La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 29 de junio de 2012

Nefasto personaje español visita Tucumán

El ex juez español Baltasar Garzón fue recibido esta tarde por el gobernador José Alperovich en la Casa de Gobierno. Horas antes el ex magistrado, referente mundial en la investigación de delitos de lesa humanidad, visitó la Legislatura, donde mantuvo un encuentro con legisladores y diputados nacionales. También se reunió con Susana Trimarco, madre de Marita Verón.

"Mi aproximación con Tucumán es de dolor, por mi investigación a Bussi", expresó Garzón, que arribó hoy a la provincia. Además consideró que Néstor Kirchner fue quien en 2003 posibilitó que Domingo Bussi sea Juzgado. 


Baltasar Garzón ha sido un juez vanidoso que ha instruido telediarios en lugar de sumarios. La actuación perversa de Garzón es reprochable, no sólo por ser delictiva sino por la imagen negativa que ha ofrecido con respecto a la  imparcialidad de la justicia. El ambicioso juez también ha sido un juguete desechable del Poder. Un poder del Estado en manos de una casta política abyecta que desprecia todo lo que implique separación de poderes.

El juez Garzón, que no es digno de ser juez, ha sabido vender su mercancía defectuosa a los zopencos marxistoides españoles e incluso a algún que otro maricomplejín pepero. Garzón ha sido considerado siempre como el niño bonito de la izquierda progre y de la no tan progre.

Recordemos como en el año 1993, después de investigar el caso de los GAL o Grupos Antiterroristas de Liberación, acompañó a Felipe González como número 2 en la lista electoral del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Garzón tenía afán de ser ministro, incluso a las órdenes del máximo responsable de un gobierno que practicó el terrorismo de Estado y que el propio juez Garzón había investigado. Recordemos cómo, tras la victoria en las urnas, Felipe González no le hizo ministro y de cómo Garzón se apartó furibundo de la política, volvió a su juzgado y sacó del cajón el sumario del caso GAL que había guardado antes de su corta carrera política; reiniciando el proceso judicial pendiente que finalizó con el Ministro de Interior del PSOE entre rejas. Así Garzón dejó claro que desde ese momento, Felipe González comería de su mano, siempre con la amenaza de poder meter en prisión a un tal “Mister X”.

Garzón, siempre movido por el resentimiento, encarna como nadie todos los males que aquejan a la justicia española. Sea por su paso sectario por la política, o sea por el caso Gürtel, donde ordenó ilegalmente escuchas a los abogados de los acusados. Sobre éste último caso, nada mejor que la sentencia que nos aclara por completo la ideología enquistada en el cerebro de Garzón. He aquí un extracto:

FALLO

Debemos condenar y condenamos al acusado Baltasar Garzón Real como autor responsable de un delito de prevaricación del artículo 446.3º, en  concurso aparente de normas (artículo 8.3) con un delito del artículo 536, párrafo  rimero, todos del Código Penal.


Tampoco debemos olvidar su “causa general contra el franquismo”, mientras la ciudadanía contemplaba cómo a Garzón se les escapaban los narcotraficantes por no ocuparse judicialmente de ellos. Y digo yo, ¿cómo es posible que una nación próspera, como era España, se hundiera en la miseria y el desempleo mientras los culpables buscaban en las fosas de una guerra pasada, absurda y fratricida, las pruebas de su fracaso? Además, a los tipos sectarios como Garzón no le gusta reconocer que bastantes descendientes de víctimas de la guerra civil se han presentado en oficinas públicas para buscar datos de sus padres o abuelos desaparecidos, comprobando que únicamente estaban disponibles los datos de aquellos desaparecidos que les interesaban a quienes gobernaban. O sea, unas fosas se abren y en otras se echa más tierra. Garzón: ¿Esa es la verdad que persigues? ¿Eso es lo creías que tenías que hacer, sin atender ideologías, tal como afirmaste cuando te procesaban en el Tribunal Supremo por prevaricación?

