La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 29 de julio de 2012

Evita: el billete

Volver y ser millones 

Con la excusa de conmemorar el sexagésimo aniversario del fallecimiento de Eva Duarte de Perón, el gobierno nacional no tuvo mejor idea que anunciar la emisión de un billete especial de 100 pesos que lleva la efigie de la famosa Primera Dama. Sin embargo hay varias cosas en este asunto que, por supuesto, terminan por opacar el homenaje a Eva Perón, convirtiéndolo más bien en una afrenta a su memoria.

En primer lugar hay que explorar la naturaleza turbia de este billete. Desde hace varios años que varias sinarquías visibles han montado una campaña para desprestigiar la gesta civilizatoria del militar tucumano Julio Argentino Roca, con el propósito de conseguir condenarlo retroactivamente por el delito de genocidio y lograr con ello que el Estado argentino repare materialmente a los descendientes de los indios a los que combatió este General. Es por ese motivo que permanentemente reaparece la discusión sobre la eliminación de la referencia a Roca en los billetes de 100 pesos y su reemplazo por alguna otra figura menos “controversial” –como Juana Azurduy de Padilla, Hipólito Yrigoyen, etc. 

En este caso Roca no será eliminado de la simbología nacional, al menos no por ahora. Sucede que en la Argentina inflacionada el billete de 100 pesos se ha vuelto una necesidad imprescindible. De allí es que si se sacaran de circulación a los billetes que llevan el rostro de Roca, millones y millones de billetes deberían ser eliminados, causando una consiguiente escasez de esta moneda y generando un caos a la hora de realizar las transacciones comerciales que se llevan a cabo día a día en nuestro país. En este sentido el billete de Eva Perón llega básicamente para emitir nuevas series, multiplicando la cantidad de letras disponibles con las que se individualiza a cada pieza (acrecentando de paso el negociado que el gobierno nacional tiene con la Compañía de Valores Sudamericana, una empresa antiguamente conocida como Ciccone Calcográfica). 

100 pesos compran muchos choripanes

El nuevo billete de Eva Perón tiene el defecto de ser demasiado peculiar en cuanto a su diseño. A primera vista, y debido a la combinación de colores, parece más una libra esterlina con el rostro de la reina de Inglaterra que un típico billete argentino. Más allá de eso está el detalle de que el retrato representado se asemeja más al de una Mirtha Legrand jóven que al de la otrora Primera Dama de la República. También es bastante perturbador el collar de once flores que ocultan (aunque sin esforzarse demasiado) a once Estrellas de David y que, dada su ubicación, parece ahorcar a la esposa del General Perón. 

Más trivial –pero también más chabacano– resulta el coloreo rojo de algunas letras de la leyenda “Banco Central de la República Argentina” con el propósito bananocultural de formar la palabra “latina”, o la inclusión de la pequeña (y desequilibrada) balanza de la Justicia para dejar en claro el carácter “justicialista” del símbolo. 

Ahora bien, allende del tema del diseño está el tema del valor. Millones de argentinos coincidimos en que sería bueno tener billetes con un valor de 200 y de 500 pesos. Dichas piezas facilitarían enormemente la realización de transacciones cotidianas. No obstante, la aparición de billetes de esa denominación significaría la aceptación por parte del kirchnerismo de la crisis inflacionaria, cosa que, ciertamente, están dispuestos a no reconocer bajo ningún punto de vista, tal y como lo prueba el descarado manejo de las estadísticas que realizan a través del INDEC

Algunos comentaristas libertarianos argentinos han señalado que un auténtico homenaje a Eva Perón consistiría en la creación de un billete especial que modificase el uso normal del papel moneda. Según los libertarianos, sería interesante que el nuevo billete estuviese respaldado por oro (al menos con cuatro gramos de oro por unidad) para constituir así una moneda que no se viese afectada por la inflación, la cual sirviese como instrumento de ahorro. Por supuesto que detrás de esa idea hay toda una trama obscura de privatización del sistema bancario nacional, pero es más seductora debatir la idea de volver sobre Bretton Woods desde los fundamentos de la auténtica doctrina del Justicialismo, hoy tan menospreciada y tergiversada. 

Dios y Mamón 

“Los muchachos peronistas” es el famoso himno del Movimiento Nacional Justicialista. La segunda estrofa del mismo dice:
Por ese gran argentino
que se supo conquistar
a la gran masa del pueblo
combatiendo al capital. 


