La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

miércoles, 20 de junio de 2012

La Bandera, el Hombre y la Nación

¡Belgrano ha muerto! La noticia no causó sorpresa en la redacción del diario porteño “El Despertador Teofilantrópico”, que dirigía el Padre Castañeda, aquel 20 de Junio de 1820.  Se sabía ya desde que llegó de Tucumán en febrero de ese año, que el General se encontraba en las últimas. Castañeda, con su atención puesta en los acontecimientos políticos que sacudían ese día a Buenos Aires, indicó que consignaran la noticia, lo que así se hizo, limitándose dos renglones a consignar el hecho. Este fue el único medio que difundió la noticia.  

Belgrano había fallecido en su casa familiar, sita en calle Santo Domingo, en horas de la madrugada, según lo informó su hermana Juanita Belgrano de Chas que lo cuidó hasta su expiración. Hacía ya días que el enfermo había entrado en un estado casi de coma sin intervalos de lucidez. Un respirar pesado, con pulmones cargado de líquido que le producían ahogos, había sido el prolegómeno biológico del cuerpo que se agotaba. En tal estado nos lo describió para la memoria, Gragorio Araoz de Lamadrid, amigo incondicional del Gral. Belgrano que lo visitó días antes de que entrara en estado de inconciencia, regalándole a pedido del agonizante unas vidalas con su guitarra. Seguramente esas canciones le recordaban sus días de plenitud y gloria en el norte de la Patria.

El día que murió Buenos Aires era el mismo averno. Había caído el gobierno de Rondeau, y con el régimen directorial como consecuencia inevitable de la Batalla de Cepeda, donde los caudillos federales Estanislao Lopez y Francisco Ramirez, habían derrotado a las fuerzas de Buenos Aires y de estas resultas desaparecía el estado nacional. Cada provincia se gobernaría de allí en más en forma autónoma. López y Ramirez están con sus tropas en el cabildo, rodeando la pirámide de Mayo, que oportunamente mandó a construir la 1ra. Junta, para festejar el día en que en estas tierras por vez primera se estableció un gobierno de criollos.

La posteridad, mediante una manipulación de Bartolomé Mitre, puso en boca de Belgrano, una frase que nunca dijo: ¡Hay Patria mía! La verdad de los hechos, es que la última frase o pensamiento que se recuerda del prócer nos lo narró su amigo Manuel Antonio Castro, que fue el último extraño a la familia que le vio con vida y alguna lucidez, y según este, el pensamiento que expresó entonces fue: “Pensaba en la eternidad a donde voy, y en la querida tierra que dejo. Espero que los buenos ciudadanos, trabajarán en remediar sus desgracias.”

La frase apócrifa y la testimonial que acabamos de citar, implican dos posiciones ante la muerte totalmente distinta. La primera de una amargura tremenda, de un hombre que ve su obra fracasar y que se va impotente y frustrado de este mundo. La segunda, y real por el valor del testigo, es una frase de esperanza, ya que el hombre sabe que su proyecto independentista ha triunfado y que los males que se viven serán superados por los hombres del pueblo libre. La primera de un espíritu fracasado, la segunda de un triunfador.

Belgrano no murió martirizado. Murió padeciendo enfermedad y estrechez económica, pero conciente y pleno de haber fundado una Nación y además ganado la Independencia. Esta fue al decir de Ricardo Rojas, ¡La Victoria del Hombre!.

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