La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 10 de junio de 2012

Carambana

Logorrea

En España existen Cuatro y laSexta, que son dos canales de televisión famosos por su nutrida programación deliberadamente ofensiva hacia la moral cristiana. En el medio de ambos está Telecinco, otra señal de características similares. Pues bien, sucedió que, recientemente, en un programa transmitido por el mentado Telecinco apareció Lucía Caram, una monja dominica. Los productores de dicho programa fueron hasta Manresa a buscarla a esta mujer debido a que ella es una tucumana viviendo en la Madre Patria, y querían que alguien opine acerca de la jugada del gobierno argentino para expropiarle YPF a la empresa española Repsol. Con el micrófono en frente suyo, Caram tildó a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner de “desequilibrada”, y recordó que en unos pocos años los Kirchner pasaron de ser socios de Carlos Menem a imitadores de Hugo Chávez. Después despotricó contra el Partido Popular español, y terminó hablando de la importancia de “optar por los pobres”. El episodio fue recogido por la prensa argentina como una curiosidad.

En España es muy habitual que religiosos católicos visiten los estudios de televisión para opinar sobre asuntos sociales, culturales, políticos y hasta económicos (en Argentina, si bien aparece a menudo gente del clero ante las cámaras de televisión, a diferencia de lo que sucede en España aquí no se tiende a considerar a los religiosos como parte de la galaxia opinóloga). Caram no es sólo una invitada regular a los programas televisivos, es también una adicta a las cámaras. Cuatro, Telecinco y laSexta la buscan permanentemente, pues esta monja logorréica representa la Iglesia Católica que ellos anhelan: una institución vaciada de su verdadero significado y convertida en una parodia de lo que debería ser.

Santiago IV:4

Caram es un producto de la infame Teología de la Liberación y una defensora a ultranzas de las consecuencias anticatólicas del nefasto Concilio Vaticano II. Desde hace años que esta mujer polemiza públicamente contra los amigos de la Iglesia, tomando la posición de los enemigos de la misma. Por ello no es raro verla en esos aquelarres llamados “diálogos interreligiosos”, como tampoco es raro enterarse de que le ha replicado a algún defensor de la religión verdadera sólo por el hecho de que éste ha tenido el coraje de la parresía (un caso muy ilustrativo es su última polémica con Monseñor Juan Antonio Reig Pla, el Obispo de Alcalá de Henares: mientras que el prelado fustigo la degeneración que significa la homosexualidad, advirtiendo que quienes la practican son propensos a corromperse en el más doloroso de los pecados, Caram tomó partido por los desviados y pidió que no se los trate así porque ello incrementa su sufrimiento –sufrimiento que, aunque no le guste escucharlo a Caram, ellos mismos se han encargado de cultivar–).  

Otro episodio que pinta de cuerpo entero a Caram es su participación estelar en un evento conocido como el “Congreso Internacional de la Felicidad”, organizado por la corporación multinacional The Coca-Cola Company. En estos últimos años este gigante del capitalismo ha optado por asociar a su marca a la idea de felicidad. Su fundamento teórico para ello es la psicología positiva, una corriente nacida en EEUU a fines de la década de 1990, pero que tiene sus precursores en Abraham Maslow, Rollo May y Viktor Frankl. El gurú contemporáneo de esta corriente es Martin Seligman, quien, con la idea de alejar a la psicología del enfoque patologista, ha desencadenado un imparable torrente de investigaciones sobre la mente humana, cuyos resultados son usufructuados sobre todo por los expertos en mercadotecnia. Lo que estos genios del optimismo han averiguado es que la felicidad no se logra consiguiendo aquello que no se tiene y que se desea, sino que la misma es el resultado de una vida comprometida, en donde los lazos sociales se multiplican y las metas personales lo llevan a uno a lograr objetivos que benefician a muchas personas. Entonces, al cuidar el medio ambiente o al ser solidario con otros, uno accede a la felicidad.

En la metafísica de la felicidad de Coca-Cola no hay espacio para Dios. En la de Lucía Caram tampoco. Por ello el uno y la otra concuerdan tan bien. Caram, incluso, hasta lo ha explicitado, sosteniendo que ella prefiere una comunión basada en el Amor por sobre una basada en la Verdad, ya que lo primero une, mientras que lo segundo separa. Para un católico “Amor” y “Verdad” son nombres de Cristo, por tanto no es cuestión de elegir algo y descartar lo otro, sino de aceptar y vivir en ambos. Si la Verdad –esto es “si Cristo”– ofende a alguien lo suficiente como para motivarlo a romper la comunión entre las personas y Dios, ello es un problema que concierne al ofendido; al cristiano no le corresponde renunciar a la Verdad para complacer a los otros, miles de mártires lo prueban. Caram, que se autodenominada católica, debería saberlo.

Los innecesarios

Lucía Caram no es la primera ni la última persona que, desde el interior del clero mismo de la Iglesia, hace y dice todo este tipo de cosas. La lista de gente como ella lamentablemente es larguísima. Para no irnos fuera de Tucumán basta con recordar a Gioconda Perrini, una religiosa que a fines de la década de 1980 cambió los hábitos por la industria de la educación, y luego, gracias a sus contactos políticos, terminó siendo no sólo funcionaria del gobierno de Ramón “Palito” Ortega, sino también una Diputada Nacional menemista. Más cercano en el tiempo está el caso de Javier Mieja Riquelme, el “cura bolsonero”, un párroco de Ranchillos al que Monseñor Villalba convenció para que diera el paso al costado que se negaba a dar; hoy en día Mieja Riquelme es funcionario de Alperovich, y le canta loas al Gobernador que abolió a la Cruz de la bandera provincial.   

Perrini y Mieja Riquelme son dos demagogos que fueron buenos para tergiversar al catolicismo en beneficio propio, pero que fallaron estrepitosamente al momento de evangelizar a los tucumanos. La diferencia entre ellos y Caram es que Perrini y Mieja Riquelme, al menos, tuvieron la decencia de dejar sus hábitos, mientras que “sor” Lucía persevera feliz en el error, sólo para que aquellos que aborrecen a la Iglesia se regocijen.



Zain el-Din Caballero   

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-AVISO-
En este blog creemos en la libertad de expresión y por tanto no ejercemos la censura. Sin embargo no nos hacemos responsables por los comentarios vertidos por nuestros visitantes. Por ello, antes de comentar, por favor piense en lo que va a decir.