madre, Alicia, sería venerada como bienaventurada por la Iglesia en Francia. Cuando nació Bernardo, el tercero de siete hijos, además de ofrecerlo a Dios, como hizo con toda su prole, ella lo consagró al servicio de la Iglesia.

Además de buena apariencia física, tenía Bernardo una inteligencia viva y penetrante, elegancia en su dicción, suavidad de carácter, rectitud natural de alma, bondad de corazón, una conversación atrayente y llena de encanto. Una modestia y una propensión al recogimiento lo hacían parecer tímido.

Con tantas cualidades naturales y una posición social envidiable, al crecer podría fácilmente ser desviado hacia el mundanismo. Pero Bernardo probó que la alta condición social, si es vivida con Fe, puede ayudar a la práctica de la virtud. Hizo entonces el propósito de consagrarse totalmente a Dios.

En el año 1098 San Roberto fundó, en un valle llamado Cister, una rama reformada de la famosa abadía de Cluny, ya entonces en decadencia. La severidad de su regla fue apartando a los candidatos, mientras que los primeros monjes iban muriendo. San Esteban Harding, sucesor de San Roberto, pensaba en cerrar definitivamente las puertas de la abadía cuando un día treinta nobles caballeros aparecieron y pidieron entrar en la Orden. Eran Bernardo con hermanos, un tío y amigos.

Bernardo se entregó a la práctica de la regla como monje consumado. Puesto que en los caminos de la virtud hay varias vías para alcanzar la santidad, Bernardo se empeñó con total radicalidad en aquella para la cual se sentía llamado por Dios.
 

Dominó de tal manera sus sentidos, que comía sin sentir el sabor, oía sin oír. Dominó el paladar a tal punto, que una vez bebió sin percibir un vaso de aceite en vez de agua. Formó para sí un claustro interior en el cual vivía tan recogido que, después de dos años, no sabía si el techo de la abadía era abovedado o liso, y si había ventanas en la capilla. Su comunicación con Dios era continua, de forma tal que mientras trabajaba no perdía su recogimiento interior.

Dos años después de su entrada en el Cister, es enviado por San Esteban como superior de un grupo de monjes para fundar la abadía de Claraval. Bernardo tenía apenas 25 años. La nueva abadía quedaba en un lugar inculto y agreste. De ahí el nombre de "Valle del Ajenjo". No obstante San Bernardo lo transformó en Valle Claro o Claraval, difundiendo su fama por toda Francia y Europa.

El modo como Bernardo atraía vocaciones para Claraval era milagroso; por ejemplo, cuando todo un grupo de nobles –que por curiosidad quisieron conocerlo– entraron de novicios. Actuaba como si fuese un poderoso imán para atraer almas a Dios.
 

Enrique de Francia, hermano del Rey Luis VII, fue a Claraval a tratar de un asunto importante con San Bernardo. Cuando iba a salir, pidió ver a todos los monjes, a fin de recomendarse a sus oraciones. Bernardo le dijo que muy pronto experimentaría la eficacia de esas oraciones. El mismo día Enrique se sintió tocado por la gracia al punto que, olvidando que era sucesor al Trono, quiso quedarse en Claraval. Con el tiempo fue Obispo de Beauvais y después Arzobispo de Reims.

La misión pública de San Bernardo casi no tuvo similar en la Historia. Fue, por ejemplo, llamado a combatir el cisma del antipapa Anacleto II. Recorrió toda Europa, conquistando rey y reinos para la causa justa. Fue el alma de los Concilios de Letrán, de Troyes y de Reims, convocados por el Papa para tratar asuntos de la Iglesia.

La prédica de San Bernardo era en general acompañada por un gran número de milagros. Liberaba a posesos del demonio, restituía la vista a ciegos, los paralíticos caminaban, los mudos hablaban, los sordos oían.

Prácticamente no podía transitar sin ser seguido por una multitud de enfermos y de sanos que lo querían tocar. Para protegerse, se veía obligado a hablar a la multitud desde una ventana.

Bernardo fue el protector de la Fe contra las herejías de Pedro Abelardo y Arnaldo de Brescia, que querían renovar los antiguos errores de Arrio, Nestorio y Pelagio. Combatió también los errores de Gilberto de la Porée, Obispo de Poitiers.

 

Pero la principal herejía que el santo combatió fue la de un monje apóstata llamado Enrique, que en el Languedoc llevaba a cabo una guerra cruel contra la Iglesia, atacando los Sacramentos y los sacerdotes fieles.

El santo abad fue también llamado a predicar la II Cruzada, lo que hizo con la fuerza de su elocuencia y el poder de los milagros. Cuenta su secretario que en Alemania curó, en un solo día, nueve ciegos, diez sordos o mudos, diez paralíticos. En Mayence, la multitud que lo rodeó fue tan grande, que el Rey Conrado debió tomarlo en sus brazos para sacarlo de la iglesia.

La devoción de Bernardo a Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen María eran incomparables. Cierto día, cuando entraba en la catedral de Spira, en Alemania, en medio del clero y del pueblo, se arrodilló tres veces, diciendo en la primera: “¡Oh Clemente!”; en la segunda “¡Oh Piadosa!”; y en la tercera genuflexión: “¡Oh dulce Virgen María!”. La Iglesia sumó estas invocaciones al final de la Salve Regina.

En fin, muchas otras cosas se pueden decir de este Santo excepcional. En sus últimas horas, sus hijos espirituales hacían violencia al Cielo para retenerlo en la tierra. San Bernardo se lamentó dulcemente diciéndoles: “¿Por qué deseáis retener aquí a un hombre tan miserable? Usad de la misericordia para conmigo, os lo pido, y dejadme ir a Dios”. Lo que sucedió el día 20 de agosto de 1153.


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1 comentario:

  1. Tanto San Bernardo como el Coronel Moldes merecen un pueblo en su honor. Pero si pasa a ser San Bernardo de Moldes se pierde la figura del coronel, y si se denomina San Bernardo de Coronel Moldes es como extraño, ya que toma a un personaje como si fuese un lugar.

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