La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

jueves, 26 de julio de 2012

¿Se vienen las ficciones del Stalag en Argentina?: Juana López y su relato digno de una película nazixplotation

Una detenida política que en 1976 tenía 17 años contó el lunes que fue reiteradamente violada mientras permaneció cautiva en un campamento levantado en el medio del monte, en las cercanías de la ciudad de Salta, que aparentemente estaba a cargo del Ejército.

En 1976 Juana Isabel López militaba con su familia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), cuyo brazo armado era el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en el que militaron dos de sus hermanos.

Si bien se sabían vigilados, por el inspector de Tránsito Eduardo del Carmen del Valle y por el oficial Rolando Perelló, la primera detención de Juana ocurrió recién en mayo de 1976. Al mediodía un grupo de policías se llegó hasta la precaria casa paterna y se la llevó, junto a su madre y a su pequeña hijita. Las mantuvieron detenidas en la Comisaría, en celdas separadas, siendo interrogadas por el comisario sobre otros militantes políticos como Roque Montenegro, Juana Torres y Reinaldo Isola, los tres desaparecidos luego. Al cabo de una semana las soltaron.

Hasta una madrugada de junio de 1976 en que un grupo de hombres armados entró con violencia a la casita preguntando por “Chabela”, su apodo, y se la llevaron en vehículos Ford Falcon.

En ese vehículo fueron trasladados hasta un monte, del otro lado de la ciudad de Salta. A la llegada, la ataron de pies y manos, le taparon la boca y la arrojaron en una gigantesca carpa en la que había otros detenidos. Allí fue interrogada permanentemente por un hombre, y violada recurrentemente por otro u otros hombres. Cuando trataba de evitar las violaciones, recibía patadas. La tortura siguió hasta que perdió la noción del tiempo, y las sensaciones.

Estos momentos fueron revividos el lunes por Juana, cerrando los ojos frente al Tribunal. “Estaba tan harta ya con el manoseo, con todo, que les digo que tenía sífilis, que estaba siendo tratada porque, digo, como sea voy a defenderme de esto. Y a partir de ahí no me tocaron más”.

En el campamento, desde que llegó, escuchó “gritos, llantos de gente que torturaban”. Por las noches se escuchaban tiroteos, a veces oía los gritos, los llantos y luego los tiros. Un día se le cayó la venda y vió que la carpa “era grandísima, verde, que había una mesita y hombres que se  movían alrededor de ella, parecían militares”.

Una noche le sacaron las ataduras de los pies, la subieron a un vehículo y la transportaron hasta un punto en el que la bajaron, con la venda y las manos atadas con una correa aflojada, y le dijeron que se quedara ahí, quieta. “No sé cuánto tiempo estuve parada ahí, no sé si me dormí parada ahí”.

Hasta que se animó a soltarse las manos y sacarse las vendas y comenzó a caminar guiada por una luz, estaba sucia, harapienta y llena de moretones y llagas.

Llegó a la ruta e hizo señas hasta que se detuvieron dos camioneros. Supo así que estaba en la zona de El Galpón, los hombres la llevaron hasta las proximidades de su casa, en Metán, pidiéndole que no los mencionara. Había pasado un mes desde su secuestro.

2 comentarios:

  1. No está muy claro lo que cuenta. De su relato se desprende que los abusadores bien podrían ser detenidos como ella.

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  2. Ya mandan cualquiera estos zurdos de damier.

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