La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

domingo, 6 de mayo de 2012

La pérfida Beatriz Rojkés de Alperovich

La monstruosidad está entre nosotros

En la tarde del martes 1º de mayo, una nena de seis años, Mercedes, jugaba en la vereda de su casa como ya lo había hecho cientos de otras veces en el lapso de su corta vida. La escena no tendría nada de especial a no ser por lo que sucedió después. Según los testimonios, tres jóvenes energúmenos que habitan el vecindario la interceptaron y, a través de engaños, consiguieron llevársela consigo al interior de una vivienda cercana. La familia de la nena, es decir su madre, su tía, su abuela y sus hermanitos, se sumergieron en la angustia al enterarse de la desaparición. Al día siguiente, Mercedes apareció... pero la noticia sólo incrementó el sufrimiento para sus seres queridos. Es que el cuerpito de la nena fue hallado muy cerca de su casa, manchado de sangre (producto de cinco puñaladas) y con la ropa rasgada, como si hubiese sido víctima de un intento de abuso sexual.

Este horroroso episodio tuvo lugar en el norte San Miguel de Tucumán. Fue tal la indignación de la gente del barrio que éstos decidieron actuar en contra de los atacantes y destruir sus casas. En el resto de la sociedad tucumana la noticia del asesinato causó un profundo pesar y una lógica preocupación: ¿cómo puede ser que unos desalmados criminales secuestren y asesinen con tanta facilidad a una inocente niñita?

Ante semejante aberración las justificaciones sobran. Quizás los asesinos estaban drogados, quizás los asesinos provienen de familias disfuncionales desde las cuales no se les transmitió el sagrado respeto que merece tanto la vida propia como la ajena, quizás los años de marginación que esos asesinos sufrieron los llevó a cultivar un rencor contra el mundo, quizás, si, pero nada de eso justifica lo que hicieron, nada de eso los hace menos culpables de haberse comportado como monstruos, nada de eso los exime de ser merecedores de la pena de muerte que, tristemente, no se les aplicará por estar ésta abolida de nuestros Códigos Penales.

La energúmena

Por respeto a la víctima, cualquiera estaría de acuerdo en guardar silencio ante el trágico hecho, y cualquiera estaría de acuerdo también en interrumpirlo sólo para pedir que las fuerzas de seguridad atrapen a los delincuentes y para exigir que la justicia los penalice de la manera más severa posible. Sin embargo la excepción de ese “cualquiera” es Beatriz Rojkés de Alperovich, la esposa del gobernador de Tucumán José Alperovich y actual presidenta provisional de la Cámara de Senadores de la Nación (la tercera persona en la línea sucesoria del poder nacional, detrás de la Presidente Cristina Kirchner y del Vicepresidente Amado Boudou). Esta señora, al ser consultada ante el hecho por periodistas del canal de cable CCC, dijo:

Tenemos que hacernos cargo de las responsabilidades que tenemos los padres en lo que hace a seguridad y la obligación que tiene el Estado con respecto al control de la seguridad. Pero sabemos que para el Estado solo sería imposible, porque no podemos tener al señor Estado a la par de una familia que está borracha, y permite que una criatura de seis años esté sola.”

Traducido al cristiano: la familia de la víctima, debido a su situación de pobreza y marginación, tiene la culpa de que tres malvivientes hayan asesinado a la nena de seis años. Un razonamiento repugnante. Con esa lógica Beatriz Rojkés de Alperovich no vacilaría en afirmar que a Gonzalo Barrionuevo lo mataron por usar zapatillas caras en una zona mal alumbrada, o que a Iván Senneke le arrebataron la vida por quedarse conversando en la calle, o que a Constanza González la asesinaron por haber ido a un cumpleaños de 15. En esa visión perversa de la realidad el delito ocurre porque un desquiciado encuentra azarosamente a un incauto que, en lugar de encerrarse para proteger su vida, cometió la grave falta de transitar por las calles. Desde esta perspectiva ambos son igual de culpables.

Lo que hizo esta señora, claramente, es criminalizar a la pobreza: porque la familia de Mercedes Figueroa no tiene dinero para pagar una escuela privada, una niñera o un guardaespaldas –como si lo tienen los Alperovich–, entonces no les queda otra alternativa que ser cómplices de la delincuencia; el delito de los Figueroa sería no contar con los ingresos suficientes como para poder tener una vida digna. En la imaginación de Beatriz Rojkés de Alperovich la madre de la nena asesinada tiene suerte de no ser acusada de abandono de persona por atreverse a tener hijos y no poder mantenerlos después, para ella esa mujer no es alguien que padece la pobreza sino alguien que la elige y la disfruta. A partir de este punto sólo falta un poco de agitación en las cuerdas vocales para afirmar que los pobres son todos salvajes, violentos, sucios, enfermos y horrendos, que por ello son los culpables de todo lo desagradable que sucede en el mundo, y que no sería una mala idea encerrarlos a todos en una prisión y eliminarlos a través de duchas de cianuro.

