La Linajeña - Bandera Auténtica de Tucumán

viernes, 24 de febrero de 2012

Sobre un tren sin frenos o unos gobernantes que suicidan a un país

La tragedia de Once

De las particulares contradicciones de vivir en Argentina, el miércoles vivimos una ejemplar. Tempranito en la mañana, el ministro de Salud de la Nación se apersonó en un crucero amarrado en el puerto de Buenos Aires para corroborar si daba para hacer plata paranoiqueándonos con la influenza como en 2009, o si estaba todo joya. Luego de mirar algunos culos extranjeros, Manzur sostuvo que sólo se trató de algunos casos aislados de gripe, afirmación que, al provenir del mismo tipo que redujo la mortalidad infantil en Tucumán dejando de anotar como nacidos vivos a los chicos que morían por problemas derivados de la desnutrición materna, no me generó demasiada confianza. Lamentablemente para Manzur, la foto con el crucero le duró poco. Mientras hablaba, una formación del ferrocarril administrado por TBA –ex Sarmiento- se tomó muy a pecho lo del tren bala y se clavó como tiro al blanco contra el andén. De un crucero de lujo a un accidente africano sin escalas.

La sucesión de hechos habría sido un buen paso de comedia si no fuera por el detalle de las decenas de muertos y las centenas de heridos: un helicóptero sanitario que no tuvo dónde aterrizar por un buen rato, una ambulancia cargada de heridos que se pega un palo en la primera esquina y el quilombo magno de tránsito que debían atravesar el personal de salud para poder trabajar, gracias a que Bartolomé Mitre sigue cortada por un santuario casero que recuerda la desidia de aquel Estado y que contribuye a la desidia del actual.

“Prometimos el soterramiento del Sarmiento, arrancamos por un buraco en Once”, dicen que se propuso como comunicado buena onda entre los cráneos del merchandising nacandpopista, pero a Schiavi no le pareció muy pertinente, más después de que el maquinista confesara –aún atrapado entre los fierros- que el tren se había quedado sin frenos. En vez de ello, optó por escueto pero convincente "si pasaba ayer, no era tan grave". Un fenómeno.

Entre las confusas declaraciones, algunos desprevenidos preguntaban si todo ese tumulto de gente era para sacar la tarjeta SUBE. No todos los días se puede demostrar el patriotismo de comerse dos cuadras de cola bajo el sol con cuarenta grados de temperatura para terminar tus días enroscado entre los fierros de un tren que el estado no controló a pesar de ser su obligación, ese mismo estado que, en cambio, considera que es nuestra obligación a sacar una tarjeta que no deberíamos necesitar. Lo cierto es que, a pesar de estos tontos detalles, el sistema ferroviario urbano es un exitazo y demuestra que es fácil llegar al lugar que querramos: cualquer medio de transporte te puede enviar a la Chacarita, por dar un ejemplo. Si te lo proponés, el Sarmiento te puede acercar a Plaza Miserere y, si hay viento a favor, enviarte hasta el Congreso de un tirón vía aérea. Eso sí, el paracaídas corre por cuenta del pasajero. Con este panorama, la SUBE demostró ser un éxito rotundo: no en cualquier país se puede viajar al más allá por un pesito. Schiavi, por su parte, festejó la buena noticia: es el primer siniestro ferroviario en años en el que la formación no descarrila, lo que a juicio del buenhombre, es todo un logro del gobierno.

Del lado de la realidad, una vez más la tragedia nos pasó por arriba como un tren. Miles de personas en viaje hacia sus trabajos que difícilmente puedan volver a dormir por un buen tiempo. Varias decenas de laburantes que salieron a ganarse el pan que nunca podrán llevar a la mesa. Todos muertos por un hecho que no cuadra en la definición etimológica de accidente como concatenación de hechos inevitables provocados por un factor externo al orden de las cosas. Allí están, bien muertos, sin que les importe la explicación que pueda dar el gobierno: que fue un complot de la izquierda sindical representada por un mecánico mal teñido, que fue un atentado de un Pino geronte, que se trató de un boicot coordinado para desprestigiar este momento de felicidad, que el maquinista estaba mamado a las ocho de la mañana, que alguna amante despechada cortó los frenos, que los marcianos abdujeron el sistema de seguridad o que la invasión de cascarudos hizo corto circuito en el sistema eléctrico de la formación. Cualquier cosa, menos reconocer la desidia, el festival de subsidios sin control y la ausencia total de ese Estado al que tanto dicen haber reconstruído.