El último verso, pleno de sentido en su momento, causa desconcierto en muchos. Es que en la actualidad no pareciera ser que los peronistas estén muy interesados en “combatir al capital”, sino todo lo contrario. 

Sucede que la marcha peronista fue compuesta varios años antes de que Perón abandonara la Tercera Posición. En aquel entonces no había un conflicto con la Iglesia Católica, sino estrecha cooperación. De allí (y no de una aventura marxista como algunos sostienen) proviene su enfrentamiento contra el capital: era a los usurócratas y a los plutócratas a quienes, al menos durante algunos años, Perón pretendió expulsar de la patria. Al final no sólo no lo logró, sino que terminó aliándose a ellos, generándose así el enfrentamiento en contra de la autoridad eclesiástica, la quema de templos, el asesinato de sacerdotes, etc. 

El catolicismo es esencialmente contrario al capitalismo. El decimotercer verso del capítulo XVI del Evangelio de Lucas advierte que no se puede servir a Dios y a Mamón al mismo tiempo. Un católico no puede buscar a Dios y ser esclavo del dinero. O se opta por lo uno o se opta por lo otro: es ganarse el Cielo o hundirse en el Infierno, no hay más alternativa (la Reforma Protestante nació con el único propósito herético de alterar ese fundamento teológico, permitiendo de ese modo que muchos se condenen creyendo estar salvándose).

El billete con la efigie de Eva Perón no tiene nada especial. Es sólo un billete más que contribuye a hacer funcionar la nefasta maquinaria del capitalismo. En su famosa obra Fausto, Goethe le atribuye la creación del papel moneda a Mefistófeles, que no es más que el demonio. Mefistófeles hace circular papeles firmados por el Emperador que no cuentan con un respaldo material, es decir son billetes que no son signos de un tesoro existente sino de uno que podría llegar a existir, o sea son signos de si mismos. Allí está la base del crédito para las industrias, pero también el abismo de la crematística. Dicho de otro modo, Mefistófeles sienta las bases para que el dinero deje de ser un medio para algo y se convierta en un fin en sí mismo: inicia una campaña a favor de Mamón. 

El pueblo argentino deserta de las iglesias para rendirle culto a Mamón. Es algo que se ve a diario. Esto, por supuesto, se promueve verticalmente, pues son los de arriba los que golpean hacia abajo, destruyendo a través de su codicia al espíritu que se resiste a sucumbir ante la materia. Quizás en lugar de los forjadores de la Nación, los billetes deberían llevar las efigies de aquellos justos que eligieron a Dios por sobre Mamón (no es que Belgrano y Rosas hayan sido mamonitas como Mitre y Sarmiento, es que habría que dejar en claro que el servicio a Dios es lo que realmente importa en la vida): los billetes deberían tener los rostros de los santos argentinos. 

Varios países tienen o han tenido a santos en sus billetes: San Cirilio y San Metodio adornan el billete de 50 coronas de Eslovaquia, Santa Rosa de Lima hace lo propio con el billete de 200 nuevos soles del Perú, San Vladimiro el Grande aparece en el billete de 1 grivna de Ucrania y a San Esteban I se lo ve en el billete de 10000 florines de Hungría.  

Nuestros santos podrían ser los siguientes:

$ 500 – San Héctor Valdivielso Sáez, Mártir: este santo nació en Buenos Aires en 1910. Era hijo de un matrimonio de inmigrantes españoles. Ya de niño manifestó su vocación eclesiástica. A los 12 años fue enviado a estudiar a Bélgica, y a los 16 tomó los hábitos. Se trasladó a España en donde moriría a los 24 años de edad, víctima de la violencia anticatólica de los republicanos, la cual no ahorró sangre de sacerdotes ni cenizas de iglesias. 

$ 200 – Beata Laura Vicuña: esta beata nació en Santiago de Chile en 1891. Era hija de un militar y político chileno que murió joven, dejando viuda a su esposa y huérfanas de padre a sus dos pequeñas hijas. Su madre, víctima de la pobreza, se instaló en Neuquén, amancebándose en el hogar de un estanciero local. El hombre, un verdadero cretino, sometió al castigo físico y al abuso sexual (lo que hoy se llama “violencia de género”) durante largo tiempo a la madre de Laura, causando una gran conmoción en la pequeña. En 1901, tras tomar su primera comunión, Laura se ofreció en holocausto para evitar el sufrimiento de su madre y darle la posibilidad de que renaciese en Cristo. Murió a comienzos de 1904. 