El vicio

Lo más injuriante de lo que espetó la senadora por Tucumán fue la acusación de “borrachos” a la familia damnificada, sobre todo porque después la prensa dio a conocer la durísima situación de los Figueroa: padre ausentado del hogar, una mujer con varios pequeños a su cargo que sobrevive a fuerza de planes sociales, ayuda de ONGs, caridad de ciudadanos con conciencia social y trabajos precarios, una abuela que tiene que criar a sus nietos como si fuese su madre. Claramente los Figueroa son el resultado de un Estado ausente, son el producto de un aparato clientelista que les otorga una dádiva monetaria mensual para captar su voto cada vez que se hacen elecciones pero que no se preocupa en lo más mínimo por darles un auténtico bienestar y una real dignidad después.

Esos “borrachos” que Beatriz Rojkés de Alperovich desprecia con elitista actitud por irresponsables son los mismos que, llegado el momento, guardan en un sobre una boleta que lleva el nombre de la senadora, de su marido o de los demás cómplices de esta decadencia que vive nuestro país. Mientras el gobierno les da dinero a los humildes para que se emborrachen, los humildes les dan sus votos a los gobernantes para que estos se embriaguen de poder. Un círculo vicioso, sin lugar a dudas.

Un castigo al sincericidio

Aquí queda en evidencia la hipocresía de los Alperovich. Desprecian a los pobres hasta la humillación, pero al mismo tiempo van a buscar sus votos para ganar la elección; se declaran en contra del aborto, pero al mismo tiempo celebran la posibilidad de que se favorezca el genocidio; prometen lealtad a la patria, pero al mismo tiempo juran sobre el Tanaj (recordemos que la señora una vez dijo: “tenemos una preparación diferente a la hora de manejarnos con responsabilidad, es una filosofía de vida ser judío, y yo soy filosóficamente muy judía”, ¿ser judío implica ser hipócrita o esta señora es tan hipócrita que hasta traiciona al judaísmo al que adhiere?).

El sincericidio de la esposa de José Alperovich sacó a la luz lo que bien señala el dirigente político Enrique Romero: “para ella, el señor Estado no puede estar a la par de los más débiles garantizando la libertad y brindando seguridad, sino que debe garantizar a la familia gobernante el privilegio de la seguridad, de sus negocios privados y el nepotismo”.

No hay más que decir. En un país serio, en una república auténtica, Beatriz Rojkés de Alperovich tendría que presentar su carta de renuncia junto al pedido público de disculpas. Porque el problema no es que tenga ese pensamiento tan ruin y miserable que ofende no sólo a los pobres sino a todos los que vemos en la pobreza una desgracia y no una elección, sino que lo verdaderamente complicado aquí es que se acepte que, con total impunidad, diga lo que piensa y luego oculte sus palabras, exprese sus convicciones más profundas y luego quiera hacernos creer exactamente lo opuesto. Renuncie pérfida Beatriz Rojkés de Alperovich. 


Francisco Vergalito

4 comentarios:

  1. Los dichos de la senadora son una verdad que la mayoría de la gente piensa pero que pocos se atreven a decir. Lamentablemente ella es una figura mediatica y tuvo el desasierto de hacerlo publico ante la television.

    Por otro lado considero que a la seguridad publica le resulta difisil o imposible reprimir o prevenir lo que pasa de las puerta de tu casa para adentro, situaciones que deben ser tenidas en cuenta y evitadas por los jefes de familias haciendo uso de una cualidad humana olvidada en estos tiempo que es la RESPONSABILIDAD.

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    1. 1) Culpar al pobre por su pobreza no tiene mucho sentido en nuestro país. El gobierno aquí hace todo lo posible para que el pobre siga pobre, lo alimenta materialmente pero no espiritualmente. Y la señora Rojkés de Alperovich es parte de eso, a ella le conviene que existan esos pobres.
      2) Es cierto que el Estado no puede estar metiéndose en el hogar de las personas, pero estas personas a duras penas tienen un hogar. Para tener un hogar no alcanzan unas paredes, también es necesario que existan una serie de comportamientos, valores y hábitos que, debido al rehenazgo social del gobierno, es imposible desarrollar en el escenario actual.
      No se le puede exigir que se comporte como un adulto responsable a una persona que es segunda o tercera generación de planes sociales, de educación pésima, de pobreza espiritual.

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  2. Esta mujer votó a favor por el casamiento entre homosexuales pero ahora muestra la hilacha: FASCISMO PURO!!

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    1. En realidad el fascismo era un movimiento obrero, por lo que no despreciaba a los pobres sino todo lo contrario. Yo creo que el voto pro-maricanomio, pro-genocidio abortista, y estas muestras de menosprecio a los humildes muestran otra cosa: liberalismo puro!!

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