La Presi, por su lado, manifestó su angustia por el hecho suspendiendo el acto en el que iba a anunciar el Automovilismo para Todos. Esa cosa que tiene Cristina por hablar cuando a nadie le importa y, en cambio, cerrar bien el upite cuando ameritaría una buena y suculenta explicación.

El elaborado plan de omisiones para que la tragedia ocurra

El matrimonio Kirchner soñaba con un 'tren bala' y hasta llegó a suscribir un pre contrato de obras con la compañía francesa Alstom, por un monto total de 2.700 millones de euros, en vez de mejorar el desastroso servicio de trenes de cercanías en Buenos Aires, tal y como claman desde años atrás las asociaciones de usuarios.

El proyecto de 'tren bala' abortó temprano, a golpes de la crisis financiera mundial. Mientras, los trabajadores porteños siguen viajando a sus tareas apretados como sardinas enlatadas, en trenes viejos con más de medio siglo de uso. Sin embargo, el Gobierno de la presidenta Cristina Fernández, viuda de Kirchner, no se priva de montar propaganda política sobre esos convoyes.

Los mismos trenes de la línea Sarmiento que sufren accidentes por encontrarse ya obsoletos -este miércoles causaron una tragedia con al menos 50 muertos y 676 heridos- lucen a los costados gigantografías proselitistas. Son fotos del fallecido presidente peronista Néstor Kirchner (2003-2007) y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, abrazados. Al lado se lee 'Sudamérica Unida', escrito prolijamente.

Muchos usuarios optan por la ironía y han bautizado a esta línea ferroviaria como "el Expreso pingüino-bolivariano", mofándose de la lentitud del servicio y en referencia a los apodos respectivos de Kirchner y el presidente venezolano. En los últimos 12 meses, siete accidentes sobre las vías y pasos de vehículos han dejado 72 muertos y 700 heridos.

Esta decadencia de la red de ferrocarriles argentinos choca de bruces con su pasado. El 29 de agosto de 1857 se puso en marcha en Buenos Aires el primer tren de Latinoamérica. Su locomotora a vapor tuvo por nombre 'La Porteña'. Unía 10 kilómetros del centro de Buenos Aires al barrio Flores. Al evento asistieron 60.000 vecinos.

Argentina es seis veces más extensa que España y en el siglo XIX estaba prácticamente despoblada, por lo que requería imperiosamente de un sistema de transportes que vertebrara la Nación y llevara a la gente y a las mercancías, sobre todo en la llanura de la Pampa, núcleo productivo del país.

Los Ferrocarriles del Estado crecieron a toda máquina y llegaron a contar en los años 40 hasta con 47.000 kilómetros de vías por todo el país, una de las mayores redes del mundo. Cubrían una superficie equivalente a Europa occidental, dando vida a 2.085 ciudades y pueblos, desde la helada Patagonia austral hasta las templadas cataratas subtropicales de Iguazú. Y permitían trabajar a 220.000 ingenieros y técnicos.

Pero tras la ola neoliberal de los años 90, con privatizaciones de empresas públicas durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999), las vías operables se redujeron siete veces, a 7.000 kilómetros, dejando 870 pueblos fantasmas y 135.000 empleados ferroviarios en la calle. Muchos ciudadanos llaman a esa sangría "el ferrocidio" argentino.


Luís Sacca y Miguel Giubergia encabezan la ofensiva ucerista en contra de la irresponsabilidad oficialista

"Acompañamos en el dolor a los familiares, pero como representantes del pueblo de la Nación, exigimos respuestas a los responsables para encarar de una buena vez cambios estructurales en políticas tendientes a proteger a los ciudadanos de nuestra patria”, dijo Luis Sacca.