$ 100 – Beato Ceferino Namuncurá: este beato nació en Chimpay, provincia de Río Negro, en 1886. Por parte de su padre descendía de los araucanos chilenos que habían invadido la Patagonia argentina (y que fueron vencidos definitivamente tras la Campaña del Desierto). Por parte de su madre descendía de criollos chilenos que fueron víctimas de la violencia araucana que promovía el secuestro de mujeres y su conversión en cautivas. En 1897 se traslada a Buenos Aires y descubre su vocación sacerdotal. En 1903, ya enfermo de tuberculosis, viaja a Italia. En Roma llegó a entrevistarse con el Papa San Pío X. Murió en 1905, dejando tristemente inconclusa su misión de evangelizar a los mapuches para despojarlos del odio y el resentimiento que la tribu cultivaba desde hacía siglos. 

$ 50 – Venerable Padre José Gabriel Brochero: este venerable hombre nació en Río Primero, provincia de Córdoba, en 1840. El Cura Brochero es un gran ejemplo de los sacerdotes gauchos que ha dado este país. Su tarea pastoral en la localidad de Villa del Tránsito (hoy rebautizada “Villa Cura Brochero”) fue enormemente admirada en toda la Argentina, pues ésta caló tan hondo en el corazón del pueblo que logró constituir una comunidad profundamente católica. Murió en 1914, enfermo de la lepra que se había contagiado por ayudar a los que la padecían. 

$ 20 – Venerable Fray Mamerto Esquiú: este venerable hombre nació en la provincia de Catamarca en el año 1826. Fue fraile franciscano. Hombre de gran inteligencia y amor por el estudio, se hizo famoso por su capacidad de oratoria y por su docencia de la filosofía y del latín. Era tradicionalista, pero aún así vio con buenos ojos la posibilidad de que la Constitución Nacional de 1853 ayudase al país a prosperar. Tras la Batalla de Pavón y el triunfo de la masonería, Esquiú se vio obligado a exiliarse primero en Bolivia, y después en Perú, Ecuador, Italia y Tierra Santa (en aquel entonces aún en las garras de los otomanos). Retornó a la Argentina en 1878 y fue nombrado Obispo de Córdoba. Falleció en 1883.

$ 10 – Sierva de Dios María Cecilia Perrin de Buide: esta sierva de Dios nació en Punta Alta, en el sur de la provincia de Buenos Aires, en 1957. Si bien su familia estuvo vinculada a los Focolares, ello no impidió que obrase con completo sentimiento cristiano cuando en 1985 murió víctima del cáncer, negándose a recibir tratamiento para evitar abortar a su hija Agustina. Su muerte fue un ejemplo conmovedor de amor por la Vida. 

$ 5 – Sierva de Dios Victorina Rivara de Perazzo: esta sierva de Dios nació en Buenos Aires en 1867, siendo hija de un matrimonio de inmigrantes italianos. A los 19 años se casó con Rafael Perazzo, con quien tuvo tres hijos. La familia se mudó a Curuzú Cuatiá donde vivieron por 25 años. Retornaron a Buenos Aires, ciudad en la que murió Rafael en 1924. Diez años más tarde, en 1934, Victorina viajó a Europa para celebrar la canonización de San Juan Bosco, hombre santo a quien le tenía gran admiración y apreció. En el viaje de regreso trabó amistad con el gran discípulo de Don Bosco, el Santo Luís Orione. En 1944 retornó a la provincia de Corrientes en donde practicó la caridad con niños pobres en grado heroico. Murió en 1957.

$ 2 – Siervo de Dios Enrique Shaw: este siervo de Dios nació en París en 1921. Proveniente de una familia adinerada, rechazó la fortuna y se integró a la Armada Argentina. Tras un tiempo de servir a la patria, se dio de baja y se hizo cargo de las empresas familiares. Con un estilo de conducción convencidamente católico (semejante al de Julio Steverlynck, Alfredo Guzmán y tantos otros), Shaw hizo prosperar a su negocio sin caer en las grotescas prácticas del capitalismo explotador. Murió en 1962, víctima de una enfermedad grave.       

Niños, jóvenes, adultos y ancianos, hombres y mujeres, clérigos y laicos, gente de Buenos Aires, el NOA, el NEA, el Centro, la Cordillera y la Patagonia argentina: todos ellos seres virtuosos que vivieron para honrar a Dios. Podríamos nosotros tomarlos como ejemplos. Podríamos colocarlos en nuestros billetes para empezar a dejar de servir a Mamón. 



Zaín el-Din Caballero

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