Para colmo un grupo de amigos del juez prevaricador, animados por el decano de los jueces centrales de instrucción de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, tomaron la iniciativa de recoger firmas para proponer al ministro de Justicia que solicitara la concesión para Garzón de la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, distinción creada por el Generalísimo Franco el 23 de enero de 1944 y destinada a aquellas personas que hayan contraído “relevantes méritos” en el servicio a la Justicia. Es decir, un reo como Garzón recompensado con la máxima condecoración existente en el mundo del Derecho español en virtud de su “extraordinaria” aportación del totalitarismo aplicado a la justicia.

No olvidemos como Garzón, durante su estancia en Nueva York, compartió mesa y mantel con un directivo del Banco de Santander y de cómo el juez prevaricador solicitó, como juez de la Audiencia Nacional y en un sobre con membrete de la Audiencia Nacional, financiación al banquero Botín (“...Querido Emilio…”) para organizar un par de cursos con la idea de enseñar derecho al pueblo norteamericano. La suma total que se embolsó el juez fue de 302.000 dólares. Hasta ahí, no se puede objetar nada ni es censurable puesto que la mayoría de las grandes empresas financian cosas que se apartan de su negocio. Eso es lo que se denomina mecenazgo. No es algo objetable en sí mismo. Lo asqueroso y nauseabundo de todo esto es que cuando el juez regresó a España a retomar su descuidado trabajo en la Audiencia Nacional,  recibió una querella contra Botín y otros 21 consejeros del banco ¿Y qué hizo Garzón?, pues archivarla sin abstenerse, como era su obligación porque la Ley Orgánica del Poder Judicial considera una falta muy grave la inobservancia del deber de abstención a sabiendas de que concurre en alguna de las causas legalmente previstas. En el momento de conocerse que el Banco Santander había sufragado  los cursos de  Garzón éste alegó que no había "ninguna relación directa ni indirecta con la entidad, ni de carácter económico ni de otro tipo", lo que constituye una falsedad manifiesta.

¿La intención de dar satisfacción a unos denunciantes puede justificar la persecución de unos delitos prescritos y con sus presuntos autores ya fallecidos, como hecho más que notorio en especial respecto de algunos de ellos como en el caso del General Franco, contra el que también se incoa desde un principio la causa?

La Justicia deja de ser Justicia cuando un togado realiza "interpretaciones alternativas" a la legislación vigente; en este caso realizadas por un exjuez que se ha creído “Sumo Hacedor” y cuyo final, como todos los que  han experimentado dicho trance, será la paranoia progresiva
. Demencia que surgirá en el momento en que empiece a percatarse de que era un simple mortal. Sin embargo, El Tribunal Supremo absuelve al exjuez Baltasar Garzón, pese a sus pseudodivinidades despóticas cuando imparte justicia.

En la resolución el Tribunal entiende que Garzón interpretó de forma equivocada la Ley. Pero esa errónea aplicación del derecho no alcanza, para los “supremos”, la nota característica del delito de prevaricación; de manera que, aunque errónea, no es prevaricadora.

Todos sabemos que hubo una intención perversa de Garzón, totalmente politizada y maniquea. El exjuez era totalmente consciente de que carecía de competencia para investigar los crímenes del franquismo y de que no existían hechos con relevancia penal que justificaran la apertura de la causa, desdeñando deliberadamente la Ley de Amnistía de 1977.

El alto tribunal pone fin así al último proceso que tenía pendiente contra el exjuez de la Audiencia Nacional, a quien, con pusilanimidad y misericordia, condenó recientemente a unos años de inhabilitación por intervenir las descaradas y totalitarias escuchas entre abogado y cliente de la trama Gürtel. El Supremo, considerando que la inhabilitación ya era suficiente condena para un “Sumo Hacedor”, también archivó por prescripción, haciendo un insólito juego de malabarismo judicial, la causa por los supuestos cobros de la Universidad de Nueva York.
 

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