El diputado tucumano sostuvo que “no debemos dejar que las tragedias ferroviarias, viales o de estructuras edilicias se vuelvan moneda corriente en el país".

Junto al bloque de diputados de la UCR, Sacca firmó un pedido de informes al secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi. En el texto se llama la atención sobre "las deplorables condiciones de seguridad que deben soportar los cientos de miles de pasajeros que utilizan los trenes para desplazarse y la absoluta ineficacia de los controles estatales sobre la actividad".


El diputado nacional Miguel Giubergia (UCR-Jujuy) solicitó al titular de la Cámara baja, Julián Domínguez, que disponga "de manera urgente" la constitución de la Comisión de Transporte, con el propósito de que los funcionarios del área de Transporte brinden ante ella explicaciones sobre “las causas y motivos” de la tragedia ferroviaria del exferrocarril Sarmiento.

“Ante la gravedad de los hechos acaecidos en la estación Once, donde perdieron la vida 50 pasajeros y resultaron heridas más de 700 personas, es urgente y necesario que esta Cámara de Diputados se avoque al tema”, enfatizó Giubergia en la nota que le envió a Domínguez con este fin.


Gerardo Morales anticipa irregularidades en la investigación

El senador de la Unión Cívica Radical (UCR) Gerardo Morales pidió el allanamiento de la secretaría de Transporte de la Nación y de la CNRT, en el marco del accidente ferroviario en Once que dejó como resultado 50 muertos y 676 heridos.

A la salida de los tribunales federales de Comodoro Py, donde exigió al fiscal Federico Delgado que impulse dicha acción, Morales expresó: “El juez ya tendría que haber dispuesto el allanamiento tanto de la Secretaría de Transporte de la Nación como la CNRT, para que no desaparezca prueba que pueda determinar la responsabilidad del Estado en el accidente del Once”.

El legislador jujeño aseguró que “ha quedado nuevamente al desnudo el descontrol en la política de favorecer a los amigos del poder sin velar por los intereses ni la vida de los usuarios”, y destacó: “Este accidente es la consecuencia del capitalismo de amigos al que se dedica el kirchnerismo desde hace casi una década”.

Finalmente, Morales consideró que es un “desparpajo” el anuncio del secretario –de Trasporte de la Nación- Juan Pablo Schiavi en relación con la presentación del Gobierno nacional como querellante en la causa.


Proyectos para evitar futuras tragedias

Ante la tragedia en la estación de Once del exferrocarril Sarmiento, el diputado nacional Alfredo Olmedo (Salta Somos Todos) consideró que “ya es momento de quitar la concesión a la empresa TBA por múltiples incumplimientos del contrato, por negligencia, por gran cantidad de falencias operativas y graves accidentes que se vienen desarrollando en la prestación del servicio en los últimos años”.

Con estas premisas, el diputado salteño presentó un proyecto de ley para anular el contrato con la empresa ferroviaria, y para “que la presidente tenga también una herramienta legislativa para hacerlo”.

El diputado dijo que “ante la gravedad de los hechos ocurridos en la estación de Once es que se hace necesario dar un corte a esta empresa que no está brindando un servicio acorde a los tiempos que vivimos”.

Olmedo resaltó que “ya TBA en los años 2007, 2010, 2011 y 2012 ha tenido distintas tragedias que siempre involucro heridos y muertes. Y en aproximadamente 160 días sumo la cifra cercana a los 900 heridos entre leves y graves, y casi 70 muertes lamentables”.

En este sentido, dijo que “esto es una vergüenza y como representantes de nuestro pueblo no podemos estar indiferentes ante esta situación. Mientras en la estación de Once se estaban retirando heridos, en otra estación de la misma línea se producía otro incidente”.

“Pido desde mi condición de defensor de la familia, la vida y los principios que mis pares me acompañen en este proyecto de ley”, concluyó Olmedo.

FUENTE

1 comentario:

  1. A todo esto hay que sumarle las declaraciones de Lopez Arias que dijo que con Menem todo el mundo ferroviario estaba mejor. Que hijo de puta.

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